El blog de Las Hormigas

¡Saludos formíceos! Desde Caracas, Venezuela, le damos la más cordial de las bienvenidas a este registro de actividades del club de lectura Las Hormigas.

El último cuento de Borges

Jorge Luis Borges, María Kodama y su gato

 

Hoy se cumplen 35 años de la muerte de Jorge Luis Borges, grande entre los grandes escritores en lengua castellana. El 3 de noviembre del año pasado, infobae publicó su último texto explicándolo así:

El cuento que Borges dictó poco antes de morir: una traición, una ejecución y una culpa que lo acompañó hasta el final – “Silvano Acosta”, un texto breve inédito hasta hace unos días, recorre una historia que involucró a su abuelo militar y un desertor. El autor de “El Aleph” conoció el relato, oculto por décadas, gracias a una subasta. 19 de noviembre. 1985. Primeras horas de la mañana. Una sensación extraña recorre a Jorge Luis Borges y le pide a María Kodama que tome lápiz y papel. Y le dicta: “Desde el momento de nacer contraje una deuda, asaz misteriosa, con un desconocido que había muerto en la mañana de tal día de tal mes de 1871”.

Acá está su brevísimo texto:

De la mano de María Kodama

Silvano Acosta

 

Mi padre fue engendrado en la guarnición de Junín, a una o dos leguas del desierto, en el año de 1874. Yo fui engendrado en la estancia de San Francisco, en el departamento de Río Negro, en el Uruguay, en 1899. Desde el momento de nacer contraje una deuda, asaz misteriosa, con un desconocido que había muerto en la mañana de tal día de tal mes de 1871. Esa deuda me fue revelada hace poco, en un papel firmado por mi abuelo, que se vendió en subasta pública. Hoy quiero saldar esa deuda. Nada me costaría fantasear rasgos circunstanciales, pero lo que me ha tocado es lo tenue del hilo que me ata a un hombre sin cara, de quien nada sé salvo el nombre, casi anónimo ahora, y la perdida muerte.

Asesinado Urquiza, la montonera jordanista asedió a Paraná. Una mañana entraron a caballo en la plaza y dieron la vuelta golpeándose la boca y gritando algún sapucai* para hacer burla de la tropa. No se les ocurrió apoderarse de la ciudad.

Para levantar el sitio, el gobierno envió al regimiento número dos de infantería de línea. Faltaban plazas y una leva recogió algunos vagos en las tabernas y en las casas malas del Bajo. Acosta fue apresado en esa redada, entonces común. Nada me costaría atribuirle una parroquia de Buenos Aires o un oficio determinado -peón de albañil o cuarteador- pero esa atribución haría de él un personaje literario y no el hombre que fue lo que fue. A la semana desertó del cuartel y se pasó a los montoneros. Tal vez pensó que la disciplina entre gauchos sería menos severa que en las filas de un ejército regular. Tal vez quería desquitarse de haber sido arrastrado a la guerra. Prosiguió la campaña y un Destacamento del Dos trajo prisioneros. Alguien reconoció al pobre Acosta. Era un desertor y un traidor. El coronel Francisco Borges, mi abuelo, firmó la sentencia de muerte con la buena caligrafía de la época. Cuatro tiradores la ejecutaron.

Yo nací treinta años después. Un vago sentimiento de culpa me ata a ese muerto. Sé que le debo una reparación, que no le llegará. Dicto esta inútil página el diecinueve de noviembre de 1985. 

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* Un sapucai es un grito largo y agudo, usado como llamado o signo de júbilo. Es típico de la cultura guaraní, muy difundido en la región litoral de Argentina y las provincias de Corrientes, Chaco, y Formosa. Es particularmente usado en la cultura del Chamamé y por los pescadores de la región. Etimológicamente, su origen parece provenir del guaraní sapukái (“grito; gritar, clamar”); según informes populares, “grito triunfal del mensú o hachero al derribar un árbol”.​ El sapucai tiene muchos significados. Para unos es un grito que se usaba en los eclipses para pedirle a Dios que no acabara con el mundo,​ para otros es un grito que describe emociones y que puede ser distinguido por personas​, como sucedió en el conflicto de la Guerra de las Malvinas, cuando los soldados hacían sus sapucai y sus compañeros lo podían distinguir y sentir dolor, impotencia u honor por luchar por su patria . (Wikipedia en Español).

