El blog de Las Hormigas

¡Saludos formíceos! Desde Caracas, Venezuela, le damos la más cordial de las bienvenidas a este registro de actividades del club de lectura Las Hormigas.

Un premio que mola

Felipe VI con los ganadores del Premio Planeta 2021, una trinidad no tan santa

 

molar Del caló molar. 1. intr. coloq. Gustar, resultar agradable o estupendo.

Diccionario de la Lengua Española

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Tomado de El Periódico (España)

 

La misteriosa Carmen Mola gana el Planeta, y resulta que eran tres hombres
  • El galardón revela que tras el exitoso seudónimo se encuentran los guionistas Antonio Mercero, Jorge Díaz y Agustín Martínez, ganadores con ‘La bestia’
  • Paloma Sánchez-Garnica queda finalista con la novela de espías ‘Últimos días en Berlín’

 

Hacía muchos años que un Premio Planeta no resultaba tan sorprendente como el que se ha entregado este viernes por la noche en el Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC). Para empezar, está el gigantesco órdago anunciado el jueves que hacía crecer hasta un millón de euros la dotación de un premio ambicioso pero congelado durante las dos últimas décadas. Más que el Nobel de Literatura. Pero no acaban ahí las novedades, que vienen una tras otra. Bajo el pliego firmado con el seudónimo de Sergio López se escondía a su vez, en un bonito juego de espejos, el nombre de Carmen Mola. Algo que requiere explicación. Carmen Mola es un seudónimo del que siempre se ha dicho que escondía a una escritora madrileña, profesora de instituto. Bajo ese nombre ha tenido grandes éxitos comerciales como ‘La novia gitana’, ‘La red púrpura’ y ‘La Nena’ en Alfaguara, la editorial que la descubrió. A semejanza de Elena Ferrante, pero con esplendorosa exhibición de sangre a borbotones, “no apta para estómagos sensibles”, como la han publicitado, Mola se ha mantenido escondida hasta la fecha. Pero un millón de euros bien vale una salida del armario de lo incógnito.

Y así continúan las sorpresas: Carmen Mola no es Carmen Mola—una sospecha que durante años circuló en los mentideros—. No se trata de una mujer. ¿Un hombre, por lo tanto? Sí, pero tampoco. Lo de Mola es más bien el misterio de la Santísima Trinidad, porque novelas escritas a cuatro manos ha habido y bastante buenas: es el caso de Boileau-Narcejac, autores de la novela que Alfred Hitchcock convirtió en ‘Vértigo’. Pero tres autores como es el caso ya es algo más complicado si se exceptúa ese colectivo italiano que primero fue Luther Blissett y más tarde Wu Ming.

Tras Carmen Mola se encuentran tres guionistas de televisión: Antonio Mercero -hijo del famoso realizador de ‘La cabina’, ‘Verano azul’ y ‘Farmacia de guardia’-, Jorge Díaz y Agustín Martínez. Juntos han colaborado en diversas series como ‘Hospital central’ y ‘Víctor Ros’. Además Mercero es un prolífico autor de novelas policiacas que ha firmado con su nombre títulos como ‘La cuarta muerte’ (2012) y ‘La vida desatenta’ (2014). En 2017 comenzó la serie protagonizada por la policía transexual Sofía Luna con ‘El final del hombre’, a la que siguió ‘El caso de las japonesas muertas’ (2018). Los Reyes, para quienes José Crehueras ha pedido un encendido aplauso al que respondió toda la sala, han dado el premio al trío de autores, que tendrán que repartirse el millón entre los tres.

Jorge Díaz rememoró cómo hace cuatro años los tres amigos tuvieron la idea loca de unir fuerzas para abordar unos ‘thrillers’ híbridos. Creo que nos ha quedado muy bien. Para Martínez es un alegrón el estar aquí. «Nunca pensamos que podríamos terminar en un sitio como este, recogiendo este premio. «La novela cuenta la historia de Lucía, una adolescente huérfana, que busca a su hermana pequeña en una historia de conspiraciones en un Madrid del siglo XIX».

La novela ganadora, ‘La bestia’, promete tantos chorros de hemoglobina como las anteriores. Situada en el Madrid de 1834, asediado por el cólera, en el que un asesino en serie se dedica a matar a niñas de las clases más humildes. Los encargados de descubrir al criminal son un periodista, un policía y la adolescente Lucía.

Además el Planeta vendrá acompañado de un ‘bonus track’, la adaptación de la primera novela de Carmen Mola a serie televisiva. ‘La novia gitana’ será dirigida por Paco Cabezas, con años de experiencia en series internacionales como ‘Penny dreadful’ o ‘Fear the walking dead’. 

Otra sorpresa, en la línea de lo que supuso la captación de Javier Cercas y Manuel Vilas en el año 2019, es el trasvase de la—hasta el momento—autora de Alfaguara al grupo Planeta y tiene que ver con ese pulso que ha mantenido en los últimos años con Penguin Random House. Hay que decir que la editora que descubrió a Carmen Mola, María Fasce, siempre se ha negado a revelar la identidad de la ‘autora’, ni siquiera en las últimas horas cuando el seudónimo sonaba con fuerza como ganador. Elegancia siempre. Con todo, el sello anuncia una nueva entrega de la investigadora Elena Blanco para la próxima primavera. Habrá que ver dónde aparece.

 

Regreso de los Reyes

La finalista es la autora de la casa Paloma Sánchez-Garnica, quien ha ganado el premio Fernando Lara de novela y ha tenido una excelente recepción—16 ediciones—con su última novela, ‘La sospecha de Sofía’, una historia de espionaje. ‘Últimos días en Berlín’, la novela finalista, se inscribe en ese género a través de la historia de un joven que no renuncia al sueño de reencontrarse con su madre y su hermano menor, a los que se vio obligado a abandonar huyendo de la Unión Soviética en los años del régimen leninista.

Tanta emoción y tanto desvelamiento han empañado en parte otro de los aspectos importantes de la noche. El político. La presencia de los Reyes, tras cinco años de ausencia, y lo que parece más significativo en tiempos de diálogo Madrid-Barcelona, la ‘consellera’ de Cultura, Natàlia Garriga, tras las sonadas ausencias de Àngels Ponsa, Mariàngela Vilallonga y Laura Borràs en pleno fragor del procés. Junto a ellos, el ministro de Cultura, el catalán Miquel Iceta; la ministra de Educación, Pilar Alegría, y la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau.¶

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Pérez Reverte y las hormigas

La hormiga Marisabel Ruán ha tenido la gentileza de alertarnos sobre una entrevista a Arturo Pérez Reverte, en un programa en Antena 3 al que pudiera demandarse por usurpación de identidad, puesto que su nombre es El Hormiguero. El fragmento de la conversación del autor con Pablo Moros, remitido por Marisabel, es el que acá se coloca:

 

 

Basta algo más de seis minutos para reforzar la imagen de un escritor exitoso de opinión tremendista*, seguramente identificado con la postura de Milan Kundera: «Aunque no sea más que una ridícula ilusión, uno está persuadido de que debe escribir para decir lo que nadie ha dicho. Decir lo que nadie ha dicho significa contradecir a todo el mundo. Escribir, por lo tanto, es el placer de contradecir, la felicidad de estar solo contra todos, la alegría de provocar a los enemigos e irritar a los amigos».

