“El libro es light y entretenido. Se siente el movimiento de Estambul, los taxis, los gritos, el desorden, la oración. Es bellísimo cómo baja el ruido de la ciudad al sonar las campanas que llaman a orar”. La novela de Elif Shafak despertó los recuerdos de las que conocen Estambul, y leyéndola volvieron a sentirse allá; ésa es la magia de la lectura. Pero en la Turquía actual esa magia puede ser peligrosa, ya que esta novela, que para el Hormiguero parece escrita por una Corín Tellado turca, le ha valido a su autora una amenaza de condena a cárcel por tres años, circunstancia que la ha hecho una figura pública. En sus páginas, refiere someramente el genocidio del pueblo armenio y las huellas y dolores que este terrible incidente ha dejado en su descendencia, regada por todo el mundo. La matanza es, según el gobierno turco, una mentira, y el delito del que se acusa a la autora está tipificado como insulto al pueblo turco bajo el Artículo 301 de su Código Criminal. De allí la demanda a Shafak, a su editor y a su traductor que hoy, afortunadamente, ya fue desestimada.

Elif Shafak nació en Francia, en 1971, de padre estadounidense y madre turca, ambos diplomáticos, por lo que viajó por todo el mundo y eso la convirtió en políglota; ella asegura que es una persona diferente cuando escribe en turco que cuando lo hace en español. Es tal vez por eso mismo que la novela resulta un verdadero rompecabezas, pues trata temas de tanto morbo como el incesto, la violación, el aborto y la diáspora de las familias—por el Holocausto o Gran Crimen de los armenios (1915 a 1923)—y al mismo tiempo temas de amor familiar o la búsqueda de la identidad personal, literatura y poesía, magia, superstición y recetas de cocina; tal vez es sólo que está escrita en turco y en ese idioma se piensa así. Muchas opinaron que ha debido incluirse un árbol genealógico para entender con más facilidad a las familias, tanto la turca como la armenia, y a los que están en Estambul como a los que viven en EEUU, todos con nombres difíciles de recordar.

Las descripciones de los personajes femeninos—que son casi todos, dada la particular condición de esa familia de que los varones no pasaban de los cuarenta años—es encantadora y muy creíble, tanto que parece seguro que estén tomadas de la vida real. Al leer el libro, uno siente de inmediato que está escrito por una mujer, a pesar de que el nombre de la autora se preste a confusión. Son muchos los detalles: cada capítulo es nombrado por ingredientes de comidas típicas turcas y armenias, un personaje que pinta su cabello dependiendo de su estado de ánimo, la adivina que tiene sus duendecillos del bien y del mal apoyados en cada hombro, más una gran capacidad de observación y deducción que sirven a su sexto sentido, son peculiaridades muy femeninas.

El oscuro secreto de una familia y la búsqueda del padre ausente mueven la trama que se desarrolla en esta ciudad caótica y hermosa, donde la conjugación de Oriente y Occidente explica la dificultad que confrontan los personajes para solucionar sus problemas. Ellos deben conciliar lo tradicional y lo moderno, las familias numerosas, las diversas religiones, y las diferentes costumbres que conviven en el mismo lugar por tratarse de un país laico, aunque esto último puede estar a punto de cambiar.

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Terminar un libro no es fácil; ya lo sabemos de sobra en el Hormiguero, pero el final de éste impactó a las Hormigas. Recurrir al asesinato o, en este caso, al suicidio asistido para resolver el problema familiar y cerrar la novela, nos pareció demasiado. Pero apreciamos las descripciones de personajes y paisajes, y esa familiaridad de costumbres derivada del matriarcado dominante en su cultura: la familia que se desarrolla alrededor de los alimentos, su importancia y significado, nos hizo sentir cómodas y agradadas con la lectura. Tanto es así, que a pesar de las críticas el libro obtuvo una calificación de 6 puntos, que no es poco ahora en nuestro club de lectoras.

Graciela sugirió leer el artículo Mucho Gusto Estambul, de Carolina Acosta-Alzuru, publicado en Prodavinci: https://prodavinci.com/mucho-gusto-estambul/, que completa maravillosamente la lectura y nos da una pista del gusto turco por los melodramas que allá se llaman dizis y han invadido las televisoras del mundo.

Detalles del Hormiguero: Ana María nos contó un caso curioso de muy buena fuente; una venezolana llamada Alicia viajó a Estambul acompañando a su marido, que era un geólogo contratado por el gobierno de Mustafá Kemal Atatürk. El gobernante se enamoró perdidamente de ella, y le regaló una asombrosa esmeralda que hoy en día está guardada en una caja de seguridad en un banco de Nueva York.

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Por elecciones libres y democráticas, los próximos libros son:

La forma de las ruinas de Juan Gabriel Vásquez, para agosto.

La mancha humana de Philip Roth, para septiembre.

Se quedaron en el tintero El lector de Julio Verne de Almudena Grandes, Los pacientes del doctor García de la misma autora, Las transparencias del tiempo de Leonardo Padura y La ridícula idea de no volver a verte de Rosa Montero.

NS