El blog de Las Hormigas

¡Saludos formíceos! Desde Caracas, Venezuela, le damos la más cordial de las bienvenidas a este registro de actividades del club de lectura Las Hormigas.

Entrevista a Cristina Campos

Tomado de

Cristina Campos: “La relación que tienen los hombres con el sexo es muy diferente a la de las mujeres”

La escritora explora aspectos como el deseo femenino dentro del matrimonio en ‘Historias de mujeres casadas’

 

Cristina Campos

Grego Casanova

Publicado el 10/11/2022

 

¿Se puede mantener el deseo sexual en un matrimonio de más de 20 años? ¿Es la infidelidad masculina diferente a la femenina? ¿Cuántas veces los hijos son el único elemento que mantiene unido a un matrimonio cansado? La escritora Cristina Campos aborda todas estas cuestiones en Historias de mujeres casadas, novela por la que resultó finalista del premio Planeta 2022. Vozpópuli entrevista a la autora durante la presentación de la obra.

 

Pregunta. Habla de matrimonios, y sobre todo de mujeres cansadas del matrimonio. Alguien dijo que la monogamia era un buen invento para cuando la esperanza de vida era de 40 años. ¿Está de acuerdo?

Repuesta. (Risas) Es buenísimo eso.

Se lo escuché a Carmen Calvo hace poco en la radio, citando a alguien.

La rutina conyugal y el tedio de la vida cotidiana hacen que una relación se pueda resentir. Mi protagonista lleva casi dos décadas casada; es una mujer blanca, europea, privilegiada, independiente económicamente de su marido y se cruza un hombre en su camino, y puede romper esa relación. Es difícil el matrimonio… La media en España son 16 años de duración.

Justo ha mencionado personajes autónomos, independientes, inteligentes, pero ¿son libres?

El matrimonio les da libertad, lo que no les da libertad son los hijos. Esta novela sin hijos no funcionaría porque si llevas 16 años casada y se te cruza un tío interesante por la vida, te vas, lo pruebas. Pero si estás casada, tienes una familia, un tío maravilloso a tu lado, por el cual ese deseo sexual se desvanece con el tiempo. Y a mi protagonista se le cruza un tío interesante que además sexualmente se lo pasa muy bien con él y se plantea si dejar su matrimonio o no dejarlo.

¿Los hijos se pueden convertir en una especie de carceleros?

Yo soy hija de padres divorciados y no me ha ido mal en la vida… Lo que pasa es que priorizas a tus hijos y luego vas tú.

¿Cómo entendemos esto: tradición, conservadurismo en el sentido de cero riesgos?

No lo veo así, simplemente a mi protagonista le duele romper todo eso que ha construido todo eso a lo largo de su vida, a pesar de que desea física y psíquicamente a otro hombre. Es de valientes ser infiel.

Dentro de la pareja siempre va a ser un tabú esta falta de deseo sexual

Bueno, ellos lo saben… Hay un capítulo muy bonito dentro de la novela que se llama “La nobleza del marido” en el que se muestra la nobleza con el deseo por sus mujeres. Da igual el tiempo que haya pasado que nos siguen viendo hermosas. A mis protagonistas, sus maridos siguen deseándolas a pesar de haber envejecido, sin embargo a nosotras ese deseo sexual se nos desvanece. Ellos lo saben, aunque no se hable mucho, pero lo saben.

¿Cree que la generación Z y siguientes serán capaces de normalizar estas circunstancias?

Por supuesto que sí, la generación que sube creo que es mucho más sabia que la nuestra. Una infidelidad sería algo casi normal, el poliamor, las relaciones abiertas… Evidentemente, ellos lo asumirán de otra manera.

Porque este modelo tradicional, que refleja en su novela, ¿lo interpreta como una especie de represión?

No, simplemente es que las mujeres somos cuidadoras, protegemos nuestras familias. Esta novela habla del matrimonio desde la libertad, porque ella se queda allí porque quiere.

En su novela también aparece la figura de la prostitución. Todos los estudios señalan que los hombres consumen mucha más prostitución que las mujeres

¡Pero mucho! Son muchos millones de euros, la relación que tienen los hombres con el sexo es muy diferente. Las cuatro historias de las mujeres de la novela han sucedido realmente, mis amigas que han sido infieles ninguna de ellas buscaba una noche de sexo, amigos míos sí, o incluso los que han mantenido una relación con una amante han sabido diferenciar muy bien entre su mujer y su amante. En Holanda se intentó hacer gigolós y no funcionó, duró un mes.

¿A qué cree que se debe estas diferencias?

No lo sé… Las mujeres de mi generación, o mejor dicho, las mujeres con las que yo he hablado, las mujeres que me rodean, no tenemos tanta necesidad de sexo. Creo que el hombre tiene más necesidades, aunque no lo sé, no soy sexóloga.

En su novela aparece la dificultad de las mujeres de separar sexo y sentimiento

Es muy difícil que nosotras separemos sexo del sentimiento. Mi protagonista no busca una noche de sexo, busca una historia bonita, intensa, volverse a enamorar… Es muy mental el deseo de la mujer, como yo no quiera excitarme no me voy a excitar. De hecho, Gabriela, mi protagonista conoce a este hombre, lo admira, es un escritor conocido que le embriaga intelectualmente. También está la erótica del poder, las mujeres de las que yo hablo son inteligentes, universitarias, que se enamoran de hombres intelectualmente muy potentes. La erótica del poder existe.

¿Cree que existe más en las mujeres que en los hombres?

Sí, por supuesto. Un hombre ve a una mujer bonita… los hombres es más por el físico, y las mujeres es más por la cabeza. Todas mis amigas que han sido infieles, han sido con sus jefes.

Es finalista del Planeta, unas semanas después de que se conociera la ganadora del Nobel, en su novela hay algo de Annie Ernaux, ¿de qué otras autoras?

Annie Ernaux, Leila Slimani, Delphine de Vigan, Marguerite Duras… Yo leo mucho a las escritoras francesas porque tienen una capacidad de desnudarse psíquicamente, una falta de pudor al escribir que yo no he encontrado aquí. Yo he borrado muchas veces, porque cuando te lees mi novela hay momentos bestias de la intimidad más profunda de la mujer, y luego siempre vuelvo a estas escritoras y me digo: ‘Ellas han sido capaces, es ficción, atrévete’. Además, vas a favor de obra si cuentas la verdad, a los lectores les va a gustar, porque escribir es explicar la verdad. Entonces me apoyo mucho en ellas para no tener miedo en esa desnudez psíquica.

¿Incluso con aspectos autobiográficos?