Acá se pone el archivo de audio de la conversación entera, de un poco más de once minutos. (Se ha disminuido la velocidad del original para facilitar la comprensión de lo dicho):

 

  Moros & Pérez Reverte

 

Lo dicho, reitero. LEA

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* tremendismo De tremendo e -ismo.1. m. Corriente literaria y artística desarrollada en España en los años cuarenta del siglo XX, caracterizada por exagerar los aspectos más crudos de la vida. 2. m. Tendencia a exagerar los aspectos más tremendos o alarmantes de las cosas. 3. m. Taurom. Estilo de toreo basado más en la espectacularidad del riesgo que en la observancia de las reglas clásicas. (Diccionario de la Lengua Española).

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África, poscolonialismo y refugiados

Abdulrazak Gurnah, Premio Nobel de Literatura 2021

Tres libros esenciales de Abdulrazak Gurnah, el nuevo Nobel de Literatura

Tomado de La Tercera

 

Paraíso, En la orilla y Desertion son algunas de las novelas más reconocidas de Gurnah, quien creció en la isla de Zanzíbar pero llegó a Inglaterra buscando asilo a fines de los 60. El autor fue honrado esta mañana por la Academia Sueca «por su indagación inflexible y compasiva de los efectos del colonialismo y el destino de los refugiados en el abismo entre culturas y continentes».

 

Paraíso (Paradise, 1994)

La cuarta novela del escritor tanzano y la que consiguió ubicarlo en el radar de la crítica internacional. Finalista del Booker Prize en 1994, el mayor reconocimiento que da Inglaterra a las obras de ficción, Paradise es, según las reseñas de los especialistas, “la historia de adolescencia y madurez de un niño africano, una trágica historia de amor y también una historia de la corrupción de la tradición africana a causa del colonialismo europeo”.

La novela histórica se centra en Yusuf, un niño de doce años nacido en el ficticio pueblo tanzano de Kawa, quien es vendido por su padre a un comerciante árabe para pagar una deuda. Desde entonces, el joven protagonista es sacado de su sencilla vida rural para aterrizar en el complejo mundo del África oriental urbana precolonial.

A través de los ojos de Yusuf, el autor describe comunidades en guerra, safaris comerciales y los desafíos universales de cualquier adolescente, sintetiza la reseña de Paradise en los portales de venta de libros.

Por su descripción del colonialismo y sus imágenes de una Cuenca del Congo devastada por el imperialismo europeo, Paradise ha sido comparada por algunos críticos con El corazón de las tinieblas (1899), uno de los relatos más célebres del polaco-británico Joseph Conrad.

La obra del nuevo Nobel

 

Desertion (2005)

Una de las obras más aclamadas de Gurnah, cuenta la historia de una relación prohibida para indagar en grandes temas como el racismo, el amor y los efectos del colonalismo en el continente de origen del autor.

La trama se ambienta en 1899, cuando un viajero inglés llamado Martin Pearce logra salir del desierto africano para llegar a duras penas a una ciudad costera del este del continente negro, donde es rescatado por Hassanali, un comerciante cuya hermosa hermana Rehana cuida a Pearce para que recupere la salud.

Pearce y Rehana comienzan una apasionada historia de amor ilícita, que resuena cincuenta años después cuando el hermano del narrador se enamora perdidamente de la nieta de Rehana.

En su reseña para el diario inglés The Guardian, el crítico Mike Phillips señaló que más allá del comentario político que exhibe la novela sobre el África poscolonial y su relación imperial con Gran Bretaña, en Desertion “la cultura kiswahili y musulmana, junto con sus raíces árabes, forman el telón de fondo de la novela y dominan la vida de los personajes”.

“La mayor parte de Desertion está tan bellamente escrita y es tan placentera como cualquier cosa que haya leído recientemente, un recuerdo dulcemente nostálgico de una infancia colonial y una cultura musulmana desaparecida, definida por sus modales reflexivos y habituales, superpuestos por su calendario de festivales y observancias religiosas”, comentó.

 

En la orilla (By the sea, 2001)

También candidata al Booker Prize y a los premios de Los Angeles Times, By the sea, la sexta novela de Gurnah, vuelve a explorar los dramáticos efectos de los habitantes del África poscolonial, esta vez centrándose en el drama de los desplazados y refugiados.

Su narrador es un refugiado de una nación insular de África Oriental que busca ingresar a Inglaterra, ya que al ser su país de origen alguna vez una colonia británica, califica para el asilo. Sin embargo, viaja con un pasaporte falso, y aunque es un hombre culto en su casa aconsejaron que finja que no habla ni entiende inglés. simples pueden ser estas palabras. Tras ser enviado a un centro de detención y luego que le confiscaran sus escasas posesiones, el protagonista relata su increíble historia de vida a una asistente social.

De acuerdo a la crítica, los grandes temas de By the sea son el trauma del desplazamiento en el África poscolonial, así como el encarcelamiento como una característica definitoria de la dislocación y la no pertenencia a las culturas africanas poscoloniales.¶

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Es con nosotras

Película hecha por una venezolana con un celular es premiada en Francia

 

«Hormigas caminando sobre una axila», de Yahaira Salazar, galardonada en el Paris Lift-off Film Festival

 

Yahaira Salazar ante la Pirámide del Louvre

 

30/09/2021 04:53 pm

 

«Esta maravillosa aventura comenzó el día 16 de marzo de 2021, cuando le envié un e-mail al actor Juan Zadala con la proposición de hacer una película y la frase: ‘¡Rodando… Acción!'». Así recuerda la actriz, dramaturga y directora venezolana Yahaira Salazar la génesis de su cortometraje de 8 minutos 11 segundos, Hormigas caminando sobre una axila, que hasta el presente ha sido escogida en las selecciones oficiales de 11 festivales y ha ganado 6 menciones y tres premios.

Cuenta Salazar que la película nació de una propuesta del Atelier de Cinéma de Autor «Claude Lelouch», en cuyos talleres se trabaja con un proyecto de formación relativo a la idea de grabar con un smartphone y retar a los estudiantes a elaborar una narración audiovisual con un límite de tiempo determinado.

Hormigas caminando sobre una axila es, en realidad, un monólogo de 8 minutos. «Dirigir a distancia a un actor en estas circunstancias es un trabajo titánico. Juan Zadala es un actor a toda prueba y bastante aguerrido, y logró interpretar el monólogo y el personaje Joseíto al pie de la letra, dejándonos maravillados», cuenta Salazar.

“La otra dificultad que debíamos superar era la de hacer de los exteriores en la ciudad de Los Ángeles, coprotagonista de la película. Estando confinados por la pandemia, era una tarea difícil, pero al final logramos vencer el miedo de salir a la calle y logramos el efecto que se buscaba para nuestra satisfacción”, comenta la también escritora venezolana, autora de la pieza de teatro Hormigas caminando sobre una axila, en la que se basa su película.

La cinta fue realizada para la plataforma del ITI UNESCO y llamó la atención de varios festivales. «Nos dedicamos a trabajar en la presentación de la película en esas muestras, y el resultado ha sido más que satisfactorio: hasta ahora llevamos 11 selecciones oficiales (Lift –Off Global Network Official Selection New York 2021; Lift –Off Global Network Selección Official first–times filmmaker sessions; Selección Oficial y Certificado de Excelencia del International Film Festival 2021, BIFF al Mejor Cortometraje del BIFF’s Monthly Competition; Official Selection de la SFAAF South Cinematografic Academic Films&Arts 2021; Lift –Off Global Network Oficial Selection Los Angeles 2021; Oficial Selection 2021 Best Short Competition; Oficial Selectión Crossings Poetic International Film Festival; Winner South Coast Film Festival 2021; Lift –Off Global Network Oficial Selection Amsterdam 2021; finalista del World Film Carnival –Singapore ( WFCS), y el Award of Recognition: Mobile/ Cell Phone Media del Best Short Competition).

