El blog de Las Hormigas

¡Saludos formíceos! Desde Caracas, Venezuela, le damos la más cordial de las bienvenidas a este registro de actividades del club de lectura Las Hormigas.

A la ciudad y el mundo

Con fecha de hoy y en medio de la crisis sanitaria mundial, el papa Francisco I condujo una ceremonia que culminó con una bendición eucaristica Urbi et Orbi, que conlleva indulgencia plenaria para todos los fieles. He aquí el registro audiovisual de tan especial ceremonia, que puede verse a pantalla completa.

 

………

ORACIÓN DEL DÍA 27 DE MARZO CON EL PAPA FRANCISCO

El Santo Padre:

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

R: Amén

Oremos: Dios omnipotente y misericordioso protege nuestra dolorosa condición conforta a tus hijos y abre nuestro corazón a la esperanza para que sintamos en medio de nosotros tu presencia de Padre.

Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

R: Amén

*Evangelio:

35 Aquel día, al atardecer, les dice Jesús: «Vamos a la otra orilla». 36 Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. 37 Se levantó una fuerte tempestad y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. 38 Él estaba en la popa, dormido sobre un cabezal. Lo despertaron, diciéndole: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?». 39 Se puso en pie, increpó al viento y dijo al mar: «¡Silencio, enmudece!». El viento cesó y vino una gran calma. 40 Él les dijo: «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». 41 Se llenaron de miedo y se decían unos a otros: «¿Pero quién es este? ¡Hasta el viento y el mar lo obedecen!».

*Meditación del Santo Padre

*Oración ante la Imagen de la Salus Populi Romani:

Bajo tu protección nos acogemos, Santa Madre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos siempre de todo peligro, ¡oh Virgen gloriosa y bendita!, Amén

*Antífona a la Cruz delante del Crucifijo de San Marcello: Se trata del mismo Cristo que en 1522 fue llevado en procesión por los barrios de Roma para terminar con la “Gran Plaga” en la ciudad y ante el que el Santo Padre rezó el pasado 15 de marzo de 2020, después de dirigir también una oración a la Virgen Salus Populi Romani, cuyo ícono se guarda y se venera en la Basílica de Santa María la Mayor.

Te adoramos Oh Cristo y te Bendecimos porque con tu santa Cruz redimiste al mundo.

*Exposición del Santísimo Sacramento

*Adoración y Canto del Adoro te Devote: Te adoro con devoción, Dios escondido, oculto verdaderamente bajo estas apariencias. A Ti se somete mi corazón por completo, y se rinde totalmente al contemplarte.

Al juzgar de Ti, se equivocan la vista, el tacto, el gusto; pero basta el oído para creer con firmeza; creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios: nada es más verdadero que esta Palabra de verdad.

En la Cruz se escondía sólo la Divinidad, pero aquí se esconde también la Humanidad; sin embargo, creo y confieso ambas cosas, y pido lo que pidió aquel ladrón arrepentido.

No veo las llagas como las vio Tomás pero confieso que eres mi Dios: haz que yo crea más y más en Ti, que en Ti espere y que te ame.

¡Memorial de la muerte del Señor! Pan vivo que das vida al hombre: concede a mi alma que de Ti viva y que siempre saboree tu dulzura.

Señor Jesús, Pelícano bueno, límpiame a mí, inmundo, con tu Sangre, de la que una sola gota puede liberar de todos los crímenes al mundo entero.

Jesús, a quien ahora veo oculto, te ruego, que se cumpla lo que tanto ansío: que al mirar tu rostro cara a cara, sea yo feliz viendo tu gloria.

Amén.

*SÚPLICA LITÁNICA

Te adoramos, oh Señor

Verdadero Dios y verdadero hombre, realmente presente en este Santo Sacramento

-Te adoramos, oh Señor, 
Nuestro Salvador, Dios con Nosotros, fiel y rico en Misericordia. Te adoramos, oh Señor, Rey y Señor de la Creación y de la Historia
. Te adoramos, oh Señor, Vencedor del Pecado y de la muerte
. Te adoramos, oh Señor, 
Amigo del hombre, Resucitado y vivo a la derecha del Padre. Te adoramos, oh Señor.

Creemos en Ti, oh Señor

Hijo Unigénito del Padre, descendido del Cielo para nuestra salvación. Creemos en Ti, oh Señor, 
Médico Celeste, que te inclinas sobre nuestra miseria
. Creemos en Ti, oh Señor.

Cordero Inmolado, que te ofreces para rescatarnos del mal. Creemos en Ti, oh Señor
, Buen Pastor que das la vida por el rebaño que amas. Creemos en Ti, oh Señor, Pan Vivo y Medicina de la Inmortalidad, que nos das la Vida Eterna. Creemos en Ti, oh Señor
.

Libéranos, oh Señor
, del poder de Satanás y de la seducción del mundo. Libéranos, oh Señor, 
del orgullo y de la presunción de poder prescindir de Ti. Libéranos, oh Señor
, de los engaños del miedo y de la angustia
. Libéranos, oh Señor,
 de la incredulidad y de la desesperación
. Libéranos, oh Señor
, de la dureza del corazón y de la incapacidad de amar
. Libéranos, oh Señor
. Sálvanos, oh Señor
, de todos los males que afligen a la humanidad. Sálvanos, oh Señor
, del hambre, de la carestía y del egoísmo
. Sálvanos, oh Señor, de la enfermedad, de la epidemia y del miedo al hermano
. Sálvanos, oh Señor, 
de locura devastadora, de intereses despiadados y de la violencia. Sálvanos, oh Señor. 
del engaño, de la mala información y de la manipulación de las conciencias. Sálvanos, oh Señor.

Consuélanos, oh Señor
. Mira a tu Iglesia, que atraviesa el desierto
. Consuélanos, oh Señor
. Mira a la humanidad, aterrorizada por el miedo y la angustia.
 Consuélanos, oh Señor
. Mira a los enfermos y moribundos, oprimidos por la soledad.
 Consuélanos, oh Señor
. Mira a los médicos y a los operarios sanitarios, afectados por la fatiga
. Consuélanos, oh Señor
. Mira a los políticos y administradores, que tienen el peso de las decisiones. Consuélanos, oh Señor.

Danos tu Espíritu, Señor
, en la hora de la prueba y la pérdida.
 Danos tu Espíritu, Señor, en la tentación y en la fragilidad
. Danos tu Espíritu, Señor
, en el combate contra el mal y el pecado
. Danos tu Espíritu, Señor, en la búsqueda del verdadero bien y la verdadera alegría
. Danos tu Espíritu, Señor, 
e.n la decisión de permanecer en ti y en tu amistad Danos tu Espíritu, Señor.

Ábrenos a la Esperanza

Si el pecado nos oprime
, ábrenos a la Esperanza. 
Si el odio cierra nuestros corazones, ábrenos a la Esperanza
. Si el dolor nos visita
, ábrenos a la Esperanza
. Si la indiferencia nos angustia, ábrenos a la Esperanza
. Si la muerte nos aniquila
, ábrenos a la Esperanza.

*El Santo Padre: 
Oremos:

Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de Tu pasión. Te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de Tu Cuerpo y de Tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de Tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

El Cardenal Angelo Comastri, Arcipreste de la Basílica de San Pedro, anuncia la Bendición Urbi et Orbi (a la ciudad y al mundo), con la aneja indulgencia plenaria mediante la siguiente monición:

El Santo Padre Francisco, a todos los que reciben la bendición eucarística también por radio, televisión y otras tecnologías de comunicación, otorga la indulgencia plenaria en la forma establecida por la Iglesia.

*El Santo Padre da la bendición con el Santísimo Sacramento

*Letanías del Santísimo Sacramento

Bendito sea Dios.
 Bendito sea su Santo Nombre. Bendito sea Jesucristo verdadero Dios y verdadero Hombre. Bendito sea el Nombre de Jesús. Bendito sea su Sacratísimo Corazón.
 Bendito sea su Preciosísima Sangre. 
Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar.
 Bendito sea el Espíritu Santo Consolador.
 Bendita sea la Incomparable Madre de Dios la Santísima Virgen María. Bendita sea su Santa e Inmaculada Concepción. 
Bendita sea su gloriosa Asunción.
 Bendito sea el Nombre de María Virgen y Madre. 
Bendito sea San José su casto esposo.
 Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos.¶

______________________

 

Hay profetas que escriben libros

Por razones obvias, se reproduce acá un reportaje aparecido en la sección de Cultura de El Mundo de España.

La portada de una profecía

………

 

Locura en internet por la novela que predijo que el virus Wuhan-400 provocaría una pandemia en 2020

 

  • VANESSA GRAELL

Barcelona

Actualizado Martes, 17 marzo 2020 – 02:11

 

A principios de los años 80, el escritor estadounidense Dean R. Kootz imaginó una pandemia global a causa de un virus que llamó Wuhan-400. Un virus desarrollado en unos laboratorios de China. Y situó la historia “alrededor del año 2020”. Su novela de ciencia ficción Los ojos de la oscuridad (The eyes of darkness) pasó bastante desapercibida cuando se publicó en 1981. Hasta que hace unos días todas esas coincidencias con el coronavirus la han puesto de moda en las redes.

El libro, que está totalmente descatalogado, se ha convertido en objeto de deseo y sus precios online se han disparado. Viejas ediciones de bolsillo que, antes del coronavirus, apenas valían unos dólares cuestan ahora más de 150 dólares en Amazon.

Los precios no paran de subir y librerías de segunda mano de Estados Unidos principalmente empiezan a lanzar sus ejemplares a 630 euros (en Irish Booksellers, en Portland, Maine) y 725 euros (en Ergodebooks, en Ridchmond, Texas). Una primera edición firmada llega a los 1.150 euros en Books for Collectors. Y una rara edición deluxe en caja de madera que se publicó en 1989 alcanza los 2.289 euros en Reino Unido. Aunque también se puede comprar un CD versión audiolibro por unos 10 o 20 euros.

En castellano, Los ojos de la oscuridad en una edición de Plaza & Janés de 1994 cuesta unos 120 euros, mientras que los otros libros del autor, como Los servidores del crepúsculo se venden a 1,28 euros.

¿Pero qué cuenta Koontz en la novela? Habla de que una “severa enfermedad parecida a una neumonía” se extendería por todo el mundo y resistiría todos los tratamientos conocidos. De golpe, “tan rápido como surgió se desvaneció”. Al cabo de diez años volvió a atacar para luego desaparecer para siempre.

“Llamaron a la cosa Wuhan-400 porque se desarrolló en sus laboratorios de investigación sobre ADN a las afueras de la ciudad de Wuhan”

Uno de los párrafos proféticos es cuando habla de que el científico chino Li Chen trajo a Estados Unidos un diskette (eran los 80…) con la información de la “más importante y peligrosa nueva arma biológica en una década”: “Llamaron a la cosa Wuhan-400 porque se desarrolló en sus laboratorios de investigación sobre ADN a las afueras de la ciudad de Wuhan”. Su virus es una “arma biológica perfecta” pero con muchas diferencias con el Covid-19: sólo sobrevive un minuto fuera del cuerpo, sólo afecta a humanos y resulta mucho más letal…

 

KOONTZ, UN CALIFORNIANO AMANTE DE LOS PERROS

¿Previsto por Padura?

Aunque en España Koontz apenas es conocido y no se han traducido todos sus libros, en Estados Unidos tiene su legión de fans dentro del género del terror y la ciencia ficción. Una de sus obras más conocidas, Fantasmas, tuvo adaptación cinematográfica en 1998 a cargo de Joe Chapelle y Peter O’Toole y un joven Ben Affleck en el reparto. En ella también se especulaba con una epidemia “biológica o química”.

Más allá de lo literario, Koontz se ha significado como acérrimo animalista y defensor de los perros. Vive en el sur de California con su esposa y su golden retriever Elsa (por cierto, en uno de sus libros aparece un golden con poderes telepáticos). No se ha pronunciado sobre sus profecías y el fenómeno de Los ojos de la oscuridad.

Nació en Pennsilvania y tuvo una infancia difícil. En más de una entrevista ha explicado que su padre bebía y, siendo aún un niño, sufrió malos tratos. De ahí que se refugiara en la literatura. Sólo un año después de graduarse en la Universidad de Shippensburg publicó su primera novela, Star Quest (1968). Y ya se dedicó de lleno a la escritura.¶

______________________

 

Ir y venir

Es Victoria de Stefano una importante pluma venezolana, autora de novelas, alma universitaria e intelectual amiga de intelectuales y gente de cultura. Tomamos prestada de prodavinci.com la entrevista que le hiciera Hugo Prieto a raíz de su último trabajo: Vamos, venimos. (Seix Barral).

 

La autora en su casa. (Foto de Ernesto Costante).

Victoria de Stefano: “En una novela tiene que haber verdad y belleza”

 

POR Hugo Prieto

 

Una generación a la que le tocó vivir —en el crepúsculo de la vida— los restos del naufragio. A esa generación pertenece la escritora Victoria de Stefano, quien acaba de publicar su novela más reciente. Vamos, venimos. La conjugación de estos verbos no sólo sugiere un movimiento pendular, sino un vaivén elusivo, como las olas del mar.