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Más de infobae sobre Borges: https://www.infobae.com/cultura/2021/06/13/la-literatura-la-ceguera-la-democracia-el-amor-el-feminismo-las-opiniones-contundentes-de-jorge-luis-borges/

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Valerie Miles: “Intentamos hacer una radiografía de la realidad literaria en español”

Tomado de El Universal

Valerie Miles, Directora de Granta en español

 

La directora editorial de la revista “Granta” en español explica por qué Venezuela no figura en la lista de los mejores jóvenes narradores de la publicación

 

  • DULCE MARÍA RAMOS

06/06/2021

 

Cada diez años, desde 1983, la revista inglesa Granta elige a una veintena de jóvenes escritores como representantes de una generación emergente. En esa primera lista inglesa destacaron las voces de Salman Rushdie, Kazuo Ishiguro, Ian McEwan, William Boyd, Shiva Naipaul, Rose Tremain, Julian Barnes y Martin Amis, por mencionar algunos nombres. En el caso de su par en español, la primera lista se realizó en 2010, figurando en ella Santiago Roncagliolo, Andrés Neuman, Samantha Schweblin y Alejandro Zambra.

La revista

Para su segunda edición, Granta presentó el año pasado la convocatoria y al cierre recibieron 200 candidaturas. En esta oportunidad hubo una mayor participación de mujeres; en 2010 recibieron 65 postulaciones y para esta ocasión, 82. Cabe destacar que en sus reglas de selección, la revista tomó en consideración que fueran escritores nacidos a partir del 1º de enero de 1985; es decir, menores de 35 años; que tuvieran, por lo menos, una novela o un conjunto de relatos publicado o contratado, y por supuesto que escribieran en lengua española.

El jurado estuvo conformado por los narradores Horacio Castellanos Moya, Rodrigo Fresán y Chloe Aridjis; Aurelio Major, poeta y cofundador de Granta en español; Gaby Wood, directora literaria de la Fundación Booker, y Valerie Miles, cofundadora y directora editorial de la publicación.

Cristina Morales, Andrea Abreu (España) y Mónica Ojeda (Ecuador) / CORTESÍA

Los autores seleccionados fueron catorce hombres y once mujeres: Camila Fabbri, Michel Nieva y Martín Felipe Castagnet (Argentina); Paulina Flores y Diego Zúñiga (Chile); José Ardila (Colombia); Carlos Fonseca (Costa Rica), Carlos Manuel Álvarez, Dainerys Machado Vento y Eudris Planche Savón (Cuba); Mónica Ojeda (Ecuador); Andrea Abreu, Irene Reyes-Noguerol, Munir Hachemi, David Aliaga, Cristina Morales y Alejandro Morellón (España); Estanislao Medina Huesca (Guinea Ecuatorial); Aniela Rodríguez, Andrea Chapela, Aura García-Junco y Mateo García Elizondo (México); José Adiak Montoya (Nicaragua); Miluska Benavides (Perú), y Gonzalo Baz (Uruguay).

El número que incluye textos inéditos de la segunda generación de los mejores narradores en español fue publicado por la editorial independiente española Candaya.