El World Film Carnival-Singapoure otorgó a Hormigas caminando sobre una axila los premios de Mejor Actor y cuatro Oustanding Achievement Awards (premios excepcionales) en las categorías de Mejor Edición, Mejor Mobile Film, First Time Directors y Mejor Cortometraje. El Honorable Mention Winner 2021 del International independent Film Awards, Lift –Off Global Network Selección Oficial Paris 2021, es el ultimo de los laureles alcanzados por el trabajo de Salazar.

Hormigas caminando sobre una axila es primero que nada la primera obra de teatro escrita por Yahaira Salazar (1992); obra laureada en múltiples ocasiones antes de ser traducida al cine y presentada en la pantalla grande del South Coast Film Festival 2021 y en Vimeo On Demand de los Lift –Off Global Network Oficial Selection.

«La determinación para superar las limitaciones del encierro en nuestras casas y del tapabocas que le impuso la pandemia al teatro, al cine, a la música, al canto, nos inspiró y nos dio la fuerza necesaria para finalizar el proyecto, para trascendernos y trascender el miedo que provocaba en nosotros la situación de pandemia que ha estado viviendo el mundo durante 2020 y 2021. ¡Imperturbables, las hormigas inmortales también sobrevivieron a la pandemia!», concluye Yahaira Salazar. ¶

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Ortega enamorado

Lo que sigue es una traducción del blog de Maria Popova, Brainpickings.

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José Ortega y Gasset sobre el amor, la atención y la arquitectura invisible de nuestro ser

 

Una de las ilustraciones en The ABZ of Love

“La atención es la forma más rara y pura de generosidad”, escribió la gran filósofa francesa Simone Weil poco antes de su prematura muerte. Una época después de ella, Mary Oliver elogió al amor de su vida con la observación de que «la atención sin sentimiento … es solo un informe». Recordando siglos de poemas de amor de personas geniales que se atrevieron a amar más allá de los límites culturales de su época, el poeta J.D. McClatchy observó que «el amor es la calidad de la atención que prestamos a las cosas».

Debido a que nuestra atención da forma a toda nuestra experiencia del mundo—esto, después de todo, es la base de todas las tradiciones orientales de atención plena, que entrenan la atención para templar nuestra calidad de presencia—los objetos de nuestra atención terminan, de una manera sutil. pero de manera profunda, dando forma a quienes somos.

Debido a que difícilmente existe una condición de conciencia que concentre la atención de manera más aguda y total en su objeto que el amor, qué y a quién amamos es la revelación última de qué y quiénes somos.

Eso es lo que explora el gran filósofo español José Ortega y Gasset (9 de mayo de 1883-18 de octubre de 1955) en una serie de ensayos escritos originalmente para el diario madrileño El Sol y publicados póstumamente en inglés como On Love: Aspects of a Single Theme (biblioteca pública): una culminación singular de la investigación filosófica de Ortega sobre los puntos ciegos, los prejuicios y los autoengaños conmovedores de la cultura occidental sobre el amor, es decir, sobre quiénes y qué somos.

Al definir el amor como “ese sentido de percepción espiritual con el que uno parece tocar el alma de otra persona, sentir sus contornos, la dureza o la dulzura de su carácter”, Ortega señala que el amor revela “las preferencias más íntimas y misteriosas que forman nuestro carácter individual». Él escribe:

Hay situaciones, momentos en la vida, en los que, sin saberlo, el ser humano confiesa grandes porciones de su personalidad última, de su verdadera naturaleza. Una de estas situaciones es el amor. En su elección * de amantes [los seres humanos] revelan su naturaleza esencial. El tipo de ser humano que preferimos revela los contornos de nuestro corazón. El amor es un impulso que brota de lo más profundo de nuestro ser, y al llegar a la superficie visible de la vida lleva consigo un aluvión de conchas y algas del abismo interior. Un naturalista experto, al archivar estos materiales, puede reconstruir las profundidades oceánicas de las que han sido desarraigados.

Al definir la atención como “la función encargada de dar estructura y cohesión a la mente”, Ortega la sitúa en el centro de la experiencia del amor:

“Enamorarse” es un fenómeno de atención.

[…]

Nuestra vida espiritual y mental es simplemente la que tiene lugar en la zona de máxima iluminación. El resto, la zona de inatención consciente y, más allá, el subconsciente, es solo vida potencial, una preparación, un arsenal o reserva. La conciencia atenta puede considerarse como el espacio mismo de nuestras personalidades. También podemos decir que esa cosa desplaza un cierto espacio en nuestras personalidades.

Medio siglo después de que William James, una de las mayores influencias y progenitores filosóficos de Ortega, sentara las bases de la psicología moderna con su declaración «Mi experiencia es lo que acepto atender», agrega Ortega:

Nada nos caracteriza tanto como nuestro campo de atención… Esta fórmula podría aceptarse: dime dónde está tu atención y te diré quién eres.

[…]

“Enamorarse”, inicialmente, no es más que esto: atención anormalmente fijada en otra persona. Si ésta sabe aprovechar su privilegiada situación y nutre ingeniosamente esa atención, el resto sigue como irremisible mecanismo.

Paradójicamente, la narrativa cultural que nos transmitieron los románticos postula que el amor amplía y consagra nuestra conciencia de la vida: de repente, todo se ilumina; de repente, todo canta. Cualquiera que haya vivido la embriagadora euforia del amor temprano lo ha sentido y, sin embargo, Ortega insinúa que se trata de una ilusión de conciencia, que enmascara el fenómeno real en el trabajo, que es más bien lo contrario: todo está teñido con aspectos del amado, difuminado y ignorando los detalles que le dan al mundo su actualidad. Ortega escribe:

El enamorado tiene la impresión de que la vida de su conciencia es muy rica. Su mundo reducido está más concentrado. Todas sus fuerzas psíquicas convergen para actuar sobre un solo punto, y esto le da un aspecto falso de intensidad superlativa a su existencia.

Al mismo tiempo, esa exclusividad de la atención dota al objeto favorecido de cualidades portentosas … Al abrumar un objeto de atención y concentrarse en él, la conciencia lo dota de una incomparable fuerza de realidad. Existe para nosotros en todo momento; está siempre presente, junto a nosotros, más real que cualquier otra cosa. Hay que buscar el resto del mundo, desviando laboriosamente nuestra atención del amado … El mundo no existe para el amante. Su amado lo ha desalojado y reemplazado … Sin una parálisis de la conciencia y una reducción de nuestro mundo habitual, nunca podríamos enamorarnos.

Mucho antes de que los científicos cognitivos llegaran a estudiar la atención de “un discriminador intencional y sin complejos”, cuando enmarca nuestra experiencia de la realidad mediante la exclusión deliberada, Ortega escribe:

La atención es el instrumento supremo de la personalidad; es el aparato que regula nuestra vida mental. Cuando está paralizado, no nos deja ninguna libertad de movimiento. Para salvarnos tendríamos que reabrir el campo de nuestra conciencia, y para lograrlo sería necesario introducir otros objetos en su foco para romper la exclusividad del amado. Si en el paroxismo del enamoramiento pudiéramos ver repentinamente a la amada en la perspectiva normal de nuestra atención, su poder mágico quedaría destruido. Sin embargo, para ganar esta perspectiva tendríamos que enfocar nuestra atención en otras cosas, es decir, tendríamos que emerger de nuestra propia conciencia, que está totalmente absorbida por el objeto que amamos.