Esa es la atmósfera que ha construido Victoria de Stefano a lo largo de 300 páginas, que le llevó cuatro años de trabajo diario. Una línea, encabezada por un personaje, lleva a otra línea en la que aparece otro personaje que, a su vez, toma el testigo para contar su historia de vida. Cada uno de ellos lo hace de tal forma, que el lenguaje viene a ser otro de los personajes de la novela.

Vamos, venimos (editorial Seix Barral) se publicó en Colombia. A Caracas ha llegado a solicitud de lectores que aprovechan el viaje de un amigo a Bogotá para hacerse de ella como si fuese el remedio contra una grave enfermedad. “Voy a llamar a Victoria, quiero leer su novela”, me dijo Ana Teresa Torres el día que la entrevisté. “Ana Teresa, no va a ser posible, la novela la tengo yo y aún no la he terminado”, le dije y comprobé que en su mirada había una mezcla de decepción y algo así como apúrate. 

Victoria está a punto de cumplir 80 años. Esta sola mención a su edad sugiere que su compromiso con la literatura sigue en pie. Leer y escribir… leer y escribir… leer y escribir como razón de vida. La autora está consciente del significado del tiempo. Por eso dice, con una serenidad que tranquiliza, que en el libro hay algo de testamentario. Pero con cada día que pasa, las páginas de otra narración, inédita, se compaginan en un archivo de su computadora. Sin importar lo que depare el destino, habrá un manuscrito en espera de un editor. Eso es seguro.

Vamos, venimos no es una novela representativa de la tragedia que vivimos los venezolanos. Pero el país y su declive imparable está en el trasfondo de sus páginas. A este sustrato que emerge con una pulsión constante, casi invisible, se refirió el poeta Arturo Gutiérrez Plaza con estas palabras: marea roja.  Valga decir, 21 años de humillaciones, imposiciones, persecuciones penales y políticas, violaciones y una sucesión interminable de muertes, en fin, a la quiebra de Venezuela…

¿Qué significa para Victoria de Stefano escribir? 

Para mí cada novela es un reto, un desafío. Mi primera novela es El desolvido. Luego viene La noche llama a la noche y, entre ésta y la siguiente, transcurrió mucho tiempo, porque yo estudié mi carrera con hijos. Una vida muy dura, Pedro (Duno, su esposo) andaba en lo que andaba (la insurgencia de izquierda de los años 60), estuvo preso muchas veces. En los sótanos del Sifa, en la cárcel de Ciudad Bolívar, en un calabozo de la alcaldía de Carúpano y yo iba en mí carro a cada uno de esos lugares, pero aún así nunca dejé de leer ni de escribir. Después de que terminé La noche llama a la noche, en la que yo siento que hay muchas de las cosas que yo necesitaba escribir y también decir, exploro otros formatos. Después de eso escribo El lugar del escritor y luego Pedir Demasiado.

¿Llegó al punto donde no hay vuelta atrás? ¿Digamos, donde no se puede atender a dos señores y la literatura se convirtió en su devenir, en su propia existencia?

Escribo Lluvia, pero también escribo ensayos, por ejemplo, Poesía y Modernidad (Sobre Baudelaire). En mis novelas hay elementos de la Filosofía, la carrera que yo estudié, en esos pasajes reflexivos, de análisis, de cierto distanciamiento, con respecto a un yo. La narración se diluye en muchos personajes. Esa tendencia al pensamiento también está en mis ensayos. Después viene Historias de la marcha a pie, que para algunos es mi novela más importante, porque obtuvo un cierto reconocimiento, a raíz de haber participado en el Rómulo Gallegos. Yo nunca he enviado un libro a concurso, lo ha hecho la editorial. En el caso del ensayo sobre Baudelaire, publicado por la Universidad Central de Venezuela, me llamó Manuel Caballero, que estaba relacionado con las publicaciones. Lo vamos a enviar, Victoria. Y lo mismo ocurrió con otras de mis novelas.

¿Ni siquiera sólo para ver qué ocurre?

Mi caso pudiera ser diferente, en la medida que yo escribo como si nadie la fuera a leer, como si nadie la fuera a publicar. Yo creo que siempre he escrito novelas con mucha libertad, digamos, con respecto a lo que quiero hacer, a lo que yo quiero decir, a lo que yo pienso que deben ser las novelas. Pero hay ciertas circunstancias, la marea roja, que impiden publicar en el país, pero yo me lancé con esta novela. Puede ser un testamento, no lo sé, porque estoy escribiendo otra. Yo no tengo 20 años, me puedo morir mañana, y quizás no la termine, pero allí está. No quiero ponerme pedante, pero hay escritores que han dejado novelas inconclusas y, pasados los años, se las publican. Claro, escritores grandes, yo no soy grande, yo soy solo alta.

Para el aparato de propaganda del señor Maduro también existe una marea roja de falso entusiasmo. Alerto para que no nos tomen por ingenuos.

Esa expresión se la oí a mi amigo Arturo Gutiérrez Plaza: marea roja. Y luego la mencioné en una conversación telefónica con mi hijo Rodrigo, que es un hombre de ciencia. ¿Mamá, tú has visto alguna vez una marea roja? No, nunca, hijo. Ni la veas, porque es una cosa terrible, acaba con todo.

Encuentro esta novela un poco distante, algo desprendida, del resto de su obra. Quizás hay algo de el estilo tardío, esa expresión de Adorno que Edward Said citó, a manera de título, para escribir un ensayo sobre los artistas, entre otros los narradores, que precisamente alcanzan el punto culminante y distintivo de su obra, precisamente, en la vejez.  

Hay un escritor francés, Claude Simon, que, según entiendo, es el menos leído entre los escritores de franceses que han ganado el Nobel. Para mí es grande, un grande, un verdadero grande. Él es cercano al nouveau roman. Su última novela, Jardín Botánico, la escribió a una edad avanzada, creo que tenía más de 70 años. Muere muy mayor, pero tenía una gran prestancia física. Jardín Botánico es una novela totalmente vanguardista. Pero no desde un yo sino desde el panorama de su vida. El estuvo en España cuando la Guerra Civil. Dicen que perteneció a la resistencia. No hombre, yo lo que tuve en mi apartamento fue una imprenta. No me jugué la vida en eso.

Hablemos entonces de la subjetividad presente en Vamos, venimos del yo literario, cuyo interés único son sus reflexiones. Su exploración interna. ¿Y lo demás es sólo adorno del paisaje?

Claro, es una obra de vejez, la empiezo a escribir, a los 73 ó 74 años, no lo sabría decir porque con los años, las cronologías se me van. La termino en 2018. Son muchos años de trabajo, puede que en medio haya algún viaje, uno que hice a España, y en dos ocasiones a México, hubo algunas interrupciones. Pero creo que fue generando cuatro o cinco años de trabajo diario. Por eso, en estos últimos tiempos, en que la vida se ha vuelto tan complicada, si un día no me siento a escribir en la mesa de la computadora, siento que he perdido mi vida. En la vejez uno se vuelve más abstracto. En algunos casos, todo lo que se ha escrito, tanto por los críticos literarios como por los propios escritores, sobre el tema de la vejez gira en torno de aquellos que sin estar vivos están cerca de la muerte. Eso da otra madurez. Acuérdate que Proust muere sumamente joven. Tiene alrededor de 56 años, pero en la novela La muerte de las catedrales, él la ve, él la oye caminar, él la presiente. Pero además de mi vejez, de la vejez del escritor, está el país cuesta abajo en su rodada. Está la soledad… yo vivía con mis nietos, y los amigos de mis nietos venían a mi casa. Mis amistades, no es que he dejado de tener amigas, pero la gente ya no tiene carro o ya no maneja, también tiene enfermedades, tiene soledades. Esta soledad la estamos viviendo todos, ¿Sí o no?

La novela, sin embargo, no habla propiamente de lo que sucede en el país. Pero sí de ciertas vidas que se van agotando. 

Pero es el país. Es el cansancio, el agotamiento, que todos sentimos. El hijo que vuelve con la madre, por ejemplo, es alguien que de alguna manera terminó con su vida. Pero la madre todavía tiene cierta energía, acuérdate que la mujer siempre tiene más energía. Para la madre ese viaje a Europa es muy importante. Su amiga, que es también su acompañante, ha vivido más experiencias, digamos, que ha llevado una vida menos doméstica.

Podría decir que los personajes no pueden superar las circunstancias de sus vidas, el peso de la marea roja. Quizás la madre tiene la posibilidad de darse una escapada. Pero finalmente regresa junto al hijo. 

Tiene como más resistencia, esa resistencia que a veces pueden tener las mujeres.

Sí, porque el hijo se esfuma, desaparece.

En ese cansancio, en ese desaliento, ya no tiene ni fuerzas para dar batallas. ¿Dices que es una novela más libre? No lo sé. Lo más difícil de escribir es la primera novela. Cuando ya tú escribiste la primera novela, te quedan unos cabos sueltos. Unas líneas que te permiten pasar a la segunda. Y así sucesivamente, yo siento que había algo en Paliografías, el personaje masculino, que apunta a esta novela. Algunos cabos, algunas líneas de reflexión, de emocionalidad, de vida, de dolor, de sufrimiento, que estaban allí y pasan a esta novela. Incluso, en ciertos saltos que yo doy, no podría decir si al lector común le puedan gustar, pero ya un alguien, que no es un gran lector, me dijo que la novela lo arrastra.

También aquí, como en otras de tus obras, hay varios personajes, varios narradores.

En algún momento yo digo dentro de mí, pero también lo escribo en alguna parte, que en mis novelas hay historias de primera, de segunda, de tercera y cuarta mano. Es decir, este narra algo sobre alguien que a su vez narra algo. Lo dijo mi amigo Arturo (Gutiérrez Plaza), es una novela fractal*. Hay una línea, esa línea te lleva a otra línea, y de ahí a otra línea. Y así sucesivamente.

El personaje masculino regresa a la casa de su madre, pero el país sigue siendo el mismo. 

Sí, regresa a un país semivacío, depauperado, a un país que no tiene mucho que ofrecer y que vivió otros tiempos. Y viene porque no tiene otra salida. Él vive en un barrio del centro de la ciudad y su madre le dice: Ven a vivir conmigo, que aquí vas a estar mejor y cuando llega a la casa de su madre, que es mejor que el lugar donde él vivía, pues viene a vivir la decadencia de ese lugar, viene a reconstruir el vecindario. Se interesa por los viejos y los nuevos vecinos que él conoció, indaga sobre sus vidas. De alguna manera tiene una visión antropológica de su entorno.

En las líneas que van de una a otra, como historias sucesivas, uno ve las secuencias de estos personajes, cuyas vidas no son muy distintas a las de Juan, los arrastra la decadencia y el cansancio.

Bueno, por eso es que la visión es antropológica, ¿No? Es esta soledad que nosotros vivimos. Imagínate la soledad de los chavistas. Gente que en un momento pudo decir algo que al menos pudo ser llamativo. ¿Qué pensarán ahora? ¿Cómo estarán? Y en algún momento puedes pensar que es arqueología, pero a mí no me gusta tanto, me gusta más la visión antropológica.

Y esa visión antropológica, ¿es la representación de lo que estamos viviendo? 

Son pequeños detalles, pero que en el conjunto me llevaron a pensar… Nadie va a leer esta novela mía, a nadie le va a gustar, porque es una novela terrible. Lo único es lo que una vez me dijo Sergio Pitol. Tú lo tomas o lo dejas. En ese viaje que hice a México, Pitol me invitó a una de sus clases de la Universidad de Jalapa para que leyera y hablara sobre Historias de la marcha a pie. ¿De verdad quieres hacer eso? En esa novela no es tan fácil encontrar algo que te dé una visión de conjunto. Lee la parte de la muerte. Allí hay tres muertes (marcadas por la devastación que produce la agonía) ¿Pero cómo voy a leer una cosa tan terrible? Victoria, tú escribes de una manera jubilosa y eso hace que no sea tan terrible. Mientras leía me di cuenta de que Pitol no estaba equivocado. ¿Por qué uno puede leer novelas tan terribles, como las que escribió Dostoievski, y no aflojarlas? ¿Por qué uno puede leer las novelas de Tolstoi, el suicidio de Ana Karenina y seguir de largo? Alguien le dijo a Tolstoi que se le iban las comas, pero él estaba escribiendo otra cosa, él estaba escribiendo desde el delirio de ella. Cuando se trata de matar al personaje, yo no me paro en comas. Es decir, en la literatura tiene que haber verdad, es muy difícil, pero tiene que haber verdad, tiene que haber belleza y eso no es sino dos cosas: o el lenguaje o la forma en cómo tu vas desarrollando una historia. Quizás por eso, Marina Gasparini dice que el personaje principal de Vamos, venimos es el lenguaje.

Si bien otras novelas son la representación de la marea roja, ¿Qué podríamos decir de su novela? ¿Es la representación del submundo, del país sumergido que alguna vez fue? 