Carlos Fonseca (Costa Rica), Mateo García Elizondo (México) y Diego Zúñiga (Chile) / CORTESÍA

 

-¿Cómo se hizo la selección para esta lista de narradores en español?
-El proceso tuvo dos etapas. En la primera se eligió a un grupo de escritores; en la segunda, estos autores entregaron un texto inédito para su selección final. Es importante señalar que nuestra mirada es totalmente independiente, llevamos cuarenta años haciendo estas listas, cada diez años, esta es la segunda en español. Esta independencia nos permite no mirar por cuotas o por países, intentamos hacer una radiografía actual de la realidad literaria. Ahora, en el caso de los narradores en español, podemos comparar una generación con la otra y ver qué cosas han cambiado. Nuestra selección es muy estricta, evaluamos la escritura, la originalidad, temas que nos sorprendan o novedosos, técnicas y que fueran lectores. Nos interesaba la ficción, obras escritas desde la imaginación, y escritores que conciban sus vidas desde la escritura y la necesidad de contar historias.

-Han surgido críticas sobre la ausencia de algunos autores.
-En la introducción de la revista lo explico. Lo bueno es que estamos en conversación, en debate y esto nos enriquece a todos. Muchos de los que no están son por cosas como la edad, porque no escriben ficción o en el caso de la colombiana Juliana Delgado Lopera, que su narrativa está escrita en inglés y no era elegible; también nos sucedió con Irene Solà que escribe en catalán. Debemos mantener las reglas. Lo que sí puedo asegurar es que todos los que están en lista escriben muy bien.

-El venezolano Rodrigo Blanco Calderón escribió un artículo manifestando su malestar con la lista; dice que en ambas ediciones se ha ignorado a escritores de El Salvador, Guatemala, Honduras, Panamá, Paraguay, Puerto Rico, República Dominicana y Venezuela.
-Nosotros hacemos una convocatoria pública, hablamos con libreros, instituciones, editores; es necesario que esta gente escuche y circule la convocatoria y postulen a los escritores. En el caso de Venezuela recibimos solo una postulación. Hacemos un enorme esfuerzo por encontrar escritores de todos los países hispanoamericanos, es natural que en los países donde no existe una estructura editorial o una escena literaria no llegue la información y no se postulen escritores. Nosotros estamos deseosos de leerlos a todos. También la comunidad literaria debe actuar, cualquier persona puede postular a un autor a través del formulario que estaba disponible en la página: un agente, un editor o un periodista. Los países que poseen escenas literarias, editoriales, talleres tendrán más posibilidades y por ende, un ambiente más propicio para que emerjan escritores y darlos a conocer.

-¿Y en el caso de Venezuela?
-En la revista hemos traducido y publicado varios cuentos de Israel Centeno y Ana Nuño. Estamos encantados de publicar autores venezolanos. En esta edición, por ejemplo, estaba postulada la escritora Raquel Abend van Dalen, en lo particular me encantó, pero lamentablemente no quedó en la selección final. Es muy difícil para un jurado decidir, y a veces, llegar a un consenso.

-¿La lista en realidad busca a autores, no a representantes de países?
-Intentamos velar por las voces, no miramos el tema de los países. Lo curioso de esta generación es que muchos de los autores no vienen de las grandes ciudades, no están escribiendo sobre las urbes y en muchos casos están utilizando un español muy particular. La lista no es una competencia de países. Tenemos el caso de Estanislao Medina Huesca de Guinea Ecuatorial, que es un escritor de un país pequeño. Tiene que existir un deseo de los escritores y las editoriales en participar y darse esa oportunidad. ¶

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Premio Princesa de Asturias de las Letras

Tomado de EL PAÍS – Cultura

Emmanuel Carrère gana el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2021

El autor de ‘El adversario’ o ‘Limónov’ es uno de los escritores más influyentes del siglo XXI

 

 

 

El autor Emmanuel Carrère, fotografiado en su casa de París, este miércoles.                       Ed Alcock / M.Y.O.P.

 

Marc Bassets

París – 09 jun 2021 – 6:58 GMT-4

 

Emmanuel Carrère (París, 63 años), autor de descarnados libros confesionales y relatos sobre personajes reales que viven al límite de la humanidad, ha ganado este miércoles el Premio Princesa de Asturias de las Letras. En su último libro, Yoga, Carrère narra su caída en el infierno de la depresión y, con él, da por cerrado un ciclo de libros autobiográficos que le ha ocupado casi dos décadas. Aunque es uno de los escritores más influyentes del siglo XXI, el autor de El adversario (publicado por Anagrama como el resto de su obra en castellano) nunca ha obtenido el Goncourt, el galardón más prestigioso de las letras francesas.

