Un ambiente oriental y muy femenino nos envolvió en la última reunión del Hormiguero, acorde al libro El abanico de seda de Lisa See (Barcelona, Salamandra, 2006). Los pequeños abanicos de colores fluorescentes, que nos repartieron las primas Larrazábal al llegar, aplacaron el bochorno de la tarde y de la edad.

Conocimos primero a la autora Lisa See (París, 18 de febrero de 1955), quien es biznieta del patriarca del China Town de Los Ángeles, Fong See. Ella fue criada por su madre, que también es escritora, en el seno de una familia de origen y costumbres chinas. (Ver envío de apuntes de Elizabeth y datos históricos que envió María Teresa).

Muchas fueron las costumbres, extrañas para nosotros, descritas en la novela. La más impresionante es la que lograba hacer más bellas y deseables a las mujeres de esa cultura en ese tiempo (siglo XIX): el vendaje de los pies.

Lisa See describe con detalles escalofriantes, pero sin morbo, la tortura a la que eran sometidas las niñas, a los siete años de edad, para conseguir que sus pies fueran diminutos—siete centímetros—, con la forma apropiada para ser considerados perfectos lotos dorados que las harían caminar con la gracia apropiada. La perfección de la mutilación era considerada más importante que un bello rostro o una piel clara y perfecta.

La protagonista de la novela tuvo la suerte de poseer los empeines adecuados para lograr la excelencia en la forma de sus pies y atraer la felicidad: un buen matrimonio para salir de la pobreza. Tuvo buena estrella, pues el diez por ciento de las niñas que eran sometidas a esa tortura morían de gangrena. Las otras permanecerían para siempre dentro de casa, en una habitación exclusiva para ellas, trabajando sin descanso para satisfacer a los hombres de su familia.

En esa cultura, profundamente machista, los lotos dorados perfectos, envueltos en botines rojos, perfumados y con las fracturas de los dedos moldeadas de forma que cupiera sólo una pequeña moneda entre sus pliegues, hacían las delicias sexuales de los hombres e impedían que las mujeres, quienes quedaban confinadas de por vida al piso de arriba, pudiesen salir corriendo.

A la protagonista también le tocó en suerte tener una laotong (otro yo o alma gemela). Se hacía un contrato que unía a dos niñas, nacidas bajo una misma estrella, en una relación de por vida. El vínculo era tan fuerte como el matrimonio y la relación perduraba a pesar de distancias y acontecimientos. Las muchachas crecían amando a su pareja femenina y compartiendo su vida.

Una antigua costumbre se describe en el libro: el Nu-shu, la única escritura exclusivamente femenina de la historia de la humanidad. Funcionaba como un código secreto que se transmitía de una generación a otra, en la habitación de arriba entre bordados y chismes femeninos. En la novela, las dos laotong se comunican en este idioma ancestral, estampando bellos caracteres en un abanico de seda. Contarán allí sus más íntimos secretos, pensamientos y emociones, y gracias a esa vía íntima de comunicación se consolarán de las penalidades del matrimonio y la maternidad. El Nu-shu las mantendrá unidas, hasta que un error en la interpretación de los signos en uno de los mensajes destruirá su profunda amistad.

La sumisión a la que eran sometidas las mujeres chinas queda perfectamente descrita en la división de las etapas de su vida:

Años de hija: cuando se obedecía al padre y a los hermanos en todo. Es muy temprano en esta etapa cuando les vendaban los pies y dejaban de ser libres. Al llegar a esa edad, el padre de la protagonista, quien hasta ese momento le había mostrado señales de cariño, se aleja para siempre de ella dejando un gran vacío. Era entonces cuando las niñas eran enclaustradas en la habitación de las mujeres y se formaban los fuertes lazos femeninos de amistad, pero también surgían los roces, celos y envidias normales del confinamiento. A pesar de tanto desconsuelo, más tarde la protagonista repite con su hija todas las tradiciones que la hicieron sufrir en su niñez.

Años de cabello recogido: cuando se preparaban para el matrimonio, y comenzaban a coser y bordar sin descanso el ajuar que llevarían a casa del marido. Aprendían las labores útiles que les permitirían ser perfectas en la casa del futuro esposo.

Años de arroz y sal: ya mujeres casadas, debían obediencia absoluta al esposo y a la suegra, de quienes eran prácticamente sus esclavas. Ponían en práctica todo lo aprendido en su infancia y juventud, añorando en todo momento tener los hijos varones que les cuidaran en su vejez y que era el fin más importante del matrimonio. Sólo eso las protegería en el seno de su nueva familia.

Años de recogimiento: en la vejez, después de muertos los maridos, debían obediencia a sus hijos varones, pero también gozarían de las atenciones de las esposas de éstos, que serían sus esclavas.

(Alguna hormiga resumió las etapas como: obedecer, obedecer, obedecer y después hacer lo que les da la gana).

Las protagonistas principales de la novela son:

Lirio Blanco, que es la narradora y el principal personaje. Ella muestra una desesperada necesidad de afecto desde muy pequeña. Su sueño es que su madre la quiera y se fije en ella. Esto la hace sumisa y obediente, pues su mayor anhelo era complacerla. Su carácter se endurece al soportar estoicamente el sufrimiento físico del vendado de los pies. En su intimidad, no logra perdonar a su madre el sufrimiento que le inflige ni la dureza con que la trata, tampoco los secretos que nunca le confió. El único desahogo de su vida atormentada era el amor de su laotong—primera persona que la quiere de verdad—y la posibilidad de comunicarse con ella en su lenguaje secreto. Esa relación se transformó en obsesión para Lirio Blanco, y el recuerdo de los mágicos momentos de intimidad física y las caricias que compartieron le causaban cierto remordimiento.

