El blog de Las Hormigas

¡Saludos formíceos! Desde Caracas, Venezuela, le damos la más cordial de las bienvenidas a este registro de actividades del club de lectura Las Hormigas.

El último encuentro

El último encuentro literario del Hormiguero fue en casa de María Teresa con Sándor Márai (Hungría 1900-Estados Unidos 1989). Salir de la rutina de la pandemia, y reencontrarnos en persona, emociona y enriquece. Reunirnos a merendar delicias en ese ambiente idílico de la terraza con pared vegetal, a hablar de literatura con las amigas, es un privilegio. El húngaro, como siempre, deslumbró con su prosa maravillosa a las Hormigas; es increíble cómo el maestro hace de una conversación entre dos viejos una obra de arte.

Los personajes están llenos de rencores por antiguas traiciones y amores frustrados. Los sentimientos más profundos, y el resentimiento rumiado por años, surgen en el intenso monólogo que impulsa la trama y con el que quiere hacer catarsis del dolor con el que ha vivido Henrik, el militar, el traicionado, la voz que narra y que juzga. Intenta buscar respuesta a la traición de la amistad que lo tortura más que la propia infidelidad; la busca en las diferencias de clase o en las diferencias del alma.

…las personas del mismo grupo sanguíneo pueden ayudarse en los momentos de peligro, al donar su sangre a alguien que pertenece al mismo grupo, el alma humana sólo puede ayudar a otra alma humana, si no es distinta, si sus puntos de vista, sus convicciones y su realidad secreta son parecidos… Porque siempre amamos y buscamos a la persona diferente, en todas las situaciones y en todas las variantes de la vida… El secreto y el regalo mayores de la vida es cuando se encuentran dos personas semejantes.

Él sabía que el diferente era él; su padre se lo había hecho ver: Kónrad, Cristina y su misma madre pertenecían a otra clase de almas, pero contra eso no podía más que conformarse.

Es la mayor tragedia con que el destino puede castigar a una persona. El deseo de ser diferentes de quienes somos: no puede latir otro deseo más doloroso en el corazón humano, porque la vida no se puede soportar de otra manera que sabiendo que nos conformamos con lo que significamos para nosotros mismos y para el mundo. Tenemos que conformarnos con lo que somos, y ser conscientes de que a cambio de esta sabiduría no recibiremos ningún galardón…

Nos es difícil, a las Hormigas, identificarnos con estos hombres, viejos llenos de rencor, golpeados por la historia personal y por la de su entorno pero, como siempre, la lectura nos trae un déjà vu de nuestra propia historia.

Mi patria dejó de existir. Se descompuso… Lo que lo mantenía todo unido, esa argamasa secreta, ya no existe. Todo se ha deshecho, se cayó a pedazos. Mi patria era un sentimiento. Ese sentimiento resultó herido.

Márai es uno de los escritores más sensibles a la voz femenina. Las mujeres, en sus otras novelas, tienen sentimientos y los expresan con una voz clara, pero en el Último encuentro la figura femenina está desdibujada; escondieron el cuadro y ni siquiera el diario de Cristina fue abierto antes de quemarlo. Ellas son también las culpables de todo, fracasan como madres y traicionan como esposas. Son el motivo de la discordia, pero son descartadas en la búsqueda de la verdad.

Lo que sí trata en profundidad es el tema de la amistad. Se deleita en una disertación que enfoca todas sus aristas.

Estaría bien saber… si de verdad existe la amistad…A veces pienso que la amistad es la relación más intensa de la vida… y que por eso se presenta en tan pocas ocasiones… ¿Habrá tal vez cierto erotismo en el fondo de cada relación humana?… Al erotismo de la amistad no le hace falta el cuerpo… no le es atractivo, resulta incluso inútil. Sin embargo, no deja de ser erotismo. En el fondo de todo amor, de todo cariño, de toda relación humana late el erotismo.

Al igual que el enamorado, el amigo no espera ninguna recompensa por sus sentimientos… No idealiza a la persona que ha escogido como amiga, ya que conoce sus defectos y la acepta así… ¿qué valor tiene una amistad si sólo amamos en la otra persona sus virtudes, su fidelidad, su firmeza? ¿Qué valor tiene cualquier amor que sólo busca una recompensa?… ¿No sería justamente la abnegación la verdadera esencia de cada relación humana, una abnegación que no pretende nada, que no espera nada del otro? ¿Una abnegación que cuanto más da, menos espera a cambio? …la amistad no es un estado de ánimo ideal. La amistad es una ley humana muy severa. En la antigüedad, era la ley más importante, y en ella se basaba todo el sistema jurídico de las grandes civilizaciones… se puede matar a un amigo, pero la amistad nacida entre dos personas en la infancia no la puede matar ni siquiera la muerte…

Algunas Hormigas sienten que entre esos dos personajes hubo una atracción homosexual, que nunca importaron las diferencias sociales ante la fuerza del amor que se tuvieron y que, en el fondo, nunca había terminado.

El nuevo orden del mundo puede acabar con la forma de vida bajo la que yo nací y bajo la que yo viví; las fuerzas nuevas, fogosas y agresoras me pueden aniquilar, pueden acabar con mi vida y con mi libertad… Sin embargo no me ha hecho falta ninguno de estos aparatos modernos para saber que estabas vivo y que algún día volverías.

Están al final de la vida y la vejez es poco común en esa época. Muchos murieron en la guerra, otros de enfermedades, pero ellos dos siguen vivos.

Es posible que la forma de vida que nosotros hemos conocido, en la cual hemos nacido… es posible que todo esto sea ya cosa del pasado… Nosotros dos, sabios y viejos, ya al final de nuestra vida, también deseamos la venganza… sí, la venganza contra todo y contra todos. Eso es lo que me ha mantenido con vida, en la paz y en la guerra, durante los últimos cuarenta y un años, y por eso no me he matado, y por eso no me han matado, y por eso no he matado a nadie, gracias a la vida.

Uno envejece poco a poco, primero envejece su gusto por la vida, por los demás, ya sabes, todo se vuelve tan real, tan conocido, tan terrible y aburridamente repetido… Luego envejece tu cuerpo, no todo a la vez… así, por partes. Más tarde, de repente, empieza a envejecer el alma: porque por muy viejo y decrépito que sea ya tu cuerpo, tu alma sigue rebosante de deseos y de recuerdos, busca y se exalta, desea el placer. Cuando se acaba el deseo de placer, ya sólo quedan los recuerdos, las vanidades, y entonces sí que envejece uno, fatal y definitivamente.

En busca de explicación a su desventura rebusca en el pasado de sus familias, en sus diferencias económicas, sociales, culturales y de personalidad, y termina culpando a los propios dioses.

Ya sabes, uno siempre quisiera devolver algo a los dioses, una parte de su felicidad. Porque los dioses son, como se sabe, envidiosos, y cuando dan un año de felicidad a un simple mortal, lo apuntan como una deuda, y al final de su vida se la reclaman, con intereses de usurero.

El capítulo de la cacería es el nudo crucial de la novela: el bosque cercano, oscuro, húmedo y misterioso, esconde secretos de muerte y asesinato. Es magistral el suspenso que se mantiene y que va aumentando poco a poco con una violencia que perdurará en el tiempo.

Uno no peca por lo que hace, sino por la intención con que lo hace… Una persona puede cometer una infidelidad, una infamia, sí y hasta puede matar, y al mismo tiempo mantenerse puro y limpio por dentro… No conocías esa extraña pasión, la más secreta de todas… Es la pasión por matar. Somos humanos, para nosotros es ley de vida matar. No podemos evitarlo… Matamos para defender, matamos para conseguir, matamos para vengarnos.

Se termina desnudando el militar, el cazador frente al artista, quien no niega ni afirma, pero escucha. Algunas hormigas creen que Henrik perdona la traición, pero el texto sólo afirma que está tranquilo.

¿Crees tú también que el sentido de la vida no es otro que la pasión, que un día colma nuestro corazón, nuestra alma y nuestro cuerpo?… ¿y que si hemos vivido esa pasión quizás no hayamos vivido en vano?… ¿Y que quizás no se concentre en una persona en concreto, sino en el deseo mismo?… O puede ser que se concentre en una persona en concreto, la misma siempre, desde siempre y para siempre.

Para algunas fue segunda lectura, y aunque no es un texto fácil, ni divertido, ni agradable, tuvo una puntuación de ocho (8) puntos. Hablar de sentimientos tan oscuros, descubrir el dolor profundo, reclamar y mostrar las heridas con palabras precisas y hermosas, nos mantiene embelesadas con la historia. La traducción—de alguien cuyo nombre no aparece en la copia del iPad—, es magnífica. Sándor Márai es siempre una buena elección.

Nos toca ahora un escritor nuevo para nosotras, mejicano: Guillermo Arriaga Jordán con su novela Salvar el fuego.