Diría que tiene como telón de fondo la marea roja. De los escombros. De los restos del naufragio. Dos años después de 1998 caí en una depresión que si no es por la señora Dilcia que trabajaba en mi casa yo no hubiera logrado levantarme de la cama. Me pegó la situación por la que atravesaba mi hijo Rodrigo, a raíz de la crisis que vivía el Jardín Botánico de la UCV. Finalmente, él se fue a España a terminar su tesis de doctorado. Yo logro salir de esa depresión y al poco tiempo mi hijo Martín se enferma. Ese fue un golpe que lo sentí como una injusticia de la vida. Viví una situación muy penosa desde el punto de vista personal, agravadas, además, por la situación, también crítica del país. No es sólo que yo haya tenido esa experiencia. Cosas horribles le han pasado a la gente. Gente que se ha muerto de depresión, de tristeza, ha habido suicidios. No he conocido muchos, pero sí los ha habido. Yo he llegado a una edad en que la gente empieza a morirse. Yo sentí la muerte de Juan Sánchez Peláez. Pero era una vida cumplida. Además él fue feliz, tuvo una mujer (Malena) maravillosa. Eugenio (Montejo) murió de 69 años, su muerte nos afectó muchísimo. Él estaba en el esplendor de sus dones cuando muere. Eugenio estaba teniendo un reconocimiento internacional en México, en España, en toda América Latina. Después se muere mi amigo Miguel Arroyo. Está muriendo toda una generación marcada por un signo de tristeza.

Porque somos los restos de la marea roja.

Exactamente. La muerte de mi generación tiene un signo de tristeza dado por las circunstancias.

Leticia, la madre, es un gran desarrollo de la maternidad, pero también de los momentos en que ella se puede ver desprendida de su propia condición de madre, en momentos de silencio y soledad. 

Ella no quiere juzgar al hijo, ella no quiere interferir, ni el hijo quiere interferir en ella. Ambos tratan de comportarse como personas altamente civilizadas. Ellos tratan de llevarse lo mejor posible. A mí me gusta cuando ellos se despiden en el aeropuerto. La amiga ha vivido más, tiene más experiencia. Es más incisiva. Habla de los maridos mediocres que tuvo.

Leticia no es propiamente una anciana, pero es una mujer mayor, que hace realidad un sueño, en ese viaje de búsqueda y de descubrimientos. 

¿Es ella o la amiga la que dice que Guzmán Blanco está enterrado en el cementerio de Passy? (cuyos restos serían luego trasladados a Venezuela para ser enterrado en el Panteón Nacional). Son mujeres sensibles, de cierta condición social. Informadas, curiosas, interesadas en la vida todavía. Tienen una mentalidad, que he visto en mujeres aún en circunstancias muy difíciles.

Hay una contraposición. El hijo que viene del fracaso y la madre que va a ese viaje y quiere vivir lo que le resta con cierto entusiasmo y vitalidad.  

Exacto. Hay partes en la que ella recuerda a los Beatles, a mí esa parte me gustó, yo estando en Suiza escuché una canción que era Yesterday y después Michelle de los Beatles y dije ¿Qué es esta belleza? Soy absolutamente sorda para la música y sobre todo para ese tipo de música, pero me parecieron bellísimas.

***

* Fractal, viene del vocablo latino fractus (quebrado), en este caso aplicado a una novela que se va constituyendo a partir del desprendimiento de mucha ramas, de una rama se desprende otra rama y así sucesivamente, se va construyendo el entramado de la novela. Así podría avanzar al infinito… figuras fractales hay en la naturaleza el árbol por ejemplo presenta características de fractales espaciales y temporales.

______________________

 

Confirmado: las mujeres saben leer (y escribir)

 

Susan Sontag, Sylvia Beach, Marilyn Monroe, Jane Austen, Virginia Woolf; lectoras y escritoras

 

Las Hormigas no estamos solas. Como sabemos, hay hormigueros en todo el mundo.

El hábito de leer – 22 de febrero de 2020

_________________________________

 

Mujeres que leen

 

El 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer. En QuéLeer hemos querido investigar el tema de las mujeres lectoras, por qué se dice que leen más que los hombres y también la creencia  de que las mujeres que leen son peligrosas. ¿Será cierto?

La mujer se levanta sobre los estereotipos y convenciones, conquistando su libertad a través del placer de la lectura. Se dice que  la combinación Mujer y lectura es explosiva.

Las mujeres son curiosas por naturaleza y eso lo trasladan a los libros.

Según la periodista y escritora francesa Laure Adler, autora de un Manifiesto Feminista: “Los libros no son para las mujeres un objeto como otro cualquiera. Desde los albores del cristianismo hasta hoy circula entre ellos y nosotras una corriente cálida, una afinidad secreta, una relación extraña y singular, entretejida de prohibiciones, de aprobaciones, de reincorporaciones”.

Para la italiana Francesca Sarra “las mujeres son las que más leen pero, también, las mayores víctimas de un mercado editorial machista”.

Se ha establecido que la mayor afición de las mujeres por la lectura de libros es una respuesta a las restricciones y prohibiciones que sufrieron durante siglos. El acceso a la lectura, que es la principal puerta de ingreso al mundo de la cultura, supuso un gran avance para la mujer.

 

Lectoras en la historia

El autor alemán Stefan Bollmann escribió Mujeres y libros, donde aborda la relación que ha unido a las mujeres y los libros en los últimos siglos. En el XVII, explora el  germen del hábito lector femenino que se traduce en el acercamiento de las mujeres a la poesía de Klopstock. Cuenta la proliferación de  los clubes de lectura en Alemania en los que las mujeres adquirían más protagonismo. Las lectoras preferían el Werther de Goethe, o a Samuel Richardson y su novela Pamela.

Bollman dice que, en  el siglo XIX, Jane Austen entendió que una novela de mujeres podía ser tanto escrita, protagonizada o leída por una mujer. Madame Bovary, de Flaubert, fue el libro que abrió a las lectoras un campo nuevo, la consciencia de que era necesario avanzar paso a paso hacia la emancipación, «la conquista de la igualdad en las oportunidades de la vida».

El siglo XX tiene sus protagonistas. Virginia Woolf, escritora precoz que se vio atraída por los círculos intelectuales o el feminismo, la voraz lectora Susan Sontag o Sylvia Beach y la imagen de una Marilyn Monroe lectora desmontando el mito de que las bombas sexuales son tontas leyendo al Ulises de James Joyce. Ya en el siglo actual, la lectora es una transgresora. El fenómeno Cincuenta sombras de Grey, de E. L. James, levantó pasiones en un público especialmente femenino.

 

¿Leen más las mujeres que los hombres ?

Definitivamente sí. Por ejemplo en España, existe una diferencia considerable entre mujeres y hombres lectores. Según la encuesta de Growth From Knowledge (GFK) que revisa los hábitos lectores internacionales, en el mundo hay más lectoras. En España las lectoras diarias son el 40% y ellos son el 25%. En Holanda, ellas son el 30% y ellos el 14%. En Alemania la relación es de 31%-19%.  Sin duda, las lectoras son importantes para la industria editorial.

Y ahora leemos e-books

Un equipo del Centro de Estudios de Promoción de la Lectura y Literatura Infantil (CEPLI), perteneciente a la Universidad de Castilla-La Mancha, realizó el estudio “¿Por qué leen más las mujeres? La variable género en la formación de lectores”.

En nuestra sociedad, la lectura de libros estaría más asociada a las niñas que a los niños, lo cual ocasionaría que ese hábito arraigara mejor en las mujeres que en los hombres. Según el investigador Santiago Yubero Jiménez, en la forma en que se construyen los roles de feminidad y masculinidad, “la lectura forma parte de un estereotipo femenino”.

“Las mujeres pueden hablar de lecturas que han hecho con otras mujeres. Los hombres también, pero no todos”, agregó Yubero.

Las conclusiones de un estudio británico son acordes con la hipótesis de los investigadores del CEPLI. Se trata de una encuesta entre 32.000 niños y adolescentes, a cargo del National Literacy Trust (NLT), de  Reino Unido, según la cual ya en una  etapa temprana las niñas mostraron un entusiasmo mayor por la lectura que los niños.

 

Lo que define a una lectora

Una mujer que lee lo hace porque realmente le gusta, no para impresionar a nadie.

Las mujeres son curiosas y las lectoras aún más. Suelen escoger muy bien sus lecturas, buscar algo que las cautive, que las emocione. Disfrutan leer.

Leer para las mujeres forma parte de su estilo de vida.

Una lectora siempre carga un libro en su bolso. Y no duda en sacarlo en los más diversos lugares y situaciones.

Preguntarle a una mujer lectora por su autor favorito es una pregunta bien seria, que no contestará a la ligera.

Para una fémina lectora, no hay nada peor que un libro que no le haya gustado. Esa sensación de haber perdido el tiempo no es nada reconfortante.

En definitiva, la cultura en la que vivimos promueve la afición por la lectura más en las mujeres. Desde el punto de vista negativo, muchas veces a las mujeres se les encasilla como meras consumidoras. En cuanto a lo positivo, las mujeres cada día se preparan más y encuentran en la lectura ese instrumento de realización propia.

¡Feliz Día de la Mujer a todas las lectoras!

Patricia Chung

____________________

 

Recordando a Susana

Pocos intelectuales del siglo XX tienen una correspondencia tan estrecha entre su destacada talla intelectual y sus niveles de compromiso con el sufrimiento ajeno como Susan Sontag. Ella solía recordar con cierta frecuencia una frase adulterada de Gramsci: “el optimismo de la barbarie y el pesimismo de la inteligencia”. A eso puede que se resuman estas primeras décadas del siglo XXI (que tampoco es que haya sido tan diferente al anterior). Nadie con una pizca de lucidez y sensibilidad—ambas cosas no es tan común que vengan juntas—podría dejar de ver con horror el tránsito humano en estos tiempos de penuria general.

Juan Pablo Gómez, Susan Sontag, Sarajevo y Venezuela, Prodavinci, 20 de febrero de 2018).

____________________________________________________________________________

 

Para recordar a Susan Sontag, se reproduce a continuación la sección final de Contra la interpretación, su poderoso e histórico ensayo, que denunciara agudamente la actividad parasitaria de ciertos críticos que pretenden haber revelado significados ocultos en las obras de arte, sean éstas visuales o literarias. La frase que la cierra, además de memorable, encierra todo un programa. Según Sontag, antes que cerebralizar al arte hay que amarlo.

………………………………………………..

 

Susan Sontag, el tranquilo poder de la verdad

El valor más alto y más liberador en el arte—y en la crítica—de hoy es la transparencia. La transparencia supone experimentar la luminosidad del objeto en sí, de las cosas tal como son. En esto reside la grandeza de, por ejemplo, las películas de Bresson y de Ozu, y de La règle du jeu de Renoir.

En otros tiempos (y esto va por Dante) pudo haber habido una tendencia, creadora y revolucionaria, a concebir las obras de arte de manera que permitieran su experimentación en distintos niveles. Ahora no. Sería reforzar el principio de redundancia, que es la principal aflicción de la vida moderna.

En otros tiempos (tiempos en que no abundaba el gran arte), pudo haber habido una tendencia, creadora y revolucionaria, a interpretar las obras de arte. Ahora no. Decididamente, lo que ahora no precisamos es asimilar nuevamente el Arte al Pensamiento o (lo que es peor) el Arte a la Cultura.

La interpretación da por supuesta la experiencia sensorial de la obra de arte, y toma a ésta como punto de partida. Pero hoy este supuesto es injustificado. Piénsese en la tremenda multiplicación de obras de arte al alcance de todos nosotros, agregada a los gustos y olores y visiones contradictorios del contorno urbano que bombardean nuestros sentidos. La nuestra es una cultura basada en el exceso, en la superproducción; el resultado es la constante declinación de la agudeza de nuestra experiencia sensorial. Todas las condiciones de la vida moderna—su abundancia material, su exagerado abigarramiento—se conjugan para embotar nuestras facultades sensoriales. Y la misión del crítico debe plantearse precisamente a la luz del condicionamiento de nuestros sentidos, de nuestras capacidades (más que de los de otras épocas).

Lo que ahora importa es recuperar nuestros sentidos. Debemos aprender a ver más, a oír más, a sentir más.

Nuestra misión no consiste en percibir en una obra de arte la mayor cantidad posible de contenido, y menos aún en exprimir de la obra de arte un contenido mayor que el ya existente. Nuestra misión consiste en reducir el contenido de modo de poder ver en detalle el objeto.

La finalidad de todo comentario sobre el arte debiera ser hoy el hacer que las obras de arte—y, por analogía, nuestra experiencia personal—fueran para nosotros más, y no menos, reales. La función de la crítica debiera consistir en mostrar cómo es lo que es, inclusive qué es lo que es y no en mostrar qué significa.

En lugar de una hermenéutica*, necesitamos una erótica del arte.

Susan (Rosenblatt Jacobsen) Sontag

………

* hermenéutico, ca Del gr. ἑρμηνευτικός hermēneutikós; la forma f., de ἑρμηνευτική hermēneutikḗ. 1. adj. Perteneciente o relativo a la hermenéutica. 2. f. Interpretación de los textos, originalmente los sagrados. 3. f. Fil. Teoría de la interpretación de los textos. (Diccionario de la Lengua Española).