No es una novela que para nada hable de mí, pero sí que juego con la figura del alter ego. Mi protagonista siente como siento yo, pero no tiene nada que ver conmigo. ¶

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Germen del realismo mágico

 

Alejo Carpentier (La Habana, 1904-París, 1980). En 1933 terminó su primera novela ¡Ecué-Yamba-Ó! y salió de Francia por poco tiempo para Madrid. Aprovechó la ocasión para visitar Toledo, ciudad a la que regresó al año siguiente, cuando fue invitado por García Lorca al estreno de Yerma en Madrid. Desde París escribió una serie de artículos sobre la realidad española donde Toledo se convierte en su referente artístico castellano. Su entusiasmo por el arte barroco, origen del concepto de «lo real maravilloso» sitúa al Transparente de la catedral toledana en su principal foco de atracción, que dejará huella en obras suyas como El Siglo de las luces (novela) o Concierto barroco.

Wikipedia en Español

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Primer capítulo de

Concierto barroco

(1974)

 

…abrid el concierto…
SALMO 81

 

De plata los delgados cuchillos, los finos tenedores; de plata los platos donde un árbol de plata labrada en la concavidad de sus platas recogía el jugo de los asados; de plata los platos fruteros, de tres bandejas redondas, coronadas por una granada de plata; de plata los jarros de vino amartillados por los trabajadores de la plata; de plata los platos pescaderos con su pargo de plata hinchado sobre un entrelazamiento de algas; de plata los saleros, de plata los cascanueces, de plata los cubiletes, de plata las cucharillas con adorno de iniciales… Y todo esto se iba llevando quedamente, acompasadamente, cuidando de que la plata no topara con la plata, hacia las sordas penumbras de cajas de madera, de huacales en espera, de cofres con fuertes cerrojos, bajo la vigilancia del Amo que, de bata, sólo hacía sonar la plata, de cuando en cuando, al orinar magistralmente, con chorro certero, abundoso y percutiente, en una bacinilla de plata, cuyo fondo se ornaba de un malicioso ojo de plata, pronto cegado por una espuma que de tanto reflejar la plata acababa por parecer plateada… —“Aquí lo que se queda—decía el Amo—. Y acá lo que se va”. En lo que se iba, también alguna plata—alguna vajilla menor, un juego de copas, y, desde luego, la bacinilla del ojo de plata—, pero, más bien, camisas de seda, calzones de seda, medias de seda, sederías de la China, porcelanas del Japón—las del desayuno que, vaya usted a saber, tomaríase, a lo mejor, en gratísima compañía—, y mantones de Manila, viajados por los anchísimos mares del Poniente. Francisquillo, de cara atada, cual lío de ropas, por un rebozo azul que al carrillo izquierdo le pegaba una hoja de virtudes emolientes, pues el dolor de muelas se lo tenía hinchado, remedando al Amo, y meando a compás del meado del Amo, aunque no en bacinilla de plata sino en tibor de barro, también andaba del patio a las arcadas, del zaguán a los salones, coreando, como en oficio de iglesia: “Aquí lo que se queda… Acá lo que se va”. Y tan bien quedaron, a la puesta del sol, los platos y platerías, las chinerías y japonerías, los mantones y las sedas, guardados donde mejor pudieran dormir entre virutas o salir a larguísimo viaje, que el Amo, aún de bata y gorro cuando le tocara ponerse ropas de mejor ver —pero ya hoy no se esperaban visitas de despedida formal—, invitó al sirviente a compartir con él un jarro de vino, al ver que todas las cajas, cofres, huacales y petacas quedaban cerrados. Después, andando despacio, se dio a contemplar, embauladas las cosas, metidos los muebles en sus fundas, los cuadros que quedaban colgados de las paredes y testeros. Aquí, un retrato de la sobrina profesa, de hábito blanco y largo rosario, enjoyada, cubierta de flores—aunque con mirada acaso demasiado ardiente—en el día de sus bodas con el Señor. Enfrente, en negro marco cuadrado, un retrato del dueño de la casa, ejecutado con tan magistral dibujo caligráfico que parecía que el artista lo hubiese logrado de un solo trazo—enredado en sí mismo, cerrado en volutas, desenrollado luego para enrollarse otra vez—sin alzar una ancha pluma del lienzo. Pero el cuadro de las grandezas estaba allá, en el salón de los bailes y recepciones, de los chocolates y atoles de etiqueta, donde historiábase, por obra de un pintor europeo que de paso hubiese estado en Coyoacán, el máximo acontecimiento de la historia del país. Allí, un Montezuma entre romano y azteca, algo César tocado con plumas de quetzal, aparecía sentado en un trono cuyo estilo era mixto de pontificio y michoacano, bajo un palio levantado por dos partesanas, teniendo a su lado, de pie, un indeciso Cuauhtémoc con cara de joven Telémaco que tuviese los ojos un poco almendrados. Delante de él, Hernán Cortés con toca de terciopelo y espada al cinto—puesta la arrogante bota sobre el primer peldaño del solio imperial—, estaba inmovilizado en dramática estampa conquistadora. Detrás, Fray Bartolomé de Olmedo, de hábito mercedario, blandía un crucifijo con gesto de pocos amigos, mientras Doña Marina, de sandalias y huipil yucateco, abierta de brazos en mímica intercesora, parecía traducir al Señor de Tenochtitlán lo que decía el Español. Todo en óleo muy embetunado, al gusto italiano de muchos años atrás—ahora que allá el cielo de las cúpulas, con sus caídas de Titanes, se abría sobre claridades de cielo verdadero y usaban los artistas de paletas soleadas—, con puertas al fondo cuyas cortinas eran levantadas por cabezas de indios curiosos, ávidos de colarse en el gran teatro de los acontecimientos, que parecían sacados de alguna relación de viajes a los reinos de la Tartaria… Más allá, en un pequeño salón que conducía a la butaca barbera, aparecían tres figuras debidas al pincel de Rosalba pittora, artista veneciana muy famosa, cuyas obras pregonaban, con colores difuminados, en grises, rosas, azules pálidos, verdes de agua marina, la belleza de mujeres tanto más bellas por cuanto eran distantes. Tres bellas venecianas se titulaba el pastel de la Rosalba, y pensaba el Amo que aquellas venecianas no le resultaban ya tan distantes, puesto que muy pronto conocería las cortesanas—plata, para ello, no le faltaba—que tanto hubiesen alabado, en sus escritos, algunos viajeros ilustres, y que, muy pronto, se divertiría, él también, con aquel licencioso juego de astrolabios al que muchos se entregaban allá, según le habían contado—juego consistente en pasear por los canales angostos, oculto en una barca de toldo discretamente entreabierto, para sorprender el descuido de las guapas hembras que, sabiéndose observadas, aunque fingiendo la mayor inocencia, al ajustarse un ladeado escote mostraban, a veces, fugazmente pero no tan fugazmente como para que no se contemplara a gusto, la sonrosada poma de un pecho… Volvió el Amo al Gran Salón, leyendo de paso, mientras apuraba otra copa de vino, el dístico de Horacio que sobre el dintel de una de las puertas había hecho grabar con irónica intención hacia los viejos tenderos amigos —sin olvidar al notario, el inspector de pesas y medidas, y el cura traductor de Lactancio—, que, a falta de gente de mayores méritos y condición, recibía para jugar a los naipes y descorchar botellas recién llegadas de Europa:

