El bochornoso martes 29 de mayo de 2019, se reencontró el Hormiguero en una de esas sorprendentes burbujas de paz que quedan en Caracas. El apartamento de Ana María estaba fresco, contrastando con el calor húmedo de esa tarde. Las Hormigas, como siempre, se reencontraban y conversaban contentas de estar unas con las otras y tardamos en enseriar la discusión de los dos libros que nos ocupaban. Uno nuevo, de una venezolana sobre Venezuela y el otro, más antiguo, de un surafricano sobre un pueblo sin nombre que pudo estar en cualquier parte. Las dos poblaciones, en los dos relatos, son violentadas por una invasión—nacida tal vez de sus propias entrañas—que altera la paz, la seguridad y la moral. Va a ser muy difícil recuperar la confianza entre ellos mismos después de la debacle.

Discutimos primero La hija de la española de Karina Sainz Borgo (Caracas, Venezuela, 1982). Esta jovencísima periodista cultural, bloguera y escritora de ficción, nos sorprendió con su novela, publicada en varios idiomas y distribuida por todo el mundo occidental. Allí la ficción mueve la trama, incrustada en una realidad venezolana que es pesadilla. Es fácil de leer, tiene el enganche de las historias narradas en primera persona. El personaje principal entierra a su dominante madre en completa soledad y se enfrenta a un ambiente hostil y desquiciante, del que se salva por un golpe de suerte y mucho de valentía. Los recuerdos de infancia en su pueblo de origen dan piso emocional a la historia, y la extensa recopilación de información muestra una investigación exhaustiva de la noticia nacional, lo que no deja de ser una proeza dada la poca libertad de información de que disponemos. El tema de la suplantación de identidad y huída está bien tratado y se maneja bien el suspenso y el miedo, aunque hay un pasaje crucial de la novela que no fue muy creíble para las Hormigas. Será visto, sin duda, como un libro de denuncia con muy buen mercadeo y, si tiene éxito, seguramente seguirá una segunda parte. Obtuvo una calificación de 7,2 puntos en el Hormiguero, pero muchas se sintieron abrumadas de nuestra propia realidad con el argumento de que leemos, precisamente, para huir de ella.

La segunda novela es literatura pura; está considerada entre las mejores del siglo XX, escrita por el Premio Nobel de Literatura John Maxwell Coetzee (Ciudad del Cabo, Sudáfrica, 1940). Esperando a los bárbaros está narrada, también, en primera persona por el personaje principal: el Magistrado, del que llegamos a conocer sus más exaltadas virtudes, sus tormentos secretos, el cuestionamiento de su propia existencia y sus pasiones más oscuras, acompañado todo por un desarraigo absoluto y una soledad extrema, males que, como él, sufre gran parte de la humanidad.

Este maestro, con una elegante narrativa, realista y poética, logra movilizar internamente al lector con un texto bien estructurado, muy original y totalmente universal; crea una obra maestra en pocas páginas, un libro de filosofía que toca el alma. Tal vez lo hace universal que nunca diga dónde suceden los hechos, mientras muestra a un pueblo humilde oprimido por la fuerza de las armas y la desinformación, invadido por el terror de rumores de invasión e inmerso en un diálogo de sordos. Cualquier paralelismo con nuestra realidad es coincidencia; tal vez por eso mismo costó leerla, pues duele verse reflejado en el horror de esta narración. Algunas Hormigas la catalogaron como una novela rara, cruda, con desagradables escenas eróticas y difícil de leer, pero todas estuvieron de acuerdo en que es una gran novela. La dureza del texto y la exposición del lector a tan oscuros y violentos acontecimientos no impidieron una alta calificación: 7,5 puntos. El comité del Premio Nobel catalogó la novela como un “thriller político, en el que la ingenuidad del idealista abre las puertas del horror”.

El próximo libro será Más allá del jardín, de Antonio Gala; fue escogido con la promesa de una lectura liviana que alegre y distraiga al Hormiguero de nuestras inquietudes cotidianas.

NS