En Caracas, Alta Florida, en el bello apartamento de Graciela Sucre de Behrens se reunió el Hormiguero el martes 14 de febrero de 2012. Habíamos escogido leer y discutir El imperio eres tú de Javier Moro, el escritor madrileño que ganó con esta ficción histórica el LX Premio Planeta de Novela, dotado con 601.000 euros.

Una vez más, contamos con la guía de Irene Guinand quien, con su forma erudita pero sencilla y placentera, nos puso en claro el contexto histórico que rodeaba la obra y esclareció las dudas que surgieron de la lectura. A ella, como al resto del grupo, le gustó la novela y alabó la manera de Moro para interesar a los lectores en los hechos históricos, motivándolos a investigar más allá de la narración. Destacó que, como la América Hispana, nuestro vecino Brasil vivía uno de los momentos más importantes de su historia en los tiempos referidos en la obra.

Todo había comenzado cuando españoles y portugueses se disputaban el mismo territorio: la inmensa península de un mundo nuevo. Para evitar conflictos entre las coronas de España—en aquel momento Castilla y Aragón—y Portugal, interesadas en el control de los mares y las tierras exploradas por sus marineros, se estableció, el 7 de junio de 1494, un meridiano que repartía las zonas conquistadas en el Tratado de Tordesillas. El arreglo favorecía a la corona española con la gran región en la que se asentaron distintos virreinatos. Los portugueses, en cambio, mantuvieron su parte unida.

Irene nos mostró el cuadro de Goya que retrata a la familia de Carlota Joaquina, madre de Pedro I, pintado entre julio de 1800 y junio de 1801. (El rostro de Carlota, de perfil y sin rasgos, obedece a que se hallaba ausente de la corte).

Es después de la Revolución Francesa cuando todo el sistema de monarquía absoluta comienza a tambalearse lo que, a la larga, produce el fenómeno político de Napoleón, quien cambia el mapa de Europa. Este genio de la historia gana todos sus objetivos de guerra, excepto en la Rusia del zar Alejandro I—de tanta fortaleza como Napoleón—y en España. Aquí pretendió sentar en el trono a su hermano José, a quien apodaban Pepe Botella por su afición a la bebida, aprovechando la querella entre Carlos IV de España y su hijo y heredero Fernando VII. Comienza entonces la llamada Guerra de Independencia de España. Madrid se levanta y la revuelta contra Bonaparte llega a Andalucía, donde se ve por primera vez en la historia el inédito fenómeno de la guerra de guerrillas. Napoleón dice de este enfrentamiento: “Esta maldita Guerra de España fue la causa primera de todas las desgracias de Francia. Todas las circunstancias de mis desastres se relacionan con este nudo fatal: destruyó mi autoridad moral en Europa, complicó mis dificultades, abrió una escuela a los soldados ingleses… esta maldita guerra me ha perdido”. La guerra cruzó el Atlántico para convertirse en una verdadera guerra de independencia de las colonias. De ella nace el constitucionalismo con la Constitución de Cádiz, llamada La Pepa, promulgada el 19 de marzo, Día de San José, de 1812. De allí la expresión “¡Viva la Pepa!”

La historia se desarrolló de forma diferente en Portugal, gracias al Rey Juan VI. Este monarca, huyendo de Napoleón, se había mudado con toda su corte a la semisalvaje colonia portuguesa en tierra americana. Pedro I de Brasil, su hijo, personaje central de la novela, llega a ella cuando tenía nueve años como miembro de la única corte que sobrevive completa a la devastación de las guerras napoleónicas. En él destacará su sentido del deber, herencia borbónica. Se convierte en un liberal, logra mantener unido el inmenso territorio, se adapta a la nuevas tendencias políticas y es proclamado Emperador, el único en la historia de Suramérica.

Irene nos hizo notar que todo el siglo XIX es de ajustes, de cambios políticos. Una evolución hacia los movimientos liberales que en Brasil, en manos de Pedro I, no llega más lejos, no logra la liberación de los esclavos, porque la economía de la colonia estaba fundamentada en la mano de obra negra de las inmensas plantaciones del país.

Nuestra ponente alabó lo bien documentada que estaba la historia en el libro y nos relató que el heredero de nuestro personaje, Pedro II, mandó durante cincuenta años y logró mantener el hilo monárquico hasta que el gigante brasileño se convirtió en república. Nos dio detalles de la hija mayor de Pedro II de Portugal, María da Gloria, quien se casó por amor perdiendo a su marido a los dos meses del casamiento. Luego, en el segundo matrimonio, tuvo once hijos en doce años.

Aprovecho para agradecerle a Irene, de parte de todas las Hormigas, su amenísima intervención y reiterarle nuestra invitación permanente a ilustrar a nuestro grupo con su grata sabiduría en temas históricos.

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En un pequeño resumen de las intervenciones de las Hormigas podemos destacar primeramente la sorpresa, el descubrimiento de la historia de nuestro vecino geográfico, que era totalmente desconocida para nosotras. Alabamos la narrativa, los diálogos intensos, los detalles románticos y heroicos que utiliza el autor, con maestría, para hacerla apasionante además de didáctica; con su arte logra enganchar al lector. Javier Moro se ha perfeccionado y evolucionado con el tiempo, convirtiéndose en un maestro de la novela histórica.