Flor de Nieve: laotong de Lirio Blanco, comparte con ella año, mes, día y hora de nacimiento, así como la fecha del vendado de los pies. Por ser más bonita, de tez más clara, más osada y extrovertida, por provenir, además, de una familia más rica y más instruida, le daba celos a Lirio Blanco, quien no sabía cuánto había sufrido Flor de Nieve en su niñez ni cuántos más maltratos y vejaciones sufriría en su vida. Esta otra protagonista de la novela es mucho más apasionada y vital. Por instrucciones de los adultos le esconde a Lirio la verdad de sus circunstancias, lo que ella no puede entender ni perdonarle. Cuando se entera de la mala vida de su amiga, Lirio, que era más superficial y egoísta, no logra ponerse en su lugar ni comprenderla.

Otros dos personajes femeninos de la novela fueron considerados como muy importantes. Una es la tía de Lirio, que a pesar de ser fea, tener los pies grandes y la tez oscura, tenía una bondad y un desprendimiento a toda prueba. Es quien enseña a Lirio la escritura secreta, y quien le muestra cómo ser feliz a pesar de las adversidades. Muy significativa también es la casamentera que logra el contrato de laotong y también el matrimonio de las muchachas. Era un ser repulsivo, que veía a las niñas como negocio; se hacía acompañar por un adivino que apoyaba sus palabras en todas las reuniones para infundir más respeto.

Sólo un personaje masculino llamó la atención del grupo: el carnicero, el más despreciable por ser impuro y violento, pero el único que despertó la pasión de una de las protagonistas y mostró su fortaleza y su capacidad de cuidarlas y salvarlas de la muerte cuando llegó la guerra.

Las intervenciones de las Hormigas destacaron la importancia de la ceremonia: el ritual, que en la cultura china de esa época era tan importante y que aquí y ahora ha caído en desuso.

Se notó cómo la relación entre las dos niñas, además del cariño que surgió entre ellas y llenó sus vidas, les permitió crecer y aprender una de la otra, además de despertar en ellas la sensualidad.

La historia se desarrolla en una época ajena a las diferencias sociales, que luego pone sobre el tapete la revolución cultural china.

Algunas opinaron que el capítulo más importante del libro relata cuando Lirio, llegada a sus ochenta años a pesar de que la edad promedio de muerte de las mujeres era de cuarenta, reflexiona sobre sus errores, sobre los muchos años de resentimiento injusto con su laotong por una mala interpretación en el texto del abanico. Se reconoce como egoísta y controladora de su amiga, y trata por todos los medios posibles de reparar el error uniendo en matrimonio a sus descendientes.

Son costumbre multicultural y universal las reuniones de mujeres, como las de las Hormigas, en las que cualquier hombre se sentiría desplazado. Allí, aunque no nos comunicamos en un lenguaje secreto, usamos términos y tocamos temas exclusivamente femeninos, en lenguaje íntimo de confidencias que nos hace sentir reconfortadas y comprendidas.

Comentamos también cómo las mujeres de aquí y ahora somos afortunadas, comparadas con las de otras culturas donde aún permanecen en un escalafón inferior. A pesar de esto, no hemos progresado tanto como debiéramos; es sabido que por el mismo trabajo, con la misma preparación, una mujer tiene un menor salario—nombre que viene de sal—que cualquier hombre. Pero en China las condiciones son peores: aún hoy en día, el suicidio de la mujer es muy alto. La ley de ese país superpoblado induce depresivos abortos de fetos femeninos, pues el primer hijo varón tiene papeles legales, proporcionados por el gobierno, pero ya un segundo hijo no tendrá identidad a menos que sus padres paguen una alta cantidad por dársela, y no digamos si son hembras, que son consideradas inferiores e indeseables para cualquier pareja que quiera formar familia. Se ha llegado al límite de que los jóvenes varones chinos contemporáneos no consiguen mujeres para casarse, pues no hay suficientes.

La novela nos dejó un mensaje aplicable a todas las relaciones: la importancia de saber escuchar con detenimiento al ser querido, guardar sus secretos siempre, aprender a pedir perdón y saber perdonar.

Fue calificada por las hormigas con 8 puntos, una evaluación muy alta. El libro está bellamente escrito y nos deja un profundo conocimiento de esa cultura milenaria, al envolvernos en una refinada atmósfera femenina y enseñarnos de manera amena y sencilla.

La próxima reunión será el 5 de noviembre, en casa de Silvia. Leeremos Manuel Piar: caudillo de dos colores de Francisco Herrera Luque. Fueron sugeridos títulos para los próximos meses que no logré copiar. (Disculpen, sería bueno que los enviaran). Yo llevé como sugerencia El tango de la guardia vieja del español Arturo Pérez-Reverte.

La tarde de El abanico de seda será para recordar, por la cantidad de reflexiones que surgieron de la lectura, por el ambiente único de amistad que nos une y por la espléndida merienda-cena china con que nos obsequiaron las primas Larrazábal. Todo estuvo perfectamente pensado para ponernos en ambiente, y la exquisita comida hizo las delicias de las Hormigas.

NS