Las Hormigas

 

Sólo devoramos libros de los buenos

 

 

Silvia María

Silvia María Galavís de Castillo (Caracas 20 de febrero de 1954). Estudié la primaria en el Colegio Mater Salvatoris, al que siempre he quedado muy ligada, y el bachillerato en el Centro Docente Católico. Estudié diseño ambiental en el Centro Villasmil en Caracas. En diciembre de 1974 me casé con Alejandro Castillo. Terminé mis estudios de diseño embarazada de mi primer hijo Henrique; después llegaron María Silvia y Roberto. Recién casada, dediqué la mayor parte de mi tiempo a mis hijos. Cuando comenzaron a crecer, pude dedicar más tiempo al ejercicio profesional en proyectos de diseño. Progresivamente, pude comenzar también a explorar otros intereses en actividades de voluntariado. Entre otras, participé como directiva de OSCASI en la implementación de escuelas alternativas para desescolarizados en el barrio Unión de Petare, en el proyecto de mecenazgo de la Galería de Arte Nacional y en la formación de niños de la Escuela Libertador en las áreas de valores y catequesis. Estas actividades me llevaron a complementar mi formación a través de diplomados de UNICEF en valores, voluntariado y derechos humanos, además de mi pasión por el arte que siempre la cultivo.

Ahora, en esta etapa de mi vida, sigo como voluntaria de la catequesis, además de ser abuela de cuatro nietos que me enriquecen la vida al igual que la lectura. Gracias a este Hormiguero tengo más disciplina para leer y aprender de las innumerables tardes de tertulias que nos alegran en esta etapa tan difícil de digerir de nuestra querida Venezuela. Pues ¡que vivan las hormigas!

 

Imelda (Chicha)

Imelda (Chicha) Guerrero de Hardy Nací en el Centro Médico de Caracas el 26 de octubre de 1950.

Entré en Preparatorio en el Merici; en segundo grado nos fuimos a vivir a Italia, a un pueblo a la orilla del mar, que se llama Viareggio.

Regresamos a Caracas y estudié tercero y cuarto grado en el Mérici; otra vez nos fuimos a vivir a Madrid—por tres años—donde estudié en un colegio de monjas francesas que se llamaba Saint Maur y regresé a estudiar al Mater, pues ahí estaba estudiando mi querida amiga Josefina Díaz. En el Mater estudié segundo y tercer año, donde conocí a la mayoría de las Hormigas.

No me llevaba bien con la madre Baró, a raíz de haberme escapado al CADA de abajo en dos oportunidades; creo que era un poco indisciplinada, ésa fue la principal razón de mi cambio al Mérici. Por otro lado, en esa época las monjas del Mérici tenían alquilada nuestra casa para primaria y le decían a mi Mamá que cómo era posible que no hubiera regresado al colegio; total que me cambié y volví con mis antiguas compañeras y conocí también a la mayoría de las Tulipanas, que es el otro grupo de lectura en que estoy.

De mi vida privada: me casé en 1972 con Adrián (aprovecho para hacerle público mi reconocimiento por todo el apoyo que nos ha brindado ayudándonos a conseguir los libros), tuvimos tres hijas y tenemos dos nietos, todos viviendo fuera del país.

De mi vida académica les diré que estudié y me gradué en Relaciones Industriales en la Católica. Y en mi carrera profesional llegué a ser Gerente de Recursos Humanos de una de las textileras más grandes del país y de uno de los bufetes más prestigiosos de Caracas. Ejercí la profesión por más de 20 años. Actualmente estoy retirada, pero sigo trabajando en varias fundaciones y en la Asociación de Vecinos, tratando de hacer algo por nuestro querido país.

Cofundadora en 2011 con Graciela de este maravilloso GRUPO DE LAS HORMIGAS. Citando a nuestra querida Elizabeth “…el Hormiguero cumple una función importante en nuestras vidas porque, además de su objetivo inicial como club de lectura, ha pasado a ser un banco de información, de consuelo, de alegrías.” Elizabeth Larrazábal, diciembre de 2015.