Nada ilustra más claramente esta contracción de la lente que la experiencia desconcertante de salir del estado sonámbulo de enamoramiento, una experiencia familiar para cualquiera que haya emergido de un enamoramiento o haya profundizado un enamoramiento hasta convertirse en una almeja y un amor constante. Ortega escribe:

Cuando salimos de un período de enamoramiento, sentimos una impresión similar a despertar y emerger de un pasaje estrecho repleto de sueños. Entonces nos damos cuenta de que la perspectiva normal es más amplia y aireada, y nos damos cuenta de todo el hermetismo y la rareza que sufrieron nuestras mentes apasionadas. Por un tiempo vivimos los momentos de vacilación, debilidad y melancolía de la convalecencia.

Pero a pesar de sus posibles peligros, el amor sigue siendo a la vez la experiencia más interior y la más influyente de nuestra personalidad. En un sentimiento que evoca esa línea exquisita de El Principito: «Lo esencial es invisible a los ojos», Ortega considera cómo el amor, un rasgo tan invisible pero tan esencial de nuestra humanidad, pule el lente de toda nuestra cosmovisión:

Las cosas que son importantes están detrás de las cosas que son aparentes.

[…]

Probablemente, solo hay otro tema más interno que el amor: el que puede llamarse «sentimiento metafísico», o la impresión esencial, última y básica que tenemos del universo. Esto actúa como base y apoyo para nuestras otras actividades, sean las que sean. Nadie vive sin él, aunque su grado de claridad varía de persona a persona. Abarca nuestra actitud primaria y decisiva hacia toda la realidad, el placer que el mundo y la vida nos brindan. Nuestros otros sentimientos, pensamientos y deseos son activados por esta actitud primaria y son sostenidos y coloreados por ella. Por necesidad, la tez de nuestras aventuras amorosas es uno de los síntomas más reveladores de esta sensación primogenital. Al observar a nuestro prójimo con amor podemos deducir su visión o meta en la vida. Y esto es lo más interesante de averiguar: no anécdotas sobre su existencia, sino la carta en la que apuesta su vida.

Del mismo libro

Y, sin embargo, nuestra cultura tiene una peculiar ceguera deliberada sobre cómo el amor da forma a la vida y la expresión particular de vitalidad que es nuestro trabajo creativo, una negación peculiar del hecho elemental de que, debido a que amamos con todo lo que somos, nuestros amores impresionan todo lo que hacemos. (Escribí Figuring en gran parte como un antídoto para esta peligrosa ilusión, explorando cómo los amores en el centro de las grandes vidas moldearon la forma en que esas personas geniales a su vez moldearon nuestra comprensión del mundo con su trabajo científico y artístico). Ortega comparte este disgusto por la disminución cultural del amor como motor del trabajo creativo. Al observar que muchas personas con un poder creativo extraordinario han tendido a tomar sus amores «más en serio que su trabajo», el trabajo mismo por el que son celebrados como genios, y una elección por la que han sufrido burlas de sus contemporáneos y de la posteridad, advierte. contra este juicio cultural común:

Es curioso que sólo aquellos incapaces de producir una gran obra crean que lo contrario es la conducta adecuada: tomarse en serio la ciencia, el arte o la política y desdeñar los asuntos amorosos como meras frivolidades.

Un siglo y medio después de que la astrónoma Maria Mitchell, una figura clave en Figuring, observara que “cualquiera que sea nuestro grado de amigos, estamos más bajo su influencia de lo que somos conscientes”, lamenta Ortega:

No tomamos suficientemente en consideración la enorme influencia que nuestros amores ejercen en nuestra vida.

Pero mientras que el amor revela quiénes somos, también moldea quiénes somos, esculpiendo nuestro carácter y matizando nuestra personalidad. El siglo de la psicología desarrollado desde la época de Ortega ha iluminado hasta qué punto «quiénes somos y en qué nos convertimos depende, en parte, de a quién amamos». Ortega intuye este poder transformador del amor y, en consonancia con la teoría de Kurt Vonnegut de que se puede estar enamorado hasta tres veces en la vida, escribe:

Una personalidad experimenta en el curso de su vida dos o tres grandes transformaciones, que son como etapas diferentes de una misma trayectoria moral … Nuestro ser más íntimo parece, en cada una de estas dos o tres fases, girar unos grados sobre su eje, para desplazarse hacia otro cuadrante del universo y orientarse hacia nuevas constelaciones.¶

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El inolvidable olvido

Cartel de promoción de Netflix

 

Hace cuatro años, Las Hormigas discutieron el libro más importante de Héctor Abad Faciolince, El olvido que seremos. Consta en la minuta de la sesión del 8 de febrero de 2017:

En el Hormiguero, la novela fue catalogada como una de las mejores que hemos leído, con una de las más altas calificaciones: 8,5 puntos. Las hormigas la definieron como: “canto al amor”, “libro para reflexionar”, “escrito con sencillez y amor”, “literatura íntima”, “novela que me marcó”, “poema al amor conyugal”, “gratificante y que deja enseñanza”, “crítica silenciosa a la violencia”.

Ahora acabamos de ver en Netflix la fiel película de Fernando Trueba, que preserva el título que llegaría a provocar una polémica, ya resuelta gracias a la obsesiva investigación del novelista huérfano. Se lee en el blog La antigua Biblos (Blog de recomendaciones de libros escritas por lectores empedernidos) la siguiente nota, del 15 de mayo de este año:

Ya somos el olvido que seremos – J. L. Borges

Ya somos el olvido que seremos.

El polvo elemental que nos ignora

y que fue el rojo Adán y que es ahora

todos los hombres, y que no veremos.

Ya somos en la tumba las dos fechas

del principio y el término. La caja,

la obscena corrupción y la mortaja,

los ritos de la muerte, y las endechas.

No soy el insensato que se aferra

al mágico sonido de su nombre.

Pienso, con esperanza, en aquel hombre

que no sabrá que fui sobre la Tierra.

Bajo el indiferente azul del cielo

esta meditación es un consuelo.

Este soneto de Jorge Luis Borges (Buenos Aires, 1899-1986) se ha hecho últimamente especialmente conocido gracias a la película colombiana, dirigida por Fernando Trueba y protagonizada por Javier Cámara, que toma el título de su primer verso (El olvido que seremos, 2020).

La cinta, altamente recomendable, está basada en el maravilloso libro de Héctor Abad Faciolince del mismo título, que cuenta la historia y personalidad de su padre, Héctor Abad Gómez, médico, especialista en salud pública y defensor de los derechos humanos, asesinado en Medellín en el verano de 1987. Lo mataron a balazos, en la calle y a plena luz del día y en el bolsillo de su chaqeta, encontraron este poema y el nombre del poeta argentino.

Héctor Abad Faciolince publicó su novela 20 años más tarde y en ella decía que el poema era de Borges. Llegaron los expertos y dijeron que no era de él, que era un apócrifo, ya que no figuraba en ninguna de sus publicaciones, Héctor inició una larga y complicada pesquisa, que le llevó varios años y se cuenta en este artículo. Finalmente, y a pesar de la opinión en contra de María Kodama, la viuda de Borges y depositaria de sus derechos de autor, parece demostrado que el soneto no es apócrifo y junto a otros cuatro, todos sin título, fue dictado por el genial argentino al final de su vida.

