Sunset Park, de Paul Auster, fue nuestro libro del mes de junio. El Hormiguero se reunió para comentarlo en el jardín de la espectacular casa de Mirenchu Valdez de Mendoza; fue un verdadero placer estar allí. Una tarde azul brillante, con la naturaleza cercana en todo su esplendor y un Ávila lleno de luces poco comunes, nos sirvieron como entorno de la reunión. Al principio, Mirenchu nos sorprendió con un regalito que espero todas se dediquen a usar: una libreta con el nombre de nuestro club y un bolígrafo Kilométrico azul, que gastaremos tomando apuntes de los muchos libros que leeremos. Para no quedarse atrás, María Elvira nos dio una preciosidad de hormiguita lectora adhesiva, para ponerla en el carro, diseñada por su hija María Cristina (Tati) y que nos va a hacer identificables en el tráfico de esta ciudad de locos. Gracias a las tres (contando a Tati) por estos regalos deliciosos. 

La novela Sunset Park se desarrolla entre 2008 y 2009, con la crisis económica de EEUU como decorado de fondo. El autor, que sabe que la mayor parte de sus lectores son norteamericanos, explota la crisis inmobiliaria como tema. Es imposible no especular que, a pesar de las dificultades que muestra la historia, en el norte es más fácil sobrevivir que en nuestros países. Tiene una ambientación muy extraña y es de marcado corte psicológico. A algunas les resultó deprimente y de difícil lectura, sobre todo al comienzo; llegaron a pensar que no era una novela sino historias separadas, pero consideraron admirable cómo Auster logró unirlas.

El narrador es omnisciente, omnipresente: está en todos lados y logra adentrarse en la psique de todos. Los personajes, tanto masculinos como femeninos, están muy bien delineados. El autor le dedica a cada uno de ellos un capítulo, lo que permite profundizar y ofrecernos un retrato muy detallado de cada individualidad. En el caso de la madre que abandona al protagonista, el lector cree inicialmente que va a odiarla por su comportamiento, pero termina por comprenderla después de enterarse de quién era y cuáles fueron sus circunstancias; hasta el propio protagonista la perdona. Como ha dicho alguna de nosotras: “No todas las mujeres nacieron para ser madres, no todas tienen el instinto”. Hay Hormigas que piensan que el trauma del protagonista se basa en el abandono materno a los seis meses de haber nacido. Cuando alguna opinó que no le había cautivado ningún personaje, esto resultó comprensible porque todos son gente muy sola, muy triste, difícil de admirar.

Los problemas psicológicos de los personajes están muy bien desarrollados en el texto, parecieran escritos por un psiquiatra. El protagonista es apático; no enfrenta sus circunstancias sino que siempre las evade huyendo. La culpa lo atormenta, le hace llevar una vida monástica de austeridad total; parece creer que hasta que no se sufre no se madura. Él encuentra la cura en el amor de la joven Pilar, y ella en él su fortaleza y protección. Me llamó poderosamente la atención que el desarrollo de una actividad artística definida sirviera de curación mental al personaje de Helen. Esta técnica, que se utiliza en preescolar pero no es vuelta a tomar en cuenta en los años más cruciales de la adolescencia, es la que rehabilita esta mente enferma. Helen plasma su locura en dibujos eróticos y logra curarse; vuelve a integrarse y a estar dispuesta para el amor y la vida.

Para mí, el motor de esta novela es el sentimiento de culpa del protagonista, a quien lo único que lo identifica con su realidad es el amor a la literatura; por ésta descubre al amor de su vida. Los libros son también el hilo que lo mantiene unido a su padre, que maneja una editorial, y a su padrino, que es escritor exitoso. El autor utiliza el azar y las casualidades como variaciones que propician el movimiento de la historia y conectan la trama. (Como que conociera a su gran amor porque los dos leían el mismo libro). El caso de Pilar nos impactó a todas. La única simpática, a la que todos querían y admiraban, la joven latina que representa la esperanza, vive en Norteamérica y, a pesar de todas sus circunstancias, tiene frente a ella todas las oportunidades gracias a su trabajo y esfuerzo. El protagonista, hombre de muy pocas ambiciones propias, sueña para ella todos sus sueños perdidos, se aparta para que ella avance, quiere lo mejor para ella.

El libro expresa perfectamente lo enrevesado de la familia moderna y las inestables relaciones y afectos en grupos familiares poco convencionales, poniendo al descubierto las diferencias abismales entre distintas culturas. Alguna Hormiga comentaba que entre nosotros, cuando algún niño queda sin madre por alguna circunstancia, de inmediato la suplantan las abuelas o las tías o las hermanas mayores. A los latinos, que mantenemos estrechos lazos familiares hasta que morimos, nos resulta muy extraña la costumbre de que cuando la persona llega a los 18 años de edad abandona toda dependencia paterna y se hace totalmente autónomo, alejándose de la casa familiar y en la mayoría de los casos de los sitios donde se han criado. Los adultos norteamericanos respetan grandemente las decisiones de sus hijos después que tienen mayoría de edad. Les permiten “sobrevivir cada uno a su manera, por razones propias y diferentes”. Después de la emancipación los padres quedan muy solos, y los hijos también.

El fantasma de la guerra está presente en la vida de todos los personajes. Aun los estadounidenses que no lucharon en alguna son hijos de la guerra, sea que apoyen o rechacen la intervención de los Estados Unidos en otros países, o quienes la consideren orgullo o signo de la decadencia del imperio. La influencia que la guerra ha dejado en la sociedad del Norte es innegable, y Paul Auster nos permite distinguirla con claridad en su novela. Las múltiples referencias al béisbol fastidiaron a las Hormigas, aunque comprendemos su importancia para muchos lectores fanáticos y la utilidad literaria que significó para el autor en el manejo de las casualidades.

Hay una fijación de Paul Auster con peroles olvidados y desechados; ella es notable en la curiosa actividad del protagonista, que los fotografía, y en el Hospital de las cosas rotas como medio de subsistencia. Creo que allí hay una evidente crítica al consumismo y un llamado a la reutilización, temas muy del día, que en este caso nos dejan un regusto de tristeza y desolación.

En la historia resulta muy natural que unos jóvenes invadan la casa abandonada de Sunset Park; si es aquí donde invaden ya no nos lo parece. En el acto de estos muchachos puede encontrarse una referencia al novísimo movimiento de los indignados, pacífico pero irreverente. Se nota el desencanto de la juventud ante la sociedad y las pocas oportunidades que sienten que ella les ofrece. Sin embargo, alguna Hormiga encontró parecido con la novela La carretera, puesto que hay esperanza al final. Las frustraciones de los personajes se van resolviendo y ellos van aprendiendo con ellas, y aunque en el desalojo de Sunset Park se desaprovecha mucho esfuerzo y trabajo, ellos se lo esperaban, y fue más lo que ganaron de la experiencia que lo que perdieron.

Nos encontramos, otra vez, con un libro de final abierto. Da la impresión de que el autor cierra la novela un poco a la carrera. Teníamos expectativas más altas y por esto quedamos un poco desilusionadas, pero en general la novela cautivó a las once Hormigas asistentes, ya que la calificación fue de 7 puntos.

Paul Auster es escritor prolífero. Tiene sus detractores, pero son muchísimos sus defensores y no son pocos quienes lo consideran merecedor de un Premio Nobel. Una de las Hormigas comentó que, según apreció en este libro, si éste es uno de los grandes escritores de habla inglesa, nuestros autores hispanos están muy por encima de ellos.