NS

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Lecturas para el año

 

Comienza el año con un aluvión de novedades editoriales que hace que la oferta de lecturas resulte abrumadora. GQ selecciona diez de los principales lanzamientos, relatos que son una apuesta segura por su calidad y originalidad.

 

Los 10 mejores libros a los que te engancharás este 2021

 

por Enrique Bueres 1 de febrero de 2021

 

(Este artículo sobre los mejores libros de 2021 ha sido originalmente publicado en el número 271 de GQ España).

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Hijos de febrero, de Alan Parks

El Glasgow que sirve de escenario a los casos del atormentado agente Harry McCoy recuerda mucho al Bilbao de los años 70: un río que separa dos mundos, fábricas de extrarradio abandonadas, yonquis, crimen organizado, garitos chungos… Tras el éxito de Enero sangriento, Parks ofrece en Hijos de febrero (Tusquets) una nueva muestra de su talento en la novela negra.

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Tomás Nevinson, de Javier Marías

El escritor madrileño recupera en Tomás Nevinson (Alfaguara) a uno de los protagonistas de su anterior libro, Berta Isla, para encomendarle una misión en la España de 1997 que le llevará a indagar en una persona relacionada diez años atrás con el terrorismo de ETA y del IRA. Novela de personajes, con trama apasionante e inteligentes reflexiones sobre el terrorismo.

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El día del ajuste, de Chuck Palahniuk

Regresa el gran Palahniuk de El club de la lucha con El Día del Ajuste (Literatura Random House), una caricatura macabra y grotesca de Estados Unidos, una distopía que hace realidad los deseos más radicales de una sociedad que vive un momento de agitación social y sueña con eliminar a las élites políticas, mediáticas y académicas; a quien esté en la lista de “los más odiados de América”.

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Llévame a casa, de Jesús Carrasco

Llévame a casa (Seix Barral) es la tercera novela de Jesús Carrasco, escritor extremeño que en 2013 logró el reconocimiento internacional con Intemperie, llevada al cine por Benito Zambrano. Llévame a casa aborda las consecuencias de asumir la responsabilidad de cuidar a los padres cuando nos necesitan, aunque nos joda.

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El tercer país, de Karina Sainz Borgo

La segunda novela de la autora de La hija de la española confirmará el excepcional talento y ambición de la escritora y periodista venezolana como abanderada de una nueva literatura latinoamericana capaz de combinar elementos del thriller, el wéstern y la tragedia clásica. El tercer país (Lumen) está estructurada a partir de la peste, la travesía y la frontera.

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Niadela, de Beatriz Montañez

Tras abandonar su trabajo como presentadora, la autora se trasladó a una cabaña aislada en plena naturaleza sin luz ni agua caliente. Niadela (Errata Naturae) cuenta cómo un retiro radical puede hacer que una persona devastada renazca al aceptar su insignificancia ante la belleza de la vida salvaje.

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Revancha, de Kiko Amat

Revancha (Anagrama) es una novela de ritmo vertiginoso, cargada de violencia, en la que Kiko Amat analiza las heridas morales de unos personajes, miembros de un grupo ultra del FC Barcelona, que buscan venganza contra el mundo por las veces que les hicieron sentir como chusma y que les dijeron que nunca llegarían a nada en la vida.

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Salvatierra, de Pedro Mairal

Seguro que el entusiasmo por la obra del argentino Pedro Mairal seguirá creciendo con la edición de Salvatierra, novela que, tras su publicación original en 2008, despertó el elogio unánime de la crítica. Mairal nos deslumbró en 2017 con La uruguaya al descubrirnos a un escritor sutil, contenido y maduro, algo que confirma ahora con su novela más admirada y traducida.

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El jardín de los frailes, de Manuel Azaña

Nocturna Ediciones recupera una novela del escritor y presidente de la II República Española cuyo tema central mantiene plena actualidad: la educación en los colegios religiosos. Azaña narra en El jardín de los frailes las vivencias de un adolescente en un colegio de El Escorial y defiende la premisa de limitar el poder de la Iglesia para regenerar España.

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Jill, de Philip Larkin

El autor de Una chica en invierno debutó en la novela en 1946 con Jill (Impedimenta), una historia ambientada en el Oxford de los primeros años de la II Guerra Mundial y en la que brilla el estilo mordaz y conversacional de Larkin, uno de los poetas imprescindibles del siglo XX, un escritor que supo detectar y plasmar como pocos las miserias de la sociedad contemporánea.¶

 

 

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Nos ha alcanzado

Cuando el destino nos alcance (título original en inglés: Soylent Green) es una película estadounidense de 1973, dirigida por Richard Fleischer, protagonizada por Charlton Heston, Edward G. Robinson y Leigh Taylor-Young en los papeles principales y basada en la novela ¡Hagan sitio!, ¡hagan sitio! (1966), de Harry Harrison.

Wikipedia en Español

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En materia de libros, ya ha llegado el futuro; hace un año que tal cosa se anunciara en noticieros españoles. (Acá por Al Día, de Sevilla):

 

 

Hace un año y diez días reseñaba Amalia Bulnes para EL PAÍS de España (‘Dragona’, la máquina que imprime libros a la carta en menos de diez minutos):

“Como una dragona que escupe libros”. Así presentan sus responsables, instalada en la parte trasera de la librería sevillana Isla de Papel, la primera máquina en España capaz de imprimir un libro—con tapa blanda y encuadernación, tal como se encuentra en los estantes—en un tiempo estimado de entre cinco y ocho minutos. Un sistema con el que los gestores de este establecimiento, perteneciente al grupo editorial Lantia, pretenden combatir el concepto del libro agotado y el back list—libros de los que se venden menos de 100 unidades al año—, al tiempo que amplían su oferta.

De momento, Lantia ofrece un catálogo de 30.000 referencias de 142 editoriales, tanto de sus propios sellos como de grandes grupos como Planeta (Universo de Letras), Penguin Random House (Caligrama) y Zenda Aventuras, el proyecto editorial puesto en marcha por el escritor Arturo Pérez-Reverte. Las editoriales ceden los archivos y Lantia les factura un porcentaje por cada libro impreso. “Nuestro catálogo irá subiendo en función de los acuerdos a los que lleguemos con las editoriales”, asegura Chema García, director y cofundador del Grupo Lantia. Por comparar, García comenta que hay 80.000 títulos en la Casa del Libro de Callao en Madrid, considerada la más grande de todo el territorio nacional y 10.000 en su propia librería.

Un pajarito ha denunciado al Blog de Las Hormigas que Adrián y Chicha Hardy planean adquirir una de esas máquinas fabulosas, para que las formíceas colegas puedan optar por leer de forma tradicional, no electrónica, más cálida. En vez de Dragona, la máquina sería bautizada como Bachacaraqueña. ¶

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Los debuts más esperados de la literatura española en 2021

Daniel Remón, Bibiana Candia, Óscar Martínez, Marta Jiménez Serrano, Socorro Giménez, Eudald Espluga y Borja Ortiz de Gondra destacan entre los autores noveles que llegarán a las librerías este año

 

De arriba abajo y de izquierda a derecha, Marta Jiménez Serrano, Borja Ortiz de Gondra, Bibiana Candia, Óscar Martínez, Socorro Giménez y Daniel Remón.

 

PEIO E. RIAÑO 4 de febrero de 2021

 

Nunca es un buen momento para debutar, pero menos en plena era pandémica. A pesar de todo, 2020 dejó sobresalientes éxitos de debutantes (Andrea Abreu, Camila Sosa, Elizabeth Duval o Margaryta Yakovenko) y para este año hay varios títulos que tratarán de hacerse oír entre el ruido incesante de las imprentas escupiendo novedades. En 2021 se da la curiosa circunstancia de que entre sus debutantes hay trasiego de la creación audiovisual a la literaria. Quizá sea una respuesta del mercado a esos lazos que refuerzan los nuevos hábitos lectores, entre las pantallas y los libros. Esta selección de primeras novelas y primeros ensayos es una mezcla en la que hay reflexiones sobre la identidad desde el presente y a partir del pasado, divulgación del arte y perspectivas tanto millennials como otras más veteranas.

 

DANIEL REMÓNLiteratura (Seix Barral, febrero)

Madrid, 1983. Guionista y dramaturgo, adaptó al cine Intemperie, de Jesús Carrasco, por la que fue premiado con el Goya al mejor guion adaptado en 2020.

“Me considero debutante porque le tengo mucho respeto a la novela. Me parece el género más difícil. Pero también he sido más libre que escribiendo cine. Esto pasa cuando hay menos dinero y repercusión. Es un terreno más rico y fértil. En el cine te pasas la vida vendiendo la película antes de escribirla; en la literatura escribes sin saber a dónde vas. Además, no la escribí pensando en publicarla. Por eso me expongo mucho y también a mi familia. Es una autobiografía, pero también es una novela de carretera. Hablo de mis padres, que ya no están, y lo hago desde el agradecimiento y el amor. ¿Contra qué he escrito? Contra el silencio. Mi madre murió cuando yo tenía siete años y pasamos muchos años sin hablar de eso. También contra el olvido y el silencio, pero esta batalla está perdida. Como lector lo que más me gusta de una primera novela es que haya un escritor, que intuyas por dónde va a continuar”.