______________________

Apéndice, suscitado por los comentarios de Graciela y Nacha:

“La foto parece ser de alumnos de algún colegio en Ámsterdam: separados por sexo, ninguno pone atención a la monumental Ronda nocturna, de Rembrandt. Lo indicado parece ser clavar la vista y los dedos sobre teléfonos móviles, y quien pudiera ser la maestra a cargo tampoco se ocupa de la pintura o de ellos, embebida como está en su propio teléfono celular a la izquierda del grupo”. (Comunicaciones modernas).

………

La resurrección de un padre

 

Ariana y Hans Neumann

 

Lo que sigue es traducción al español de una reseña—Hiding from the Gestapo in plain sight in Berlin—que apareció el sábado 15 de febrero en la edición impresa de The Spectator, la venerable revista inglesa fundada en 1828. Da cuenta de una obra extraordinaria, producto de la investigación de Ariana Neumann Anzola sobre la vida de su padre antes de su llegada a Venezuela en 1949, de la que él prácticamente no hablaba. Es una estremecedora historia del sojuzgamiento de Checoslovaquia por los nazis y su impacto sobre una familia judía. Hay un pasaje de El lobo estepario (Herman Hesse) en el que Armanda dice a Harry Haller: “Pero también pertenece del mismo modo a la eternidad la imagen de cualquier acción noble, la fuerza de todo sentimiento puro, aun cuando nadie sepa nada de ello, ni lo vea, ni lo escriba, ni lo conserve para la posteridad”. Ariana Neumann ha arrancado a la eternidad decenas de imágenes de acciones nobles y sentimientos puros; las ha comunicado conservándolas para la posteridad.

_____________________________________________________________

 

Escondiéndose a plena vista de la Gestapo en Berlín

 

Ariana Neumann describe la extraordinaria existencia de su padre en tiempos de guerra, como judío checo que se movía libremente por la capital alemana

 

Anne Sebba

 

De los muchos momentos sombríos que se han alojado en mi mente desde que leí este libro extraordinario, el más inquebrantable es la imagen del otrora respetable Otto Neumann caminando hacia su muerte bajo una lluvia torrencial, por cuyo rostro y ojos corría betún negro. Su destino quedó sellado cuando un cabello plateado revelado debajo aseguró que se le considerara demasiado viejo como para ser seleccionado para trabajar. Fue enviado a las cámaras de gas de Auschwitz.

Pero si este aguacero, en un mundo horriblemente loco, se puede considerar mala suerte—después de todo, Otto y su esposa Ella se las habían arreglado para sobrevivir en el infierno que fue Terezín durante dos años—Hans, su pequeño hijo. escondido, llegaría a tener momentos de asombrosa buena suerte que aseguraron su supervivencia. Después de la guerra, tal vez su mayor suerte fue tener una hija que ha dedicado años a desentrañar y reconstruir las experiencias de guerra de las que nunca podría hablar con nadie, y menos aún con ella. Sin embargo, él quería claramente que ella escribiera esta historia, y a su muerte en 2001 le dejó una caja de papeles que, ella cree, le dio permiso para continuar la búsqueda.

En realidad, la búsqueda comenzó mucho antes, cuando Ariana, criada como católica en Caracas, jugaba con algunos amigos de la escuela que pretendían ser parte de un club de detectives o espías, al que llamaron el Club de la Bota Misteriosa. Uno de los primeros documentos que descubrió fue una tarjeta de identidad de 1943 con el nombre de Jan Sebesta y una estampilla de Hitler, pero con una foto de su padre cuando era joven. Sin embargo, cuando corrió hacia su madre gritando que su padre debía ser un impostor, nadie le dijo nada más. No se alentaba ninguna discusión acerca de lo que había sucedido antes de su exitosa vida como un rico industrial y coleccionista de arte en Venezuela, adonde se mudó con casi nada en 1949. Y sin embargo, hubo vislumbres ocasionales y desconcertantes, como cuando en 1990 llevó a su hija de regreso a Praga y, deteniéndose en la cerca de malla de alambre a lo largo de las vías del tren de Bubny, rompió a sollozar incontrolablemente. Nunca pudo contarle a su única hija el devastador evento que tuvo lugar allí en 1942. Tendría que averiguarlo por sí misma.

Ariana Neumann con Anne Sebba en la Semana del Libro Judío 2020

Durante los años transcurridos desde la muerte de su padre, Neumann ha localizado y reunido cientos de documentos y pistas para crear este conmovedor recuento de la supervivencia de su progenitor en tiempos de guerra. Hacia la mitad del libro está el relato de cómo evitó por primera vez la deportación, escondiéndose en una partición estrecha especialmente construida en la fábrica de pinturas de su familia en Praga. Cuando su existencia allí se volvió demasiado peligrosa, él y su amigo Zdenek, en cierto sentido el verdadero héroe de este libro, idearon un intrépido plan para que él viajara a Berlín con papeles falsificados y trabajara bajo un nombre falso en una fábrica de pinturas de Berlín que estaba desarrollando un nuevo sistema de camuflaje para cohetes alemanes.

La historia de cómo este judío checo buscado por la Gestapo, escondido a la vista en Berlín donde tuvo una relación con una viuda de guerra alemana, fue elogiado por su innovador trabajo por un jefe abiertamente nazi, y recorrió la capital alemana en 1943, es impresionante. Hacia el final de la guerra, incluso, se convirtió en espía que pasaba información a un compañero de trabajo holandés en la fábrica de pinturas.

El libro en Amazon

“Lo que queda”, parte del subtítulo de este poderoso libro, es una frase modesta para lo que es un logro gigante. Porque lo que queda es tan vasto… mucho más que una vida sacada de las sombras: es el profundo amor y la humanidad de una hija hacia un padre complejo y ocasionalmente difícil que trató de protegerla del dolor de saber sobre su vida anterior, pero también es la historia amorosamente recreada de toda una familia. Especialmente reveladora es la manera, valientemente tierna, con la que Neumann escribe sobre los abuelos que nunca conoció y que ahora ha compartido con nosotros: una pareja de mediana edad que se acercó a la devastación de los campamentos con actitudes marcadamente diferentes ante la vida.

Ella, ligeramente coqueta, habría hecho casi cualquier cosa para sobrevivir (el casi es importante), lo que resultó en las acusaciones de su esposo Otto de que tenían un ‘matrimonio fallido’ y que su esposa estaba teniendo una aventura con el hombre del campamento para el que ella fungía como ama de llaves. Neumann, lejos de ser crítica, muestra simplemente cuán imposible era la vida, agradecida de que por fin encontrara a la familia que estaba oculta por el silencio. “He recuperado la esencia de ellos y los llevo en mi corazón; ahora que finalmente están conmigo, me niego a decirles adiós”.

Una de las fortalezas clave de las memorias de Neumann es su terca investigación de los asombrosos detalles de la vida cotidiana en los campamentos, gracias en parte a las cartas que sus abuelos sacaron de contrabando, pero también a los relatos escritos por quienes los conocieron. La historia de su agotado abuelo, condenado a muerte por el fallido tinte de betún para el cabello bajo la lluvia de noviembre, proviene de un testigo en el mismo transporte. Este libro es escalofriantemente triste, pero en general optimista, y de ninguna manera es simplemente otra historia del Holocausto. Es un tesoro para saborear como testamento de la voluntad humana de sobrevivir. ¶

_______________________

 

Discurso antológico

Olga Tokarczuk, Premio Nobel de Literatura en 2018

 

Abajo se reproduce el discurso de Olga Tokarczuk al recibir el Premio Nobel de Literatura, en traducción de WMagazín. Al presentarlo, la publicación explica:

Ternura, responsabilidad, épica, búsqueda y literatura fueron los temas sobre los que la Nobel de Literatura 2018, la polaca Olga Tokarczuk (Sulechów, Polonia, 1962) levantó su discurso de aceptación del premio, el 7 de diciembre de 2019. (…) Olga Tokarczuk recuerda el poder de la escritura para contar, entender y unir la historia del día a día, de su fuerza y capacidad para reunir los fragmentos en que la dejan los seres humanos. La escritora ofreció una lección sobre cómo afrontar la vida y tratar de mejorarla si cada una de las personas e instituciones asumieran la responsabilidad de saber que cada gesto repercute en otras cosas. *

La obra de esta escritora ha estado presente en este blog en dos ocasiones, siendo la más reciente la reproducción de un trabajo publicado el 7 de noviembre del año pasado sobre las mujeres premiadas con el Nobel de Literatura, tomado de la revista Diners. Menos de un mes antes, se reprodujo acá una nota de El País de España con el título “Olga Tokarczuk y Peter Handke ganan el Nobel de Literatura de 2018 y 2019”.

Dejemos la palabra a Olga, esta HORMIGA gigantesca. NS

………

El narrador tierno

Por Olga Tokarczuk

Una mirada a la que nada escapa

 

1. La primera fotografía de la cual fui consciente es una foto de mi madre antes de que ella me diera a luz. Desafortunadamente, es una fotografía en blanco y negro, lo que significa que muchos de los detalles se han perdido, convirtiéndose solo en formas grises. La luz es suave y lluviosa, probablemente una luz de primavera, la clase de luz que se filtra a través de una ventana, manteniendo la habitación con un brillo apenas perceptible. Mi madre está sentada al lado de nuestra vieja radio, como esas que tienen un ojo verde y dos diales, uno para regular el volumen y el otro para encontrar una estación radial. Esta radio luego se convirtió en mi gran compañera de la infancia; de ella aprendí sobre la existencia del cosmos. Al girar una perilla de ébano, los delicados sensores de las antenas se movieron y en su alcance cayeron todo tipo de estaciones diferentes: Varsovia, Londres, Luxemburgo y París. A veces, sin embargo, el sonido fallaba, como si entre Praga y Nueva York, o Moscú y Madrid, las antenas de las antenas tropezaran con agujeros negros. Cada vez que sucedía eso me temblaba la espalda. Creía que a través de esta radio diferentes sistemas solares y galaxias me hablaban, crepitaban y chirriaban y me enviaban información importante.

Cuando de niña miraba esa foto estaba segura de que mi madre me había estado buscando al girar el dial de nuestra radio. Como un radar sensible, penetró en los reinos infinitos del cosmos, tratando de averiguar cuándo llegaría y de dónde. Su corte de pelo y su atuendo (un gran cuello de barco) indican cuándo se tomó esta foto, es decir, a principios de los años sesenta. Mirando desde algún lugar fuera del marco, la mujer encorvada ve algo que no está al alcance para una persona que mira la foto después. Cuando era niña, imaginaba que lo que estaba sucediendo era que ella estaba mirando el tiempo. Nada sucede realmente en la imagen: es una fotografía de un estado, no un proceso. La mujer está triste, aparentemente perdida en sus pensamientos.

Cuando más tarde le pregunté acerca de esa tristeza, lo cual hice en numerosas ocasiones, siempre buscando la misma respuesta, mi madre dijo que estaba triste porque yo aún no había nacido, pero ya me extrañaba.

«¿Cómo puedes extrañarme cuando todavía no estoy allí?», le preguntaba.

Sabía que extrañas a alguien que has perdido, que el anhelo es un efecto de pérdida.

«Pero también puede funcionar al revés», respondió. «Extrañar a una persona significa que está allí».

Este breve intercambio, en algún lugar del campo del occidente de Polonia a finales de los años sesenta, un intercambio entre mi madre y yo, su pequeña hija, siempre ha permanecido en mi memoria y me ha dado una fuerza que me ha durado toda mi vida. Porque elevó mi existencia más allá de la materialidad ordinaria del mundo, más allá del azar, más allá de la causa y el efecto y las leyes de la probabilidad. Ella colocó mi existencia fuera del tiempo, en la dulce vecindad de la eternidad. En la mente de mi hijo entendí que había más de lo que había imaginado antes. Y que incluso si dijera: «Estoy perdido», entonces todavía comenzaría con las palabras «Yo soy», el conjunto de palabras más importantes y extrañas del mundo.

Y así, mi madre, una joven que nunca fue religiosa, me dio algo que alguna vez se conoció como un alma, y ​​me proporcionó el narrador más tierno del mundo.

2. El mundo es un tejido que tejemos diariamente en los grandes telares de informaciones, debates, películas, libros, chismes, pequeñas anécdotas. Hoy, el alcance de estos telares es enorme: gracias a Internet, casi todos pueden participar en el proceso asumiendo la responsabilidad o no, con amor u odio, para bien o para mal. Cuando esta historia cambia, también lo hace el mundo. En este sentido, el mundo está hecho de palabras.

Por lo tanto, cómo pensamos sobre el mundo y, quizás aún más importante, cómo lo narramos tiene un significado masivo. Una cosa que sucede y no se dice deja de existir y perece. Este es un hecho bien conocido no solo por los historiadores, sino también (y, quizás, sobre todo) por todos los sectores políticos y tiranos. El que tiene y teje la historia está a cargo de su versión.