Fue uno de sus últimos poemas, publicado en la revista colombiana Semana, de donde lo tomó el doctor Héctor Abad Gómez para leerlo en una emisora de radio. Y como dice su hijo, resulta un desenlace bonito saber que cuando lo mataron en la calle Argentina de Medellín, su pecho estaba protegido solo por un papel y un bello soneto, que le sirvió de epitafio, y que su muerte sirvió al menos para recuperar del olvido un poema de Borges sobre el olvido que seremos.

Una completa relación de las pesquisas del novelista colombiano, emprendidas cuando se puso en duda que el gran escritor fuese el autor del poema, puede encontrarse en Letras Libres. Allí, Abad Faciolince deja amplia constancia de sus investigaciones, que confirmaron la autoría de Borges para su tranquilidad. Tal vez, al poeta que escribió Las uñas la polémica acerca de la autoría no le hubiese importado en absoluto. En fin de cuentas, alguna vez escribió, en un ensayo sobre Kafka, «Cada escritor crea a sus propios precursores». LEA

 

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El fuego a salvo

Guillermo Arriaga ¿en una cárcel?

 

La maravillosa y perturbadora Flannery O’Connor escribió: “Quien solo lee libros edificantes está siguiendo un camino seguro, pero un camino sin esperanza porque le falta coraje. Si alguna vez, por azar, leyera una buena novela sabría bien que le está sucediendo algo. Sentir cierta incomodidad es parte de la experiencia de leer un libro. Hay mucha mas pedagogía en la inquietud que en el alivio”.

Irene VallejoEl infinito en un junco*

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Teníamos tiempo sin vernos, unas más que otras; o por la pandemia, o porque muchas de nuestras hormigas voladoras habían estado de viaje. ¡Son tan preciados esos ratos! Una energía saltarina nos acompañaba: hay risas, conversaciones cruzadas, rubor en las caras. Puede ser también por el vino, o por el calor de la tarde de primeros de septiembre, o por el reflejo del último sol en la piscina y el verdor del jardín. Las amigas se ponen al día y cuesta llegar a la discusión del libro que algunas habíamos leído hacía ya siete meses. Pero no; no lo habíamos olvidado.

 

El grupete

 

“Es asqueroso, repugnante”, son las primeras palabras de mis apuntes. Salvar el fuego, de Guillermo Arriaga Jordán (Ciudad de México, 13 de marzo de 1958), es un libro polémico: rompe esquemas y eso duele. Mueve emociones con sus pasiones—amor, alegría, tristeza, rabia y miedo—pero también produce un asco profundo, hasta la náusea. A pesar de eso, una sigue leyendo; tiene algo adictivo. Aunque es verdad que no es un libro para todo gusto; no sólo por el lenguaje sino porque es una historia de muchas capas que nos lleva montadas en un subibaja de vértigo, hacia lo más oscuro y desconocido, hasta lo impensable. Además, su tono soez y grotesco nos habla directamente, con el uso de la primera persona, y nos involucra en las vidas de los personajes, en sus terribles intimidades, en su desastrosa historia familiar y en los distintos ambientes y lenguajes de la violenta Ciudad de México de la novela.

Marina, la protagonista femenina, se enfrenta a dos mundos: su propia burbuja, ordenada y aparentemente satisfactoria para todos, pero tan aburrida, pulcra y predecible que ella, como artista, se sabe estancada; el otro, un submundo que nunca imaginó conocer: lleno de violencia, corrupción, extorsión y venganza. Pero es además un despertar estético que transforma su arte, un placer sexual y un enamoramiento que nunca había vivido, que despierta en ella una curiosidad insaciable y una adicción por vivirla que la lleva hasta exponer la vida, perder a su familia y ser juzgada por su entorno,  vivir perseguida… huyendo tras un condenado a cincuenta años de prisión.

Algunas Hormigas consideraron eso como muy improbable, pero otras han conocido casos verdaderos de ésos impensables.

La inserción de los textos del taller literario en la novela, que nos muestran el alma de esos seres atormentados, acompaña la trama principal. En cambio, los del hermano de José Cuauhtémoc (el otro personaje central)—quien también era un asesino pero empresarial—hacen avanzar la trama al explicar los terribles pormenores de su disfuncional familia y los detalles del asesinato de su padre.

Las nuevas técnicas literarias que no agradan a todas en el grupo—llega a usar hasta siete sinónimos para una palabra—, su ritmo acelerado y los excesos descriptivos, algunas veces innecesarios, son como un guión de película que deja poco a la imaginación del lector. El relato parece ir a más velocidad que la vida real.

El uso del lenguaje, aunque se adapta perfectamente a los distintos ambientes y los diferentes personajes, es impredecible pero no entorpece la lectura. Lo que sí causó rechazo fueron los detalles pornográficos y escatológicos que a lo mejor son comerciales, despiertan el morbo del público y aumentan las ventas, pero además de muy desagradables resultan, para muchas, innecesarios.

Este drama shakesperiano nos dio una tarde intensa de discusión. Las votaciones fueron desde los cuatro puntos hasta los nueve. Terminó calificado con siete (7,3) sobre diez. La misma Hormiga que dijo aquellas primeras palabras, “es asqueroso, repugnante”, me comentó al final de la discusión: “Después de oírlas, como que me gusta más el libro”.

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El obsequio

 

Mirenchu se lució esa tarde; es la anfitriona perfecta. Además de los mil detalles de la mesa, de la casa y de su bondad innata, nos deslumbró con un nuevo look de pelo corto y su total recuperación.

Los sabores de esa tarde fueron perfectos. Una torta de chocolate del otro mundo, acompañada de la insuperable torta de naranja de Rosa Elena, coronaron la merienda. Pero al poco rato, aunque no queríamos, tuvimos que salir corriendo. Caracas es una de las ciudades más peligrosas del mundo, como Ciudad de México, y la remembranza de la lectura de Salvar el fuego nos alteraba. Cuando llegué a casa esa noche fue cuando me di cuenta de que no venía sola, que no tenía porqué temer: dentro de la bolsita de dulces que nos dio Miren como regalo de despedida, venía una estampita de la Virgen de Coromoto, con una oración que le pide que proteja a las familias venezolanas y las haga buenas y merecedoras del amor de Dios. Estábamos protegidas.¶

NS

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* Epígrafe suministrado por Graciela Sucre Guruceaga.

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Complemento en este blog: El Premio Alfaguara 2020

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(Debimos escoger entre dos novelas para leer el próximo mes. Interesadas por el tema Talibán—que está en el tapete—y en posesión de nuestro oficio de lectoras, preferimos El librero de Kabul, de Åsne Seierstad, antes que la novela de Khaled Hosseini: Y las montañas hablaron ).

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Rodrigo Blanco Calderón

Tomado de

 

ENTREVISTA

Rodrigo Blanco Calderón: “La literatura es la recuperación de lo irrecuperable a través de las palabras”

POR Karen Lentini

TEMAS PD

05/09/2021

Rodrigo Blanco Calderón retratado por Vasco Szinetar

 

En Simpatía (Barcelona, Alfaguara, 2021), su segunda novela hasta ahora publicada, Rodrigo Blanco Calderón nos presenta una historia sobre la orfandad, el amor a los animales y los reveses de la sangre. En esta obra se narra una realidad cruel en la que la supervivencia parece el único camino, donde las víctimas hacen de los animales otras víctimas frágiles e inocentes, y en la que por encima de la imperante necesidad, de la sevicia o la inconsciencia muchos aún son capaces de elegir el lado bueno de lo humano.

«El drama nace de esa lucha agónica entre la esperanza y la desesperanza, en la que la fe desempeña un papel, me imagino, esencial», afirma Mircea Cărtărescu. ¿A cuál de estos impulsos responde su necesidad de expresión en Simpatía?