Ah, dolente partita,
Ah, dolente partita!…

Pero en eso sonó el aldabón de la puerta principal. Quedó en suspenso la voz cantante mientras el Amo, con mano puesta en sordina, acalló la vihuela: —“Mira a ver… Pero a nadie dejes pasar, que harto me vienen despidiendo ya desde hace tres días…” Chirriaron lejanas charnelas, alguien pidió excusas en nombre de otros que lo acompañaban, se adivinaron las “muchas gracias”, se oyó un sonado “no vaya a despertarlo” y un coro de “buenas noches”. Y volvió el criado con un largo papel enrollado, de resma holandesa, donde en letra redondilla de clara lectura se sumaban los encargos y pedidos de última hora—ésos, que sólo acuden a la memoria ajena cuando está uno con un pie en el estribo—hechos al viajero por sus amigos y contertulios… Esencias de bergamota, mandolina con incrustaciones de nácar a la manera cremonense—para su hija—, y un barrilete de marrasquino de Zara, pedía el inspector de pesas y medidas. Dos faroles a la moda boloñesa, para frontoleras de caballos de tiro, pedía Iñigo, el maestro platero—con el ánimo, seguramente, de tomarlos como modelos de una nueva fabricación que podría agradar a las gentes de acá. Un ejemplar de la Bibliotheca Orientalis del caldeo Assemino, estacionario de la Vaticana, pedía el párroco, amén de algunas “monedillas romanas” —¡vamos: si no resultaban demasiado costosas!— para su colección numismática, y, de ser posible, un bastón de ámbar polonés con puño dorado (no era forzoso que fuese de oro) de esos que venían en largos estuches forrados de terciopelo carmesí. El notario estaba antojado de algo raro: un juego de naipes, de un estilo desconocido aquí, llamado minchiate, inventado por el pintor Miguel Ángel, según decían, para enseñar aritmética a los niños y que, en vez de ajustarse a los clásicos palos de oro, basto, copa y espada, ostentaban figuras de estrellas, el Sol y la Luna, un Papa, el Demonio, la Muerte, un Ahorcado, el Loco—que era baraja nula— y las Trompetas del Juicio Final, que podían determinar un ganancioso Triunfo. (—“Cosa de adivinación y ensalmo”—insinuó la hembra que, atendiendo a la lectura de la lista, se iba quitando las pulseras y bajando las medias.) Pero, lo más gracioso de todo era el ruego del Juez Emérito: para su gabinete de curiosidades, pedía nada menos que un muestrario de mármoles italianos, insistiendo en que no faltaran—de ser posible—el capolino, el turquín, el brecha, parecido a mosaico, y el amarillo sienés, sin olvidar el pentélico jaspeado, el rojo de Numidia, muy usado en la Antigüedad, y acaso, también, algún trocito del lunarquela, con dibujo de conchas en las vetas, y, si no fuese abusar con ello de tanta amabilidad, una lajilla del serpentino—verde, verdoso, abigarrado, como el que podía verse en ciertos panteones renacentistas… —“¡Eso no lo carga ni un estibador egipcio, de esos que, por forzudos, alababa Aristófanes!—exclamó el Amo—: No ando con un baúl mundo a cuestas. Pueden irse todos a hacer puñetas, que no pienso malgastar el tiempo de mi viaje en buscar infolios raros, piedras celestiales o bálsamos de Fierabrás. El único a quien complaceré será a tu maestro de música, Francisquillo, que sólo me pide cosas modestas y fáciles de traer: sonatas, conciertos, sinfonías, oratorios —poco bulto y mucha armonía… y ahora, vuelve a tus cantos, muchacho…”

Ah, dolente partita,
Ah, dolente partita!…

Y luego hubo algo, mal recordado, de A un giro sol di bell’occhi lucenti… Pero, cuando el servidor concluyó el madrigal, apartando la mirada del mástil de la vihuela, se vio solo: ya el Amo y su visitante nocturna habían marchado a la habitación de los santos en marcos de plata para oficiar los júbilos de la despedida en la cama de las incrustaciones de plata, a la luz de los velones puestos en altos candelabros de plata.¶

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Uno de los programas estrella de RCR, y uno de mis favoritos, era El Torneo del Saber, una producción de ARS Publicidad (Permítanos pensar por Ud.), agencia fundada por Carlos Eduardo Frías en sociedad con Arturo Úslar Pietri. El público enviaba preguntas a un cuarteto infalible, compuesto por nada menos que Úslar Pietri, Alejo Carpentier, Miguel Acosta Saignes y Franklin Whaite, encargado de fildear las cuestiones de deporte. (A veces sustituido por Abelardo Raidi; en ocasiones, José Antonio Calcaño hacía la segunda a alguno de los humanistas). Era muy difícil ponchar a esta poderosa batería, pero si ésta no podía contestar alguna pregunta, el remitente recibía por correo certificado la cantidad de cien bolívares. Usualmente, debía conformarse con veinte, pues era raro que la pregunta más difícil no fuera contestada de inmediato. El Torneo del Saber, transplante de la radio, fue el primer programa de concursos de la televisión en Venezuela, y su tema musical era el primero de La gazza ladra, obertura de Gioacchino Rossini (1792-1868). (Música hertziana).

Obertura de La gazza ladra. (Gustavo Dudamel, Orquesta Filarmónica de Berlín).

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El poeta venezolano Rafael Cadenas gana el Premio Cervantes 2022

Tomado  de

de España

Rafael Cadenas

 

El máximo galardón literario en castellano está dotado con 125.000 euros. “Lo de los premios puede volver loco a cualquiera”, dice el autor tras recibir la llamada

El poeta venezolano Rafael Cadenas acaba de sumar el Premio Cervantes a su colección de grandes galardones de la literatura en español. Los tenía casi todos: el Reina Sofía, el de la FIL de Guadalajara, el García Lorca…. Ya los tiene todos. A sus 92 años, el sucesor de la uruguaya Cristina Peri Rossi en el palmarés lleva décadas siendo una de las voces fundamentales de la lírica latinoamericana. Una de las voces o, mejor dicho, uno de los silencios fundamentales. Porque Cadenas detesta comentar su poesía, elude cuanto puede las entrevistas y le quita importancia a todo lo que pueda haberle sucedido en la vida. Que no es poco.