Hoy nuestro problema radica, al parecer, en el hecho de que todavía no tenemos narraciones listas no sólo para el futuro, sino incluso para un ahora concreto, para las transformaciones ultrarrápidas del mundo de hoy. Nos falta el lenguaje, nos faltan los puntos de vista, las metáforas, los mitos y las nuevas fábulas. Sin embargo, vemos intentos frecuentes de aprovechar narraciones oxidadas y anacrónicas que no pueden encajar en el futuro, sin duda suponiendo que algo viejo es mejor que una nada nueva, o tratando de lidiar de esta manera con las limitaciones de nuestros propios horizontes. En una palabra, carecemos de nuevas formas de contar la historia del mundo.

Vivimos en una realidad de narraciones polifónicas en primera persona, y nos encontramos rodeados por ese ruido polifónico. Lo que quiero decir con primera persona es la clase de cuento que orbita estrechamente el yo de una especie de cajero que, más o menos directamente, escribe sobre sí mismo y a través de él. Hemos determinado que este tipo de punto de vista individualizado, esta voz del yo, es la más natural, humana y honesta, incluso desde una perspectiva más amplia. Narrar en primera persona es tejer un patrón absolutamente único; es tener un sentido de autonomía como individuo, ser consciente de ti mismo y de tu destino. Sin embargo, también significa construir una oposición entre el yo y el mundo, y esa oposición puede ser alienante a veces.

Creo que la narración en primera persona es muy característica de la óptica contemporánea en la que el individuo desempeña el papel de centro subjetivo del mundo. La civilización occidental se basa, en gran medida, y depende de ese descubrimiento del yo que constituye una de nuestras medidas más importantes. Aquí la persona es el actor principal y su juicio, aunque es uno entre muchos, siempre se toma en serio. Las historias tejidas en primera persona parecen estar entre los mayores descubrimientos de la civilización humana; son leídas con reverencia, con plena confianza. Esta clase de historia, cuando vemos el mundo a través de los ojos de un yo que es diferente a cualquier otro, crea un vínculo especial con el narrador que le pide a su oyente que se coloque en su posición única. Lo que las narraciones en primera persona han hecho para la literatura y, en general, para la civilización humana es reelaborar por completo la historia del mundo, de modo que ya no es un lugar para las acciones de héroes y deidades sobre las que no podemos tener influencia, sino más bien un lugar para personas como nosotros, con historias individuales. Es fácil identificarse con personas que son como nosotros, lo que genera entre el narrador de la historia y su lector u oyente una nueva variedad de comprensión emocional basada en la empatía. Y esto, por su propia naturaleza, reúne y elimina fronteras. Es muy fácil perder el rastro en una novela de las fronteras entre el yo del narrador y el yo del lector.

La «novela absorbente» en realidad cuenta con que esa frontera se difumine: el lector, a través de la empatía, se convierte en narrador por un periodo de tiempo. Así, la literatura se ha convertido en un campo para el intercambio de experiencias, un ágora donde todos pueden contar su propio destino o dar voz a su alter ego. Por lo tanto, es un espacio democrático: cualquiera puede hablar, todos pueden crear una voz que hable por sí misma. Nunca en la historia de la humanidad tantas personas han sido escritoras y narradoras. Solo tenemos que mirar las estadísticas.

Cada vez que voy a ferias de libros veo cuántos de los libros que se publican en el mundo de hoy tienen que ver precisamente con esto: el ser autor. El instinto de expresión puede ser tan fuerte como otros instintos que protegen nuestras vidas y se manifiesta más plenamente en el arte. Queremos que nos noten, queremos sentirnos excepcionales. Hay variedad de narrativas: «Te voy a contar mi historia», o «Te voy a contar la historia de mi familia», o incluso, simplemente, «Te voy a contar dónde he estado». Comprende el género literario más popular de hoy. Este es un fenómeno a gran escala también porque hoy en día tenemos acceso universal a la escritura y muchas personas alcanzan la capacidad de expresarse en palabras e historias. Paradójicamente, sin embargo, esta situación es similar a un coro compuesto solo por solistas, voces compitiendo por llamar la atención, todos viajando por rutas similares, ahogándose unos a otros. Sabemos todo lo que hay que saber sobre ellos, podemos identificarnos con ellos y experimentar sus vidas como si fueran nuestras. Y sin embargo, notablemente a menudo, la experiencia lectora es incompleta y decepcionante ya que resulta que expresar un «yo» autoritario difícilmente garantiza la universalidad. Parece que lo que nos falta es la dimensión de la historia, que es la parábola. Porque el héroe de la parábola es a la vez él mismo, una persona que vive bajo condiciones históricas y geográficas específicas, pero al mismo tiempo va mucho más allá de esas circunstancias concretas.

Cuando un lector sigue la historia de alguien escrita en una novela puede identificarse con el destino del personaje descrito y considerar su situación como si fuera la suya, mientras que en una parábola debe entregar completamente su distinción y convertirse en el Hombre común. En esta operación psicológica exigente la parábola universaliza nuestra experiencia y encuentra un denominador común para destinos muy diferentes. Que hayamos perdido de vista, en gran medida, la parábola es un testimonio de nuestra actual impotencia.

Quizás para no ahogarnos en la multiplicidad de títulos y apellidos comenzamos a dividir la literatura en géneros, que tratamos como las diferentes categorías de deportes, con escritores como sus jugadores especialmente entrenados.

La comercialización general del mercado literario ha llevado a una división en ramas: ahora hay ferias y festivales de este o aquel tipo de literatura, completamente separados, creando una clientela de lectores ansiosos por esconderse en una novela criminal, alguna fantasía o ciencia ficción. Una característica notable de esta situación es que lo que se suponía que ayudaría a los libreros y bibliotecarios a organizar en sus estantes la gran cantidad de libros publicados y a los lectores a orientarse en la inmensidad de la oferta, se convirtió en la creación de categorías abstractas no solo en las obras existentes. Cada vez más el trabajo de los géneros literarios es como una especie de molde de pastel que produce resultados muy similares, su previsibilidad se considera una virtud, su banalidad es un logro. El lector sabe qué esperar y obtiene exactamente lo que quería.

Siempre me he opuesto intuitivamente a tales órdenes, ya que conducen a la limitación de la libertad de autor, a una reticencia hacia la experimentación y una transgresión que de hecho es la cualidad esencial de la creación en general. Y excluyen completamente del proceso creativo cualquier excentricidad sin la cual el arte se perdería. Un buen libro no necesita defender su afiliación genérica. La división en géneros es el resultado de la comercialización de la literatura en su conjunto y el efecto de tratarla como un producto a la venta con toda la filosofía de la marca y la focalización y otros inventos similares responde al capitalismo contemporáneo.

Hoy podemos tener la gran satisfacción de ver el surgimiento de una forma completamente nueva de contar la historia del mundo que se muestra en las series de televisión cuya tarea oculta es inducirnos un trance. Por supuesto, este modo de narración ha existido durante mucho tiempo en los mitos y los cuentos homéricos. Heracles, Aquiles u Odiseo son, sin duda, los primeros héroes de las series. Pero nunca antes este modo ha ocupado tanto espacio o ejercido con una influencia tan poderosa en la imaginación colectiva. Las dos primeras décadas del siglo XXI son propiedad indiscutible de las series. Su influencia en los modos de contar la historia del mundo (y, por lo tanto, en nuestra forma de entender esa historia también) es revolucionaria.

En la versión de hoy, la serie no solo ha extendido nuestra participación en la narrativa en la esfera temporal generando sus diversos tempos, ramificaciones y aspectos, sino que también ha introducido sus propias órdenes nuevas. Dado que en muchos casos su tarea es mantener la atención del espectador el mayor tiempo posible, la narrativa de la serie multiplica los hilos entrelazándolos de la manera más improbable, de modo que cuando se pierde, incluso, se remonta a la vieja técnica narrativa una vez comprometida por la ópera clásica, de la Deus ex machina. La creación de nuevos episodios a menudo implica la revisión total y ad-hoc de la psicología de los personajes para que sean adecuados a los eventos en desarrollo de la trama. Un personaje que comienza como gentil y reservado termina siendo vengativo y violento, un personaje secundario se convierte en protagonista, mientras que el personaje principal, al que ya nos hemos apegado, pierde importancia o en realidad desaparece por completo, para nuestra consternación.

La materialización potencial de otra temporada crea la necesidad de finales abiertos en los que no hay forma de que ocurran o resuenen completamente cosas misteriosas llamadas catarsis: catarsis, anteriormente la experiencia de la transformación interna, el cumplimiento y la satisfacción de haber participado en la acción final. Tal complicación, en lugar de conclusión, el aplazamiento constante de la recompensa que es la catarsis, hace que el espectador sea dependiente. La fábula interrumpida, creada hace mucho tiempo y bien conocida por las historias de Scherezade, ahora retorna audazmente en serie, altera nuestra subjetividad y tiene extraños efectos psicológicos sacándonos de nuestras propias vidas e hipnotizándonos. Al mismo tiempo, la serie se inscribe en el ritmo nuevo, prolongado y desordenado del mundo, en su comunicación caótica, su inestabilidad y fluidez. Esta forma de contar historias es probablemente la que más creativamente busca una nueva fórmula hoy.

En ese sentido hay un trabajo concienzudo en la serie sobre las narrativas del futuro, sobre la estructura de la historia para que se adapte a nuestra nueva realidad. Pero, sobre todo, vivimos en un mundo de demasiados hechos contradictorios y mutuamente excluyentes, todos luchando entre sí con uñas y dientes.

Nuestros antepasados ​​creían que el acceso al conocimiento no solo brindaría a las personas felicidad, bienestar, salud y riqueza, sino que también crearía una sociedad igualitaria y justa. Lo que faltaba en el mundo, en su opinión, era la sabiduría omnipresente que surgiría naturalmente de la información.

John Amos Comenius, el gran pedagogo del siglo XVII, acuñó el término «pansofismo». Con él se refería a la idea de la omnisciencia potencial, el conocimiento universal que contendría en él toda la cognición posible. Esto también fue, y sobre todo, un sueño de información disponible para todos. ¿El acceso a los hechos sobre el mundo no transformaría a un campesino analfabeto en un individuo reflexivo consciente de sí mismo y del mundo? ¿El conocimiento al alcance de la mano no significará que las personas se volverán sensibles y dirigirán el progreso de sus vidas con ecuanimidad y sabiduría?

Cuando surgió Internet por primera vez parecía que esta noción finalmente se realizaría de manera total. Wikipedia, que admiro y apoyo, podría haberle parecido a Comenius, como muchos filósofos de ideas afines, el cumplimiento del sueño de la humanidad: ahora podemos crear y recibir una enorme cantidad de hechos que se complementan y actualizan sin cesar y que son democráticamente accesibles para casi todos los lugares de la Tierra.

Un sueño cumplido es a menudo decepcionante. Resultó que no somos capaces de soportar esta enorme cantidad de información que, en lugar de unir, generalizar y liberar, ha diferenciado, dividido o encerrado en pequeñas burbujas individuales creando una multitud de historias que son incompatibles entre sí o, incluso, abiertamente hostiles unas hacia otras, y antagónicas.

Además, Internet, completamente y de manera irreflexiva sujeta a los procesos del mercado y dedicada a los monopolistas, controla cantidades gigantescas de datos utilizados no de manera pansófica para un acceso más amplio a la información, sino que, por el contrario, sirve, sobre todo, para programar el comportamiento de los usuarios, como aprendimos después del asunto de Cambridge Analytica. En lugar de escuchar la armonía del mundo, hemos escuchado una cacofonía de sonidos, una estática insoportable en la que tratamos, desesperados, de escuchar una melodía más tranquila, incluso el ritmo más débil. La famosa cita de Shakespeare nunca ha sido más adecuada de lo que es para esta nueva realidad cacofónica: cada vez más, Internet es una historia, contada por un idiota, llena de ruido y furia.

La investigación por parte de politólogos desafortunadamente también contradice las intuiciones de John Amos Comenius, basadas en la convicción de que cuanto más universalmente disponible fuera la información sobre el mundo, más políticos se aprovecharían de la razón y tomarían decisiones importantes. Pero parece que el asunto no es tan simple. La información puede ser abrumadora y su complejidad y ambigüedad dan lugar a todo tipo de mecanismos de defensa, desde la negación hasta la represión, incluso para escapar a los principios simples de simplificación, ideología y pensamiento partidista.

La categoría de noticias falsas, fake news, plantea nuevas preguntas sobre qué es la ficción. Los lectores que han sido engañados, desinformados o engañados repetidamente han comenzado a adquirir lentamente una idiosincrasia neurótica específica. La reacción a tal agotamiento con la ficción podría ser el enorme éxito de la no ficción que, en este gran caos informativo, grita sobre nuestras cabezas: «Te diré la verdad, nada más que la verdad» y «¡Mi historia se basa en hechos !”.

La ficción ha perdido la confianza de los lectores ya que mentir se ha convertido en un arma peligrosa de destrucción masiva, incluso si todavía es una herramienta primitiva. A menudo me hacen esta pregunta incrédula: «¿Es verdad lo que escribiste?». Y cada vez siento que esta pregunta es un presagio del final de la literatura.