 

BORJA ORTIZ DE GONDRANunca serás un verdadero Gondra (Literatura Random House, febrero)

Bilbao, 1965. Abogado, traductor y dramaturgo.

“Libérrimo. Me dedicaba a escribir y estrenar teatro y a estas experiencias no podía darles una forma teatral. Empecé hace 14 años y quería contar la historia de un escritor y de cómo se escribe una novela. Claudio López Lamadrid leyó las 80 primeras páginas y dijo que había una novela. Y me hizo una recomendación: “No trates de parecerte a nadie. Y no se la enseñes a nadie, que te la contrato yo”. El debutante tiene la libertad de la ingenuidad, no piensa en nada más que la historia. Después ya llega el mundo editorial. La primera novela es virgen y necesita sacarse una historia. Necesitaba contar los años ochenta en el País Vasco, años de mucha violencia. Un tierra como la mía te empuja a posicionarte y en la novela me pregunto cómo encuentro una vía para ser yo mismo. La literatura me ha permitido ser quien yo quería ser y no quien querían que fuese”.

 

MARTA JIMÉNEZ SERRANOLos nombres propios (Sexto Piso, marzo)

Madrid, 1990. Filóloga, máster en Estudios literarios y letras modernas y editora en Turner.

“A la hora de escribir la autora y la editora son personas distintas. Cuando escribo no tengo para nada en mente a la figura de editora. Lo peor es ser consciente de todos los manuscritos que llegan y lo difícil que es. Yo misma he escrito muchos correos de rechazo este año. La principal cualidad de una primera novela es encontrar una voz y una mirada sobre el mundo. La primera novela la escribes sin saber si vas a publicarla y, en mi caso, esto ha supuesto una total libertad. No piensas en lectores porque no los tienes, ni en editores, ni agentes. Mucha inconsciencia. Mi interés en Los nombres propios es la búsqueda de la identidad, desde la infancia, adolescencia y juventud de la protagonista. El reto está en entender nuestra identidad según nuestros valores y en función de los demás. El equilibrio entre la individualidad y la comunidad”.

 

ÓSCAR MARTÍNEZUmbrales (Siruela, abril)

Almansa, Albacete, 1977. Historiador del arte y profesor.

“Quería hacer divulgación, crear una voz propia para divulgar sobre la Antigüedad y la Edad Media, desde un punto de vista lejano a la Academia. Es una no ficción narrativa, en la que el propio autor explica y divulga sus ideas. Es un libro que no presupone la necesidad de ningún conocimiento previo, porque al intentar comunicar sin la pretensión de superioridad, sino desde el entusiasmo, he notado mejor comunicación y reacción. Cuando más disfruto no es cuando explico, sino cuando cuento. Cuando soy un narrador. Quise hacer eso en un libro. La arquitectura te permite abarcar el viaje, la historia, el patrimonio y encontré en las puertas la excusa perfecta. Las puertas son un elemento común que ignoramos y es un elemento invisible en la historia del arte. Aparece Egipto, el mundo clásico, el religioso, pero también la arquitectura civil (una tienda modernista en París, por ejemplo). El último bloque son las entradas a otros mundos (como la puerta de la Bauhaus como acceso a la modernidad). El epílogo es la puerta de la casa en la que pasé el confinamiento”.

 

SOCORRO GIMÉNEZCasa se busca (Caballo de Troya, abril)

Mendoza (Argentina), 1973. Filósofa, traductora y editora.

“Es una narradora de primera persona. Es una escritura que ha cuajado a lo largo de varios años y nunca la armé como novela. Eran textos escritos en los últimos años, que al editarlos parecían formar una obra íntegra. Hay un tema central que tiene que ver con la vida nómada y el yo que se va construyendo. Me interesa la narración de las percepciones en una gran ciudad y fuera de ella. No creo que sea un relato feminista porque no ha sido una voluntad al escribir, pero sí creo que se puede entender una forma feminista. Es un trabajo intimista y de mirada extrañada”.

 

EUDALD ESPLUGARebeldes (Lumen, enero) y No seas tú mismo (Paidós, octubre)

Girona, 1990. Filósofo y periodista.

“La virtud tiene que ver con las ganas y la ambición con las que abordas los proyectos. Quieres que la primera obra sea la obra perfecta. Vivimos en un ecosistema de medios digitales en el que estás constantemente publicando y expuesto a la opinión de los demás, en cierto modo tus ideas y escritos ya han tenido un recorrido crítico. No creo en el estado virgen del debutante. Aunque el capitalismo de plataformas sí busca la provocación y hay autores que trabajan sobre ello. Rebeldes es una obra de divulgación histórica e interpretativa del movimiento de las luchas sociales. No seas tú mismo es distinta, es una obra que quiere cuestionar la etiqueta generacional. Quiero presentar unos temas e ideas que damos por sentadas desde una perspectiva alejada de los métodos académicos. Reflexiono sobre la fatiga de uno mismo”.

 

BIBIANA CANDIAAzucre (Pepitas de Calabaza, octubre)

A Coruña, 1977. Filóloga y periodista.

“Esta es una historia de ficción que rodea una historia real. Arranca en la Galicia de 1853, cuando las cosechas se habían echado a perder y era una zona de miseria. Desde Cuba, el empresario Urbano Feijoo de Sotomayor llevó a sus compatriotas a trabajar en el azúcar a más de 1.700 jóvenes y cuando llegaron se encontraron con infraestructuras preparadas para la esclavitud. Y se enriqueció. Es una historia que no la conocemos porque no hay testimonios de aquellas personas. Esta es la recreación de aquellos protagonistas que ni firmaron sus contratos porque no sabían escribir. Solo querían ganarse la vida. Soy una defensora de la ficción para contar una verdad. No me imaginaba que mi primera novela fuera a ser una novela histórica del XIX. He hecho lo que ni siquiera me esperaba: he sido libre para ser salvaje. Como narradora era un desafío contar una historia de hombres. Conviene mirarnos en el pasado para saber quiénes somos”.¶

Tomado de BABELIA – Libros – EL PAÍS

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Victoria y Silvina Ocampo en la órbita de Jorge Luis Borges

A la publicación de la entrada anterior a ésta, la atenta hormiga Graciela Sucre de Behrens recordó y remitió a la redacción de este blog el texto que sigue, más importante que el precedente, puesto que refiere a la revista y editorial que respondieron al nombre de Sur, ambas espacios de grande influencia en las letras hispanoamericanas del siglo XX.

El equipo de Sur. Victoria Ocampo posa sus manos sobre los hombros de Bioy Casares y Borges.

 

Apostadas en trincheras diferentes, Victoria y Silvina, la mayor y la menor de las hermanas Ocampo, son dos escritoras que hicieron época en la Argentina del siglo pasado; dos mujeres además indisolublemente ligadas a quien es considerado el máximo exponente de las letras de su país: el escritor, poeta y traductor Jorge Luis Borges (1899-1986). Pero lo suyo no es un triángulo amoroso, sino algo más complejo, una amistad en la que privó la inteligencia y quizá también la abnegación.

Nacidas en el seno de una familia conservadora y adinerada de Argentina, las hermanas siguieron caminos parecidos, pero con resultados diferentes; mientras Victoria tuvo una gran influencia en los movimientos culturales de su país; Silvina se probó en la pintura para luego hacer de las letras su patria, incursionando en diversos géneros, siendo sus relatos los que mayor popularidad le ganaron. Y fue esa postura de menos reflectores la que quizá propagó por años la idea de que realmente Silvina era menor que Victoria, aunque el tiempo parece hacerle justicia.

Lo que es un hecho es que Victoria (1890-1979), que pudo ser tímida con algunos personajes a los que admiraba, acabó siendo una mujer vanguardista, que supo aprovechar esos reflectores que la ubican hoy como escritora, traductora, mecenas, viajera incansable, amante liberal, de belleza imponente y hasta como feminista de primera ola. Una actriz frustrada que volcó en la escritura su necesidad de ser y que rompió con varios cánones de la época.

Su mayor empresa fue la fundación de la revista Sur, cuyo primer número vio la luz el 1 de enero de 1931, con un tiraje de cuatro mil ejemplares que se vendieron por completo en Buenos Aires, París y Madrid. Colaboraron entonces plumas como la de Waldo Frank, quien le había sembrado la idea de la revista; Drieu La Rochelle, Eugenio d’Ors, Walter Gropius, Ernest Ansermet, Alberto Prebisch y Jorge Luis Borges.