“No me lo esperaba”, declara Carrère a EL PAÍS tras conocer que es el elegido. Hasta el martes no recibió el aviso de que estaba en la lista de candidatos finales y que, al día siguiente, podría tener noticias. El breve lapso no le dejó tiempo para angustiarse con el resultado. “Y esto es agradable porque uno no tiene el tiempo de morderse las uñas diciéndose ‘oh, là, là, sería genial ganar”.

Cuando se le pide que define su literatura, cuál ha sido su aportación a la literatura contemporánea, Carrère duda en responder, pero después habla de “una cierta honestidad y una cierta obstinación a la hora de cavar en un mismo surco”. ¿Qué surco? “Se trata de intentar contar algo sobre la relación y la tensión entre mi consciencia y el mundo exterior. Pero esto es un poco abstracto. Hay una expresión inglesa que me gusta: to think out of the box, salir de la caja en la que estamos. Y lo que intento hacer en los libros y en la vida es un esfuerzo, ciertamente no muy fructuoso, pero en todo caso sostenido, para intentar pensar y vivir un poquito fuera de esta caja”.

Carrère no es un escritor difícil: su prosa tersa, un estilo casi periodístico, el tono coloquial del amigo que cuenta en confianza su vida a media voz, un ritmo endiablado que atrapa al lector en la primera página y no lo suelta hasta la última. Pero tampoco es un autor sencillo. La suya es una literatura al límite, de la que nadie sale indemne. Al límite de la intimidad y el pudor, del daño que los demás pueden sufrir al convertirse en sujetos literarios o de la transformación de personajes deleznables en protagonistas de novelas que ya son clásicos, como El adversario, la crónica publicada en 2000 sobre Jean-Claude Romand, el falso médico que durante casi dos décadas ­llevó una doble vida y acabó matando a sus familiares más cercanos.

 

Experiencias al límite

Carrère creció en una familia burguesa e intelectual parisina. Su madre es la historiadora Hélène Carrère d’Encausse, gran especialista en Rusia, sovietóloga de referencia durante la Guerra Fría y actualmente secretaria perpetua de la Academia francesa, es decir, su directora vitalicia. Emmanuel Carrère, infectado desde adolescente por el virus de los libros y las ficciones, comenzó su carrera literaria con relatos fantásticos, influidos por su adorado Philip K. Dick, a quien dedicaría en los años noventa un ensayo biográfico. Los compaginó con críticas de cine en la revista Positif y entrevistas y reportajes. La combinación de ambos mundos —la literatura imaginativa y el periodismo que documenta la realidad— son la marca de su estilo.

El autor Emmanuel Carrère, fotografiado en su casa de París, este miércoles. Ed Alcock / M.Y.O.P.

El adversario marcó un giro en su obra y vida, que nunca han dejado de confundirse. Hasta entonces sus libros eran ficciones como El bigote, donde un hombre se afeitaba el bigote, pero nadie de su entorno se daba cuenta, lo que desencadenaba una peripecia existencial. Con El adversario inauguró una etapa de libros documentales en primera persona. La historia de Romand consagró a Carrère como maestro de la no ficción y llevaría al autor, al estilo de Montaigne, uno de sus modelos, a convertirse en sí mismo en objeto de sus reportajes.

La experiencia no resultó grata ni para él ni para los suyos. En Una novela rusa contó un año de su vida sin escudo ni frenos a la hora de exponer sus propias miserias, los momentos más íntimos con su pareja de entonces y un episodio de la familia de su ilustre madre que esta habría preferido guardar en secreto. En De vidas ajenas, que podía leerse como una secuela de Una novela rusa, contaba su reconciliación con la vida, su redención junto a quien sería su pareja y esposa durante más de una década, la periodista Hélène Devynck. Y suponía un cambio de foco literario: el tema ya no eran él y sus neuras y enfermedades, sino otras personas, modestas y heroicas. Yoga, marcado por la separación de Devynck y la recaída en la depresión, cierra el círculo.

