Cartel de promoción de Netflix

 

Hace cuatro años, Las Hormigas discutieron el libro más importante de Héctor Abad Faciolince, El olvido que seremos. Consta en la minuta de la sesión del 8 de febrero de 2017:

En el Hormiguero, la novela fue catalogada como una de las mejores que hemos leído, con una de las más altas calificaciones: 8,5 puntos. Las hormigas la definieron como: “canto al amor”, “libro para reflexionar”, “escrito con sencillez y amor”, “literatura íntima”, “novela que me marcó”, “poema al amor conyugal”, “gratificante y que deja enseñanza”, “crítica silenciosa a la violencia”.

Ahora acabamos de ver en Netflix la fiel película de Fernando Trueba, que preserva el título que llegaría a provocar una polémica, ya resuelta gracias a la obsesiva investigación del novelista huérfano. Se lee en el blog La antigua Biblos (Blog de recomendaciones de libros escritas por lectores empedernidos) la siguiente nota, del 15 de mayo de este año:

Ya somos el olvido que seremos – J. L. Borges

Ya somos el olvido que seremos.

El polvo elemental que nos ignora

y que fue el rojo Adán y que es ahora

todos los hombres, y que no veremos.

Ya somos en la tumba las dos fechas

del principio y el término. La caja,

la obscena corrupción y la mortaja,

los ritos de la muerte, y las endechas.

No soy el insensato que se aferra

al mágico sonido de su nombre.

Pienso, con esperanza, en aquel hombre

que no sabrá que fui sobre la Tierra.

Bajo el indiferente azul del cielo

esta meditación es un consuelo.

Este soneto de Jorge Luis Borges (Buenos Aires, 1899-1986) se ha hecho últimamente especialmente conocido gracias a la película colombiana, dirigida por Fernando Trueba y protagonizada por Javier Cámara, que toma el título de su primer verso (El olvido que seremos, 2020).

La cinta, altamente recomendable, está basada en el maravilloso libro de Héctor Abad Faciolince del mismo título, que cuenta la historia y personalidad de su padre, Héctor Abad Gómez, médico, especialista en salud pública y defensor de los derechos humanos, asesinado en Medellín en el verano de 1987. Lo mataron a balazos, en la calle y a plena luz del día y en el bolsillo de su chaqeta, encontraron este poema y el nombre del poeta argentino.

Héctor Abad Faciolince publicó su novela 20 años más tarde y en ella decía que el poema era de Borges. Llegaron los expertos y dijeron que no era de él, que era un apócrifo, ya que no figuraba en ninguna de sus publicaciones, Héctor inició una larga y complicada pesquisa, que le llevó varios años y se cuenta en este artículo. Finalmente, y a pesar de la opinión en contra de María Kodama, la viuda de Borges y depositaria de sus derechos de autor, parece demostrado que el soneto no es apócrifo y junto a otros cuatro, todos sin título, fue dictado por el genial argentino al final de su vida.

Fue uno de sus últimos poemas, publicado en la revista colombiana Semana, de donde lo tomó el doctor Héctor Abad Gómez para leerlo en una emisora de radio. Y como dice su hijo, resulta un desenlace bonito saber que cuando lo mataron en la calle Argentina de Medellín, su pecho estaba protegido solo por un papel y un bello soneto, que le sirvió de epitafio, y que su muerte sirvió al menos para recuperar del olvido un poema de Borges sobre el olvido que seremos.

Una completa relación de las pesquisas del novelista colombiano, emprendidas cuando se puso en duda que el gran escritor fuese el autor del poema, puede encontrarse en Letras Libres. Allí, Abad Faciolince deja amplia constancia de sus investigaciones, que confirmaron la autoría de Borges para su tranquilidad. Tal vez, al poeta que escribió Las uñas la polémica acerca de la autoría no le hubiese importado en absoluto. En fin de cuentas, alguna vez escribió, en un ensayo sobre Kafka, «Cada escritor crea a sus propios precursores». LEA

 

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