 

Elizabeth

Elizabeth Larrazábal Nací en Nueva York, EEUU, el 11 de abril de 1951, primera de una familia de 5 hermanos. Primera promoción del Mater Salvatoris, hecho que me enorgullece mucho. Estudié Ingeniería porque creo que me enamoré del maravilloso Prof. Mullet, que daba Física y Matemáticas de una manera tan didáctica en el colegio que me inclinó hacia las Ciencias. En 1974, me gradúo de Ingeniero Industrial pero me queda dando vueltas en la cabeza la idea de estudiar una carrera humanística relacionada con la Literatura. En 1992, me gradúo de Idiomas Modernos en la Universidad Metropolitana. En 1982, me casé con un hombre maravilloso que me ha acompañado en todas mis aventuras. No tuve hijos pero tengo dos hijastros que vivieron largo tiempo con nosotros y los quiero inmensamente. La «abueli» tiene 4 «nietas». He sido y soy una apasionada del trabajo. He sido empresaria en diferentes áreas a veces con éxito y otras sin él pero, como decía mi papá, «tienes estructura, te caes y te levantas por la misma». Hace cinco años vivo en el país que me vio nacer y en el cual nunca pensé que iba a vivir. Le estoy agradecida porque tengo un trabajo muy interesante y satisfactorio en una ONG, un nuevo grupo de amigas muy enriquecedoras y una vida cultural muy variada. Mi ancla son las Hormigas, grupo al cual llegué por mi querida prima Rosa Elena. Las Hormigas son mis amigas del alma, que se han vuelto indispensables en el sentido amplio de la expresión «dan para todo». Son informadas, creativas, solidarias, divertidas… lo más importante: el cariño que nos profesamos, que nos ha mantenido unidas desde nuestra infancia.

 

Rosa Elena

Rosa Elena Larrazábal Caracas, 31 de mayo de 1950. Primera Promoción, Mater Salvatoris, 1968. Me gradué de Psicóloga en la UCAB en 1975. En ese mismo año, me casé con Rafael Maldonado y nos fuimos a EEUU. En Nueva Orleáns, mientras Rafael hacia su MBA en Tulane University, nacieron nuestros hijos Rafael Eduardo y Carlos Enrique. Dos años después de regresar, nació en Caracas nuestra hija Ana Cristina.

Por decisión propia, me dediqué a mis hijos y a involucrarme en sus respectivos colegios, San Ignacio de Loyola y Cristo Rey, sacrificando trabajar en mi carrera, de lo cual nunca me he arrepentido.

Gracias a los valores de mi familia y a las enseñanzas del Mater, siempre sentí pasión por el trabajo social. OSCASI, en el San Ignacio, me dio la oportunidad de llenar esa inclinación y al mismo tiempo de reconectarme con mi profesión. Durante seis años fui psicóloga voluntaria, conformando un equipo de tres psicólogas y una psicopedagoga en el preescolar Los Aguacaticos del barrio Unión de Petare, trabajando con niños, asesorando maestras y apoyando a madres con charlas motivacionales y de autoestima. Continué con esa labor hasta pasados dos años de graduados mis hijos del colegio.

En 2001, mi compañera del Mater, Carolina Ponte, me invitó a participar en la obra social de nuestro colegio: catequesis en la Unidad Educativa El Libertador en Chacao, labor que continúo hasta el día de hoy como catequista y coordinadora.