Nacido en Barquisimeto en 1930, su militancia comunista durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez le obligó a exiliarse cuatro años ―de 1952 a 1956― en la isla Trinidad, pero él acostumbra a desactivar la tensión heroica aclarando que no queda más que a 30 kilómetros de la costa venezolana. Además, añade, “era colonia británica; había mucha libertad”. Se fue con un primer libro publicado ―Cantos iniciales (1946)― y volvió con una experiencia que le daría para dos: Una isla (1958) y Los cuadernos del destierro (1960).

Seis años más tarde, en medio de una terrible depresión, publicó Falsas maniobras, que incluye su poema más famoso, Derrota, todo un icono en América Latina. Por supuesto, su autor se afana en rebajarlo cada vez se le recuerda la popularidad de esos. Lo escribió con 32 años —es decir, hace seis décadas— y ya no se reconoce en ellos. ¿El origen de tanta fama? El ambiente de los años sesenta y la euforia democrática que llevó al Gobierno a Rómulo Betancourt. “Yo que no he tenido nunca un oficio / que ante todo competidor me he sentido débil / que perdí los mejores títulos para la vida / que apenas llego a un sitio ya quiero irme (creyendo que mudarme es una solución)…”. Así empieza un poema-autorretrato en el que el nuevo Cervantes se declaraba imbécil, humillado, ridículo, sin personalidad (ni ganas de tenerla) y avergonzado por actos que no había cometido. Pasado el tiempo, solo dice identificarse con el verso que afirma que apenas habla.

“Humilde, silencioso y rebelde” son palabras que usó para sí mismo en otro poema. Su tendencia a callar se ha traducido, de hecho, en una escritura cada vez menos exuberante. El jurado del premio Cervantes ha subrayado esa exigencia al premiar una obra que “demuestra el poder transformador de la palabra cuando se lleva la lengua al límite de sus posibilidades creadoras”. En 2007 Rafael Cadenas reunió todos sus libros en Obra entera, un tomo de 700 páginas publicado en España por la editorial Pre-Textos y por el Fondo de Cultura Económica en Latinoamérica. Le siguieron títulos como Sobre abierto (2012) o En torno a Basho y otros poemas (2016). En 2018 Visor publicó Contestaciones, un conjunto de glosas breves a fragmentos de autores como Wislawa Szymborska, Emily Dickinson, Pablo Neruda y, premonitoriamente, Miguel de Cervantes.

La parte de la rebeldía le ha llevado a salir de su habitual discreción para, sin teñir de política su obra, criticar la autoritaria falta de separación de poderes que se vive en Venezuela. Ni que decir tiene que fue acosado desde las filas progubernamentales. Ni que decir tiene que él le quitó importancia a lo que le pasaba: el acoso no se tradujo en agresión. “Seamos reales / quiero exactitudes aterradoras”, dicen dos versos del arte poética que —sin “falsedad” ni brillos”— incluyó en Intemperie (1977). Con todo, siempre ha manifestado su escepticismo respecto al papel social y político de un poema. “La poesía es todopoderosa e insignificante”, afirmó en una entrevista con EL PAÍS en 2014 en las horas previas a una lectura pública en Madrid. “Insignificante porque su influencia en el mundo es mínima. Poderosa por su relación con el lenguaje. La política vacía de sentido las palabras —democracia, justicia, libertad—, los poetas llaman la atención sobre ese vacío. Las palabras pierden su valor si no se corresponden con la cosa que designan. No es nada nuevo. Confucio lo llamaba ‘rectificación de los nombres’ y eso es un poeta: alguien que rectifica”. Visto así, el cuadro de honor del Cervantes, dotado con 125.000 euros, sigue llenándose de rectificadores. Desde 2018 solo ganan poetas: Ida Vitale, Joan Margarit, Francisco Brines, Cristina Peri Rossi y, hoy, Rafael Cadenas, el primer venezolano de su historia.

En Derrota decía que nunca usaría corbata. Veremos cómo se viste el próximo 23 de abril cuando acuda a la Universidad de Alcalá de Henares a recoger el Premio Cervantes de manos del rey Felipe. En el mismo famoso maldito poema escribió “yo que he sido humillado por profesores de literatura…”. Tiene cuatro meses para saldar cuentas.

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Cadenas: “Necesito tiempo para recuperarme porque aún no me lo creo”

Diego Arroyo

Rafael Cadenas estaba solo en su casa cuando recibió la llamada. Desde que falleció su esposa, Milena, en 2017, vive en su departamento de siempre, en un barrio del sureste de Caracas, acompañado por Andrea Nolasco, su nieta, profesora de instituto. 
–Atendí yo el teléfono porque Andrea no está, está dando clases –explica el poeta–. Yo creo que no se ha enterado –se ríe.
–¿Quién lo llamó?
–Del Cervantes.
–Ya… Pero, ¿quién?
–Ah, no sé –vuelve a reírse–. Estoy fulminado. Necesito tiempo para recuperarme porque aún no me lo creo. 
–¿No sé cayó para atrás cuando le dieron la noticia?
–No… pero porque estaba sentado. Porque si no… María Fernanda ya me aconsejó, echando broma, que tuviera cuidado. –Cadenas se refiere a la escritora María Fernanda Palacios, una de sus mejores amigas y la primera persona a la que llamó tras enterarse de que le habían otorgado el Cervantes.
–¿De que tuviera cuidado de qué?
–Tú sabes, lo de los premios puede volver loco a cualquiera. Así me dijo una vez Antonio Gamoneda y me acordé ahora. 
–Igual usted nunca ha vivido por los premios.
–Ah no, imagínate, eso no –y se ríe una vez más un hombre que tiene fama no solo de ser callado, lo cual es falso puesto que es un extraordinario conversador, sino además muy serio y sobrio, pero se nota que hoy está tomado por el júbilo.
Luego de llamar a María Fernanda Palacios, Cadenas llamó a Silvio, su hijo, que salió volando a la casa de su padre para ayudarlo a gestionar lo que se les viene encima en cuanto a felicitaciones y solicitudes de entrevistas. “Cuando Rafael se ganó el Premio Reina Sofía aprendimos cómo había que ocuparse de estas cosas”, dice Silvio. ¶

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Para Las Hormigas

Las Hormigas se alimentan mayormente de palabras castellanas, las que siguen una gramática lógica de sencillo y estable gobierno sobre los textos pronunciados y escritos en esa lengua. Acá les entrego el inicio de un breve taller de castellano que ofrecí a los periodistas de El Diario de Caracas, cuando me cupo el honor de ser su Editor en Jefe (1999-2000). La idea era la de uniformar gramaticalmente su escritura para que fuera correcta, y así aliviar al departamento de corrección de textos, que podía verse comprometido cotidianamente y retrasar el envío de lo escrito al departamento de prensa para su reproducción en papel.

