Diario de una señorita que escribió porque se fastidiaba, que fue el primer título de esta novela, revela sólo una parte de la verdad. Esa señorita también escribía como catarsis del choque cultural que recibió adentrado ya el siglo XX al regresar de Europa, donde se había educado y culturizado con disciplina y como rica heredera, a una Caracas que bajo la dictadura de Juan Vicente Gómez vivía aún a mediados del XIX, para descubrir que era pobre de solemnidad.

Tú, yo, los que andando por el mundo tenemos algunas tristezas, somos héroes y heroínas en la propia novela de nuestra vida, que es más bonita y mil veces mejor que las novelas escritas.

Dicen que, como muchas, esta historia es en gran medida autobiográfica. Fue publicada en 1924 y es narrada en primera persona con dos técnicas diferentes. Primero, encontramos una carta que la narradora escribe a su mejor amiga del colegio, la que ha compartido íntimamente su vida hasta ese momento; continúa luego con una especie de diario dirigido a cualquier lector. Todo el texto está escrito con un lenguaje florido y cuidado, cursi y demodé. El personaje tiene un carácter jovial y muy femenino, tanto que ningún escritor varón podría alcanzar la sensibilidad y enfoque de Ifigenia. Es una novela costumbrista, una crítica certera a la mojigatería de la época, a las costumbres hipócritas, machistas y clasistas de la Caracas de hace noventa y cinco años, de las que aún hoy día quedan vestigios absurdos.

Experimentamos entonces una santa resignación por los dolores futuros, y sentimos también en el alma ese melancólico florecer de las alegrías pasadas, mucho más tristes que las tristezas, porque son en nuestro recuerdo como cadáveres de cuerpo presente que no nos decidimos a enterrar nunca…

Los personajes están muy bien definidos y evolucionan ante nuestros ojos mientras la joven protagonista, que va madurando, los va aceptando, comprendiendo y amando. La descripción del ambiente es preciosista y detallada: la ciudad en su sencillez pueblerina, el cerro siempre imponente y observador, la vegetación tropical invasiva, los decorados y pequeños detalles domésticos, los trajes y los accesorios, los olores y hasta las sensaciones táctiles son descritos bellamente con un ritmo ágil, divertido y a la vez melancólico e intimista.

Yo creo que la moral podría cambiar de vez en cuando lo mismo que cambian las mangas, los sombreros y el largo de los vestidos…!OH! no, no, eso es horriblemente monótono, y es una prueba palpable de lo que yo he dicho siempre: “!La humanidad carece de imaginación!”

La protagonista posee una alta autoestima; es notoriamente sifrina, egocéntrica, soñadora e indolente y, aunque su abuelita le decía “las personas que se fastidian es porque no son inteligentes”, se fastidiaba. María Eugenia sufre una fuerte crisis de identidad y reconoce las carencias y errores de la sociedad en la que tiene que vivir, donde las mujeres rinden culto a los hombres y su único objetivo es casarse “bien” y formar familia aunque sean infelices por siempre. La atormentan los secretos familiares, las mentiras, las intrigas… No soporta el papel de segundonas que tienen que jugar las mujeres y se niega a aceptar su destino. Su carácter e inteligencia le permiten manejar con humor e inocencia sus problemas pero al final se pliega, sucumbe ante lo formal, ante lo «correcto»; no puede enfrentarse al qué dirán, pues sabe que si lo hace esa misma sociedad que critica le hará para siempre infeliz, la tratará como apestosa e inmoral, será rechazada. Ella, como la Ifigenia de los griegos, es sacrificada ante la costumbre, y al igual que ella pierde la oportunidad de disfrutar la libertad y el verdadero amor. Es por esto que la novela lleva ese nombre.

...la conciencia de tu propio valer… es un principio importantísimo para una mujer que generalmente sólo vale por lo que dé por estimarla un hombre.

El Hormiguero, alborotado como nunca, abandonó el jardín obligado por un chubasco y se acurrucó en el corredor bajo un gran alero de tejas rojas, como muchas veces lo hizo María Eugenia, la protagonista, también rodeada de mujeres cercanas, aquí en Caracas. Vimos, como ella, despejarse la montaña con la brisa del este y guardamos los abanicos que habían estado moviéndose como locos en el bochorno, en el calor de la discusión del libro y de las botellas de vino que destapamos. La novela obtuvo ocho (8) de puntuación.

Teresa de la Parra merece un puesto entre las mejores escritoras de Hispanoamérica de su época, al lado de Gabriela Mistral. Su literatura, su merecida fama, su defensa de los derechos de la mujer, su historia personal, fueron masticadas por las Hormigas tanto como la merienda: deliciosa y primorosamente presentada como en casa de la abuela de María Eugenia a principios del siglo XX, sólo que esta vez mejor atendida, con amor y dedicación, por las bellas niñas de Mirenchu. El ambiente prenavideño que ablanda las corazas, la amistad sincera y cercana, la belleza de la casa y ese particular aroma a amor familiar que nos rodeaba, más el milagro de la salud de todas las Hormigas y el cariño que nos une y nos impulsa, hicieron de ésa una tarde especial. No la vamos a olvidar, y quisiéramos compartir nuestro bienestar con las Hormigas ausentes pero cercanas.

Tiempos recios, de Mario Vargas Llosa, será el último libro que discutiremos en 2019. El título concuerda con la realidad: ha sido un año difícil pero se está acabando y, con seguridad, el próximo será mejor. NS

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