El club de lectura entró en el año 2017 leyendo la novela Adiós Miss Venezuela (Editorial Dahbar) de Francisco Suniaga quien, en visita al Hormiguero, se describió a sí mismo como: “muy venezolano y más margariteño”. Él, experimentado profesor, supo controlar estupendamente el ímpetu y la locuacidad de las Hormigas el martes 31 de enero en la generosa casa de Antonieta, donde tuvimos la suerte de escucharlo comentar su última novela, cierre de su trilogía margariteña. La tarde dorada de Caracas, con una espectacular vista del valle hacia el oeste, nos acompañó en este primer encuentro del año.

Suniaga mostró su entusiasmo con la próxima celebración (2ª y 3ª semana de marzo) de la III Feria del Libro de Margarita, que describe como portadora de un favorecedor movimiento cultural que contagia a la isla, que está pasando la misma crisis del país pero agravada por su condición insular y el colapso de las comunicaciones y el turismo. Los escritores, las casas editoriales y los lectores se benefician y disfrutan de una oportunidad única de compartir, ver y dejarse ver en la perla de nuestras islas.

Me senté a su lado para tomar notas; lo sentí tranquilo, inteligente y sensible, muy seguro, afable pero firme en sus conjeturas, rápido para el humor y capaz de burlarse de sí mismo. Su camisa blanca y sus gestos suaves embelesaron a las Hormigas. Dijo que hacía como tres años comenzó la investigación sobre Miss Venezuela. Nos contó de su desayuno para conocer el Country Club, de su entrevista con María de Las Casas que le cambió las perspectivas y le mostró el lado serio del concurso, que fue por años pauta de belleza para la mujer venezolana.

Por otro lado, como nosotros, Francisco se encuentra inmerso en el caos venezolano, y como escritor tiene la irrefrenable necesidad de describir la realidad y el daño estético que le ha causado “la revolución” al país. Cree que ha logrado destruir el lenguaje que, si es enaltecido produce complacencia y empatía, pero si se envilece la comunicación se corrompe y logra desatar los odios. Ya que es novelista y no periodista, quería encontrar la fórmula literaria que ejemplificara la verdadera historia y la encontró. El concurso Miss Venezuela es un mito en el imaginario nacional e internacional, tiene una estética que durante muchos años fue una mina de oro para sus promotores y un ideal de belleza para miles de venezolanas y también de venezolanos. Por el lado de “la revolución” hay un mito también, que tiene su propia estética, su propia ética y su propia moral.

El daño estético, dijo, es algo que se ve y se siente caminando por los alrededores de la esquina Principal del centro de Caracas. Se atraviesa la plaza Bolívar, moviéndose por los predios de la Cancillería Nacional, sin encontrar ni un solo hombre que lleve un blazer y mucho menos aquellas secretarias entaconadas, perfumadas, y elegantes que él recordaba de cuando trabajaba por allí en los años setenta.

Nunca le interesó mucho el Miss Venezuela, ni fue su referente de belleza femenina—aunque sí le gustaron algunas misses, como a todos. El que el tema se pudiera considerar frívolo y alejado de lo intelectual lo preocupó un poco más, pero lo consideró “una opción de las muchas que hay”, tanto para las mujeres bellas como para el escritor de ficción. A mi parecer fue una magnífica idea comercial, porque la mayoría de sus lectores son venezolanos, y él conoce de la proliferación de círculos de lectura en el país que tienen mayoría de mujeres lectoras. El tema de Miss Venezuela ha vendido kilómetros de papel en Venezuela y Suniaga los aumenta.

Francisco nos confesó que no le fue fácil el tema del suicidio, que tuvo muchas dudas; cree que el pacto suicida es más explicable y siempre ha llamado su atención. Existen de verdad los grandes amores, dice—“ojalá alguna de ustedes lo haya sentido”—; si una de esas grandes pasiones no encuentra salida y se prefiere la muerte antes que la separación, el hombre es quien propone el pacto de muerte, la mujer es quien primero atenta contra su vida y son muchos los hombres que al final no se suicidan.

Pero en los casos como el de la ex miss—cuyo suicidio se describe al comenzar la historia—no hay explicación, y esa tensión narrativa permanece durante toda la novela. Suniaga se entrevistó con psiquiatras amigos y conocidos para saber más sobre el tema y dijo que había quedado más confundido que antes, pues cada uno tenía una opinión distinta, y que lo único que sacó en claro es que casi nunca se sabe con seguridad por qué alguien se suicida, ni siquiera cuando se encuentra notas que en la mayoría de los casos son contradictorias. Y sentenció: “ Todos tenemos nuestras propias contradicciones”.

Francisco necesita tener el relato completo en la cabeza antes de sentarse a escribir. Cuando escribe, se separa del cuarto de su esposa pues la fiebre del escritor, la compulsión de narrar la historia, cambia sus horarios y distrae su concentración no literaria. Tuvo muchas dudas con la novela; sentía que caminaba por un filo peligroso de la realidad, entre lo fútil y lo pertinente. La proliferación del resentimiento social,—“una enfermedad insaciable y que no tiene cura”—, está logrando que nuestras mejores generaciones se vayan, emigren, huyan del deterioro, y no como antes con el programa de becas Gran Mariscal de Ayacucho de la democracia, cuando todos los que salieron a estudiar volvieron a hacer patria a su país, a su querencia; ahora es una despedida con lejana esperanza de regreso. Francisco nos aseguró que Benítez, el protagonista principal de la trilogía, que tiene mucho del autor, se queda. Como la gran mayoría de las Hormigas, que nos quedamos y estamos convencidas de que más pronto que tarde vamos a ver soluciones, aunque no estemos ciegas ante lo incierto del futuro.

Francisco relató el día del bautizo del libro que quien presentó la novela fue Roland Carreño—“el mejor presentador que he podido escoger”—y éste le llevó a Osmel Sousa de sorpresa quien, ante la duda del escritor de si el importante personaje de la novela podría molestar al de la vida real, él contestó como Oscar Wilde: que de él habían escrito mil barbaridades y que no importaba si hablaban bien o mal, que lo importante era que hablaran.

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Puntuación del Hormiguero: 7,6

Próximo libro: Los herederos de la tierra de Ildefonso Falcones

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NS