En Simpatía hay una tensión constante entre el entorno hostil en el que viven los personajes y sus circunstancias particulares. Al enfocarme en los personajes que tratan de construir un refugio para perros en una ciudad desarticulada y en desbandada como la Caracas que allí represento, quizás sin darme cuenta estaba tratando de buscar un oasis de solidaridad en medio del desastre. Este rasgo algunos lectores lo han encontrado como algo luminoso en mi novela. Para otros lectores, en cambio, solo acentúa la irremediable soledad de tipos como Ulises Kan, el general Ayala o el propio Bolívar.

¿Por qué incluir a Nevado y a Bolívar en esta historia?

La casa donde sucede la mayor parte de la acción en Simpatía tiene rasgos que tomé de la casa de la familia de mi suegro. Ahí hay una vieja y amplia biblioteca, cuyas paredes están cubiertas por numerosos retratos de Bolívar en distintas épocas. Supongo que al utilizar ese espacio en la ficción le di entrada a Bolívar también en la novela. Y puesto que se trataba de una historia de perros, me interesó darle cabida a Nevado, el famoso perro que tuvo el Libertador.

Por lo general, son los personajes principales los que toman el pulso de las novelas. En esta son los secundarios. ¿Explíquenos cómo construyó a Paul?

Al principio, solo tenía a Ulises y a su esposa Paulina. Por alguna razón que no sé explicar desde las primeras líneas el narrador dice que Paulina tiene un hermano gemelo, Paul. Fue como dejar un cabo suelto que se fue cargando de energía a medida que avanzaba la novela. Y al final, este personaje –que aparece muy poco– tiene un rol decisivo. A veces en la vida sucede así: personajes secundarios con respecto a “la trama”, la trama de nuestras vidas, deciden los giros cruciales de la historia.

Ese fondo doliente y nostálgico presente en The Night, Los terneros y en Simpatía ¿se diluirá en sus obras futuras?

La literatura que más me interesa leer y escribir es la trágica, en cualquier sentido que se le quiera dar a esta palabra. No me parece, por otra parte, una excepción, pues eso es la literatura: la recuperación de lo irrecuperable a través de las palabras. Quizás esta idea de la literatura la tengo tan incorporada que no tengo conciencia de ello hasta que me lo preguntan. Nunca he estado demasiado consciente de ese fondo, por lo que me imagino que, como todo lo inconsciente, persistirá.

Ha afirmado que le hubiese gustado ser un escritor divertido. Thomas Nashe, autor satírico inglés, decía, por ejemplo, que la poesía es el tuétano del ingenio. Entonces la novela es…

¿La grasa?

¿Existe algún autor que le haya rememorado algún miedo oculto o le haya hecho presente una debilidad para escribir?

Creo que los autores que me han marcado comparten –todos– un mismo miedo, que es también el mío: el miedo a no poder escribir. Esa debilidad la han transformado en motivo de escritura y eso me ha inspirado, por decirlo así.

Adentrándonos en su experiencia como profesor, ¿ha encontrado algo en el entorno académico que le haya servido como escritor?

Sí, y en varios niveles. La experiencia universitaria y académica me ha dado temas, ambientes y personajes que están muy presentes en mis cuentos y novelas. También, desde el punto de vista de la lectura y la escritura, el haber sido estudiante y profesor universitario me brindó una estructura mental, pues tanto lo vivido como lo leído pueden ser reconstruidos como si fuera una investigación. Esta investigación puede ser policial, mística, familiar, psicológica. Es un modo de nombrar la búsqueda de la verdad.

Me gustaría que definiese su relación con los animales; ¿cree, además, que el amor por ellos es inculcado al igual que el amor por la literatura?

Creo que el amor, en general, es algo inculcado. Si has sido educado con amor hacia las personas, los animales y la literatura es muy probable que seas una persona amorosa con los demás, con los animales y con la literatura. Esto, por supuesto, no siempre se cumple. Si no, no habría tanto dolor en el mundo. No obstante, tengo la impresión de que los actos de bondad superan por mucho a los de maldad. Lo cual genera un efecto extraño pero lógico a su manera: que en la medida en que somos menos malos aumenta nuestra conciencia del dolor y de las injusticias. Y por eso a veces tenemos la impresión de vivir en la más cruel de las épocas, cuando puede que sea justamente lo contrario.¶

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Las escritoras «excéntricas»

Tomado de EL PAÍS

Las escritoras «excéntricas» que triunfan fuera de Madrid y Barcelona

Andrea Abreu, Irene Vallejo, Sara Mesa, María Sánchez o Ana Iris Simón han conquistado las listas de ventas y reivindican la potencia literaria de la periferia

 

La escritora Andrea Abreu, en La Laguna (Tenerife), el pasado 8 de mayo. RAFA AVERO

 

ANDREA AGUILAR

Madrid, 19 de agosto de 2021

 

Sus libros abarcan ensayo y novela, sus voces recorren la geografía española y la amplitud de sus temas e intereses deja claro que no se trata ni de un grupo literario concreto ni de una tendencia pasajera. Todas viven fuera de Madrid y Barcelona. Se han ganado el respeto de la crítica y el público, y su presencia destacada en la lista de libros más vendidos en los últimos tiempos demuestra que el éxito literario en España ya no se escribe necesariamente desde esas dos ciudades, hasta ahora consideradas indispensables epicentros culturales para escritores.

Sara Mesa vive en un pueblo de Sevilla, a unos 15 minutos en coche de la ciudad. Jamás pensó en trasladarse, aunque a medida que sus novelas iban ganando lectores y reconocimiento no faltaba quien le preguntaba: “¿Ya te has mudado aquí?”. Y aquí iba por Madrid o Barcelona “como si fuera una consecuencia lógica”, cuenta en conversación telefónica la escritora, que nació en Madrid hace 45 años, aunque de niña se trasladó a Andalucía.

Es obvio que siempre se ha podido escribir desde cualquier sitio, pero resultaba más complicado pensar que una obra tendría eco y encontraría a un público si no se estaba cerca del meollo. Mesa empezó a los 30 y ha ido poco a poco. “Hoy no pesa tanto el elemento geográfico para publicar o tener éxito, es algo más líquido, aunque la geografía sin duda es importante para configurar la narrativa de cada uno”, sostiene. La protagonista de su última novela, Un amor (Anagrama), se instala en un pueblo sevillano. ¿Sigue ese personaje la ruta que muchos han emprendido fuera de los centros y las ciudades? “Ella huye y va al sitio más barato”, explica escueta.

Irene Vallejo en un parque de Zaragoza CARLOS GIL-ROIG

 

Sobre el auge de autoras en el panorama literario actual en España, Mesa destaca que esas voces “reivindican las diferencias”, y que en cualquier caso el cambio es “a nivel de visibilidad” porque escritoras ya había muchas. “Esto no es una moda, sino una cuestión de ajuste histórico”, zanja. Añade que al fin una de las ventajas de asentarse fuera es mantener distancias con sus colegas. “Tengo amigos escritores, pero creo que es bueno no hacer vida de escritor. Mucha gente con la que me cruzo a diario no sabe que publico libros y esa distancia para mí es buena. Si estás todo el día con autores acabas con una visión alterada de la realidad”, sostiene.