Don Andrés Bello

El idioma castellano es, creo, el más lógico y consistente de los hablados por los humanos. Adicionalmente, pienso que la Gramática de la Lengua Castellana de Andrés Bello es de lógica superior a su precursora que, escrita por Antonio de Nebrija en 1492, coincidió con el Descubrimiento de América.

 

 

 

 

 

NOTAS DE CASTELLANO INSTÁNTANEO

La estructura sintáctica fundamental del castellano es la cláusula. Así define el DRAE la cláusula castellana, en su sentido gramatical y retórico: “Tradicionalmente, conjunto de palabras que, formando sentido completo, encierran una sola oración o varias íntimamente relacionadas entre sí”. La comprensión de la anatomía de la cláusula castellana es el conocimiento esencial para hablar y escribir correctamente el idioma.

Puede entenderse a la cláusula como sinónimo de oración, puesto que este último término también se aplica a una sola proposición con “sentido completo” (una oración simple), o a un conjunto de proposiciones u oraciones interrelacionadas que forman parte de una sola locución. (Una oración compleja).

La cláusula u oración castellana comienza con una palabra de inicial mayúscula y concluye con un punto, sea este seguido, aparte o final. (Los puntos suspensivos pueden hacer las veces del punto).

El sentido completo en una oración requiere la presencia de un verbo activo: esto es, que no sea un participio o un infinitivo. (El infinitivo tiene carácter de sustantivo: “El comer frugalmente es una costumbre sana”. El participio, en cambio, funciona como adjetivo: “Se vendió la casa pintada recientemente”). De hecho, es la presencia del verbo lo que distingue una oración de una mera frase o conjunto de palabras, como “el perro bravo”. (frase. 1. f. Conjunto de palabras que basta para formar sentido, especialmente cuando no llega a constituir oración). Así, toda oración es una frase, pero no toda frase es una oración.

En una oración compleja (formada por varias oraciones) puede darse una de dos estructuras: 1. si las oraciones que forman el conjunto son todas del mismo nivel, y no dependen la una de la otra, estamos ante “oraciones coordinadas”, usualmente separadas por una conjunción. Ej., “La economía se vio rezagada y el desarrollo político se estancó”; 2. si las oraciones son de distinto nivel, la anatomía de la cláusula estará compuesta por una “oración principal” y una o más “oraciones subordinadas”.

La oración principal se distingue porque si se la escribe sola tiene cabal sentido; las oraciones subordinadas, en cambio, no tienen sentido en ausencia de la oración principal, y sirven para añadir significado a la principal. Las hay de dos clases: 1. subordinadas explicativas, cuya supresión no afecta el significado de la oración. Ej., “El teniente, que había llegado temprano, presentó sus credenciales a tiempo”. Claramente, la oración principal es “El teniente presentó sus credenciales a tiempo”, locución que tiene perfecto y suficiente sentido. La oración “que había llegado temprano”, ni tiene sentido por sí sola, ni es requerida para formar el significado de la principal; 2. subordinadas especificativas, que ofrecen un rasgo o característica específica, añaden significado a la oración principal, aunque no sean requeridas para que ésta posea sentido gramatical. Ej. “El teniente que llegó de primero obtuvo la comisión”. Acá la oración principal es “El teniente obtuvo la comisión”, lo que tiene sentido gramatical, pero no se trata de cualquier teniente, sino de aquel “que llegó de primero”, especificación que es proporcionada por esta subordinada especificativa. Las oraciones subordinadas explicativas van precedidas y seguidas de una coma. Las especificativas sólo llevan una coma al final.¶

LEA

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La Tierra del Fuego

La autora, VIII Premio Sor Juana Inés de la Cruz

 

En el Hormiguero leímos la novela que ganó el Octavo Premio Sor Juana Inés de la Cruz en 1999: La tierra del fuego (Alfaguara, 1998). Está basada en una historia real, muy bien documentada y escrita con rigor histórico por Sylvia Iparraguirre (Buenos Aires, 4 de julio de 1947). En ella se relata la particular historia de dos jóvenes suramericanos que se encuentran, en el año 1830, en un barco que va desde Cabo de Hornos rumbo a Londres, a la civilización. Uno de ellos, John William Guevara, quien es el narrador de la historia en tono epistolar, ha nacido en la pampa y es hijo bastardo de criolla y de un inglés que le pone el nombre pero no le da su apellido. Este bucanero, instruido y borracho, al verse solo con el niño cuando muere la madre, decide dejar de tomar y dedicarse a enseñarle todo lo que sabe a su hijo y, cuando siente que ha cumplido su propósito, se quita la vida. El muchacho va entonces en busca del mar, al que idealizó y aprendió a amar a través de su padre, y se embarca con el capitán Fitz Roy quien, a pesar de su rudeza en el trato, termina de educar al grumete y le encarga como misión especial cuidar y enseñar las normas básicas de convivencia a un joven aborigen yámana secuestrado en Cabo de Hornos, a quien llamaron Jemmy Button. Entre los dos muchachos va surgiendo una amistad sólida, que va más allá de la cultura y las diferentes costumbres y continuará por muchos años.

Con Button se pretendió hacer un experimento social y político de integración de dos mundos. Lo visten, le enseñan el idioma, le muestran la ciudad y lo exhiben ante la sociedad londinense. Él queda negativamente impactado con lo que encuentra; no puede entender cómo entre tanta riqueza pueda haber personas en la miseria. En su cultura, donde todos son iguales y los bienes compartidos, es prioridad cuidar a los niños y honrar a los ancianos. Lo que él ve en la gran ciudad es que a los caballos los cuidan más que a muchas personas.

A pesar de que le desagradan algunas de las costumbres, se adapta rápidamente, se sorprende por la cantidad de alimentos que le ofrecen, ya que ése es uno de los principales problemas en su comunidad, y aprende a disfrutar del poder que le da el dinero. Se impresiona con el valor que le dan al tiempo y lo compara con el de su tierra, donde se medía por estaciones y mareas. Valora desde lejos sus islas salvajes y el límpido mar que dejó y se asquea con la mugre con la que viven en Londres.