Cuentan que las enemistades no se hicieron esperar y la revista tuvo intermitencias, al grado de que entre julio de 1934 y el mismo mes de 1935 ésta no salió; del 35 al 53 fue mensual, del 53 al 72 bimestral y desde 1972 ya sólo aparecieron ediciones especiales. No obstante, la publicación hizo historia por contar entre sus colaboradores con Alfonso Reyes, Thomas Mann, TS Elliot, André Malraux, Henry Miller, Octavio Paz, Gabriela Mistral, José Bianco y su cuñado, Adolfo Bioy Casares. Mientras que por su redacción pasaron plumas como Raimundo Lida, Ernesto Sabato, María Luisa Bastos, Nicolás Barrios Lynch y Enrique Pezzoni.

Ayudar a solventar la publicación y continuar divulgando lo mejor de la literatura extranjera de la época, le hizo crear editorial Sur que en 1933 publicaba por primera vez en español la obra de D.H. Lawrence, El romancero gitano de Federico García Lorca o el Contrapunto de Aldous Huxley. Incluso hizo varias importantes traducciones de autores como Albert Camus, Graham Greene y Dylan Thomas.

A la luz de los hechos, Sur permitió la consolidación de autores de la talla de Julio Cortázar, de Rafael Alberti, el propio Borges, que publicó varios trabajos en ella. El mexicano Octavio Paz decía, por ejemplo, que ésta no era una revista, sino una tradición del espíritu y que Victoria había sabido hacer lo que nadie antes había concretado en América.

Por lo que hace a Silvina (1909-1993), se identifica con la generación de 1940 por el período en el que realiza el conjunto de su obra, que incluye poesía, ensayo, teatro y relatos, y serán estos últimos los que le valgan el mayor reconocimiento tanto de público como de crítica.

Quienes gustan de sus textos, destacan los abundantes elementos de la literatura fantástica que se encuentran en sus libros y la visión irónica y mordaz con que se refiere a las convenciones sociales de su época. Cuentan que su primer libro publicado fue Viaje olvidado, de 1973, y que la primera reseña fue de su hermana mayor, publicada en Sur.

En ella, se destacaban como sellos de identidad “su fino oído para el habla y su habilidad para capturarlo en sus relatos; el gusto por las imágenes no evidentes y la deformación a la que somete sus recuerdos”, aunque al parecer no se les consideró entonces como virtudes. Se sabe que sus relatos han sido reunidos en libros como Autobiografía de Irene, de 1948; Las Invitadas, de 1961; El pecado mortal, de 1966, y Los días de la noche, de 1970.

Adolfo, Victoria y un rozagante Jorge Luis

En su tiempo, Silvina fue criticada por haberse casado con un guapo escritor más joven que ella, Adolfo Bioy Casares, responsable de su posterior vínculo con Jorge Luis Borges, con quien ambas hermanas convivirían de manera cercana.

 

UNA AMISTAD IMPENSABLE

El diario argentino La Nación, en su artículo La pasión de una amistad difícil, da cuenta de la fructífera pero no muy fluida relación que sostuvieron Victoria Ocampo y Jorge Luis Borges, ésa de la que daría cuenta el libro Diálogo con Borges, publicado por Sur/El Ateneo, que rescata el intercambio epistolar entre estos personajes y cuenta cómo se conocieron por ahí de 1920, a iniciativa de un amigo común, Ricardo Güiraldes, y el orgullo que sentía de haber percibido el talento de Borges, como lo hizo con muchos otros que pasaron por las páginas de su popular revista.

Cita cómo Victoria se refería a Borges como alguien que la irritaba, “como un limón a una ostra abierta”, y como Borges utilizó Sur como su base de operaciones, para publicar textos que después se convertirían en libros. Borges llegó a hablar de lo mucho que le debía a Victoria Ocampo, como argentino, un poco para disimular la deuda personal, pero es sabido que nadie hizo tanto por Borges como Ocampo, quien le ha de presentar a Roger Caillois, joven escritor francés que será quien favorezca la buena recepción de Borges en París. Y, en contra parte, cita a Victoria Ocampo quien presume de conocer a Borges, de admirarlo, sin reciprocidad probable.

Luego de varios sufrimientos derivados de un cáncer bucal, Victoria Ocampo muere el 27 de enero de 1979, momento en el que Borges reconoce que: “En un país y en una época en que las mujeres eran genéricas, ella tuvo el valor de ser un individuo. Estoy agradecido personalmente por todo lo que hizo por mí, pero, sobre todo, estoy agradecido como argentino por todo lo que hizo por la Argentina”.

 

El TRIO INFERNAL

Por lo que toca a Silvina, vale decir que su relación con Borges es de amistad, desde que se conocen a principios de los años 30, y ya casada con Bioy Casares, de ello da cuenta un artículo de Corinne Ferrero, quien rescata una colaboración inédita y anecdótica, entre estos tres personajes, cuando allá por 1939, los tres amigos planean la trama de un cuento que redactan parcialmente y cuyo manuscrito queda en el olvido.

Se trata, dice Ferrero, del único experimento de escritura conjunta del famoso trío infernal (fuera de su posterior y exitosa labor común de antologistas). Este cuento plural inconcluso es mencionado y reproducido por primera vez por Bioy Casares en Lettres et amitié (Letras y amistad), un artículo autobiográfico en francés que el autor publica en el número de la revista Cahiers de L’Herne dedicado a Borges en 1964.

El insólito fragmento de casi tres páginas que, según Bioy, debía narrar la investigación de la obra inédita de un escritor desconocido y difunto, será, a pesar de su carácter excepcional, totalmente ignorado por la crítica, con la ayuda benevolente de sus desdeñosos autores, pero coincide con el nacimiento de algunos de los personajes más originales e ilustres de la historia de la literatura argentina y mundial como Honorio Bustos Domecq, criatura nacida de la larga colaboración literaria de Bioy y de Borges, o Pierre Ménard, texto que cuestiona la ausencia o la relegación de la escritura en colaboración en el campo literario y permite dar un paso más en la consideración y la trascendencia de la misma en la modernidad literaria del siglo XX.

En 1964 también Silvina Ocampo escribe sobre Borges en la misma revista, con el artículo La íntima dicha de la inteligencia, en el cual deja ver la profundidad de esa relación nacida de la convivencia personal, profesional y generacional. Una mezcla de admiración, respeto y aprecio, que ilumina por pinceladas de humor, pero también de amor a Borges, el perpetuo convidado a su mesa, el conversador selectivo, el hombre cuya creación, sostiene, nació de la inteligencia.¶

Tomado de 20 MINUTOS EDITORA, S.L.

(Fotos de dominio público obtenidas en Wikipedia en Español).

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Virginia Woolf, la audacia de una autora adelantada a su tiempo

Virginia Woolf (1882-1941)

 

Traductores y editores reflexionan sobre la vigencia de la obra de la escritora británica, tras nuevas ediciones de ensayos, novelas y cuentos. Su mirada de la sociedad, el feminismo y la literatura, entre otros temas

 

Por Emilia Racciatti

3 de Febrero de 2021

 

La audacia de Virginia Woolf (1882-1941) para hablar de su tiempo histórico y generar una voz disruptiva en el campo cultural, a través de ensayos, novelas o cuentos es reactualizada en el último tiempo con nuevas ediciones de su obra y algunos de los responsables de esas traducciones y publicaciones reflexionaron sobre las huellas del universo de la autora en las formas de producir cultura vigentes.

Una nueva edición de Tres guineas, el ensayo que escribió como respuesta a la pregunta de un abogado acerca cómo evitar la guerra, y por otro lado, sus cuentos y relatos reunidos en un único libro, bajo el título Cuentos completos, son el aporte de Ediciones Godot a esta cadena de nuevos trabajos sobre la autora inglesa de la que en marzo se cumplen 80 años de su muerte.

Laura García, la responsable de traducir Tres guineas, aseguró que “más allá de la labor de investigación -es un libro cargado de datos, estadísticas y referencias muy específicas de la sociedad británica de esos años-, lo más desafiante fue hacer sentir el tono de Virginia Woolf, su voz, que en este trabajo es muy particular”.

“A diferencia de Un cuarto propio (un libro hermano en muchos sentidos), donde hay tiempo de pensar, imaginar y explorar posibilidades, Tres guineas está escrito con mucha urgencia, mucha rabia y con una gran amargura ante la visión del porvenir. Es un libro lleno de emoción y rigurosidad a la vez, donde la verdad no pasa por la impostura de una voz objetiva y serena, sino que atraviesa el cuerpo y estremece todos los cimientos”, advirtió.

La investigadora y traductora argentina radicada en Edimburgo Carolina Orloff, fundadora del sello Charco Press que busca difundir la literatura latinoamericana, indicó que el trabajo de traducción de los Cuentos Completos fue “un viaje enriquecedor al máximo y también un reencuentro con el castellano”.

Para la editora, en estos cuentos “se destaca no solo la audacia sino también la inteligencia que tenía desde muy joven”, ya que en esta colección hay escritos de ella a los 20 años.

