Dos grandes apagones nacionales, la falta de agua y la incertidumbre con la que se vive en Caracas amenazaban con impedir la reunión del Hormiguero. Ana María, la anfitriona del mes, sin una gota de agua; en el CCC no recibían invitados, protegiendo el consumo de agua de su pozo profundo. Más tarde, Chicha y María Teresa lograron conseguir un local en el Parque del Caballito pero Carolina dijo que tenía luz y agua—porque el edificio estaba prácticamente vacío—y lo podíamos hacer en su salón de fiestas. Era la opción preferible, con esa vista hacia un verde pacífico, la mejor de las anfitrionas y su mano derecha, Diego.

Doce hormigas cruzamos la ciudad seca, calcinada por el sol de las dos de la tarde y transitada por seres de mirada desesperada, para hablar de Una educación, el bestseller que ha conmovido a más de medio millón de lectores. Es el testimonio de vida de una joven norteamericana, Tara Westover (Idaho 1986), que creció en una familia ortodoxa mormona (Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días), con un padre desequilibrado y paranoide que la aisló del más mínimo contacto social en su infancia. Él tenía sus razones; la estaba entrenando para sobrevivir al ataque del gobierno con sus federales y también a la revelación, que él mismo había tenido, de que el “Fin de la Civilización” se acercaba. Era objetivo de toda la familia sobrevivir e independizarse en materia de alimentos, agua, energía, educación, salud y defensa—justo lo que necesitábamos en estos momentos y con estas circunstancias en Caracas.

Una educación es interesante desde la portada: una punta de lápiz que contiene la silueta de una niña solitaria sobre su montaña. El libro está narrado en primera persona, lo que le da credibilidad y transparencia a la historia y a los sentimientos que desnuda. Su lenguaje es sencillo, directo, sin adornos; cualquiera lo puede entender: el lector puede imaginar sin esfuerzo el medio ambiente y la influencia que tiene en la historia. Tiene cadencias de narración oral. Ella, Tara, como cualquiera de nosotros los caraqueños, se siente protegida por su gran montaña; es su concepto de hogar, familia, patria chica:

Deduje que la montaña era nuestra aliada. Se mostraba bondadosa con aquellos a quienes conocía, y traicionera con los intrusos.

Está bien escrito, no es poesía. Su argumento está bien estructurado, con personajes bien definidos y una trama que no se detiene. Lo que más vale es la historia misma y la curiosidad morbosa que causa conocer los secretos íntimos de una familia algo disfuncional—¿como todas?—dominada por un enfermo mental. La propia autora lo diagnostica como bipolar pero, según nuestras hormigas psicólogas, muestra un alto grado de paranoia y cobardía.

En el Hormiguero rechazamos la actitud de la madre; ella no puede o no se atreve a desautorizar al jefe de la familia y se dedica a su negocio de tal forma que lo hace casi un imperio en el ramo de medicinas y cosméticos naturales. Según este relato, sin embargo, cerró los ojos ante la injusticia, el maltrato y el abuso, el machismo y la locura que había en su propia casa. Tal vez somos injustas y es otra víctima; tal vez lo hizo para sobrevivir ella misma. Puede también ser que al descubrir que tenía el poder de sanar se sintiera poderosa y poseedora de una verdad absoluta.

Toda la infancia de Tara Westover está dominada por la religión mormona, pero bajo la libre interpretación de su padre. Ella, que aprendió a leer en su Biblia, sentía una grandísima curiosidad por saber:

Estaba adquiriendo una aptitud fundamental: la paciencia para leer lo que aún no entendía.

Tenía a su favor que, al no haberse escolarizado, vivió libre en la naturaleza y las circunstancias la entrenaron para resolver problemas, desarrollar el sentido de observación y estar alerta para poder sobrevivir:

Cuando la nieve de la montaña empezó a derretirse ya tenía las manos llenas de callos. Una estación en el desguace me había afinado los reflejos…

El primer punto de quiebre con su familia se produce cuando descubre la belleza de su voz. Los himnos que escucha con su hermano bueno, interpretados por el virtuoso Coro del Tabernáculo Mormón, la motivan a aprendérselos y así tener la posibilidad de cantar en un grupo de voces blancas. Lo logra y se da cuenta que ella es diferente a todos los demás, que hay muchas cosas que todos saben y ella no:

Mi vida la narraban otras personas, sus voces eran persuasivas, enfáticas, categóricas. No se me había ocurrido pensar que la mía podía ser igual de fuerte que las suyas.

El ansia de saber, su voluntad y el apoyo de los educadores que vieron en ella a su Pigmalión, con un intelecto que era tierra fértil para los conocimientos, lograron el éxito académico que hoy ostenta, una versión moderna del sueño americano:

La libertad negativa es estar libre de trabas u obstáculos externos. Un ser es libre en este sentido si no existe ningún impedimento físico para que actúe… La libertad positiva es estar libre de trabas internas… Nadie salvo nosotros puede liberar a nuestra mente.

El otro acontecimiento que cambia la trama es cuando ella descubre que su hermana mayor también había sido abusada y maltratada. Al presentar queja ante sus padres es amenazada de muerte por el agresor a quien ellos mismos llaman:

Desde que había comprendido que… era un niño y yo una niña había querido cambiar mi futuro por el suyo… Stuart Mill afirmaba que a base de persuasión, halagos, empujones y uso de la fuerza se había sometido a las mujeres a una serie de contorsiones femeninas durante tantos siglos que resultaba del todo imposible definir sus aspiraciones y capacidades naturales.

El libro describe una familia rota; algunos de sus hermanos llegaron a ser exitosos pero todos fueron marcados por el machismo, la violencia y el miedo. Tara busca la verdad y eso la enfrenta a su propia familia causándoles a todos mucho dolor. A ella la salva, tal vez, el diario donde podía registrar la evolución de la realidad y no lo que su mente elaboraba como mecanismo de defensa; además, fue la semilla de este libro.

En el Hormiguero quisiéramos saber más sobre los mormones y también sobre los masones. Tenemos mucho que aprender y la lectura, así como a Tara, nos abre mundos diferentes y desconocidos que merece la pena investigar. El libro obtuvo 7,6 de puntuación y el deseo de conocer la evolución personal de la autora.

Un ponqué delicioso fue la manera de celebrar los cumpleaños de Carolina y Ana María. Cantamos dos veces Cumpleaños feliz y celebramos la vida muchas más. Nos despedimos temprano, rezando porque hubiera luz en nuestras casas y con la satisfacción del encuentro con nuestras queridas amigas, que es un bálsamo para la incertidumbre. La potencia de las hormigas se multiplica cuando estamos juntas; seguimos leyendo, seguimos resistiendo, seguimos reuniéndonos. En el mes de marzo vamos a leer Esperando a los Bárbaros de Coetzee y La hija de la española de Karina Sainz Borgo.

NS

………

 

_______________________________________________