A mis queridas formícidas, que como yo los aman

William Joyce y Brandon Oldenburg vuelan en la entrega de los Premios Oscar 2012

No siempre fue así, pero ahora los libros vuelan, como nuestra imaginación con su lectura. El muy hermoso corto animado de William Joyce (autor e ilustrador) y Brandon Oldenburg (codirector), que ganara un premio Oscar el domingo 26 de febrero, logra decir qué significan los libros para nosotros, los lectores, y también qué significamos nosotros para ellos.

Los fantásticos libros voladores del Sr. Morris Lessmore—Menosmás—no pueden ser ni menos ni más cautivadores. Tal como dice el propio sitio web de la ya famosa historia animada, el corto evoca al Huracán Katrina (fue realizado enteramente en Luisiana), la imagen de Buster Keaton y el maravilloso cuento de L. Frank Baum, El Mago de Oz, pues allí Dorothy (Judy Garland) es transportada al mágico reino por un tornado en Kansas que la lleva por los aires. La música que se repite es la familiar canción infantil Pop goes the weasel (Pop, hace la comadreja). Nos transporta, ella sola, a la infancia.

Joyce ha escrito una hermosa historia que merecía ser visualizada, y sus ilustraciones, potenciadas por el trabajo de Oldenburg, han florecido en un generoso regalo para los ojos, la puerta de entrada del alma. Ahora se prepara la salida de un <em>e-book</em> interactivo especialmente diseñado para el iPad de Apple. Permitirá emular las acciones de Morris, escuchar música original, jugar juegos, tambalearse en un ventarrón, aprender el piano y hasta “perderse en un libro” al viajar por un territorio mágico hecho de palabras, animado tan ricamente como la película. Creo que voy, por fin, a comprarme un iPad sólo por eso.

Morris Lessmore es, naturalmente, un amante de los libros, y cuando creía haberlos perdido tiene la fortuna de ser conducido a una casa fantástica que es una biblioteca de libros que vuelan. En ella baila, en ella cura a un viejo ejemplar enfermo y descuadernado, en ella escribe en su cuaderno de notas la llenura que vive gracias a los libros. Al cabo de una vida dedicada a ellos, ya viejo, se despide de sus queridos amigos y éstos lo envuelven en un corro de danza que lo rejuvenece antes de desaparecer. Un romance esperado con el hada de los libros no se consuma pero, después de su partida, viene a la casa una niña para repetir la historia que encontrará en retratos sobre una pared.

En su diario—escrito en el único libro que le quedó después del huracán, sus letras perdidas—, Morris admite, luego de comenzar a leer en el viejo libro que restablece con operación a corazón abierto: “Mis investigaciones ulteriores han convertido muchas de mis viejas opiniones en (ilegible). Los muchos y variados puntos de vista no me confunden, sino que me enriquecen. Río. Lloro. Pocas veces entiendo…” Luego, después de más lecturas y a punto de convertirse en bibliotecario que ilumina las vidas de los visitantes a quienes ofrece libros, asienta: “Si la vida se disfruta, ¿tiene que tener sentido?” Todos hemos experimentado, en los libros, cosas parecidas; Morris ha hablado por nosotros.

La portada de la versión impresa

No podía faltar una edición impresa de la historia, profusamente ilustrada; William Joyce escribe y dibuja. Ya Amazon, Barnes & Noble, etcétera, aceptan pedidos. La aclamación universal del bellísimo corto animado nos permite esperar una pronta edición castellana.

Una cosa añoraremos: el libro vivo de Humpty Dumpty, que señala, instruye, celebra, regaña, reacciona, buscando él mismo en sus páginas lo que necesita comunicar al librero Lessmore. Los libros viven, se transforman en diálogo íntimo con cada lector; son uno distinto para cada uno de nosotros: nos cambian y nosotros los cambiamos a ellos, nos hacen vivir, nosotros les damos la vida. “La vida sin los libros—hubiera podido decir Federico Nietzsche—, sería una equivocación”. NS