Fui invitada a integrar el grupo de lectura Las Hormigas por otra compañera del Mater, María Teresa Azpúrua. Esta experiencia, junto con las satisfacciones y aprendizajes que me han dado mi familia y el voluntariado, me ha cambiado la vida. Crecí con un padre apasionado por la lectura, y me casé con alguien con la misma devoción. Siempre sentí que me faltaba esa disciplina. El privilegio de contar con el grupo de amigas-hermanas con el que crecí, con el que me unen nexos que van más allá del cariño, es algo que jamás terminare de agradecerle a Dios. Me permitieron acercarme a ese mundo maravilloso de la lectura, algo que me he tomado con una seriedad y respeto que nunca imaginé. Este grupo único cubre para todas una búsqueda intelectual; nos llena la vida con encuentros plenos de calidez, alegría, complicidad, y llena el vacío que tenemos todas por la diáspora familiar, especialmente de los nietos, que en mi caso son cuatro regalos de Papá Dios .

Me he ganado el título de Hormiga repostera, cosa que me llena de orgullo porque amo complacer a la gente querida y ver sus caras de felicidad cuando llego con mis tortas.

¡Que vivan las hormigas!

 

Antonieta

Antonieta Méndez de Baquero Bendecida por estar en y con las Hormigas, amistades que dan soporte, cultura, alegría; es decir, enriquecen mi existencia. Fui educada bajo estrictos parámetros de valores y exigencias, y aunque en la familia hubo de todo…. lo enfrentamos con valentía y fuerza porque tuvimos lo más importante: el amor y el respeto. ¡Siempre muy unidos! Mis padres nos educaron con mucha alegría y máximas importantes que marcaron nuestra existencia: «La vida sin servir no tiene sentido, y para dormir está la tumba».
Me casé con un maravilloso hombre y tuvimos cuatro maravillosos hijos, hoy en día casados con cuatro grandes hijas políticas y creciendo nueve nietos que son el postre de mi vida, Mi prioridad, siempre, es mi familia. Me gradué de Psicopedagoga, Licenciada en Educación de la Universidad Central de Venezuela; postgrados, diplomados, etc. Me gusta estudiar y aprender.
Una de mis pasiones es el ejercicio. Marcó mi vida haber trabajado siete años en la cárcel de mujeres y estar trabajando ahora con jóvenes con discapacidad.
Me gusta la intensidad porque forma parte de la sensualidad; es decir, sentir y vivir al máximo la vida, lo bueno y lo no tan bueno.
Fui muy tremenda y me encantaba tener empates—ja, ja—porque daban sentido y pertenencia a mi juventud, la época más loca y divertida de los seres humanos pero con límites.
Mis referentes: Cristo y mi extraordinario padre, que me enseñó lo que es la dignidad de ser mujer con ternura, paciencia y sabiduría, por lo cual me amo y respeto más que nada ¡después de mi Dios!
Me encanta leer, bailar, reír, pensar, analizar y estar melancólica a veces.
Me aterran los juicios y la crítica, el pesimismo y el desánimo, porque son tóxicos y destructivos. Me considero absolutamente normal, con mis cualidades y defectos ¡y aciertos y desaciertos!
Es que he andado siempre en la búsqueda del equilibrio que me acerca a Dios.
¡Muy agradecida con mi vida y el tránsito de mi existencia!
Gracias. Las quiero, grupo de mujeres maravillosas. Dios las bendiga siempre.

 

María Margarita

María Margarita Méndez de Montero Nací en una familia privilegiada por el ejemplo de mis padres. Papá fue un médico que siempre sintió una avidez de aprender y estudiar, mi mamá una gran luchadora social; siempre tenía hacer el bien por encima de otras cosas, Nos inculcaron estos principios no como algo opcional sino natural. Ambos quisieron dejarnos como legado la unión entre los hermanos.