“Es alguien que se lanzó a la escritura con convicción desde una edad muy temprana. Desde los 18, 19 estaba escribiendo para su círculo, que era en sí acomodado en términos socioeconómicos, con un acceso al arte y a la cultura muy cercano, muy cotidiano. A esa edad ya era miembro de un movimiento por el derecho de las mujeres. Todo eso se mete en la Virginia que se pone a escribir entre dos guerras mundiales”, repasó Orloff.

La tarea de traducción de Cuentos Completos también estuvo a cargo de Micaela Ortelli, quien dice haber impreso los papeles y los llevó “durante mucho tiempo de un lado a otro”.

“Se me hizo largo porque todo era largo: las oraciones, las ideas, los razonamientos, las descripciones. Hasta los cuentos cortos eran largos”, afirmó.

Otra de las publicaciones recientes que permite acercarse al mundo de Virginia Woolf es Leer y reseñar, un libro que llega a las librerías por trabajo de edición y traducción de Eric Schierloh, responsable del sello Barba de Abejas, que la define como “una escritora de vanguardia que además fue editora artesanal en la Hogarth Press. Este trabajo (concretamente, la edición, la composición tipográfica y la impresión en una minerva a palanca y luego en otra a pedal) le permitió formarse una conciencia especial respecto de las condiciones materiales de la escritura, la lectura y la publicación de libros”.

Schierloh adelantó que acaba de traducir y publicará este año Sobre la artesanía, mientras que el año que viene hará lo mismo “con los fragmentos de sus diarios que giran en torno a la edición y la impresión artesanales”.

¿Dónde reside la vigencia de la autora de La señora Dalloway? Para el escritor y editor, “tiene que ver con la consciencia respecto de las condiciones materiales (de ahí el cuarto propio), además claro de su evidente interés en lo emancipatorio (el feminismo, la edición respecto del sistema industrial de publicación, la escritura respecto de la literatura o la novelería clásica, etc). La modernidad de su prosa se condice con ciertas búsquedas también ‘modernas’ y recurrentes a lo largo de sus ensayos”.

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Correspondencia Ocampo-Woolf

 

A través de la editorial Rara Avis, se difunde Victoria Ocampo – Virginia Woolf. Correspondencia, un trabajo editado y prologado por Manuela Barral, traducido por Virginia Higa Juan Javier Negri, en el que se puede leer el intercambio entre las dos escritoras luego de conocerse en 1934 en Londres en una muestra del fotógrafo Man Ray.

Barral llegó a esta correspondencia porque su investigación doctoral es sobre Victoria Ocampo y señaló que un aspecto que le llamó la atención, “aunque va más allá de su carácter de escritoras, es ver a Victoria y Virginia como agentes culturales, su punto de vista editorial”.

Por ejemplo, “en este intercambio es posible rastrear la decisión de publicar ‘Un cuarto propio’ en español: Virginia le sugiere a Victoria que empiece la traducción de sus obras por ahí”, resaltó.

Encontrarse con estas cartas revisadas y traducidas por Victoria “mucho tiempo después de que Woolf las hubiera recibido” modificó en Barral su forma de leer a la gestora de Sur.

En el prólogo se explaya sobre ese aspecto y consigna que esas tachaduras y correcciones posteriores la hicieron pensar que “Victoria usa las cartas como un espacio híbrido para desplegar desde la intimidad una figura pública” y al organizar la compilación decidió incorporar los manuscritos, precisamente, “para mostrar la rareza de las cartas duplicadas. También fue por el fetiche del original, claro; pero sobre todo porque permitía cotejar diferencias en los facsímiles y exhibir cómo Victoria se lee a sí misma, se traduce y se edita. Está constantemente construyendo su imagen autoral”.

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Virginia y Victoria

 

La investigadora sostuvo que Virginia Woolf se transformó en un punto de referencia para Victoria Ocampo y apuntó que “Correspondencia muestra el desarrollo de esa relación” y cómo la autora de Orlando: una biografía le habló “en estas cartas sobre la escasez de autobiografías escritas por mujeres. En algún sentido ese es el puntapié para que Ocampo escriba la suya. Y -subraya- hay más: Victoria también es una apasionada lectora y crítica literaria de Woolf, por eso me parecía importante reeditar su ensayo Virginia Woolf en su diario y mostrar también este punto de vista”.

“La propia Ocampo se ocupa de establecer esa idea vincular en sus Testimonios, en su Autobiografía y en Virginia Woolf en su diario, donde busca asociarse a Virginia como amiga y admiradora. La trayectoria intelectual de Victoria está atravesada por Virginia: el primer volumen de sus Testimonios de 1935 empieza con la Carta a Virginia Woolf y en 1977, en su discurso de aceptación a la Academia Argentina de Letras, una Victoria octogenaria también vuelve a ella. Es un vínculo apasionante que ha recibido -y seguirá recibiendo- lecturas y opiniones”, repasó Barral.

Al momento de resaltar la vigencia de Woolf, no dudó en destacar “la originalidad de ciertas tramas, por ejemplo en ‘Orlando’; en su modernidad narrativa, cuando despliega la técnica del fluir de la conciencia a la par que Joyce; en su afilada capacidad de denuncia y de sutil ironía”.

“A la luz de las reediciones actuales es posible dimensionar cuán pionera fue Victoria Ocampo. Es ella la primera que decide traducir al español a Virginia Woolf hacia 1935 a través de su editorial Sur. Para exhibir esto la Correspondencia incluye un listado con las traducciones de Woolf, para contextualizar la importancia del aporte de Ocampo al difundirla”, enfatizó.

Su vigencia para pensar los desafíos de los feminismos

Releída por los movimientos feministas, por obras disruptivas como el emblemático libro Un cuarto propio, los escritos de Woolf ofrecen una vigencia lúcida para pensar el rol de las mujeres y plantear nuevas preguntas sobre los desafíos de los movimientos, como coinciden sus tres traductoras, Laura GarcíaCarolina Orloff y Micaela Ortelli, que trabajaron en las compilaciones y reediciones publicadas recientemente de la autora británica.

García, traductora de Tres guineas, resalta en este ensayo de Woolf “no solo la audacia”, sino también su “clarividencia”, ya que lo publica “un año antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, en un momento que ella advierte como bisagra. Recordemos que la Primera Guerra implicó para la mayoría de las mujeres el ingreso al mundo del trabajo, porque tuvieron que reemplazar a los hombres que marcharon a las trincheras”, sostiene.

La también impulsora de la librería y club cultural Hidalgo explica que “Woolf advierte las implicancias de este ingreso de las mujeres en el trabajo y luego en las universidades de los hombres, y no celebra para nada. Les dice a las mujeres que es el momento de hacer un mundo distinto al que habían construido los hombres: ¿vamos a ir a las universidades y vamos a hacer los trabajos que construyeron el saber y sentaron las bases materiales de un mundo que usa a las personas como carne de cañón? ¿Vamos a contribuir a la desigualdad y a la violencia?”.

“La propuesta de Virginia Woolf es urgente, audaz y totalmente radical. Les dice a las mujeres que produzcan su propio conocimiento, su propio mundo, porque esa es la única manera de que podamos salvarnos a todos y todas. Ella se dio cuenta de que era un momento muy especial, en el que las mujeres podían desempeñar ese papel porque todavía estaban afuera, pero con las puertas abiertas para ingresar: para Woolf esa exclusión, en ese precioso momento de apertura, puede tomarse como ventaja para no repetir los mismos errores. Es decir, no se trata de una propuesta esencialista (las mujeres por ser mujeres pueden ser un sujeto revolucionario), sino completamente situada y contextualizada”, explica la traductora.

Orloff considera que en la obra de la escritora, crítica y editora “se destaca una inteligencia formidable, extraordinaria, de una joven mujer con mucha visión no solo en términos de creación de universos sino de tono, de romper con la norma. En ese sentido hay libertad y una perspectiva crítica suprema, absolutamente propia y sin temor de expresarlo”.

En ese sentido considera que su vigencia radica en que “es alguien que sigue tendiendo un impacto muy fuerte, un caudal de resignificaciones desde muchos ángulos, no solo desde el feminismo, también desde el humanismo, en términos psicoanalíticos, lo que logra antes de que se publicara el Ulises de Joyce”.

“Hay varias facetas que muestran la figura singular de ella como escritora pero también como intelectual y como mujer en un circulo de artistas y de gente involucrada en el mundo artístico y en la industria editorial”, subraya y enfatiza: “Fue clave para que se reformularan visiones sobre las mujeres escritoras en términos de los derechos de una mujer de ser madre o no. Hay muchos aspectos ahí que son el germen de un feminismo que la tomó como foco en el Reino Unido en los 70 y hoy sigue siendo un modelo”.

