Una entre ellas

 

Para alentar a un joven interesado en la poesía, desempolvé un texto mío de 1976, el año en que conocí a mi esposa. Su poderosa belleza ha debido hacer que pensara en algo polarmente opuesto y registrase por escrito, el 27 de diciembre de ese año, un texto al que llamé Borgiana, pues de algún modo imitaba el estilo de Jorge Luis Borges. (Tal vez por el empleo de uno de sus adjetivos favoritos: tenue, o el contraste contradictorio de «accidente imprescindible»). En el original, era un trozo de prosa. Acá lo transcribo descompuesto en líneas versificadas:

 

Bastantes años hace que en mi cuarto

recostado sobre el lecho y fijos los ojos

en algún punto de la habitación, ese punto me decía algo.

Me gritaba que tenía una forma especial y única,

lo que le daba derecho a ser visto,

a ser amado por al menos una mirada

y registrado al menos por una memoria.

 

Me he cruzado muchas veces con los mismos reclamos.

Reflejos en la cóncava pared de una copa,

minúsculos granos de ceniza

que adoptan una presuntuosa disposición,

una hoja disimulada entre muchas que la esconden…

 

Dejo de lado las cosas obvias, las que todo el mundo ve,

aquellas de las que todos hablan y dicen que son bellas.

Las que me han llamado con urgencia,

rogándome que las preserve en mi memoria,

no son de las que pueblan poemas y canciones:

alguna llave huérfana que ignora su puerta,

una piel que nunca visitará la tersura,

una sombra aun menos hermosa que su dueño,

el cuadro de un pintor sin talento, una media rota,

una ventana siempre clausurada.

 

Todas ellas, y muchas más que no he visto,

componen nuestro universo

junto con las que siempre son cantadas.

Tengo la tenue esperanza de que las que yo no haya notado

puedan exigir alguna vez los ojos de un viajero.

 

Y de no ocurrir ese accidente imprescindible,

guardo un último deseo:

que mi rostro refleje para otro esos recuerdos

antes de que mi tránsito termine.

………

Perdonen la intrusión en este Blog de Las Hormigas. LEA

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