Desde chiquita me encantó estudiar, conocer gente y tener amigas que son las hermanas que uno escoge. Siempre he trabajado pero no ha sido mi norte, primero mi familia como prioridad, caminar, leer, ir al cine y tener tiempo para hacer otras actividades junto con Alberto, mi esposo desde hace 52 años. Estudié Relaciones Industriales en la UCAB, luego hice la maestría en Gerencia de Proyectos Sociales. He hecho seis diplomados en Comunicación Social, Periodismo, Psicología Positiva y el ultimo sobre la venezolanidad en la Universidad Metropolitana.
Tengo dos hijos, Alberto y Mariaelisa, y cinco nietos que adoro pero me tocó que estén afuera. Como hobby soy latera: recojo piezas que la gente bota y yo veo en ellas objetos que me inspiran; siento que son como mis hijos.
Mi experiencia en el trabajo ha estado ligada al trabajo con organizaciones sin fines de lucro y a motivar que las empresas sean socialmente responsables. He encontrado en las Hormigas otras amigas y hermanas; disfruto muchísimo las reuniones, caracterizadas por no tener otro interés que compartir afectos, instruirnos con la lectura y mantenernos al día con las informaciones en nuestro grupo. Doy gracias a Dios por esta oportunidad.

 

Elsa Josefina

Elsa Josefina Coromoto Pineda (1950); Bachiller Colegio Mater Salvatoris 1968; Socióloga UCAB 1974; Analista Transaccional  AIAT 1975; Gerente de Recursos Humanos P&G 1978-1981; Diplomado en Familia UMA 1993; Maestría en Historia de Venezuela, UCAB 2015.

Me casé en 1976; siete años después nació mi primera hija y a los cuatro años la segunda. Renuncié a Procter para tener más tiempo con mis hijas y monté una tiendita de ropa de niños; así tuve más libertad para dedicarme a ellas.

Participé en cursos, charlas, lecturas, y hasta hicimos un diplomado en familia mi marido y yo. No teníamos idea de cómo educar las niñas, Peter hijo único y yo la segunda de dos, sin niños a nuestro alrededor.

Con las hijas ya crecidas empecé a estudiar de nuevo, esta vez la Maestría en Historia de Venezuela; una de las épocas más felices de mi vida, estar rodeada en clase de jóvenes brillantes… y con todo el apoyo de mi marido. Luego tuve la dicha de realizar uno de mis sueños: dar clases a nivel universitario, tratar con adolescentes mayores, razonar con ellos, aprender de ellos, y la UMA me dio esa oportunidad.

Ha sido un inmenso placer estudiar, aprender para compartir. Sin embargo, así como la tienda la disfruté casi veinte años, el placer de la docencia me duró apenas dos años porque nos vinimos a Madrid al nacimiento de una nieta y ¡nos hemos quedado!

Para mí, trabajar en P&G fue una escuela magnífica, y disfrutar la tienda me permitía cómodamente compartir con mis hijas y luego realizar mi sueño de dar clases. Han sido tres etapas de mi vida por las que ¡le doy gracias a Dios!

Ahora, aquí en Madrid, iniciamos un grupo de lectura muy lindo. Sin embargo, ¡las reuniones mensuales de las Hormigas me hacen mucha falta! Estar comunicada por Whatsapp es vivir un poquito de Venezuela en mí.

Estar al lado de las nietas es una gran alegría para los dos. Mi marido es un extraordinario abuelo, y nuestra vida juntos ha sido muy providencial; se bautizó católico e hizo la Primera Comunión con mi hija mayor. Papá Dios me lo mandó a Pampatar, a una playa margariteña, navegando en su velero; yo estaba tomando sol y estudiando… Mis padres lo quisieron como el hijo mayor que no tuvieron desde el primer día que lo conocieron.

¡Fui la nieta de mis padres! Nací cuando mamá tenía 44 años y papá 57, lo cual hizo mi vida algo diferente… A mis viejitos les pido que nos sigan cuidando desde el cielo, especialmente a mis hijas y nietos, y ¡les doy gracias infinitas por la educación que me dieron!