Una de las traductoras de la edición de Godot de Cuentos completos la define como “alguien que corrió los límites, los dio vuelta y los puso sobre la mesa desde otro lado” por eso resalta que “es importante que se la entienda desde un corpus, que se lea su crítica, lo que ella leía. Es una mente extraordinaria que cambió la historia del rol de las escritoras mujeres en el modernismo pero a partir del modernismo”.

Para Ortelli, “mientras el mundo sea mundo y cada vez más feminista, siempre va a seguir siendo releída y reeditada” y señala que “hace quince años era más una lectura de facultad; ahora es un súper regalo un libro de Virginia. Nunca va a dejar de ser educativa, a distintos niveles: leyéndola aprendés sobre historia, psicología, vínculos, escritura”.

Fuente: Télam

Tomado de Cultura infobae

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Nota de este blog: a la muerte de Victoria Ocampo en enero de 1979 de una dolorosa enfermedad, Jorge Luis Borges asentó: “En un país y en una época en que las mujeres eran genéricas, ella tuvo el valor de ser un individuo. Estoy agradecido personalmente por todo lo que hizo por mí, pero sobre todo, estoy agradecido como argentino por todo lo que hizo por la Argentina”.

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Fuentes de sabiduría literaria

Hoy se cumple exactamente un año de la publicación, en este sitio, de la minuta sobre el análisis formíceo de Aura, de Carlos Fuentes. El gran entrevistador español Joaquín Soler Serrano discutió con Fuentes acerca de su particular novela, y hay un momento preciso en el que el poderoso escritor mexicano revela una comunidad de punto de vista con Diego Velázquez, el que se manifiesta ricamente en su obra cumbre, Las meninas. He aquí el fragmento específico de esa conversación.

 

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Diego Velázquez – Las meninas. (Detalle).

 

Exactamente ese punto de vista, ese sitio privilegiado de la percepción, sirvió a Michel Foucault, el más importante filósofo francés del siglo XX, para componer el primer capítulo de su libro cimero, Las palabras y las cosas (una arqueología de las ciencias humanas). En ese libro, lo español preside tesis centrales del muy francés Foucault; comienza, por ejemplo, admitiendo justo al inicio de su prefacio: “Este libro nació de un texto de Borges”, * y luego inicia otro capítulo entero—Representar, el tercero—por Don Quijote:

Con todas sus vueltas y revueltas, las aventuras de Don Quijote trazan el límite: en ellas terminan los juegos antiguos de la semejanza y de los signos; allí se anudan nuevas relaciones. Don Quijote no es el hombre extravagante, sino más bien el peregrino meticuloso que se detiene en todas las marcas de la similitud. Es el héroe de lo Mismo. Así como de su estrecha provincia, no logra alejarse de la planicie familiar que se extiende en torno a lo Análogo. La recorre indefinidamente, sin traspasar jamás las claras fronteras de la diferencia, ni reunirse con el corazón de la identidad. Ahora bien, él mismo es a semejanza de los signos. Largo grafismo flaco como una letra, acaba de escapar directamente del bostezo de los libros. Todo su ser no es otra cosa que lenguaje, texto, hojas impresas, historia ya transcrita. Está hecho de palabras entrecruzadas; pertenece a la escritura errante por el mundo entre la semejanza de las cosas. Sin embargo, no del todo: pues en su realidad de hidalgo pobre, no puede convertirse en caballero sino escuchando de lejos la epopeya secular que formula la Ley. El libro es menos su existencia que su deber. Ha de consultarlo sin cesar a fin de saber qué hacer y qué decir y qué signos darse a sí mismo y a los otros para demostrar que tiene la misma naturaleza que el texto del que ha surgido. Las novelas de caballería escribieron de una vez por todas la prescripción de su aventura. Y cada episodio, cada decisión, cada hazaña serán signos de que Don Quijote es, en efecto, semejante a todos esos signos que ha calcado.

Foucault nos hace orgullosos de haber nacido en el continente de la lengua de Cervantes, la de Borges, en el de las representaciones de Velázquez.** Expone ya en su primer capítulo:

El pintor sólo dirige la mirada hacia nosotros en la medida en que nos encontramos en el lugar de su objeto. Nosotros, los espectadores, somos una añadidura. Acogidos bajo esta mirada, somos perseguidos por ella, remplazados por aquello que siempre ha estado ahí delante de nosotros: el modelo mismo. Pero, a la inversa, la mirada del pintor, dirigida más allá del cuadro al espacio que tiene enfrente, acepta tantos modelos cuantos espectadores surgen; en este lugar preciso, aunque indiferente, el contemplador y el contemplado se intercambian sin cesar.

Es lo que Fuentes apuntaba, once años después de Las palabras y las cosas, a Soler Serrano, cambiando pintor por escritor y espectadores por lectores.

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Apenas comenzaba el tercer milenio de nuestra era—29 de marzo de 2001—cuando Carlos Fuentes ofreciera útiles recomendaciones a sus colegas en el arte de escribir, desde una mesa redonda organizada por la Cátedra Alfonso Reyes del Instituto Tecnológico de Monterrey. Se trata de la sabiduría destilada por un gran artesano de la escritura, que por fortuna quedó registrada en el video colocado de seguidas.

 

 

He allí la voz de la experiencia educada.¶

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Jorge Luis Borges, El idioma analítico de John Wilkins. Otras inquisiciones (1960).

** Para descargar el CAPÍTULO I 
LAS MENINAS de Las palabras y las cosas)

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Entrevista a la hija de un Nobel

Tomado de El País de España

 

Catherine Camus: “Mi padre no es un santo. Fue un verdadero ser humano”

 

Entrevista con la hija de Albert Camus, de quien se publica en castellano ‘La noche de la verdad’, los artículos completos en el periódico ‘Combat’

 

Catherine Camus, en Barcelona en 2012, durante la gira de presentación de su libro ‘Albert Camus. Solitario y solidario’.MARCEL·LÍ SAÈNZ

 

 

MARC BASSETS

París – 19 ENE 2021 – 19:30 VET

 

Albert Camus nunca había sido tan leído desde su muerte en un accidente de coche cuando tenía 47 años, en 1960. La pandemia de coronavirus ha convertido de nuevo su novela La peste en un superventas y a Camus en uno de los autores que iluminan este mundo enfermo y confuso. La editorial Penguin Random House recupera la obra del Nobel y publica, por primera vez en castellano, todos sus artículos periodísticos en el periódico Combat, reunidos bajo el título La noche de la verdad y en traducción de María Teresa Gallego Urrutia. Catherine Camus (Boulogne-Billancourt, Francia, 75 años), la hija del escritor, habló hace unos días por teléfono con EL PAÍS desde la casa familiar de Lourmarin, el pueblo de la Provenza donde está enterrado su padre.

 

Pregunta. ¿Qué imagen guarda de Albert Camus?

Respuesta. Era divertido y vivo. Solar. Un ser humano de verdad. Nos escuchaba. Nos prestaba atención. Y no solo eso. Nos dejaba vivir.

P. ¿Qué tipo de padre era?

R. Justo y tierno. Pero severo. Había que comportarse bien en la mesa, hablar francés correctamente. Y sobre todo: el respeto a los demás. Y no mentir. Tenía una determinación física contra la mentira. Delante de él, no había escapatoria si uno mentía.

P. ¿Le ha quedado marcado algún momento preciso?

R. Muchos. Un día, con 12 o 13 años, le dije: “Papá, me aburro”. Y me respondió: “Me agobias”. Yo le repliqué: “Pero papá, me aburro”. Él me dijo: “No. Solo los imbéciles se aburren”. Nunca más me aburrí.

 

En la escuela yo decía que mi padre era carpintero, porque escritor parecía que fuese un holgazán

P. ¿Le recuerda escribiendo?

R. Al haber estado muy enfermo, estar sentado o estirando le recordaba al hospital. Siempre estaba en movimiento. Escribía de pie. Pero mi hermano y yo no sabíamos que era célebre.

P. ¿Cómo supo que lo era?

R. Al morir. Entendí que la celebridad era horrible. Niega la humanidad de las personas.

P.¿Qué ocurrió?

R. Mi hermano y yo no existíamos: no era nuestro padre quien había muerto, era Albert Camus. Cuando tres días después regresé al liceo, me decían: “Qué pena, quería que me firmase un ejemplar de La peste”.

P. Usted no sabía que era célebre, pero sí que era escritor.

R. Sí, pero en la escuela yo decía que mi padre era carpintero, porque escritor parecía que fuese un holgazán.

P. Pero había ganado el premio Nobel. Ya era conocido.

R. Sí, pero para mí esto no significaba nada. En casa no teníamos ni radio ni tele. Le pregunté a papá si había un Nobel para los acróbatas, porque yo quería ser acróbata. Piense que, en mi generación, a los niños nos dejaban ser niños. Nos dejaban en paz. Ahora los niños tienen tal cantidad de información que, en ciertos aspectos, los convierte en pequeños viejecitos.