Entretanto, Carrère publicó libros aclamados como Limónov, una biografía novelada del disidente soviético y líder nacionalista ruso, y El Reino, donde mezclaba una narración autobiográfica sobre su conversión al catolicismo en los años noventa y su relación con la religión con un relato de los primeros años del cristianismo. Y nunca abandonó su otro oficio, el de director de cine: del melancólico documental Regreso a Kotelnich, cuya elaboración es una de las tramas de Una novela rusa, a El muelle de Ouistreham, basado en el reportaje de su amiga Florence Aubenas sobre las mujeres de la limpieza en la costa del canal de la Mancha. Tras aplazarse por la pandemia, El muelle de Ouistreham se estrenará en el próximo festival de Cannes y debería llegar a las pantallas en 2022.

El Premio Princesa de Asturias de las Letras le llega en un momento de relativa calma tras años de turbulencia psíquicas y desavenencias familiares. Y confirma un vínculo profundo con los lectores en lengua española. “Desgraciadamente para mí, no soy hispanohablante, pero siento un verdadero gusto por el mundo y la cultura española”, dice. Entre los autores contemporáneos que lee cita a Javier Cercas, Rosa Montero y el colombiano Juan Gabriel Vásquez. Y recuerda el papel determinante de su editorial en su recepción entre los lectores de habla hispana: “Tuve la suerte de tratar durante tiempo con Jorge Herralde. ¡No es poco! Es la encarnación de lo que representa un gran editor. Verdaderamente comparto el premio con Herralde y la casa Anagrama”.¶

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Premio de la Crítica para Pérez Reverte

Tomado de EL PAÍS Cultura

PREMIOS DE LA CRÍTICA

Arturo Pérez-Reverte gana el Premio de la Crítica por ‘Línea de fuego’, su retrato de la guerra en la trinchera

Arturo Pérez Reverte, escritor. Foto: Uly Martin.

 

JACINTO ANTÓN

Barcelona – 05 JUN 2021

 

El Premio de la Crítica, promovido por la Asociación Española de Críticos Literarios, ha distinguido este año al académico y escritor Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 69 años) por Línea de fuego (Alfaguara), su novela sobre la trágica batalla del Ebro. El galardón también tiene una categoría lírica, que ha ganado Ramón Andrés (Pamplona, 66 años) por su poemario Los árboles que nos quedan (Hiperión). También han sido galardonados Albert Pijuan (Tsunami) y Josep María Escrivá (Sempre és tard) en la categoría de lengua catalana; Inma López Silva (O libro da filla) y Ana Romaní (A desvértebra) en gallego, y Pello Lizarralde (Argiantza) y Jon Gerediaga (Natura Berriak) en euskera.

Pérez-Reverte se ha mostrado feliz a su manera con el reconocimiento. “Cuando llevas tantos años, un premio, cualquier premio, no tiene demasiada importancia”, ha dicho a este diario, con su tono de corsario carrasposo, curtido y escéptico, y leal. “Pero soy consciente de que amigos míos llevaban años luchando para que me lo dieran. Mi agradecimiento a ellos, y lo acepto en su nombre”.

De la novela galardonada, “muy coral”, señala: “Mi intención era que, al llevar 20 páginas, al lector le diera igual en qué bando combatieran los personajes. No es una novela de guerra, sino de seres humanos”. Ha recalcado que es asimismo una novela “de frente de batalla” y que de esas sobre nuestra Guerra Civil hay pocas. “Hay muchas de retaguardia, pero no de primera línea de fuego, y las que hay están escritas solamente desde un bando o el otro”.