 

María Carolina

María Carolina Ponte—Caracas, 30 de marzo de 1950—Hormiga Mater Salvatoris, Alma Mater UCAB, aunque no me gradué de Psicología pues me casé; en mi caso privó el amor. Fui a Austin, Texas, a que Francisco Baquero, mi esposo, terminara sus estudios y Master. Tengo dos hijos: Francisco José, que vive en Miami y del cual tengo una nieta, Corina Elisa, y unos muy queridos nietos y bisnietos de carambolas. Y Armando que me ha dado dos nietos, Pía y Marcel Ignacio; ellos viven en Madrid. Otros dos hijos, María Fernanda y Andrés Ignacio, me cuidan desde el cielo. Mi silla y mi moto son mis pies, de las que tengo que dar gracias a Dios por poderme trasladar. Fundadora del Club Las Hormigas, he disfrutado libros y reuniones, meriendas y tardes inolvidables. Nuestra amistad se ha hecho más sólida y cotidiana por el chat que siempre está activo, presto a ayudar, rezar, compartir, reír, informar. En fin, Las Hormigas somos como unas mosqueteras: una para todas y todas para una.

 

María Eugenia

María Eugenia Ravard de Reitze Nací en Caracas el 11 de Enero de 1951.

Me gradué en el Mater Salvatoris el año 69. Estudié Relaciones Industriales en la U. Católica Andrés Bello, y antes de terminar la carrera ya estaba trabajando. Siempre me ha encantado trabajar, y especialmente en el área de Recursos Humanos. Comencé en la CVG, brevemente en el Museo de Arte Contemporáneo, luego me fui a estudiar francés un año a Paris y al regresar trabajé en la empresa familiar.

A los 30 años me fui a pasar 3 meses a New York y ¡me quedé 10 años!  Recién llegada conocí a Carlos Adolfo Reitze, chileno, con el que me casé y tuve a mis morochos, Cristóbal y Sebastián. Ellos han sido lo mejor que me ha pasado en mi vida, y junto con mi marido hemos formado una familia muy unida. En New York trabajé en las Naciones Unidas en Recursos Humanos; me tocó viajar muchísimo a culturas muy diferentes; el primero de esos viajes fue a Addis Abbeba.  África siempre quedó marcada en mi corazón.

El año 2000 nos mudamos a Venezuela por motivos de trabajo. Yo continué varios años más como consultora de la ONU, y luego trabajé junto a mi marido en nuestra empresa.

En la vida me ha tocado vivir y reinventarme en diferentes lugares. Desde el 2015 lo estoy haciendo en Chile. Ha sido más difícil que los anteriores; imagino que por la edad y por todo lo que hubo de dejar atrás, sobre todo los afectos. Tengo el privilegio de tener a mis hijos viviendo cerca, aunque uno esté provisionalmente en EEUU terminando un MBA.

Acá no tengo un club de lectura; veo difícil poder sustituir a las Hormigas, esas tardes tan entretenidas, interesantes y tan llenas de amistad. Trato de seguir leyendo los libros del club y esperando con ansias las minutas de Nacha, y jamás me pierdo del chateo que tenemos. Son mi referente, el pulso del País, los aconteceres de cada una… dan para escribir varios libros sobre la amistad en tiempos complicados, como el que nos ha tocado vivir.

Mi vida acá es muy activa; pertenezco a un grupo de ópera, asisto a clases de Historia y estoy involucrada en apoyar a los inmigrantes venezolanos, principalmente a los jóvenes músicos. Otras actividades que hago con gran entusiasmo son subir cerros y paseos en bicicleta. Nos hemos convertido en unos viejitos muy activos.

Y para terminar con lo mejor: seremos abuelos.  El broche de oro en mi vida.

 

Elena

Elena Ron Pedrique (5 de junio de 1951). Tuve un hogar de padres maravillosos con altos valores familiares; soy la segunda de cuatro hermanos.

Estudié en el Mater Salvatoris desde que estaba en la Avda. Principal de Las Mercedes, desde 1er. grado hasta 3er. Año de Bachillerato, pues a Emma mi hermana, que era terrible, la expulsaron y nos cambiaron a las dos de colegio.

