Una distopía femenina

Distopía, lo contrario  de utopía.

Diccionario de la Lengua Española: Representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana.

En el Hormiguero hemos leído algunas novelas de ese género. Para mí, el mejor ha sido 1984, de George Orwell. Creo que el disgusto que sentimos las Hormigas al leer El cuento de la criada se debe a que, en este caso, está escrita por una mujer, la canadiense Margaret Atwood, quien nos adentra en un mundo casi totalmente femenino, deformado por una teocracia (especie de interpretación extrema del Antiguo Testamento) que trata, con medios arcaicos y brutales, de salvar a su mundo de la infertilidad.

The Handmaid’s Tale, fue escrito en 1985. No es exactamente una narración de ciencia ficción; sobre lo de científica la misma autora dice no haber inventado nada que no existiera, ni en aparatos futuristas ni en ninguna de las torturas que se narran; todo existía ya. La ficción sí está presente y es abrumadora porque, utilizando imágenes cotidianas como flores, comidas, juegos, hábitos religiosos y narrando una vida bucólica donde hay orden y pulcritud, el lector va sintiendo como se va cerrando el círculo de terror, dolor y autocontrol en que viven los personajes.

No es un libro fácil de leer. Al principio, uno no entiende mucho dónde se encuentra el atormentado personaje femenino que narra en primera persona. Cuando comprendemos que no es una pesadilla, sino que la escritora está tratando que creamos que la vida de esa mujer—que podría ser la de cualquiera—cambia de un día para otro y pierde todo lo que era, lo que amaba y conocía, hasta su misma identidad para convertirse en una herramienta de procrear, con el único fin de recuperar la sociedad, no podemos aceptarlo. Es curioso que cuando se trata de narraciones históricas fidedignas y suceden cosas como ésas o peores, son más fáciles de creer por el lector, pero el futuro asusta y más cuando sopesamos las realidades de la humanidad. La historia nos enseña que ella puede ser como un péndulo que da bandazos y va de un extremo a otro.

El libro tiene un ritmo—entre el pasado y el presente de la narración—que desconcertó a algunas hormigas, pero otras lo consideraron equilibrado. Lo que ninguna pudo negar fue la belleza de la prosa. Algunas llegaron a calificarlo con 0 puntos, por considerarlo aborrecible, demasiado alejado de la realidad, un cuento infantil aberrante, odioso, macabro, deprimente, una pesadilla, un espanto de libro; una hormiga hasta lo batió con furia. Otras, en cambio, lo calificaron como magistral, muy bien escrito, que mueve las emociones, maravilloso, de exuberante narrativa desde el interior de una mujer: “Extraordinario, escrito tal cual uno piensa”. “El mejor libro que he leído últimamente”.

Las torturas psicológicas son las más terribles de leer: la sumisión, el miedo, la opresión de la mujer, la prohibición de la escritura y la lectura… pero la falta de información resulta ser la más apremiante y se revela en el momento en que le ofrecen a la protagonista darle lo que quiera, y ella pide: “Saber todo lo que hay que saber”. Así nos sentimos todos en nuestra realidad venezolana. La desinformación, el poder del secreto, de la conspiración, el temor de sentirse vigilado, observado por un ojo superior que todo lo ve y todo lo castiga. Las tiranías lo han hecho desde siempre y el futuro no tiene porqué ser diferente.

A pesar de que expone bastante gráficamente las torturas, el sexo está tratado con total discreción y no resulta ofensivo. Es la cosificación de la persona, el hacerla un objeto, el desdibujarla, lo que causa mayor angustia.

El final, que deja al lector la posibilidad de salvar o desahuciar al personaje central, causó una nueva polémica, aunque fue más controversial aún la discusión de si existe la más remota posibilidad de que pudiese pasar, de que fuese una predicción. No hay que olvidar la proliferación mundial de las sectas y nuevas religiones—o no religiones, como los no-niños—, o el muy publicitado decrecimiento de la población, sobre todo en las naciones occidentales, ni las amenazas de guerras islámicas, químicas o atómicas. Alguna dijo: “Dios está en los detalles. pero el diablo también”.

Las Hormigas, así como la protagonista de la historia, estamos destinadas a sobrevivir como ella; no vamos a perder la esperanza, por mínima que sea, de que las cosas van a mejorar, por nuestros hijos, por nuestra familia. No es que estemos locas o pequemos por naifs, sino que confiamos en que siempre exista una resistencia. Por más brutal que sea la tiranía siempre hay quienes luchan por la libertad y no se rinden. Esta novela quedó catalogada como una antipredicción: no sucederá.

La calificación promedio fue de 6 puntos.

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El próximo libro: El fuego invisible de Javier Sierra.

Se propuso, otra vez, la lectura de Doña Bárbara, con invitada incluida, para abril.

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La reunión fue en casa de Mirenchu. Nos fue imposible quedarnos en el corredor por el frío, acompañado de llovizna y brisa que ese 8 de febrero nos hizo correr hacia adentro. Las quince hormigas escuchamos las muy diversas opiniones respetando los diferentes puntos de vista y, como siempre, salimos fortalecidas de la discusión. La mesa floreada, con una rica comida criolla y con pie de limón y unos buñuelos bañados de melado de papelón como postre, nos terminó de alegrar el día. Ese jardín y la belleza que nos rodeaba, la compañía de las amigas, la buena mesa, un maravilloso vino, los regalitos tan bellos y personales que nos dio Miren… me hacen dar gracias por la suerte de tenerlas como amigas, mujeres fuertes y de criterio a las que nos ha unido aun más la literatura.

NS