El escritor se ha manifestado contento porque el libro “ha sido muy valorado por los lectores y por la crítica en general, excepto algún caso muy puntual”. Sobre el hecho de que se ofrezca un retrato muy equilibrado de los combatientes, con valientes, cobardes, gente decente y miserables en ambos bandos, ha señalado que “en las trincheras todos son iguales”. Ha puntualizado: “Por razones familiares sé que lo de buenos y malos en el campo de batalla es muy relativo. Por supuesto, todos sabemos que el de la República era el lado correcto y el de los franquistas el incorrecto”.

Eso mismo ha destacado el presidente del jurado, Fernando Valls, al explicar a este diario las razones por las que Línea de fuego ha resultado ganadora en esta edición: “Dentro de todo lo que se ha escrito sobre la Guerra Civil española, destaca por la pluralidad de voces que aporta. Muestra el horror de la batalla desde el aspecto humano, con personajes que a veces están en un bando u otro por azar, todo muy bien contado. No es que sea equidistante, pues la narración parte de la legalidad de la República, pero los franquistas tampoco aparecen como monstruos. En definitiva, es compleja, plural y múltiple”.

Cualquier lector de Línea de fuego —y en realidad cualquier fan desde El húsar— sabe que Pérez-Reverte lleva como nadie al corazón de la batalla; de hecho, lees la historia agachando la cabeza ante los obuses y los disparos de fusilería y ametralladora como si estuvieras en el fregado. “He tratado de contar la guerra en la trinchera, he visto muchas guerras, la única forma de contar la batalla desde dentro es haberla vivido”, ha dicho el autor.

Aunque las unidades y los personajes protagonistas son inventados, el realismo es sobrecogedor. Pérez-Reverte utiliza con extrema pertinencia y conocimiento de causa el lenguaje militar y describe con exactitud tácticas, uniformes y armamento. Escogió la batalla del Ebro, ha explicado, “porque es la más dura de nuestra guerra, con 20.000 bajas, chavales de 16 años y abuelos llamados a filas; es la batalla más sangrienta y la más estúpida. A la semana ya se sabía quién iba a ganarla. Fue un choque de carneros, de tozudez. Ambos bandos echaron carne, carne y más carne al asador. Fue una carnicería inútil”.

Al preguntarle por su personaje favorito del intenso y amplio reparto, ha dicho que le tiene cariño a muchos, pero de manera especial al moro Selimán: “Me robó el corazón”. Del protagonismo de las mujeres en Línea de fuego ―la unidad de transmisiones de la corajuda joven Patricia Monzón Pato―, ha señalado que quiso homenajearlas pese a que su presencia es ficticia. “Las he visto combatir como guerrilleras en muchos sitios, en Nicaragua, en Salvador, en los Balcanes. La mujer siempre paga un precio más alto en la guerra. En nuestra Guerra Civil fue la gran perdedora, en tres años se quedó sin todo lo que había ganado durante la República. Es normal que las mías luchen tan esforzadamente: saben que de perder van a volver al siglo XIX. Las mujeres perdieron dos veces la guerra, la primera en el frente de batalla, la segunda en casa. Son las grandes víctimas”.

De Línea de fuego se prepara una serie televisiva de ocho episodios que realizará la productora Boomerang TV. Pérez-Reverte no va a intervenir: “Se han hecho muchas películas de mis novelas y sé que tienes que permanecer lo más saludablemente lejos que puedas; el autor molesta”. La próxima novela del autor se publicará en octubre y la guerra, otra guerra, jugará también un importante papel en ella. Ha asegurado que a sus lectores les va a chiflar (él lo ha expresado con más contundencia, como suele).¶

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Bienvenidos a América

Tomado de EL PAÍS – CULTURA – LIBROS

Linda Boström Knausgård

Madrid – 01 JUN 2021

 

Cuando Linda Boström Knausgård dejó de ser personaje y tomó la palabra

 