Al considerar finalizado el experimento social con Butonn, consienten en devolverlo a sus islas y emprenden el regreso, con la idea de llevar ahora la religión y la civilización a los salvajes; quieren cristianizarlos en su propio ambiente. Para ello, construyen un pequeño asentamiento, lo dotan de todos los adelantos posibles de la época y dejan un pequeño grupo de colonizadores. En ese momento los dos amigos se separan, Button vuelve a su pueblo y John William al mar.

Se encontrarían años después en las Islas Malvinas—las Falkland para los ingleses—en donde se está desarrollando un juicio que enfrenta las dos civilizaciones y se hace explícito el fracaso de los ingleses en su intento de “culturizar” a los aborígenes. Button, representando a su gente, es acusado de la matanza de los colonizadores y de haber saqueado y destruido el asentamiento. Éste es el punto focal de esta historia, el juicio de la civilización a la barbarie. Los ingleses no lograban diferenciar a unos pueblos de otros. No saben que, aunque para ellos todos los indios son iguales, hay grandes diferencias que ellos no logran ver entre las diferentes tribus. Ya el veredicto estaba claro; era un juicio amañado, sin defensa posible, pero gracias al idioma que Butonn aprendió y a que se hizo evidente que no fue su pueblo el de la matanza, nuestro personaje logra volver con los suyos despojándose de cualquier rastro civilizatorio antes de abandonar el barco.

Desnudo, levantó el brazo y lo sostuvo en alto; su mano, arriba, separó los dedos. Levanté mi brazo.

Recuperada su desnudez esencial, Button volvía al hondo sueño de la Tierra del Fuego, al viento polar, a la libertad de sus bosques, al invierno más antiguo del mundo, a las altas hogueras de la noche austral, a su patria.

Así se separaron los amigos protagonistas de esta historia del encuentro entre dos culturas; ellos sí supieron respetarse.

Es una historia larga, lenta, fastidiosa para muchas Hormigas. Los personajes están descritos desde una visión externa y poco profunda, es difícil conocer sus motivaciones personales. Aunque la autora es una mujer no hay personajes femeninos relevantes. Está escrita en forma de carta, es la visión de John William de los acontecimientos. A muchas les molestó que cada vez que nombraba al destinatario usara dos nombres, por no estar seguro de cuál era el correcto.

Expresa bastante bien la soledad de la pampa y la del navegante en el mar. Da cuenta de los abusos que los ingleses cometían contra esos pueblos, su pesca indiscriminada y el uso desproporcionado de la fuerza. Está bien escrito y hace un claro retrato de la época en que se desarrolla la historia y, a pesar de que muchas dijeron que no lo disfrutaron, obtuvo seis (6) puntos en la evaluación y dio para una pequeña discusión sobre colonialismo inglés y las misiones religiosas en América.

Fue una reunión atípica porque, por sugerencia de Carolina, merendamos en la pastelería Saint Honoré de Santa Fe. A pesar de que era difícil escucharnos, disfrutamos de la belleza del lugar y del menú, pero sobre todo de encontrarnos, vernos, abrazarnos en un lugar público y sin mascarillas.

El próximo libro a leer es Mañana en la batalla piensa en mí de Javier Marías. Es importante leer rápido porque vienen las navidades y el Hormiguero se disgrega.¶

NS

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La tumba más hermosa del mundo

Tomado de Calle del Orco

Blog de Literatura. Grandes encuentros

 

Tumba de León Tolstoi – Yásnaia Poliana, Rusia

 

No he visto en Rusia nada más grandioso e impresionante que la tumba de Tolstoi. Ese augusto monumento, venerable centro de peregrinación de las generaciones futuras, queda desplazado y solo, sombreado en el bosque. Un sendero estrecho, que discurre sin aparente plan entre claros y maleza, conduce a este túmulo, que no es otra cosa que un pequeño rectángulo amontonado de tierra, que nadie vigila ni ampara, a la sombra única de unos pocos grandes árboles. Y esos árboles descollantes, mecidos suavemente por el viento del temprano otoño, fueron plantados por el mismo León Tolstoi, según me refiere su nieta. Su hermano Nicolás y él habían oído, cuando niños, de boca de alguna ama o aldeana, la antigua conseja de que allí donde se plantan árboles se constituye un lugar de felicidad. Y por eso, jugando, habían hincado por las buenas en la tierra unos cuantos renuevos en determinados lugares y no habían tardado en olvidar este juego de niños. Sólo al cabo de mucho tiempo se acordó Tolstoi de aquella anécdota infantil y del extraño augurio de felicidad, que se presentó de repente al hombre fatigado de la vida como provisto de un significado nuevo y más bello. E inmediatamente expresó su deseo de ser enterrado bajo aquellos árboles plantados por él mismo.

Se cumplió puntualmente esta voluntad de Tolstoi, y aquel lugar pasó a ser la tumba más bella, impresionante y triunfal del mundo. Un pequeño túmulo rectangular en medio del bosque, recubierto de flores –nulla crux, nulla corona–, sin cruz, ni lápida, ni inscripción, y ni siquiera el nombre: “Tolstoi”. El gran hombre está enterrado en el anonimato; el que sufría como ninguno bajo el peso de su nombre y fama, enterrado como cualquier vagabundo hallado por casualidad. A nadie se impide el acceso a su último lugar de descanso; la débil cerca que lo rodea no está cerrada: nada protege el descanso de León Tolstoi sino el respeto de los hombres, que, en otros casos, se complacen en turbar con su curiosidad las tumbas de los grandes. Pero aquí justamente la irrefutable sencillez proscribe la desatada curiosidad e impone hablar en voz baja. El viento susurra en los árboles que cobijan la tumba del anónimo; el sol juguetea sobre ella; la nieve pone en invierno su tierna nota de blancor sobre la tierra oscura, y se podría transitar por aquí, verano e invierno, sin advertir que ese pequeño rectángulo prominente  acogió en su seno la parte terrena de uno de los hombres más poderosos de nuestro mundo. Mas precisamente ese anonimato conmueve más que todos los mármoles y pompas posibles: de los centenares de personas de hoy, este día excepcional, ha atraído hacia su rincón de descanso, ninguno ha tenido el atrevimiento de tomar como recuerdo ni una sola flor del oscuro túmulo. Nada de este mundo resulta más monumental –eso se experimenta de continuo– que la suprema sencillez. Ni la cripta de Napoleón bajo los mármoles de los Inválidos, ni el sepulcro de Goethe en la tumba principesca de Weimar, ni el sarcófago de Shakespeare en la abadía de Westminster impresionan a su vista una y otra vez las fibras más humanas del hombre como esa conmovedora tumba anónima perdida en el bosque, con su solemne silencio, en la que sólo susurra el viento y que está desprovista de todo aviso y palabra.¶

Stefan Zweig

Hombre, libros y ciudades

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Stefan Zweig (/ʃ’tɛfan tsvaɪk/; Viena, Austria-Hungría; 28 de noviembre de 1881-Petrópolis, Brasil; 22 de febrero de 1942) fue un escritor, biógrafo y activista social austríaco, posteriormente nacionalizado británico, de la primera mitad del siglo XX. (Wikipedia en Español).