Esta pregunta, inocente desde el punto de vista del lector, suena al oído del escritor verdaderamente apocalíptica. ¿Que se supone que debo decir? ¿Cómo voy a explicar el estado ontológico de Hans Castorp, Anna Karenina o Winnie the Pooh?

Considero que este tipo de curiosidad leída es una regresión de la civilización. Es un deterioro importante de nuestra capacidad multidimensional (concreta, histórica, pero también simbólica, mítica) para participar en la cadena de acontecimientos llamados nuestras vidas. La vida es creada por los acontecimientos, pero sólo cuando somos capaces de interpretarlos, tratamos de entenderlos y de darles un significado, se transforman en experiencia. Los acontecimientos son hechos, pero la experiencia es algo inexpresablemente diferente. Es la experiencia, y no cualquier evento, lo que constituye el material de nuestras vidas. La experiencia es un hecho que ha sido interpretado y situado en la memoria. También se refiere a una cierta base que tenemos en nuestras mentes, a una estructura profunda de significados sobre la cual podemos desplegar nuestras propias vidas y examinarlas completa y cuidadosamente. Creo que el mito cumple la función de esa estructura. Todo el mundo sabe que los mitos nunca sucedieron realmente, pero siempre están sucediendo. Ahora continúan no solo a través de las aventuras de los héroes antiguos, sino que también se abren paso en las historias ubicuas y más populares de películas, juegos y literatura contemporáneas. Las vidas de los habitantes del Monte Olimpo han sido transferidas a la dinastía, y los actos heroicos de los héroes son atendidos por Lara Croft.

En esta ardiente división entre verdad y falsedad, los cuentos de nuestra experiencia que crea la literatura tienen su propia dimensión.

Nunca me ha entusiasmado particularmente ninguna distinción directa entre ficción y no ficción, a menos que comprendamos que esa distinción es declarativa y discrecional. En un mar de muchas definiciones de ficción, la que más me gusta es también la más antigua, y proviene de Aristóteles. La ficción es siempre un tipo de verdad.

También estoy convencida de la distinción entre historia real y trama hecha por el escritor y ensayista E. M. Forster. Dijo que cuando decimos: «El rey murió y luego la reina murió», es una historia. Pero cuando decimos: «El rey murió, y luego la reina murió de pena», eso es un complot. Toda ficcionalización implica una transición de la pregunta «¿Qué sucedió después?» a un intento de entenderlo basado en nuestra experiencia humana: «¿Por qué sucedió de esa manera?».

La literatura comienza con ese «por qué», incluso si tuviéramos que responder esa pregunta y otra vez con un «No sé» corriente. Por lo tanto, la literatura plantea preguntas que no pueden ser respondidas con la ayuda de Wikipedia, ya que va más allá de la información y los acontecimientos refiriéndose directamente a nuestra experiencia.

Pero es posible que la novela y la literatura en general se estén convirtiendo ante nuestros ojos en algo realmente marginal en comparación con otras formas de narración; que el peso de la imagen y de las nuevas formas de transmisión directa de la experiencia (cine, fotografía, realidad virtual) constituirá una alternativa viable a la lectura tradicional. La lectura es un proceso psicológico y perceptivo bastante complicado. En pocas palabras: primero el contenido más elusivo se conceptualiza y verbaliza transformándose en signos y símbolos, y luego se «decodifica» de nuevo del lenguaje a la experiencia. Eso requiere una cierta competencia intelectual. Y, sobre todo, exige atención y concentración, habilidades cada vez más raras en el mundo extremadamente distraído de hoy.

La humanidad ha recorrido un largo camino en sus formas de comunicar y compartir experiencias personales, desde la oralidad, confiando en la palabra viva y la memoria humana, hasta la Revolución de Gutenberg, cuando las historias comenzaron a ser ampliamente mediadas por la escritura y de esta manera arregladas y codificadas. El mayor logro de este cambio fue que llegamos a identificar el pensamiento con el lenguaje, con la escritura. Hoy enfrentamos una revolución en una escala similar, cuando la experiencia se puede transmitir directamente, sin recurrir a la palabra impresa. Ya no es necesario llevar un diario de viaje cuando simplemente se puede tomar fotos y enviarlas a través de sitios de redes sociales directamente al mundo, de una vez y para todos.

No hay necesidad de escribir cartas, ya que es más fácil llamar. ¿Por qué escribir novelas gordas cuando puedes entrar en una serie de televisión? En lugar de salir a la ciudad con amigos, sería mejor jugar un juego. ¿Alcanzar una autobiografía? No tiene sentido, ya que estoy siguiendo la vida de las celebridades en Instagram y sé todo sobre ellas. Ni siquiera es la imagen la que más se opone hoy al texto, como pensamos en el siglo XX, preocupándonos por la influencia de la televisión y el cine. Es, en cambio, una dimensión diferente del mundo, que actúa directamente sobre nuestros sentidos.

3. No quiero esbozar una visión general de la crisis al contar historias sobre el mundo. Pero a menudo me preocupa la sensación de que falta algo en el mundo que al experimentarlo a través de pantallas de vidrio y aplicaciones, de alguna manera se vuelve irreal, distante, bidimensional y extrañamente indescriptible, a pesar de encontrar cualquier información asombrosamente fácil. En estos días, las palabras preocupantes «alguien», «algo», «en algún lugar», «en algún momento» pueden parecer más arriesgadas sobre ideas muy específicas y definidas pronunciadas con total certeza, como «la tierra es plana», «las vacunas matan», «el cambio climático no tiene sentido» o «la democracia no está amenazada en ninguna parte del mundo». «En algún lugar» algunas personas se están ahogando al intentar cruzar el mar. «En algún lugar», por «algún» tiempo «algún tipo de» guerra ha estado ocurriendo. En la avalancha de información, los mensajes individuales pierden sus contornos, se disipan en nuestra memoria, se vuelven irreales y se desvanecen.

La avalancha de estupidez, crueldad, discursos de odio e imágenes de violencia se contrarrestan desesperadamente con todo tipo de «buenas noticias», pero no ha sido así. La capacidad de controlar la dolorosa impresión, que encuentro difícil de expresar, de que hay algo mal en el mundo. Hoy en día, este sentimiento, una vez exclusivo de los poetas neuróticos, es como una epidemia de falta de definición, una forma de ansiedad que emana de todas las direcciones.

La literatura es una de las pocas esferas que intentan mantenernos cerca de los hechos concretos del mundo, su propia naturaleza siempre es psicológica, porque se enfoca en el razonamiento interno y los motivos de los personajes revelan su experiencia inaccesible a otra persona o, simplemente, provoca al lector a una interpretación psicológica de su conducta. Solo la literatura es capaz de permitirnos profundizar en la vida de otro ser, comprender sus razones, compartir sus emociones y experimentar su destino.

Una historia siempre da vueltas en torno al significado. Incluso si no lo expresa directamente, incluso cuando se niega deliberadamente a buscar significado, y se enfoca en la forma, en el experimento, cuando presenta una rebelión formal, buscando nuevos medios de expresión. Mientras leemos incluso la historia escrita de manera más conductista y moderada no podemos evitar hacer las preguntas: «¿Por qué está sucediendo esto?», «¿Qué significa?», «¿Cuál es el punto?», «¿A dónde lleva esto?». Es muy probable que nuestras mentes hayan evolucionado hacia la historia como un proceso de dar sentido a millones de estímulos que nos rodean, y que incluso cuando estamos dormidos continúan ideando implacablemente sus narraciones. Entonces, la historia es una forma de organizar una cantidad infinita de información dentro del tiempo, estableciendo su relación con el pasado, el presente y el futuro, revelando su recurrencia y organizándolo en categorías de causa y efecto. Tanto la mente como las emociones participan en este esfuerzo.

No es de extrañar que uno de los primeros descubrimientos realizados por las historias fue el Destino, además de aparecerse siempre a las personas como algo aterrador e inhumano, de hecho introdujo el orden y la inmutabilidad en la realidad cotidiana.

4. Señoras y señores: unos años más tarde, la mujer de la fotografía, mi madre, que me extrañaba aunque todavía no había nacido, me estaba leyendo cuentos de hadas.

En uno de ellos, de Hans Christian Andersen, una tetera que había arrojado al basurero se quejó de lo cruel que había sido tratada por la gente, porque la desecharon tan pronto se rompió su asa. Pero si no fueran perfeccionistas, tan exigentes, podría haber sido útil para ellos. Otros objetos rotos recogieron su melodía y contaron historias verdaderamente épicas de sus pequeñas y modestas vidas como objetos.

Cuando era niña, escuchaba estos cuentos de hadas con las mejillas sonrojadas y lágrimas en los ojos. Creía profundamente que los objetos tenían sus propios problemas y emociones, así como una especie de vida social comparable a la humana. Los platos de la cómoda podían hablar entre sí, y las cucharas, cuchillos y tenedores en el cajón formaban una especie de familia. Del mismo modo, los animales eran criaturas misteriosas, sabias y conscientes de sí mismas con quienes siempre habíamos estado conectados por un vínculo espiritual y una similitud profundamente arraigada. Los ríos, los bosques y las carreteras también tuvieron su existencia: seres vivos que mapearon nuestro espacio y crearon un sentido de pertenencia, un enigmático Raumgeist. El paisaje que nos rodeaba también estaba vivo, al igual que el Sol y la Luna, y todos los cuerpos celestes, todo el mundo visible e invisible.

¿Cuándo comencé a tener dudas? Estoy tratando de encontrar el momento en mi vida cuando con solo pulsar un interruptor todo se volvió diferente, menos matizado, más simple. El susurro del mundo quedó en silencio, para ser reemplazado por el estruendo de la ciudad, el murmullo de las computadoras, el trueno de los aviones que sobrevolaban el cielo y el ruido blanco y agotador de los océanos de información.

En algún momento de nuestras vidas comenzamos a ver el mundo en pedazos, todo por separado, en pequeños trozos que son galaxias separadas entre sí, y la realidad en la que vivimos lo sigue afirmando: los médicos nos tratan por especialidades, nuestro almuerzo no tiene nada que ver con una enorme granja de ganado, o mi nuevo top con una fábrica en mal estado en algún lugar de Asia. Todo está separado de todo lo demás, todo vive aparte, sin ninguna conexión.

Para que todo esto nos resulte más fácil se nos dan números, etiquetas de nombre, tarjetas, identidades plásticas crudas que intentan reducirnos a usar una pequeña parte del todo, de lo que ya hemos dejado de percibir.

El mundo se está muriendo y no lo notamos. No vemos que el mundo se está convirtiendo en una colección de cosas e incidentes, una extensión sin vida en la que nos movemos perdidos y solitarios, arrojados aquí y allá por las decisiones de otra persona, limitados por un destino incomprensible, una sensación de ser el juguete de Las principales fuerzas de la historia o el azar. Nuestra espiritualidad se está desvaneciendo o se está volviendo superficial y ritualista. O bien, nos estamos convirtiendo en seguidores de fuerzas simples: físicas, sociales y económicas que nos mueven como si fuéramos zombies. Y en un mundo así somos realmente zombies.

Es por eso que anhelo ese otro mundo, el mundo de la tetera.

5. Toda mi vida he estado fascinada por los sistemas de conexiones e influencias mutuas que generalmente desconocemos, pero que descubrimos por casualidad, como sorprendentes coincidencias o convergencias del destino, todos esos puentes, tuercas, pernos, juntas soldadas y conectores que seguí en vuelos. Me fascina asociar hechos y buscar orden. En la base, como estoy convencida, la mente del escritor es una mente sintética que recoge obstinadamente todas las pequeñas piezas en un intento de unirlas nuevamente para crear un todo universal.

¿Cómo vamos a escribir, cómo vamos a estructurar nuestra historia para que sea capaz de elevar esta gran forma de constelación del mundo?

Naturalmente, me doy cuenta de que es imposible volver al tipo de historia sobre el mundo que conocemos por mitos, fábulas y leyendas, que, comunicada oralmente, mantuvo el mundo. Hoy en día la historia debería ser mucho más multidimensional y complicada; después de todo, realmente sabemos mucho más, somos conscientes de las increíbles conexiones entre cosas que parecen estar muy separadas.

Echemos un vistazo de cerca a un momento particular en la historia del mundo.

Es el 3 de agosto de 1492 , el día en que una pequeña carabela llamada Santa María zarpará de un muelle en el puerto de Palos en España. El barco está al mando de Cristóbal Colón. El sol brilla, hay marineros yendo y viniendo por el muelle, y hay estibadores cargando las últimas cajas de provisiones a bordo. Hace calor, pero una ligera brisa del oeste refresca a las familias que se han despedido. Las gaviotas se pavonean de arriba abajo por la rampa de carga observando de cerca las actividades humanas.

