Hoy se cumple exactamente un año de la publicación, en este sitio, de la minuta sobre el análisis formíceo de Aura, de Carlos Fuentes. El gran entrevistador español Joaquín Soler Serrano discutió con Fuentes acerca de su particular novela, y hay un momento preciso en el que el poderoso escritor mexicano revela una comunidad de punto de vista con Diego Velázquez, el que se manifiesta ricamente en su obra cumbre, Las meninas. He aquí el fragmento específico de esa conversación.

 

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Diego Velázquez – Las meninas. (Detalle).

 

Exactamente ese punto de vista, ese sitio privilegiado de la percepción, sirvió a Michel Foucault, el más importante filósofo francés del siglo XX, para componer el primer capítulo de su libro cimero, Las palabras y las cosas (una arqueología de las ciencias humanas). En ese libro, lo español preside tesis centrales del muy francés Foucault; comienza, por ejemplo, admitiendo justo al inicio de su prefacio: «Este libro nació de un texto de Borges», * y luego inicia otro capítulo entero—Representar, el tercero—por Don Quijote:

Con todas sus vueltas y revueltas, las aventuras de Don Quijote trazan el límite: en ellas terminan los juegos antiguos de la semejanza y de los signos; allí se anudan nuevas relaciones. Don Quijote no es el hombre extravagante, sino más bien el peregrino meticuloso que se detiene en todas las marcas de la similitud. Es el héroe de lo Mismo. Así como de su estrecha provincia, no logra alejarse de la planicie familiar que se extiende en torno a lo Análogo. La recorre indefinidamente, sin traspasar jamás las claras fronteras de la diferencia, ni reunirse con el corazón de la identidad. Ahora bien, él mismo es a semejanza de los signos. Largo grafismo flaco como una letra, acaba de escapar directamente del bostezo de los libros. Todo su ser no es otra cosa que lenguaje, texto, hojas impresas, historia ya transcrita. Está hecho de palabras entrecruzadas; pertenece a la escritura errante por el mundo entre la semejanza de las cosas. Sin embargo, no del todo: pues en su realidad de hidalgo pobre, no puede convertirse en caballero sino escuchando de lejos la epopeya secular que formula la Ley. El libro es menos su existencia que su deber. Ha de consultarlo sin cesar a fin de saber qué hacer y qué decir y qué signos darse a sí mismo y a los otros para demostrar que tiene la misma naturaleza que el texto del que ha surgido. Las novelas de caballería escribieron de una vez por todas la prescripción de su aventura. Y cada episodio, cada decisión, cada hazaña serán signos de que Don Quijote es, en efecto, semejante a todos esos signos que ha calcado.

Foucault nos hace orgullosos de haber nacido en el continente de la lengua de Cervantes, la de Borges, en el de las representaciones de Velázquez.** Expone ya en su primer capítulo:

El pintor sólo dirige la mirada hacia nosotros en la medida en que nos encontramos en el lugar de su objeto. Nosotros, los espectadores, somos una añadidura. Acogidos bajo esta mirada, somos perseguidos por ella, remplazados por aquello que siempre ha estado ahí delante de nosotros: el modelo mismo. Pero, a la inversa, la mirada del pintor, dirigida más allá del cuadro al espacio que tiene enfrente, acepta tantos modelos cuantos espectadores surgen; en este lugar preciso, aunque indiferente, el contemplador y el contemplado se intercambian sin cesar.

Es lo que Fuentes apuntaba, once años después de Las palabras y las cosas, a Soler Serrano, cambiando pintor por escritor y espectadores por lectores.

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Apenas comenzaba el tercer milenio de nuestra era—29 de marzo de 2001—cuando Carlos Fuentes ofreciera útiles recomendaciones a sus colegas en el arte de escribir, desde una mesa redonda organizada por la Cátedra Alfonso Reyes del Instituto Tecnológico de Monterrey. Se trata de la sabiduría destilada por un gran artesano de la escritura, que por fortuna quedó registrada en el video colocado de seguidas.

 

 

He allí la voz de la experiencia educada.¶

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Jorge Luis Borges, El idioma analítico de John Wilkins. Otras inquisiciones (1960).

** Para descargar el CAPÍTULO I 
LAS MENINAS de Las palabras y las cosas)

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