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Nobel de Literatura 2022

 

Annie Ernaux, Premio Nobel de Literatura 2022 | Cultura | DW | 06.10.2022

Annie Ernaux, Premio Nobel de Literatura 2022 (Foto DW)

 

(CNN) — La autora francesa Annie Ernaux ganó el Premio Nobel de Literatura, anunciaron los organizadores en Estocolmo este jueves.

Ernaux, de 82 años, ha escrito varias novelas célebres, muchas de las cuales son autobiográficas. Su primer libro, “Les armoires vides”, se publicó en francés en 1974 y en inglés como “Cleaned Out” en 1990. Su cuarto trabajo, “La place” (1983) o “A Man’s Place” (1992), la llevó a la prominencia.

Recibió el prestigioso premio “por el coraje y la agudeza clínica con la que descubre las raíces, los extrañamientos y las restricciones colectivas de la memoria personal”.

El trabajo de Ernaux está estrechamente inspirado en su propia vida y reflexiona sobre la familia, la clase, la política y el género.

“Su trabajo es intransigente y está escrito en un lenguaje sencillo, limpio”, dijo este jueves Anders Olsson, de la Academia Sueca, cuando anunció su galardón.

“Y cuando ella con gran coraje y agudeza clínica revela la agonía de la experiencia de clase, describiendo la vergüenza, la humillación, los celos o la incapacidad de ver quién eres, ha logrado algo admirable y perdurable”, agregó Olsson.

Ernaux nació en un pueblo rural en Normandía, al norte de Francia, en 1940, de padres que tenían una tienda y una cafetería. Su educación ocupa un lugar destacado en sus novelas, así como sus experiencias durante la adolescencia y la edad adulta.

La academia dijo que no había podido contactar a Ernaux antes de revelar su victoria, pero esperaba que pronto se enterara de su logro.

Los organizadores dijeron a los periodistas este jueves que se centraron en la calidad literaria y no en enviar un mensaje al mundo al elegir el premio. Pero la victoria de Ernaux arroja luz sobre sus escritos sobre el aborto, meses después de que la Corte Suprema de EE. UU. anulara Roe v. Wade.

Su novela “Happening” detalla su experiencia de someterse a un peligroso aborto clandestino en 1963, cuando el procedimiento era ilegal en Francia.

“Hubo miles que habían pasado por abortos secretos, quería recrear la verdad exactamente cómo era en ese momento, deshaciéndome de cualquier conocimiento de la lucha por los derechos de las mujeres que seguiría”, dijo la autora a The Guardian en 2019.

“Porque en 1963, 1964, cuando me pasó a mí, era impensable imaginar que algún día se autorizaría el aborto, los médicos ni siquiera hablaban de eso”.

Los Nobel se han entregado a lo largo de la semana. Los premios científicos se anunciaron de lunes a miércoles. El viernes se dará a conocer el ganador del Premio de la Paz. ¶

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Frankenstein

Retrato de Mary Shelley por Richard Rothwell (1840), exhibido en la Royal Academy de Londres ese año junto con versos de su esposo, Percy Shelley, en los que la llama “una hija de amor y de luz”.

 

Después de casi dos meses de la reunión en casa de Silvia Castillo para hablar sobre Frankenstein, libro escrito por Mary Shelley, puedo mandarles esta minuta con mucho retraso por causas ajenas a mi voluntad.

El libro resultó un gran éxito. A todas nos gustó mucho y recibió la alta calificación de 8 puntos.

Esa tarde faltaron muchas; de todas las que estábamos en Caracas solo asistimos nueve. Como siempre, fue una maravillosa reunión, ávidas todas de hablar, comer y beber (esta vez, papelón con limón). La merienda estuvo divina, como todo lo que hace Silvia, una anfitriona de lujo.

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Mucho se ha escrito sobre esta novela, sobre su autora y también sobre su madre, Mary Wollstonecraft Godwin, que tiene una historia si cabe más interesante que la propia autora.

Esta novela es una obra gótica y revolucionaria publicada el 1º de Enero de 1818. Mary Shelley la comenzó a escribir cuando tenia diecioho años; dos años antes había tenido un bebé que había nacido muerto. Luego vuelve a estar embarazada y criando al bebé comienza a escribir Frankenstein, cuando en un viaje a Italia con sus amigos, entre ellos Lord Byron, surgió la idea de escribir un cuento de terror. Lo publicó anónimamente porque en ese entonces no podía poner su nombre por ser mujer. Unos años más tarde, lo publica con su nombre con el apoyo de su papá.

Frankenstein es cuatro historias en una: alegoría, fábula, novela epistolar y autobiografía.

Es considerada la primera novela de ciencia ficción, está escrita en primera persona y es producto de la era del Romanticismo.

Es una obra de terror clásico, produce muchos sentimientos: abandono, soledad, tristeza…

Victor Frankenstein, el científico que crea al monstruo, se pone al nivel de Dios al querer infundir vida a un ser creado por él.

A todas nos creó diferentes y profundos sentimientos. Ana María dijo que el preámbulo es muy complicado y tiene razón; al terminar el libro volví a leerlo. Otras comentaron que es un libro muy filosófico sobre la vida, la muerte, la bondad, el mal, la creación de un ser inocente para luego abandonarlo a su suerte.

Marisabel comentó sobre la entrevista del monstruo con Víctor, su abandono y el trato que recibió de la gente, que lo fue volviendo el ser maligno en que se convirtió.

La idea de Rousseau sobre Prometeo, el titán griego, hijo de la diosa Gea (la Tierra) y de Zeus. Zeus amarró a Prometeo y lo dejó a la intemperie para que se lo comieran los pájaros. Moría y a la mañana siguiente renacía, y el tormento volvía a empezar, se repetía todos los días. De esa historia se inspiró Shelley para el nombre de El moderno Prometeo.

Leer clásicos no tiene desperdicio, debiéramos seguir escogiéndolos.