P. ¿Cuándo empezó a leerle?

R. Cuando él vivía, leí Calígula. Le dije: “Es divertido”. Se quedó sorprendido. Después de su muerte, intenté leer La peste, pero resultaba demasiado doloroso. A los 17 años lo leí todo, menos El hombre rebelde, que me parecía demasiado abstracto.

 

A veces, me muero de risa leyéndolo. Él se reía mucho. No era una estatua, ni un pontificador.

P. ¿Cuál es su libro favorito?

R. La caída. Su libro más logrado. De lleno en la vida, con un lado cómico y patético.

P. No es habitual hablar del humor en Camus. Se lo toma por un autor muy serio.

R. Exacto. Pero yo, a veces, me muero de risa leyéndolo. Él se reía mucho. No era una estatua, ni un pontificador. Hacía preguntas, pero nunca daba la respuesta definitiva.

 

España era importante para él. Decía que lo mejor que había en él era la parte de sangre española

P. Pero vio cosas que siguen siendo válidas.

R. Porque escribió para los hombres, como los hombres y a una altura humana. Papá escribía con las tripas, no solo con la cabeza. Por eso los filósofos franceses dicen que no era un filósofo. La filosofía siempre son sistemas, pero como papá escribió: ‘No hay nada verdadero que fuerce a excluir’. El sistema es algo cerrado que excluye todo lo que no entra en él. Desconfiaba de todos los ismos, porque encierran a las personas. Era un hombre libre.

P. Algunos de los mejores artículos de La noche de la verdad hablan de la España franquista.

R. España era importante para él. Decía que lo mejor que había en él era la parte de sangre española [su madre era de origen menorquín]. Y, además, estaba [su amante, la actriz española] María Casares…

P. Hace unos años publicó las cartas de su padre con Casares.

R. Era magnífica. María escribía muy bien.

P.¿Fue difícil para usted autorizar la publicación de estas cartas? Eran íntimas y afectaban a su familia.

R. No. Lo decidí yo. De todas maneras, nos arriesgábamos a que se publicasen de manera no autorizada, como había sucedido con El primer hombre. Así que llamé a [el editor] Antoine Gallimard y publicamos las cartas. Es íntimo, claro, pero es tan bonito.

Albert Camus junto a Catherine en una imagen sin datar.

 

P. Su madre sufrió.

R. No, en realidad no. Mamá quería a María. Nunca escuché en mi familia materna una mala palabra sobre María Casares. La respetaban. Y estoy segura de que mamá estaba convencida de que papá no habría superado todo lo que superó sin María.

P. ¿A qué se refiere?

R. A la enfermedad de mi madre. A la suya: era tuberculoso. Al ostracismo de la intelligentsia parisina. María Casares era la vida misma. Mamá temía la vida. Fue muy importante para mi padre. También pensé [al publicar las cartas] que quizá algún día no se sabría quién fue, y fue una mujer genial.

P. Camus perteneció a la resistencia contra los nazis. ¿Les hablaba de esa época?

R. Ah, no. Papá nunca hablaba de sí mismo. Un día yo buscaba un lápiz en su despacho y me tropecé con la medalla de la resistencia. Años después supe que, cuando se la dieron, llegó a la redacción de Combat y preguntó: “¿Quién me ha denunciado?”. El caso es que llegué al salón con la medalla y le pregunté: “¿Qué es esto?”. Se puso blanco. Me preguntó: “¿Dónde lo has encontrado? Ponlo donde lo has encontrado”. No me dio ninguna explicación. Papá consideraba que muchas personas murieron y él salió vivo y que no había hecho prácticamente nada.

P. ¿Se hablaba de su Argelia natal en casa? Era la época de la guerra de la independencia.

R. A mí no me hablaba, pero en casa las discusiones sobre Argelia eran un infierno. Un día mi padre llegó y mi tía materna le dijo: “Camus, mientras escribas en L’Express [semanario favorable a la descolonización]’ no te dirigiré la palabra”. Papá se volvió a poner el cinturón en el impermeable y dijo: “No será una gran molestia”. Y se volvió a marchar.

P. ¿Ha regresado a Argelia usted?

R. En 1960, después de la muerte de mi padre. No he vuelto más.

P. ¿Teme que Albert Camus se convierta en un santo?

R. ¡No, no es un santo!

P. ¿No tenía defectos?

R. Sí, como todo el mundo. Fue un verdadero ser humano.

P. ¿Quedan cosas de Camus por publicar?

R. No lo sé. Está la correspondencia con mi madre. Pero es un poco complicado, porque a partir de 1945 salimos mi hermano y yo, y esto no me gusta. Quizá la correspondencia con mamá en 1937 y 1944. Es muy interesante. Ilumina la correspondencia entre María y papá. Y hablan de la guerra, de su obra.

P. ¿Le ha pesado ser la hija de Albert Camus?

R. De adolescente me habría gustado tener una existencia propia. Después, una se acostumbra. Te da humildad, y la humildad ayuda a vivir. Y considero que he tenido suerte de haber tenido un padre como él. No porque fuese célebre. Porque era fan-tás-tico. Un tipo genial.¶

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María Casares, la actriz que subyugó a Camus

En femenino

La actriz gallega María Casares marcó la historia del teatro francés del siglo XX. Ser exiliada no le impidió llegar a lo más alto

María Casares y Albert Camus en una imagen de 1948. (Album / Rue des Archives / Bridgeman Images / René Saint Paul)

 

Eduardo Mesa Leiva

09/01/2021 07:00

 

María Casares no le tenía miedo a nada y apostaba siempre por la vida. Fue una “residente privilegiada” en Francia y “nació” en un teatro parisino cuando contaba veinte años. Estaba hecha de espuma atlántica y tierra gallega. Su mirada felina atravesó guerras y exilios hasta colarse en el imaginario colectivo de millones de franceses, ocupando portadas de revistas y carteleras en teatros y cines.

Vivió su “gran encuentro”, pasional y clandestino, con el existencialista Albert Camus, una relación mecida entre la paciencia y el deseo. Una mujer libre, símbolo de los exiliados republicanos, que solo volvió a España tras la muerte de Franco, para brillar con una obra de Rafael Alberti.

 

“Mi patria es el teatro”

María Casares nació en La Coruña el 21 de noviembre de 1922. Era hija de Santiago Casares Quiroga, político y abogado que llegaría a ser presidente del Consejo de Ministros durante la Segunda República hasta su dimisión en julio de 1936, tras la sublevación militar.

Sus memorias

La carrera política de Casares Quiroga provoca el traslado de toda la familia a Madrid en 1931. Es una experiencia traumática. “Sentí más el exilio de Galicia a Madrid que el de España a Francia”, contará en Residente privilegiada, su libro de memorias. En la capital, la joven recibe una formación de vanguardia, en contacto con las élites de la República. Son años en los que comienza a forjarse su pasión por el teatro.

El inicio de la Guerra Civil convierte a María Casares en una exiliada. “Mi patria es el teatro y mi país de origen, la España refugiada”. Junto a su madre, abandona Madrid con catorce años para instalarse en la capital francesa en noviembre de 1936.

Con la caída de Cataluña en 1939, Santiago Casares Quiroga abandona también España y se reúne con la familia. Su piso en la calle Vaugirard se convertirá en el refugio de la Galicia exiliada. María pone sus energías en tratar de domar la lengua francesa, mientras entra en contacto con la escena teatral parisina. Con un esfuerzo ímprobo consigue entrar en el Real Conservatorio.

“Nací en noviembre de 1942 en el teatro Les Mathurins”. María Casares debuta en la escena parisina con el montaje Deirdre des douleurs. La actuación de la joven actriz no pasa inadvertida para la crítica. El flechazo con los escenarios es inmediato. María no dejará nunca de vivir entre candilejas. “Encuentro que el teatro es vivir por diez o por cien, pero no se puede separar la vida del teatro”, confiesa.

A partir de ahora puede dedicarse a lo que más desea, pero tendrá que hacerlo sin el apoyo familiar. Pierde a su madre en 1945 y a su padre cinco años más tarde, en 1950. Exiliada y sola en la veintena, habrá de inventarse una nueva vida hasta convertirse en la actriz con mayúsculas del teatro francés.

“Hay dos personas en la vida que me educaron profundamente: mi padre y Albert Camus”, aseguraba María Casares. Se conocen en marzo de 1944 en casa del escritor Michel Leiris y, tres meses después, el 6 de junio de 1944, se convierten en amantes. Es la noche del desembarco aliado en Normandía. Él tiene 30 años; ella, 21. Camus ya es un nombre reconocido de las letras francesas. Ha publicado El extranjero y está destinado a convertirse en una de las figuras esenciales de la literatura europea del siglo XX. Casares es una prometedora actriz con todo el futuro por delante.

La relación nacerá y continuará siendo clandestina durante más de quince años. Camus está casado. Su mujer, Francine Faure, reside de manera provisional en Argelia. Cuando regresa a París en septiembre, María rompe con el escritor. Nada sabrán el uno del otro hasta cuatro años después, cuando se cruzan por azar en una calle de París. No volverán a separarse hasta la muerte de Camus en 1960. Durante esos años, María Casares protagoniza varias obras del futuro premio Nobel, como Los justos, El malentendido o Estado de sitio.