‘Bienvenidos a América’ es el primer libro traducido al español y catalán de la escritora sueca, exesposa de Karl Ove Knausgård y presencia fundamental en sus novelas de autoficción

 

Desde Estocolmo, en una habitación bien iluminada y despejada, habla en inglés con un fuerte acento escandinavo, vestida de negro, que contrasta con una piel blanquísima y ojos grises. Linda Boström Knausgård (Estocolmo, 48 años) tiene algo de personaje sacado de una película de Ingmar Bergman, con intensidad contenida y una fragilidad cargada de fuerza. Pero, aunque ella es hija de una actriz, la saga por la que indirectamente saltó a la fama hace una década no fue cinematográfica sino literaria.

Poeta y escritora, se convirtió en personaje fundamental de la serie de novelas de autoficción que escribió su hoy exmarido y padre de sus cuatro hijos. En una de las empresas literarias más comentadas y difundidas de la última década, Karl Ove Knausgård contó, entre otras intimidades, cómo conoció a Linda en una residencia de escritores y quedó arrebatado, el parto y la crianza de sus hijos, sus peleas, cómo descubrió el alcoholismo de la madre de su mujer, e incluso la brutal crisis nerviosa que llevó a esta escritora a estar internada y someterse a una terapia de electrochoque“Son los libros de otra persona que hace ficción con sus recuerdos”, apunta. “Lo que yo encontraba extraño era ver cómo veía él las cosas”.

Si en aquellos famosos libros de su entonces esposo, Boström estuvo de alguna manera callada al ser interpretada y relatada por él, ahora que la autora ha vuelto a escribir el silencio ocupa curiosamente un lugar central en Bienvenidos a América (Gatopardo en castellano y Les Hores en catalán), incluso tiene una potente carga dramática que hace girar la historia. Esta es la primera de las dos novelas que ha editado en los últimos años —la traducción de Octubre, un libro más biográfico, llegará a principios del próximo año—. “Me volqué en la poesía en los noventa, pero ya había publicado una colección de cuentos. Este es mi cuarto libro”, cuenta. “Me daba miedo escribir y no tenía tan claro que quisiera hacerlo, pero me vino la primera frase, llené un par de páginas y vi cómo aquello cambiaba mis propios recuerdos de mi familia. Es fácil escribir, pero complicado encontrar y armar el libro, porque tienes que tener un ángulo”.

La protagonista y narradora de Bienvenidos a América es una adolescente llamada Ellen que, como la autora, es hija de una actriz; tras la muerte de su padre, un hombre alcoholizado y separado de la madre, ha decidido dejar de hablar para desespero de toda la familia. El torrente interno de los pensamientos de la joven, su rabia y su culpa, la hipersensibilidad narrada desde dentro, es lo que ocupa la breve novela. “Que Ellen dejara de hablar me dio una inmensa libertad para examinar mi propia voz. Tomé algunas cosas de mi vida, como el apartamento donde vive, que es donde yo crecí, una arcadia vieja y enorme junto al parque”, señala. “Que alguien no hable no quiere decir que su mente no esté llena de palabras y descripciones. El silencio de Ellen pone en cuestión las estructuras de poder de esa casa, pone en cuestión la autoridad de su madre y su hermano al rechazar comunicarse con ellos”.

Al ver a su madre en el teatro, la joven narradora trata de encontrar algo de paz, de descubrir otras caras en ella, pero eso no suaviza la tensa relación familiar y el dolor que está en el corazón del libro. ¿Le preocupa o le ha preocupado que lo que ella y su exmarido han escrito afecte a sus hijos? “Para los niños, su mundo es el mundo. Ver cómo mi madre podía ser malvada sobre el escenario me fascinaba, y también sentir cómo todo un grupo de personas trabajan juntas en una misma cosa. Fue un regalo por el que pagué un precio”, recuerda. “Mis hijos leen mucho, pero no les interesa tanto lo que hacemos”.