Con esta obra se nos hizo evidente que la separación entre España y Portugal fue heredada por el Nuevo Mundo. Doscientos años de incomunicación entre vecinos nos separan, además de la lengua. Nos sorprendió la habilidad de los descendientes de los portugueses en mantener íntegro el enorme territorio mientras los hispanoparlantes nos hemos mantenido desunidos, a pesar de los esfuerzos de Bolívar.

También se destacó la habilidad descriptiva de Moro. Antonieta dijo: “Hasta logré sentir la brisa de las playas”, y María Teresa logró percibir en la novela la luz del trópico. Todas disfrutamos con las descripciones de los jardines encantados y los sembradíos de té en las faldas del Corcovado. Vimos nítidamente la selva y las grandes plantaciones llenas de esclavos que Pedro recorría a caballo.

El tema más destacado, después de nuestro desconocimiento de la historia del Brasil, fue la personalidad del joven Pedro I, héroe de la novela. De él dijimos: buen hombre, buen padre, con sentido del deber, se creció como un héroe, dividido entre dos reinos, progresista, hombre de buenos y nobles sentimientos, personaje apasionante de quien es difícil descubrir su verdadera personalidad, desmedido en sus pasiones tanto con las mujeres como con todo lo demás, quijotesco, aprovechador de consejos orientadores, cumplidor de sus obligaciones reales antes que las exigencias de su propio instinto, personaje que administró bastante bien su vida y terminó arrepintiéndose de sus errores, reconocido por sus aciertos.

Muchas pensaron que la vida real de Pedro fue una novela rodeada de hazañas, y que los personajes que lo rodearon merecían también sus propios libros. La vida de su padre—el único rey que engañó a Napoleón—y la influencia que dejó en Pedro fueron determinantes, pero no se ocupó de su educación. Por eso tuvo siempre el hijo hambre de cultura, y la buscó rodeándose de personas inteligentes y bien formadas, de quienes absorbió los conocimientos para beneficio propio y el progreso de su nación.

Comentamos las Hormigas que las mujeres en la vida del héroe fueron determinantes. La presencia egoísta y maléfica de su madre, la reina Carlota Joaquina, sembró a la larga el rencor entre él y su hermano, conduciéndolos a guerrear entre ellos. El amor de Pedro adolescente por una artista francesa le hace conocer la fuerza de la pasión, tanto, que los restos del hijo que tuvo con ella los guardó para siempre a su lado. El amor incondicional y fortalecedor de Leopoldina, Archiduquesa de Austria, su primera esposa, su consejera capaz y sabia además de compañera fiel, fue concluyente para hacerle ganar el respeto y admiración de los brasileros. La pasión desmedida por su amante, Domitila de Castro Canto y Melo, nombrada por Pedro la primera y única Baronesa, Vizcondesa y Marquesa de Santos que existiera, hace que se tambalee el imperio y le impele a saltar los pocos límites morales y sociales que tenía. Su segunda esposa, Amelia de Beauharnais, Princesa y Duquesa de Leuchtenberg, logra separarlo de la vida disipada. Por último, es una sencilla mujer, una tendera de Oporto, quien lo reconforta en sus brazos cuando la guerra y el hambre lo acechan. Ella visitó fielmente la tumba de Pedro hasta su propia muerte. El emperador amó con locura a las mujeres y éstas morían por él. Ellas lo llevaron a alcanzar la grandeza y a incurrir en peligrosos desatinos.

Nos sorprendió leer en detalle sobre numerosas alianzas matrimoniales incestuosas, que se realizaban por conveniencia y mantenían a unas pocas familias a la cabeza de las casas reales de Europa. Nos asombraron los laxos parámetros morales de la época y la sumisión femenina a los deseos de los hombres. Se nos hizo evidente la crudeza de la realidad de los esclavos y su importancia en la economía brasilera. Vimos cómo las circunstancias de la vida de un hombre como Pedro lo llevaron a cambiar la historia.

Calificación:

Graciela: 8; Mirenchu: 9; Rosa Elena: 10; Carolina: 9; María Elvira: 9; Ana María: 8; Antonieta: 10; Silvia: 10; María Teresa: 9; María Isabel: 8; Carmen Tahío: 9; Elsa: 8; Elizabeth: 9; Titina: 9; Nacha: 8; Elena: 10 (aunque no asistió, mandó su frase y su calificación)

Promedio: 8,9

Opiniones que pude recoger:

  • “De cada personaje se puede escribir un libro”.
  • “Detrás de un gran hombre siempre hay varias grandes mujeres”.
  • “Valiente. Cuestioné hasta a Simón Bolívar”.
  • “Epopeya de una nación”.
  • “Se necesita toda una vida para forjar a un hombre”.
  • “Emocionante historia desarrollada en el magnífico escenario de Río de Janeiro, que narra al detalle y de forma apasionante la vida privada y las aventuras de quien, por herencia y aclamación, fue el único emperador suramericano, Pedro I de Brasil”.