El Premio Rómulo Gallegos: Ricardo Piglia

 

Blanco nocturno es el libro del mes en nuestro grupo de lectura Las Hormigas. Fue laureado este año con el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos, que se considera uno de los premios más importantes para la narrativa castellana y por muchos el premio literario más prestigioso de Hispanoamérica. Es otorgado por el gobierno de Venezuela por medio del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, a través de la Fundación Celarg. Se concede cada dos años, y fue creado con la finalidad de perpetuar y honrar la obra del eminente novelista venezolano Rómulo Gallegos, además de estimular la actividad creadora de los escritores de habla castellana.

Me sentí sorprendida por la técnica utilizada por el autor. Ricardo Piglia usa, en esta novela, notas a pie de página e inserciones de otros textos como complemento de su prosa. Es posible que esto se deba a sus estudios superiores de Licenciado en Historia de la prestigiosa Universidad Nacional de La Plata, o al hecho de ser reconocido como escritor experimental de vanguardia o por sus extensos conocimientos, ya que es profesor de literatura latinoamericana en la Universidad de Princeton. La técnica ayuda a complementar la historia, y se vuelve un recurso indispensable para el lector que quiere avanzar en el descubrimiento del asesino en esta novela policial. Piglia domina este género de novela negra, porque lo ha leído intensamente desde joven y además fue el director de una colección de libros policiales en 1965, editada en Buenos Aires. En una entrevista para El País comenta: Lo que me atrae narrativamente de eso es la nueva luz que tira el momento de la traición. Vos estás viendo las cosas de color tal, y de pronto cambia y se convierte en otra cosa. La traición produce ese momento que es como un flash, sobre quiénes son los buenos, quiénes son aquellos en quienes se podía confiar.

Blanco nocturno es también una novela familiar. El mismo autor ha reconocido que su intención era contar la historia de Luca Belladona, quien es en realidad un primo suyo muy querido que se encerró en su fracasada fábrica de automóviles y se convirtió en excéntrico inventor solitario de máquinas inútiles y fantásticas. Como en la ficción, este familiar del autor estaba obsesionado con un libro de Jung que encontró y le hizo creer que escribiendo sus sueños—él lo hace en las paredes de la fábrica—podría descubrir su futuro y la explicación del hilo de realidad de las situaciones. Lucha como Quijote contra el plan de transformar las instalaciones de su industria en un centro comercial moderno, que traería superación económica a la región pero ruina absoluta a su frustrado proyecto.

El libro es, igualmente, la historia de la familia Belladona. El personaje de Sofía, una de las gemelas de esa familia, dice: Las historias familiares son parecidas… los personajes se reproducen y se superponen—siempre hay un tío que es un tarambana, una enamorada que se queda soltera, hay siempre un loco, un ex alcohólico, un primo al que le gusta vestirse de mujer en las fiestas, un fracasado, un ganador, un suicida— pero en este caso lo que complicaba las cosas era que la historia de la familia se superponía con la historia del pueblo. Sí, porque es también la historia de un pueblo de la pampa Argentina—Androgué, en la provincia de Buenos Aires—, y la de sus moradores, la que se deja ver entre las páginas de Blanco nocturno.

NS