Luego, un año después, le ofrecieron un trabajo a papá en el Banco Interamericano de Desarrollo y toda la familia se fue a vivir a Washington, D. C. Corrían los años de 1967 a 1969; fue una buena experiencia, con muchas vivencias y acontecimientos en pleno desarrollo: Guerra de Vietnam, movimientos hippies, Martín Luther King…

Me casé por primera vez en el año 1970; tuve dos hijos: Gustavo Enrique Ball y Rodrigo Andrés Ball. Me divorcié cuatro años después. Tengo tres hermosos nietos: Juan Andrés (19 años), Gustavo Enrique (8 años), Ivana ( 5 años).

Trabajé en publicidad en J. Walter Thompson, en el Departamento  de Producción,  haciendo comerciales de TV-Cine durante 10 años, y luego con Bolívar Films como Ejecutiva de Ventas. Fueron tiempos felices e importantes, pues me encantaba y disfrutaba mucho mi trabajo.

Me volví a casar en el año 1982 con Julio de Las Casas; actualmente, ¡felizmente casada! No tuve más hijos.

Entre en el grupo de Las Hormigas por Ana María, a raíz de que mi nieto mayor se fue a vivir a EEUU, lo cual fue una alegría, que llenó en parte esa ausencia, al volver a reencontrarme con todas mis amigas del colegio y verlas con más frecuencia.

Con un alto concepto de la amistad!  «Las hermanas de la vida son las amigas que uno escoge».

Siempre agradecida a la vida y de la mano de Dios y la Virgen, que siempre nos da otra oportunidad de ser feliz y superar las malas experiencias y tristezas para convertirlas en fortalezas ¡para continuar y seguir adelante.

 

Cecilia Ignacia (Nacha)

Cecilia Ignacia (Nacha) Sucre—Caracas, 31 de julio de 1950—es egresada del Colegio Mater Salvatoris y la Escuela de Puericultura Stella Matutina. Por once años ejerció la enseñanza a niños de preescolar y primer grado en el Centro Infantil Altamira, donde también fue Asistente de la Dirección. Por ser única hija durante varios años, los libros fueron sus compañeros de infancia y primeros hermanos. Es autora de varios cuentos y de la novela biográfica Alicia Eduardo: Una parte de la vida, que fue publicada por Fundación Empresas Polar en 2009, como producto del VI Taller Periodismo y Memoria conducido por Milagros Socorro. Tiene una hija de su primer matrimonio y una hija, un hijo y otra hija del segundo, así como dos nietas y dos nietos que son su gran ilusión. El club de lectura Las Hormigas le ha traído grandes satisfacciones y muy buenas amistades.

 

Graciela

Graciela Sucre de Behrens (Caracas 24 de Junio de 1950). Crecí en Caracas en familia numerosa; éramos cinco hermanos pero muchos tíos y primos que veíamos siempre.
Me gradué en el colegio Mater Salvatoris en 1968; después estudié en el Instituto de Diseño Neumann de Caracas, que era la máxima experiencia en cuanto a movimiento plástico en esa época, un privilegio. No me gradué porque me casé en 1971; me faltó un año.
En ese entonces creía que mi vocación era el Diseño, pero me di cuenta con el tiempo que más bien mi inclinación era la literatura; por eso siempre digo que soy lectora de profesión. Después de pasar 28 años en clases de apreciación musical, entendí que la música clásica, el mundo que se me abrió con esas clases y la música en general, me apasionan también.
La familia que formé con Carlos siempre fue lo primero para mí: cuatro hijos, y ahora los nietos, me han llenado la vida. Pero mi compañero el libro me ha llevado a conocer el mundo, a viajar por los países y a entender un poco a la humanidad; sobre todo a aislarme y vivir en ese maravilloso mundo que nos enseñan los libros.
Las Hormigas se han convertido en un remanso de amistad, aprendizaje y lectura con disciplina. Estoy en otro grupo—Las Tulipanas—pero mi grupo natural de mis amigas de siempre son las Hormigas.
Por eso les recomiendo leer, leer, leer… que así ¡¡¡nunca se van a fastidiar!!!