Así termina esta minuta prometida hace casi dos meses y que al fin llega. Gracias por la paciencia.¶

Graciela Sucre de Behrens

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Arturo y las mujeres

Tomado de

Arturo Pérez-Reverte: “De tanto mirar a las mujeres, sobre todo de joven, descubrí su superioridad”

 

En la guerra y en los conflictos los hombres siempre son los protagonistas, pero las mujeres también jugamos un papel importante y usted lo refleja siempre en sus novelas.
Es que estoy convencido de que si el varón cambia con la guerra, con la vida, con la violencia, también cambia con las mujeres. Cuando un hombre se acerca a una mujer y la mira de verdad, se queda fascinado y a veces aterrado. No hay nada más peligroso que una mujer herida o dispuesta a pelear por lo que cree u odia. Las mujeres son más valientes, más inteligentes, más decididas. Cuando toman una decisión, su consecuencia es asombrosamente coherente. Tengo una teoría: la mujer ha pasado tantos siglos callada y observando, mientras el hombre salía a cazar mamuts, a hacer la guerra o al fútbol, y ellas en casa pariendo hijos para la guerra, siendo motín del vencedor o moneda de cambio, que ha ido adquiriendo unos conocimientos sobre el hombre y la vida de los que el hombre carece. Lo llevan en su código genético. Yo he aprendido más de las mujeres que de los hombres. Y de tanto mirarlas, sobre todo cuando uno es joven, descubrí su superioridad intelectual y moral. No hay más que comparar a un niño y a una niña de la misma edad para darse cuenta. Por eso en mis novelas siempre hay mujeres fuertes, listas y valientes.

 

En Revolución hay tres ejemplares magníficos. Sin hacer spoiler, ¿quiénes son?                    Maclovia Ángeles, analfabeta, guerrillera que va con la revolución, una mula de carga, infeliz, que sigue a su hombre hasta que le matan y acaba con otro porque alguien tiene que protegerla; lúcida, con coraje y resignación, valiente, dura, útil. Luego está Yurem Laredo, con la astucia y los egoísmos e intereses de la clase alta. Para ella el mundo está a su servicio. La belleza unida al dinero crea este tipo de personaje. Y una tercera protagonista es la periodista americana Diana Palmer, inspirada en una mujer real, que viaja, lee, vive. Esa mujer no me la invento. En aquella época había varias mujeres que viajaban y trabajaban como periodistas, como Nellie Bly, que dio la vuelta al mundo como muchas hicieron como corresponsales de la Primera Guerra Mundial. Estas tres mujeres representan tres vías de acceso a la lucidez para el protagonista, Martín Garret.

 

Y usted que dice haber aprendido tanto de las mujeres, ¿ha sabido conservar a lo largo de su vida a sus grandes amores?
A ese tipo de preguntas no contesto. Ni lo he hecho ni lo haré. (Off the record sí responde, no sin antes recordarme que nunca en la vida se ha dejado fotografiar acompañado). ¶

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Enlace a la entrevista completa

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La venezolana María Elena Morán gana el premio Café Gijón de Novela

Morán toca la crisis de su país en la obra con la que obtuvo el galardón. Foto Siruela

 

Tomado de Letralia – jueves 15 de septiembre de 2022

 

La escritora venezolana María Elena Morán (Maracaibo, Zulia, 1985) obtuvo el premio Café Gijón de Novela 2022, que está dotado con 20.000 euros y la publicación de la obra por la editorial Siruela, con Volver a cuándo.

El jurado, compuesto por Mercedes Monmany, Rosa Regàs, Antonio Colinas, Marcos Giralt Torrente y presidido por José María Guelbenzu, destacó “el excelente dominio de tiempos, acción y estructura del relato por medio de las diversas voces narrativas”, así como “una escritura coloquial, de gran musicalidad y con hallazgos expresivos muy sugerentes”.

La novela cuenta desde varios puntos de vista la historia de Nina, quien durante el agravamiento de la crisis venezolana en 2019 emigra a Brasil, dejando a su hija Elisa bajo los cuidados de la abuela Graciela, una mujer en luto por su esposo Raúl, el país y la revolución.

Mientras Nina intenta organizar su precaria vida de migrante para poder llevar a Elisa y a Graciela consigo, Camilo, el ex marido, aprovecha su ausencia para acercarse a la niña y sacarla del país. Lo que para él es un intento desesperado de recuperar a su familia, para Nina no es más que una réplica íntima del autoritarismo nacional, ese que él maneja tan bien y que ella ya no está dispuesta a aceptar.

Durante una conversación telemática desde Brasil con los organizadores del galardón en España, Morán manifestó sentirse sorprendida de que esa novela “muy latina” que escribió con una “honestidad brutal” haya “logrado atravesar las fronteras”.

“Ha sido una investigación muy personal sobre las cuestiones que el libro toca. Es un intento de contar cómo todos los vínculos son atravesados por lo social y lo político”, agregó la autora, que confesó además que se trata de una novela “honesta” porque durante el proceso de escritura se sacó “del pecho dolores” que desde hace tiempo tenía “condensados”, como el “luto por un país, por una idea de revolución”.

Además, Morán ha deseado que esta novela llegue a su país natal, donde es una “desconocida”, ya que se trata de un libro en el que se ha dejado “el alma”.

Ofelia Grande, editora de Siruela, que desde 2007 publica las obras ganadoras del galardón, calificó Volver a cuándo como una novela “incontestable”. Esta es la primera vez que el premio, que convoca el Ayuntamiento de Gijón, cae en manos de un autor latinoamericano desde que el sello se encarga de la edición. La obra llegará a las librerías en enero de 2023.

Morán es graduada en Comunicación Social en la Universidad del Zulia (2007) y en guión cinematográfico en la Escuela Internacional de Cine y Televisión (EICTV) de Cuba (2012). Magister y doctora en Escritura Creativa por la Pontifícia Universidade Católica do Rio Grande do Sul de Brasil (2022), actualmente vive en São Paulo, Brasil.

Sus cuentos han aparecido en las antologías Melhor não abrir essa gaveta (2015), Fake Fiction (2020), Acervo de Ficções (Zouk, 2021) y Não escrevo porque (2021), entre otras, así como en diferentes revistas. Su primera novela, Los continentes del adentro, fue publicada en 2021. La autora es colaboradora de Letralia desde 2015.

El premio Café Gijón fue instituido en 1949 por el actor Fernando Fernán-Gómez, en el célebre establecimiento del paseo de Recoletos de Madrid. Entre su nómina de ganadores figuran nombres como César González-Ruano, Ana María Matute, Carmen Martín Gaite o Luis Mateo Díez, en su primera etapa, y más recientemente, José Antonio Garriga Vela, Martín Casariego, Jesús Ferrero, José Morella, Antonio Fontana o Alexis Ravelo, ganador del año pasado con su novela Los nombres prestados. ¶

Fuentes: EFEEl CulturalEuropa Press

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