El momento que ahora podemos ver a través del tiempo llevó a la muerte de 56 millones de los casi 60 millones de nativos americanos. En ese momento, representaban aproximadamente el 10 por ciento de la población total del mundo. Sin darse cuenta, los europeos les trajeron algunos regalos letales: enfermedades y bacterias a las que los habitantes indígenas de América no tenían resistencia. Además de eso vino la despiadada opresión y el asesinato. El exterminio continuó durante años y cambió la naturaleza de la tierra. Donde los fríjoles, el maíz, las papas y los tomates habían crecido en campos cultivados que se regaron de una manera sofisticada, la vegetación silvestre regresó. En solo unos años, casi 150 millones de acres de tierra cultivable se convirtieron en jungla.

A medida que se regeneraba, la vegetación consumía grandes cantidades de dióxido de carbono, lo que debilitaba el efecto invernadero y, a su vez, redujo la temperatura global de la Tierra.

Una de las muchas hipótesis científicas para explicar el inicio de la edad de hielo menor que a finales del siglo XVI trajo un enfriamiento a largo plazo del clima en Europa.

La edad de hielo menor cambió la economía de Europa. Durante las décadas que siguieron, los largos inviernos congelados, los veranos frescos y las intensas precipitaciones redujeron el rendimiento de las formas tradicionales de agricultura. En Europa occidental, las pequeñas granjas familiares que producen alimentos para sus propias necesidades resultaron ineficientes. Se produjeron olas de hambruna y la necesidad de especializar la producción. Inglaterra y Holanda fueron la más afectadas por el clima más frío. Como sus economías ya no podían depender de la agricultura comenzaron a desarrollar el comercio y la industria. La amenaza de tormentas llevó a los holandeses a secar los pólderes y convertir las zonas pantanosas y las zonas marinas poco profundas en tierra. El cambio hacia el sur del rango donde se produce el bacalao, aunque catastrófico para Escandinavia, resultó ventajoso para Inglaterra y Holanda: permitió que estos países comenzaran a convertirse en potencias navales y comerciales. El enfriamiento significativo se sintió particularmente agudo en los países escandinavos. El contacto con Groenlandia e Islandia se interrumpió, los inviernos severos redujeron las cosechas y se iniciaron años de hambruna y escasez. Así que Suecia volvió su mirada codiciosa hacia el sur, embarcándose en una guerra contra Polonia (especialmente cuando el Mar Báltico se había congelado, lo que facilitaba marchar un ejército a través de él) e involucrarse en la Guerra de los Treinta Años en Europa.

Los esfuerzos de los científicos, tratando de establecer una mejor comprensión de nuestra realidad, demuestran que es un sistema de influencias mutuamente coherente y densamente conectado. Esto ya no es solo el famoso «efecto mariposa», que como sabemos implica la forma en que los cambios mínimos al comienzo de un proceso pueden conducir en el futuro a resultados tremendos e impredecibles, pero aquí tenemos un número infinito de mariposas y sus alas, en constante movimiento, una poderosa ola de vida que viaja a través del tiempo.

En mi opinión, el descubrimiento del «efecto mariposa» marca el final de la era de la fe inquebrantable en nuestra propia capacidad de ser efectivos, nuestra capacidad de controlar, y de la misma manera nuestro sentido de supremacía en el mundo. Esto no le quita a la humanidad nuestro poder para ser constructor, conquistador e inventor, pero ilustra que la realidad es más complicada de lo que la humanidad podría haber imaginado. Y que no somos más que una pequeña parte de estos procesos.

Tenemos cada vez más pruebas de la existencia de algunas dependencias espectaculares, a veces muy sorprendentes a escala mundial.

Estamos todos ―personas, plantas, animales y objetos― inmersos en un solo espacio que se rige por las leyes de la física. Este espacio común tiene su forma, y ​​dentro de él las leyes de la física esculpen un número infinito de formas que están incesantemente vinculadas entre sí. Nuestro sistema cardiovascular es como el sistema de una cuenca fluvial, la estructura de una hoja es como un sistema de transporte humano, el movimiento de las galaxias es como el torbellino de agua que fluye por nuestros lavabos. Las sociedades se desarrollan de manera similar a las colonias de bacterias. La escala micro y macro muestra un sistema interminable de similitudes. Nuestro discurso, pensamiento y creatividad no son algo abstracto, alejado del mundo, sino una continuación en otro nivel de sus interminables procesos de transformación.

6. Me sigo preguntando si en estos días es posible encontrar las bases de una nueva historia que sea universal, integral, inclusiva, arraigada en la naturaleza, llena de contextos y al mismo tiempo comprensible.

¿Podría haber una historia que vaya más allá de lo poco comunicativo de uno mismo, revelando un mayor rango de realidad y mostrando las conexiones mutuas? ¿Sería capaz de mantener su distancia del punto central bien pisado, obvio y poco original de las opiniones comúnmente compartidas, y lograr mirar las cosas de manera periférica, lejos del centro?

También sueño con un nuevo tipo de narrador: una «Cuarta persona», que no es simplemente una construcción gramatical, por supuesto, sino que logra abarcar la perspectiva de cada uno de los personajes, además de tener la capacidad de Paso más allá del horizonte de cada uno de ellos, que ve más y tiene una visión más amplia, y que puede ignorar el tiempo. Oh sí, creo que la existencia de este narrador es posible. ¿Alguna vez te has preguntado quién es el maravilloso narrador de historias en la Biblia que grita en voz alta: «En el principio era la palabra»? ¿Quién es el narrador que describe la creación del mundo, su primer día, cuando el caos se separó del orden, quien sigue la serie sobre el origen del universo, quien conoce los pensamientos de Dios, es consciente de sus dudas y con un mano firme establece en papel la increíble frase: «¿Y Dios vio que era bueno»? ¿Quién es, quién sabe lo que Dios pensó?

Dejando de lado todas las dudas teológicas, podemos considerar esta figura de un narrador misterioso y tierno como milagrosa y significativa. Este es un punto de vista, una perspectiva desde donde se puede ver todo. Ver todo significa reconocer el hecho último de que todas las cosas que existen están mutuamente conectadas en un solo todo, incluso si las conexiones entre ellos aún no nos son conocidas. Verlo todo también significa un tipo de responsabilidad completamente diferente para el mundo, porque resulta obvio que cada gesto «aquí» está conectado a un gesto «allá», que una decisión tomada en una parte del mundo tendrá un efecto en otra parte de eso, y esa diferenciación entre «lo mío» y «lo tuyo» comienza a ser discutible.

Por lo tanto, podría ser mejor contar historias honestamente de una manera que active un sentido del todo en la mente del lector, que active la capacidad del lector para unir fragmentos en un solo diseño y descubrir constelaciones enteras en pequeñas partículas de eventos. Para contar una historia que deja en claro que todo el mundo y todos están inmersos en una noción común, que producimos minuciosamente en nuestras mentes con cada giro del planeta.

La literatura tiene el poder de hacer esto. Deberíamos eliminar las categorías simplistas de literatura de alto y bajo nivel, popular y de nicho, y tomar la división en géneros muy a la ligera. Deberíamos abandonar la definición de «literatura nacional», sabiendo al igual que nosotros que el universo de la literatura es una sola cosa, como la idea de unus mundus, una realidad psicológica común en la que nuestra experiencia humana está unida. El autor y el lector realizan roles equivalentes, el primero a fuerza de crear, el segundo haciendo una interpretación constante.

Tal vez deberíamos confiar en los fragmentos ya que son fragmentos que crean constelaciones capaces de describir más, y de una manera más compleja, múltiples -dimensional. Nuestras historias podrían referirse entre sí de una manera infinita, y sus personajes centrales podrían entablar relaciones entre sí.

Creo que tenemos una redefinición por delante de lo que entendemos hoy en día por el concepto de realismo, y una búsqueda de uno nuevo que nos permita ir más allá de los límites de nuestro ego y penetrar en la pantalla de vidrio a través de la cual vemos el mundo. Porque en estos días la necesidad de la realidad es atendida por los medios de comunicación, los sitios de redes sociales y las relaciones indirectas en Internet. Quizás lo que inevitablemente nos espera es una especie de neo-surrealismo, algunos puntos de vista reorganizados que no temerán enfrentarse a una paradoja e irán contra la corriente cuando se trata del simple orden de causa y -efecto. De hecho, nuestra realidad ya se ha vuelto surrealista. También estoy segura de que muchas historias requieren una reescritura en nuestros nuevos contextos intelectuales, inspirándose en nuevas teorías científicas. Pero me parece igualmente importante hacer referencia constante al mito y a todo el imaginario humano. Volver a las estructuras compactas de la mitología podría traer una sensación de estabilidad ante la falta de especificidad en la que están viviendo hoy en día. Creo que los mitos son el material de construcción para nuestra psique y no podemos ignorarlos (a lo sumo, podríamos desconocer su influencia).

Sin duda, pronto aparecerá un genio capaz de construir una narrativa completamente diferente e inimaginable en la actualidad, y todo lo esencial se acomodará. Este método de narración seguramente nos cambiará; dejaremos caer nuestras viejas y restrictivas perspectivas y nos abriremos a las nuevas que, de hecho, siempre han existido en algún lugar aquí, pero hemos estado ciegos ante ellas.

En el Doctor Faustus, Thomas Mann escribió sobre un compositor que ideó una nueva forma de música absoluta capaz de cambiar el pensamiento humano. Pero Mann no describió de qué dependería esta música, simplemente creó la idea imaginaria de cómo podría sonar. Quizás en eso se basa el papel de un artista: dar un anticipo de algo que podría existir y, por lo tanto, hacer que se vuelva imaginable. Y ser imaginado es la primera etapa de la existencia.

7. Escribo ficción, pero nunca es pura fabricación. Cuando escribo tengo que sentir todo dentro de mí. Tengo que dejar que todos los seres vivos y los objetos que aparecen en el libro me atraviesen, todo lo que es humano y más allá del ser humano, todo lo que está vivo y no está dotado de vida. Tengo que mirar de cerca cada cosa y persona, con la mayor solemnidad, y personificarlos dentro de mí, personalizarlos.

Para eso me sirve la ternura, porque la ternura es el arte de personificar, de compartir sentimientos, y, por lo tanto, descubriendo similitudes. Crear historias significa dar vida constantemente a las cosas, dar existencia a todas las pequeñas partes del mundo que están representadas por las experiencias humanas, las situaciones que las personas han sufrido y sus recuerdos. La ternura personaliza todo con lo que se relaciona, lo que hace posible darle una voz, darle el espacio y el tiempo para que exista y se exprese. Es gracias a la ternura que la tetera comienza a hablar.

La ternura es la forma más modesta de amor. Es el tipo de amor que no aparece en las Escrituras o en los evangelios, nadie lo jura, nadie lo cita. No tiene emblemas o símbolos especiales, ni conduce a la delincuencia ni a la envidia inmediata.

Aparece donde miramos de cerca y con cuidado a otro ser, a algo que no es nuestro «yo».

La ternura es espontánea y desinteresada; va mucho más allá del sentimiento de empatía. En cambio, es el compartir consciente, aunque quizás un poco melancólico, del destino común. La ternura es una profunda preocupación emocional por otro ser, su fragilidad, su naturaleza única y su falta de inmunidad al sufrimiento y los efectos del tiempo. La ternura percibe los lazos que nos conectan, las similitudes y la similitud entre nosotros. Es una forma de mirar que muestra al mundo como vivo, interconectado, cooperando y codependiente de sí mismo.

La literatura se basa en la ternura hacia cualquier ser que no sea nosotros. Es el mecanismo psicológico básico de la novela. Gracias a esta herramienta milagrosa, el medio más sofisticado de comunicación humana, nuestra experiencia puede viajar a través del tiempo llegando a aquellos que aún no han nacido, pero que algún día recurrirán a lo que hemos escrito, las historias que contamos sobre nosotros mismos y nuestro mundo.

No tengo idea de cómo será su vida, ni quiénes serán. A menudo pienso en ellos con un sentimiento de culpa y vergüenza.

La emergencia climática y la crisis política en la que ahora estamos tratando de encontrar nuestro camino, y que estamos ansiosos por oponernos al salvar al mundo, no han salido de la nada. A menudo olvidamos que no son solo el resultado de un giro del destino o del destino, sino de algunos movimientos y decisiones muy específicos, económicos, sociales y que tienen que ver con la perspectiva mundial (incluidos los religiosos). La avaricia, la falta de respeto a la naturaleza, el egoísmo, la falta de imaginación, la rivalidad interminable y la falta de responsabilidad han reducido el mundo al estado de un objeto que se puede cortar en pedazos, agotar y destruir.

Por eso creo que debo contar historias como si el mundo fuera una entidad viva y única, formándose constantemente ante nuestros ojos, y como si fuéramos una parte pequeña y al mismo tiempo poderosa de él. ¶

© THE NOBEL FOUNDATION 2019 – Traducción del inglés de WMagazín.