“Siento por ti la infinita paciencia del amor, la furiosa impaciencia del deseo”, escribe el autor de La peste. En 2017 salían a la luz las 865 cartas completas que ambos se intercambiaron durante años, recogidas por la hija del escritor, Catherine Camus. “Gracias a los dos, sus cartas hacen que la tierra sea más vasta, el espacio más luminoso, el aire más ligero simplemente porque han existido”, escribe en el prólogo. En las misivas hay amor, pasión, complicidad y erotismo. “Con él supe que no se podía estar sola, además nunca volví a estar sola”, expresa la actriz.

El famoso rostro

En la década de los cincuenta, Casares se consagra como estrella del cine francés. Es un rostro habitual de las carteleras y las revistas de la época. Entre sus grandes papeles destaca el de la princesa en Orfeo, de Jean Cocteau (1950). Memorables son también sus trabajos junto a Gérard Philipe, Jean Vilar o Jean-Louis Barrault. Paralelamente, su carrera se consolida en el teatro. En 1949 entra en la Comédie Française y cinco años más tarde, en el Teatro Nacional Popular, un proyecto teatral concebido como servicio público. Además, es una de las impulsoras del Festival de Aviñón.

La muerte de Camus en enero de 1960 supone un mazazo para Casares. Se abre una década en la que asumirá el desafío de hacer teatro en su lengua materna en Argentina. Para la España exiliada, la actriz es mucho más que un símbolo. Bajo la dirección de Margarita Xirgu (íntima amiga de García Lorca), representa Yerma en Buenos Aires.

 

El regreso amargo

En 1976 regresa a España con la obra El adefesio, de Rafael Alberti. María deslumbra en Madrid y Murcia, pero el montaje no acaba de ganarse el favor del público. Por si fuera poco, en Barcelona, la actriz enferma y se suspende la gira. El esperado regreso ha tenido un final amargo. Volverá a España, pero siempre con obras francesas, y no pisará Madrid ni Galicia.

Un año antes, Casares había adquirido la nacionalidad francesa. En 1978 se casa con el actor alsaciano André Schlesser. Recluida en su finca La Vergne, María repasa su vida y escribe las citadas memorias, Residente privilegiada (título que alude a su estatus en la tarjeta de residencia original emitida por Francia), publicadas en 1980. En ellas rememora la relación que mantuvo con personajes como Camus, Jean-Paul Sartre, Jean Cocteau o Pablo Picasso.

Se suceden los homenajes y condecoraciones. Premio Molière, Nacional de Teatro o la Legión de Honor, en Francia. En España, aunque tardío, el reconocimiento llega con la Medalla al Mérito de Bellas Artes y la Medalla Castelao de Galicia en 1988. En 1996, la actriz aceptó que los premios de teatro en Galicia llevaran su nombre, pero no podrá asistir a la primera edición.

El 22 de noviembre de ese mismo año fallece en su finca de Alloue, donada a la República Francesa para instaurar en ella una escuela de teatro. La “residente privilegiada” cerraba así su última etapa. “Vivir es sentir, sin amarguras, todas las edades, hasta que llega la muerte”.¶

Este artículo se publicó en el número 627 de la revista Historia y Vida.

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Los libros que leeremos en 2021

Altavoz

CULTURA

El escritor Javier Marías preside una ‘rentrée’ muy concurrida

 

PUBLICADO 05/01/2021

ANA CARVAJAL

Llega el 2021 con vacuna, o así lo parece, y novedades que vacunarán a los lectores contra el hartazgo y la irritación que ha dejado la pandemia de la covid-19 a su paso. Las editoriales han dado un paso adelante y sacan pecho con sus nombres más importantes. Alfaguara lo hace, por ejemplo, con Javier Marías y Joyce Carol Oates. Pero muchos otros sellos también echan mano de autores ya sólidos, como lo hará Anagrama con Milena Busquets, que llegará a las librerías el día 4 de febrero, así como Tusquets con Javier Cercas y Seix Barral con Jesús Carrasco.

Un repaso rasante por sellos arroja un panorama heterogéneo y parece tener como gran objetivo la apuesta segura: la industria editorial -ni esa ni ninguna otra- no está para experimentos; es necesario recuperar lo perdido durante la pandemia y para hacerlo ha recurrido a una mezcla entre lo masivo y aquello que, en el renglón más literario, ha dado siempre resultados.

Alfaguara publicará en el primer trimestre del año Gambito de dama, de Walter Trevis, una novela que se convirtió en seguida en un libro de culto para ajedrecistas y conocedores de la gran novela americana y cuya adaptación al formato serie ha conquistado al orbe en tiempo récord. También Delatora, la más reciente novela de la escritora norteamericana Joyce Carol Oates y Quirke en San Sebastián, de Benjamin Black (John Banville), que en esta ocasión lleva a su patólogo Quirke a Donosti.

También encontrarán los lectores Miss Marte, de Manuel Jabois, y Volver la vista atrás, de Juan Gabriel Vásquez. Sin embargo, la más pesada de sus apuestas literarias, sin duda, es el regreso de Javier Marías.  El próximo 11 de marzo llegará a las librerías Tomás Nevinson, una especie de reverso de Berta Isla. Ambientada en la España de 1997, Tomás Nevinson explora el envés del “No matarás” y plantea una profunda reflexión sobre los límites de lo que se puede hacer y no hacer, con episodios históricos del terrorismo del IRA y de ETA como trasfondo.

Un año para leer

Lumen comienza el año, en enero, con Caliente: el ensayo de la escritora Luna Miguel sobre el placer femenino. En febrero publica La furia del silencio, de Carlos Dávalos y El tercer país, la segunda novela de Karina Sainz Borgo, cuyo debut literario, La hija de la española, se publico en 28 países. También en Marzo, el sello dirigido por María Fasce publicará La vida juega conmigo, la nueva novela de David Grossman (Lumen), el gran autor israelí ganador del Man Booker Prize y firme candidato al Premio Nobel. También se publica Notas para unas memorias que nunca escribiré, con reflexiones íntimas que el inigualable Juan Marsé recogió en sus notas y diarios.

El grupo Planeta reparte sus apuestas literarias entre Seix Barral, que publica lo más reciente de Jesús Carrasco: Llévame a casa, una novela familiar del autor que captó la atención de lectores dentro y fuera de España con Intemperie, y Tusquets, que en marzo publica Independencia, de Javier Cercas: una nueva investigación del agente de los Mossos d’Esquadra Melchor Marín, quien esta vez deberá enfrentarse a un caso de chantaje que afecta a la mismísima alcaldesa de Barcelona. En febrero, Tusquets publicará lo nuevo de Luis Landero, El huerto Emerson, y en abril La anomalía, de Hervé Le Tellier,recién galardonada con el prestigioso premio Goncourt 2020.

Febrero trae un regalo para los lectores con la publicación que hará Anagrama de Gema, la esperadísima novela de la escritora de Milena Busquets tras el éxito de lectores y crítica de Todo esto pasará (Anagrama), que llegará a las librerías el día cuatro de ese mes. También ese día, el sello Debate publica El penúltimo negroni, una antología de los textos del periodista David Gistau, fallecido el año pasado. Se trata de un libro indispensable que mezcla el mejor periodismo con una literatura luminosa, libérrima y perfecta.

Anagrama publica ‘Gema’, la esperadísima novela de la escritora de Milena Busquets tras el éxito de ‘Todo esto pasará’

El sello Blackie Books publica Historia y desventuras de una pequeña criada llamada Little, de Edward Carey, una novela histórica que ha atrapado el interés de los lectores y que sigue la vida de Little, que pasó de ser una pequeña sirvienta a la mayor artista de la cera de todos los tiempos, pasando por amiga de la realeza y pieza clave en la Revolución Francesa. “Irónica, macabra e inolvidable: la historia de una huérfana en el París revolucionario, amiga de la realeza y de los radicales”, aseguran sus editores. También incluyen en su catálogo El libro de Ana María Matute, editado por Jorge de Cascante, una antología de los mejores textos de la editora catalana.

En el apartado No Ficción y ensayo, y también publicado por Debate, destaca La casa del ahorcado. Cómo el tabú asfixia la democracia occidental, un ensayo de Juan Soto Ivars sobre el tabú y su relación con las nuevas formas de censura contemporáneas. Taurus publica El leopardo de las nieves, premio Renaudot 2019, y en cuyas páginas Sylvain Tesson cuenta el seguimiento que hizo del fotógrafo Vincent Munier con el fin de observar los últimos ejemplares de este maravilloso animal, que se oculta en las fronteras del Tíbet. En marzo, Libros del Asteroide publicará el nuevo libro de Jorge Bustos.¶

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