Los tres años que vivió en Madrid acabaron por convencer a Andrea Abreu (Tenerife, 26 años) de que esa ciudad no la acercaba a la actividad cultural y la llenaba de estrés, preocupada como estaba por poder pagar el alquiler, mientras trabajaba de empleada en una tienda de lencería: había renunciado a trabajar como periodista de becaria y trataba de terminar su primera novela. Acabó Panza de burro (Barrett), volvió a Tenerife y se ha convertido en uno de los grandes fenómenos editoriales recientes con 30.000 ejemplares vendidos.

Canarias, dice Abreu, es el lugar que más le gusta y el que a esta “niña del monte” le hace sentir “arraigada” y eso, admite, “va en contra de la Andrea de 19 años”. Porque ella creció pensando que era imposible alcanzar algo en el terreno de la cultura en Tenerife, “la periferia de la periferia, el noroeste de África”. Esa idea la empujó a irse fuera, a Madrid y a Italia. “Pensaba que quedarme en Canarias sería un fracaso vital”, explica. “Lo cierto es que creativamente las islas son muy ricas en literatura y sobre todo en música. Hay otras fuentes de inspiración, otras dinámicas y otros ámbitos de la cultura africana, latinoamericana y europea, pero aquí las industrias de cine y editoriales son prácticamente nulas. Si mi libro se hubiera publicado en Canarias no habría tenido este éxito, porque si se produce desde dentro parece que no tiene el mismo valor. Hay un complejo histórico desde la canariedad”.

Ana Iris Simón, en su casa de Aranjuez. INMA FLORES / EL PAIS

 

Abreu no tiene dudas de que se ha roto “con la idea de que el mundo empezaba y acababa en Madrid y Barcelona”. Hoy, dice, ya no está muy claro dónde está el centro. Y desde esa multiplicidad la escritora, incluida en la última lista de la revista Granta de escritores relevantes en español menores de 35, reivindica “la diversidad del uso del español, la creación desde espacios geográficos y lingüísticos diversos”. Fue precisamente la ausencia literaria de ese particular uso del idioma lo que Sabina Urraca, la editora del libro de Abreu, echaba en falta. “Era como si la gente no viera que su oralidad era importante, porque desde las capitales la literatura reflejaba un habla desde lugares neutros con voces neutras”, apunta Urraca al teléfono. A ella la idea de la literatura deslocalizada le hace pensar en “un tonel de vino abierto que anima a coger unos vasos y llenarlos”. Y concluye: “La periferia ha ganado encanto”.

Veterinaria a tiempo completo, María Sánchez (Córdoba, 32 años) dice que, con su libro Tierra de mujeres (Seix Barral) y los poemas recogidos en Cuaderno de campo (La Bella Varsovia), ha tratado de llevar “los márgenes al centro, porque siempre se escribía desde los mismos lugares”. Reivindica la voz de las autoras que hoy ponen en cuestión quién ha escrito hasta ahora, por ejemplo, sobre el medio rural. “Estamos repasando esas ausencias. Estamos sedientas de leer a más mujeres”, afirma al teléfono, sentada bajo un ciruelo, y añade que le gusta vivir alejada de la inmediatez de las grandes ciudades.

La autora de Feria (Círculo de Tiza), Ana Iris Simón, de vuelta en Aranjuez, el lugar donde creció, apunta que durante décadas había una buena oferta de productos culturales hechos por y para Madrid. Ella leía las novelas urbanas de Ray Loriga y ahora los adolescentes leen libros como Panza de burro, lo que la lleva a pensar que hoy “se apuesta por la identificación más que por lecturas aspiracionales; hay un cambio de sensibilidad social”. El giro arranca, según Simón, con Sergio del Molino: “Llega un boom que alcanza a la industria y a las editoriales, que van sacando muchos libros que llegan de las ciudades de la periferia y de las provincias”, explica. “Es una corriente y un debate sobre dónde elegimos y dónde podemos vivir, porque el regreso a veces se ha romantizado y no se trata solo de modernos plantando tomates, sino de jóvenes que se ven obligados a volver a su pueblo”.

La escritora Sara Mesa, retratada en Barcelona.MASSIMILIANO MINOCRI / EL PAÍS

 

En todo este proceso internet ha jugado un papel esencial facilitando lo que la agente Marina Penalva, de Casanovas Lynch —agencia literaria que representa a Ana Iris Simón, Abreu e Irene Vallejo— califica de “intercambio más horizontal que ya no necesita pasar por Madrid o Barcelona, y que también ocurre entre España y Latinoamérica”. El circuito, constata Penalva, ha cambiado, y hay más facilidad para acceder a los libros y a los agentes comerciales desde fuera de las dos grandes ciudades.

Otra prueba irrefutable de que las cosas están cambiando es que el camino literario que se forjan nuevos escritores latinoamericanos radicados en España comienza a desviarse de la ruta que marcaba Madrid y Barcelona como únicos destinos. La venezolana de 28 años Gabriela Consuegra llegó a A Coruña saturada de Caracas, dice, donde no podía “pensar a gusto”. Una hermana que ya estaba en Galicia y unas cartas que encontró de Julio Cortázar sobre la ciudad norteña acabaron por escorar su decisión.

“Aquí pasé el duelo y esta ciudad se acoplaba al ritmo que llevaba por dentro”, explica la autora de un sentido libro sobre la enfermedad y pérdida de su padre, Ha pasado un minuto y queda una vida (Temas de hoy). Pasó por Buenos Aires antes de asentarse definitivamente en Galicia de nuevo y fue ahí donde logró escribir y empezó a mover el manuscrito. “La literatura como tal, más allá del periodismo, la encuentro en A Coruña. Tardé poco en encontrar un hueco y la editora con la que he trabajado se puso muy contenta cuando supo que no estaba ni en Madrid ni en Barcelona”, cuenta. Consuegra habla de una apertura de miras y de una generación, la suya, que ella cree que está más dispuesta a hacer lo que quiere desde donde esté. “Con internet, ¿quién puede ubicar el centro?”, pregunta. Y menciona las redes locales y las librerías, y otros autores, como Manuel Rivas, que fueron transformando el panorama. “Hay un cambio en las ciudades de provincias”.

Irene Vallejo, radicada en Zaragoza, condujo muchos kilómetros por Aragón visitando clubes de lectura y bibliotecas rurales antes de reventar las listas de ventas con El infinito en un junco (Siruela). Recuerda perfectamente las tortillas y las croquetas con las que la agasajaban y cómo iba con el maletero lleno de libros y regresaba con cebollas y longaniza. “Estuve una década así y el salto al escaparate nacional me parecía muy difícil”, explica.

DVD 935 Cordoba 07/02/2019. María Sánchez Poetisa, y veterinaria. foto. Alejandro Ruesga

 

Vallejo (Zaragoza, 42 años) se refiere a la “mirada excéntrica” de las escritoras radicadas fuera de Madrid y Barcelona y cómo eso permite “estar en contacto con otras realidades y mantener los pies en el suelo”. Habla de las redes periféricas que con gran esfuerzo se han construido en la España democrática, de la expansión de la red de bibliotecas en zonas rurales —“en todo esto siento que hay una herencia de las misiones pedagógicas de la República”—, y de cómo la tecnología y las comunicaciones han facilitado las cosas. Desde Buñuel hasta Sender, la autora recuerda que la cultura aragonesa emigraba, pero hubo un giro en las últimas décadas “con círculos que se quedaban aquí y en eso Félix Romeo fue muy importante”.