………

  • Nota de este blog: Si tiramos una piedra, un guijarro, un «canto», en un estanque, produciremos una serie de ondas concéntricas en su superficie que, extendiéndose, irán afectando los diferentes obstáculos que encuentren a su paso: una hierba que flota, un barquito de papel, la boya del sedal de un pescador… (…) Otros movimientos invisibles se propagan hacia la profundidad, en todas direcciones, mientras el canto o guijarro continúa descendiendo, apartando algas, asustando peces, siempre causando nuevas agitaciones moleculares. (…) De forma no muy diferente, una palabra dicha impensadamente, lanzada en la mente de quien nos escucha, produce ondas de superficie y de profundidad, provoca una serie infinita de reacciones en cadena, involucrando en su caída sonidos e imágenes, analogías y recuerdos, significados y sueños, en un movimiento que afecta a la experiencia y a la memoria, a la fantasía y al inconsciente, y que se complica por el hecho de que la misma mente no asiste impasible a la representación. Por lo contrario, interviene continuamente para aceptar o rechazar, emparejar o censurar, construir o destruir. (Gianni Rodari – Gramática de la fantasía: El canto en el estanque).

______________________

 

El hábito de leer

 

La mujer lee más que el hombre (Isaac Israels: Muchacha leyendo en un sofá – 1920)

 

Alicia disfrutaba de los niños, pero su afición por la lectura absorbía su interés. En aquella época de escasez, casi no se conseguía libros y además eran muy pocos los que le permitían leer. Se aprendió de memoria los diccionarios de francés, español y alemán, y releyó muchas veces los pocos libros que tenía. Logró hacer trueque de algunos con las vecinas, sin la supervisión de su hermana y de Pedro. Estos libros prohibidos, novelas románticas y de aventuras, los devoraba escondida en las noches cuando todos dormían, y fueron su mayor distracción en los años de guerra.* (…) Pero hasta leer de noche estaba prohibido; la escasez de los insumos era terrible y Pedro no permitía que se gastaran velas innecesariamente. Alicia, para leer escondida, armaba una especie de carpa con los cobertores de la cama, y con los cabitos de vela que recolectaba se metía entre las sábanas y leía y releía viejos libros hasta el amanecer. Margot se aterrorizaba, pues creía que Pedro la podía descubrir o, lo que era peor, podía provocar un incendio y morir quemada.

Alicia Eduardo – Una parte de la vida

________________________________

 

La costumbre de leer es tan vieja como los libros, naturalmente, pero hay sociedades y grupos sociales que leen más que otros. He aquí una tabla comparativa del tiempo semanal que se dedica a la lectura en distintos países:

Tiempo dedicado a la lectura por países, en horas semanales por persona (2016)

 

En Venezuela se lee más que en Argentina, España, Alemania y Estados Unidos. (También leemos más que los australianos, canadienses, italianos, mexicanos, ingleses, brasileños y japoneses). Un total de seis horas y veinticuatro minutos semanales dedica, en promedio, cada venezolano a la lectura.

Pero ¿quiénes leen más? ¿Los varones o nosotras, las hormiguitas de la lectura? Al menos en la Madre Patria, país al que superamos, las mujeres leemos más, según artículo de ayer—Las mujeres aumentan la brecha de lectura con los hombres—en El País de España:

Las mujeres leen más que los hombres en España y la brecha va en ascenso. Según el último Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), presentado este viernes, esa diferencia ha aumentado un punto porcentual respecto al estudio anterior, que recogía los datos de 2018. En concreto, el 68,3% de mujeres lee libros en su tiempo libre frente al 56% de los hombres. De acuerdo con esa realidad, el perfil más típico del lector de libros en España es una mujer mayor de 55 años, con estudios universitarios y que vive en un área urbana. El 83% de ellas lee libros al menos una vez por semana, de acuerdo con los datos de esta muestra elaborada con información de 5.000 individuos por la empresa Conecta Research & Consulting para la FGEE, en la que colabora el Ministerio de Cultura y Deporte.

Las Hormigas no estamos solas. Como sabemos, hay hormigueros en todo el mundo. ¶

………

La Primera Guerra Mundial, que Alicia Eduardo vivió en Francia.

______________________

 

Un recio escritor

 

La obra más reciente (2019) de Mario Vargas Llosa

 

recio, cia De or. inc. 1. adj. Fuerte, robusto, vigoroso. Era un hombre recio en extremo. 2. adj. Grueso, gordo. Esta casa tiene unas paredes muy recias. 3. adj. Áspero, duro de genio. 4. adj. Duro, difícil de soportar. 5. adj. Dicho de una tierra: Gruesa, sustanciosa, de mucha miga. 6. adj. Dicho del tiempo: Riguroso, rígido. 7. adj. Intenso, violento. Soplaba un viento recio y frío.

Diccionario de la Lengua Española

______________________________

 

Son estos tiempos recios—diría Santa Teresa de Jesús—y son menester amigos fuertes de Dios para sustentar a los flacos.

 

Indudablemente nos han tocado tiempos recios. Este 11 de febrero de 2020 estaban desplegados en La Carlota radares y baterías antiaéreas. Se esperaba el regreso de Juan Guaidó a Venezuela, despues de una gira internacional por varios países amigos. El régimen mostraba sus colmillos.

Eso no paró a las Hormigas que, cargadas de cosas ricas para comer, llegaron puntuales y alborotadas a la casa de María Elvira. La tarde límpida de principios de año, y la brisa fresca que entraba desde el jardin atravesando el corredor, parecieron exaltar más que calmar los ánimos, tanto así que en vez de hormiguero parecíamos gallinero.

En el libro a discutir, Tiempos recios del maestro Mario Vargas Llosa, él nos cuenta, con su brillante arte de narrar, una parte de la historia de Guatemala que para las Hormigas era desconocida. Nos lleva a esos tiempos en que en Latinoamérica mandaban hombres crueles: dictadores afianzados y apoyados, en muchos casos, por los Estados Unidos, como Somoza de Nicaragua y Trujillo de la República Dominicana. En Venezuela, Marcos Pérez Jiménez; en Haití, Papa Doc Duvalier; en Cuba, Fulgencio Batista; en Colombia, Gustavo Rojas Pinilla y, en Perú, Manuel Odría.

Basándose en una exhaustiva documentación histórica, Vargas Llosa nos hace conocer cómo se puede cambiar la manera de percibir la realidad.

…el siglo XX sería el advenimiento de la publicidad como herramienta primordial del poder y de la manipulación de la opinión pública en las sociedades tanto democráticas como autoritarias.

En los tiempos en que en los Estados Unidos proliferaba el macartismo, las persecuciones y el terror al comunismo, los más importantes medios de comunicación “señalaban el peligro creciente que significaba para el mundo libre la influencia que la Unión Soviética iba adquiriendo en el país (Guatemala) a través de gobiernos que, aunque de fachada querían aparentar un carácter democrático, estaban en verdad infiltrados por comunistas”. Sugerían que querían convertirla en un satélite soviético y así influenciar a toda América Latina.

La verdad que revela esta historia es que toda la información fue prefabricada para preservar las tierras, los bajos sueldos y las malas condiciones laborales de los trabajadores indígenas y las bondades impositivas de las que había disfrutado hasta ese momento la United Fruit en ese país. Ese cambio de percepción influyó de tal manera en la opinión pública que el gobierno del Norte se involucró en un golpe de estado para derrotar al Presidente de la pequeña nación, quien, queriendo modernizar y democratizar a Guatemala y hacerla parecida a Estados Unidos, proponía cambios estructurales en el país, comenzando por la reforma agraria. Si eso se lograba, “la United Fruit tendría que enfrentarse a sindicatos, a la competencia internacional, pagar impuestos, garantizar seguro médico y jubilación a los trabajadores y a sus familias…”

No es la primera vez que se descubre que las mentiras, o la manipulación de información, provocan una intervención armada del imperio de Norte en algún país extranjero, causando muerte y destrucción. Es probable que el resultado de esa intervención acelerara o indujera el nacimiento de las guerrillas de izquierda en Latinoamérica que han diezmado la población y retrasado el progreso por tantos años.

…ya ves en qué terminó todo eso. En más matanzas y exílios. Estados Unidos echó por tierra esas ilusiones—de democracia—y ahora hemos vuelto a lo de siempre: dictadura tras dictadura… Lo único seguro es que Estados Unidos seguirá decidiendo todo por nosotros. Pero tal vez la alternativa sería peor… que Moscú, en vez de Washington organizara nuestra vida.

En estos días, cuando ha estado planteada la intervención de los Estados Unidos en Venezuela, el libro nos dejó un sabor amargo y más temor del que ya sentíamos.

“…tiene que haber muertos civiles, tiene que cundir el pánico entre la población civil”.

Corre paralela a esa historia la de Marta Borrero Parra: una adolescente de inteligencia destacada y reconocida belleza; tanta, que la llamaban Miss Guatemala, y que por circunstancias de la vida se vio implicada con hombres influyentes y con decisiones de poder en esos tiempos inciertos. Decidida a sobrevivir, no dudó en involucrarse y develar secretos a las agencias de inteligencia gringas que fueron, con seguridad, los que lograron salvarle la vida.

A pesar de que fue calificada por el Hormiguero con 6 puntos, la novela del maestro Vargas Llosa es pesada, difícil de leer. Influye, con seguridad, la cantidad de nombres y apellidos de personajes históricos importantes, cada uno con el sobrenombre por el que se le conocía, además de los saltos temporales que, en muchos casos, confunden al lector y hace enredada la trama. La lectura tiene sabor a reportaje de prensa o guión de documental audiovisual; se aleja de la literatura a la que el maestro nos tiene acostumbrados pero, una vez más, nos admira la investigación que hay detrás del texto y las técnicas literarias del autor.

Quedamos en leer para el próximo mes Tierra alta, de Javier Cercas, en asistir a una charla audiovisual sobre creatividad, impartida por nuestra admirada Menena Cottin y, además, en ver la película coreana ganadora del premio Oscar del año 2020, Parásitos, para asistir a un cineforo en casa de Rosa Elena.

Fue una tarde compleja; las noticias del ejército en la calle, la violencia en el aeropuerto de Maiquetía y la incertidumbre que se ha hecho cotidiana, nos tenían inquietas. El tema del libro, que dio para mucho que discutir, también nos incomodaba; pero el solo hecho de estar juntas, reunidas dentro de nuestra maravillosa burbuja de amistad, logró que fuera, como siempre, un momento de relajación y alegría. Además, los detalles primorosos de la anfitriona y la exquisita merienda nos alejaron de la dura realidad de estos tiempos recios que estamos viviendo.

NS

………

 

Acá está el video de una presentación de Vargas Llosa y su libro en Casa de América (Madrid), introducida y moderada por Pilar Reyes, Directora de la División Literaria de Penguin-Random House. Luego de una introducción por el escritor, quedó registrada una nutrida secuela de preguntas a Vargas Llosa y sus respuestas.

Karina Sainz Borgo, enviada de la revista Vozpópuli en la que escribe profusamente y, por supuesto, autora venezolana de La hija de la española, hizo una pregunta a Vargas Llosa que suscitó una respuesta de casi diez minutos, la que eludió por completo lo que se le había preguntado. (¿Incomodidad? ¿Olvido senil?) He aquí el audio de esa interacción, entresacado del video precedente:

 

___________________________

 

Mientras llega la minuta

 

Una entre ellas

 

Para alentar a un joven interesado en la poesía, desempolvé un texto mío de 1976, el año en que conocí a mi esposa. Su poderosa belleza ha debido hacer que pensara en algo polarmente opuesto y registrase por escrito, el 27 de diciembre de ese año, un texto al que llamé Borgiana, pues de algún modo imitaba el estilo de Jorge Luis Borges. (Tal vez por el empleo de uno de sus adjetivos favoritos: tenue, o el contraste contradictorio de “accidente imprescindible”). En el original, era un trozo de prosa. Acá lo transcribo descompuesto en líneas versificadas:

 

Bastantes años hace que en mi cuarto

recostado sobre el lecho y fijos los ojos

en algún punto de la habitación, ese punto me decía algo.

Me gritaba que tenía una forma especial y única,

lo que le daba derecho a ser visto,

a ser amado por al menos una mirada

y registrado al menos por una memoria.

 

Me he cruzado muchas veces con los mismos reclamos.

Reflejos en la cóncava pared de una copa,

minúsculos granos de ceniza

que adoptan una presuntuosa disposición,

una hoja disimulada entre muchas que la esconden…

 

Dejo de lado las cosas obvias, las que todo el mundo ve,

aquellas de las que todos hablan y dicen que son bellas.

Las que me han llamado con urgencia,

rogándome que las preserve en mi memoria,

no son de las que pueblan poemas y canciones:

alguna llave huérfana que ignora su puerta,

una piel que nunca visitará la tersura,

una sombra aun menos hermosa que su dueño,

el cuadro de un pintor sin talento, una media rota,

una ventana siempre clausurada.

 

Todas ellas, y muchas más que no he visto,

componen nuestro universo

junto con las que siempre son cantadas.

Tengo la tenue esperanza de que las que yo no haya notado

puedan exigir alguna vez los ojos de un viajero.

 

Y de no ocurrir ese accidente imprescindible,

guardo un último deseo:

que mi rostro refleje para otro esos recuerdos

antes de que mi tránsito termine.

………

Perdonen la intrusión en este Blog de Las Hormigas. LEA

______________________