Vallejo necesita la proximidad de su familia, tener una red de la que no puede prescindir. El cuidado de su padre y luego de su hijo la ataron. “Es una situación que muchas vivimos como mujeres y fue una decisión libre, pero considero que hay que hablar de ello, acabar con la ley del silencio”, asegura. “Los afectos, las personas, los cuidados: eso tiene que ser compatible”. Su éxito, dice, no es solo un logro individual: “Para que mi compleja situación personal no hundiese mi carrera ha habido un esfuerzo colectivo. Ser paciente y ser terca me han ayudado mucho”.¶

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Sexo entre neandertales y ‘sapiens’

Tomado de

 

La literatura se adelantó a la ciencia

El actor Ron Perlman y el director Jean-Jacques Annaud durante el rodaje de ‘En busca del fuego’ en 1980. En vídeo, tráiler de ‘En busca del fuego’. FOTO: ERNST HAAS (GETTY IMAGES) / VÍDEO: FOX

 

Guillermo Altares

29 jul 2021

 

El director Jean-Jacques Annaud es un obseso de la precisión histórica en sus películas. Durante el rodaje de El nombre de la rosa, la adaptación de la novela de Umberto Eco, tuvo unos cuantos días a los principales medievalistas europeos, entre ellos a Jacques le Gof y Michel Pastoureau, investigando si los monjes comían o no con la capucha puesta. Era un detalle pequeño, pero caro: si se descubrían la cabeza para comer, había que hacerles las tonsuras a los extras y cobrarían mucho más. También hizo que se pintasen de negro los cerdos que aparecen en segundo plano en el patio de la abadía cuando Pastoureau le explicó que en la Edad Media los cochinos no eran rosas, sino negros o con manchas.

Para la adaptación de En busca del fuego, la gran novela prehistórica del belga J.-H. Rosny Aîné, seudónimo de Joseph Henri Honoré Boex, publicada por primera vez en 1911, no reparó en gastos: contrató al etólogo Desmond Morris, entonces una autoridad mundial como autor de El mono desnudo, para que imaginase los movimientos y lenguaje corporal de los hombres prehistóricos y al novelista y erudito Anthony Burgess (el autor de La naranja mecánica o Poderes terrenales) para inventarse las lenguas que hablan (más bien gruñen) las diferentes especies humanas que aparecen en la serie. La leyenda de Hollywood dice que cuando a William Faulkner le encargaron el guion de Tierra de faraones, lo primero que hizo fue llamar a Howard Hawks para preguntarle “cómo diablos hablaban los faraones”. Annaud metió en nómina a Morris y Burgess para tratar de responder a esa pregunta aplicada a la prehistoria. Sin embargo, no fue suficiente.

Aunque reconocieron que recreaba la prehistoria con solvencia y credibilidad (es imposible saber cómo fue, pero por lo menos podría haber sido como la reconstruyó Annaud), la mayoría de los especialistas criticaron el rigor científico del filme por un detalle crucial: dos especies humanas diferentes, una más primitiva y otra más avanzada, se supone que un neandertal y un sapiens, mantenían relaciones sexuales. Cuando se estrenó la película, en 1981, un encuentro de ese tipo parecía imposible. Sin embargo, el pasado remoto cambia constantemente y con él la percepción que la humanidad tiene de sí misma. Lo que a finales del siglo XX parecía un disparate, a principios del siglo XXI se convirtió en una realidad.

 

Fotograma de la película ‘En busca del fuego’ (1981), que muestra a una ‘sapiens’ y un neandertal.

 

Un equipo del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig (Alemania), dirigido por el biólogo sueco Svante Pääbo, logró secuenciar el ADN neandertal en 2011 y ofreció un descubrimiento que transformó la prehistoria: se produjeron hibridaciones entre neandertales y sapiens hace 70.000 años y el resultado de esos encuentros sexuales es que los humanos no africanos tenemos entre un 2% y un 4%. Desde entonces, la cosa no ha parado de complicarse y la convivencia de diferentes especies humanas que describía En busca del fuego se ha confirmado.

Esta novela fue escrita cuando la prehistoria era una ciencia emergente que provocaba una mezcla de fascinación, rechazo y desconfianza: la idea de que los hombres blancos eran descendientes de una especie nacida en África no siempre cuadraba con el colonialismo y el racismo institucional que impregnaba la vida de las sociedades occidentales, que apenas hacía dos generaciones que habían abandonado la esclavitud. Si hay una ciencia que muestra sin la más mínima duda –qué tristeza que sea necesario demostrarlo– que todos los humanos somos iguales esa es sin duda el estudio del pasado remoto. El descubrimiento del equipo de Pääbo confirmaba que todas las sociedades humanas, desde hace miles de años, habían sido multiculturales, incluso multiespecies. Desde este mismo mes de julio, sabemos que hubo un momento en el que por lo menos ocho especies humanas cohabitaban en la tierra y que la soledad de los Homo sapiens, desde hace unos 40.000 años, es la excepción.

Si ha habido un tema que ha interesado a la literatura prehistórica, es precisamente ese, el del encuentro de diferentes especies que comparten el mismo espacio, sobre todo entre neandertales y humanos. El premio Nobel de Literatura británico William Golding, autor de El señor de las moscas, publicó en 1955, en plena Guerra Fría, la novela Los herederos (Minotauro) en la que relataba cómo un clan neandertal se enfrentaba al cercano final de su especie. En uno de los momentos más emocionantes de un libro extraño y evocador, un anciano de la tribu le confiesa a uno de los jóvenes: “Hay otra gente en el mundo”. La tribu neandertal se da cuenta de que todo ha cambiado cuando regresan en su nomadismo a los pastos ancestrales de su clan porque otras personas rondan aquel territorio. Los Homo sapiens son descritos como seres crueles, que destruyen el mundo a su paso, una de las marcas de la obra de Golding.

Panel con pinturas rupestres de la cueva de Lascaux, en Francia.Heritage Images / Heritage Images/Getty Images

 

La danza del tigre (Plot), del paleontólogo sueco Björn Kurtén, es a menudo citada por expertos en la prehistoria como la mejor novela sobre el pasado remoto de la humanidad. “La danza del tigre se desarrolla en el momento de la desaparición de los neandertales”, escribe Juan Luis Arsuaga en el prólogo de la edición española. “En todos y cada uno de los lugares donde ocurrió, alguien pensó: ‘Soy el último de mi raza. Es tiempo de morir”, agrega el codirector de Atapuerca y autor junto a Juan José Millás de uno de los éxitos prehistóricos del año, La vida contada por un sapiens a un neandertal (Alfaguara).

La saga de El clan del oso cavernario (EmBolsillo), de Jean M. Auel, el best-seller sobre la prehistoria por antonomasia, arranca con la historia de una niña sapiens que se queda huérfana y es adoptada por un clan neandertal. Y El último neandertal (Maeva), de Claire Cameron, relata la conexión entre una neandertal y la científica que investiga el yacimiento en el que reposa 40.000 años después, como si la relación entre las especies superase el tiempo y el espacio.

En casi todos estos libros, la prehistoria es utilizada como marco para novelas de aventuras clásicas, aunque también como una reflexión sobre el poder destructor de los humanos a lo largo de los tiempos y sus implicaciones sobre el presente. Pero, por encima de todo, estos libros contienen muchas lecciones de humildad, la más importante de ellas es que estar solos es una excepción: si los primeros Homo sapiens surgieron hace unos 200.000 años (aunque otros científicos hablan de 300.000) por lo menos hasta hace 40.000 años compartimos el planeta con otras especies humanas. Por qué ellos desaparecieron y nosotros seguimos aquí se mantiene como un misterio que nos interroga sobre nuestra fragilidad mucho más ahora que sabemos que somos los últimos, que ya no hay otra gente en el mundo.¶

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