Añade Boström que hay algo “mitológico” en la familia de su novela y en todas las demás, una fuerza que los mantiene unidos. Subraya que su narradora no es fiable, es una cría que piensa que tiene un secreto inconfesable. “Cuando estás deprimido te cuesta hablar porque no encuentras sentido a decir nada, pero esa persona deprimida sigue teniendo pensamientos, la presión la contienes dentro de ti”, explica. “Cuando lo has superado te cuesta entender lo que pasó, lo negro que estaba todo y cómo no podías hablar”.

El título hace referencia a una obra de teatro que la protagonista ve. “Y me gustaba la frase, tiene algo majestuoso, porque América puede ser cualquier cosa, es grande y salvaje y peligrosa”, explica. “Con este libro me dejé llevar con el lenguaje mucho más allá de mis recuerdos”. ¿Le preocupó que su madre pudiera enfadarse por lo que escribía? “Algunas cosas sabía que podían doler, pero había fabulado tanto la historia que sabía que estaría todo bien. Esto no es un diario, es una novela”. ¶

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No creo en las literaturas nacionales

Tomado de

Conversación con Karina Sainz Borgo

Apenas se disipa la polvareda levantada por La hija de la española cuando la periodista y narradora caraqueña publica El Tercer País. Aquí hablamos sobre escribir para entenderse mientras sueñas con una casa devastada.

Rafael Osío Cabrices, 28 de mayo de 2021

 

“Más que explorar una vulnerabilidad, procuro describir la naturaleza de quienes resisten porque no tienen otra opción”. Foto de Clara Rodríguez

 

Sobre la primera novela de Karina Sainz Borgo (nacida en Caracas en 1982, radicada en Madrid desde 2006) se ha hablado más de lo que pasó en la industria y en los medios que del texto mismo. Porque La hija de la española ya estaba generando titulares meses antes de ser publicada en Lumen en marzo de 2019, apenas se supo que se habían vendido sus derechos de traducción para veintidós idiomas. Y el interés continuó a medida que ganaba el International Literary Prize, era finalista del Kulturhuset Stadsteatern Stockholm y nominada al LiBeraturpreis. Llovían reseñas positivas en NPR, Time y The New York Times de la versión inglesa. La versión francesa, publicada por una editorial bandera de esa lengua, Gallimard, ganó la categoría de novela extranjera del Grand Prix L’Héroïne Madame Figaro 2020. 

A los lectores venezolanos, de adentro y afuera, nos impresionaba la fogosidad de este éxito y nos intrigaba que la industria editorial global estuviera reaccionando así a la primera novela de una venezolana, que traduce en un desesperado registro apocalíptico, como de una pesadilla, el trauma que muchos de nosotros hemos registrado con diversos grados de intensidad y de comprensión: el de ver tu mundo arder. Pero lo que estaba pasando con ese libro no solo tenía que ver con su tema o con el origen de su autora; es decir, no solo tenía que ver con nosotros. No, lo que ha pasado con La hija de la española es impresionante para cualquier primera novela de cualquier parte. Y será interesante ver qué ocurre ahora con El Tercer País, que salió justo dos años después y en la misma editorial. Será interesante ver si ahora se le presta más atención al texto que a la tormenta de entusiasmo (y de marketing) que lo circunda. 

Escrita durante los frenéticos meses de entrevistas, ferias y sesiones fotográficas de promoción de La hija de la española, esta nueva novela arrancó con buen pie. Nació en un relato, “Tijeras”, que ganó el venerable premio de cuento O. Henry y fue seleccionado por la célebre escritora nigeriana Chimananda Ngozie Adichie para la edición de Granta que reúne a los ganadores. El Tercer País es el nombre del cementerio improvisado en el núcleo del mundo de refugiados, guerrilleros, contrabandistas y demás sobrevivientes en el que Karina Sainz Borgo hace coincidir a sus dos protagonistas: una mujer que asume la tarea de enterrar a quienes no tienen cómo pagar su entierro (el inverso de las colombianas que instalaron refugios para salvar la vida de los caminantes venezolanos) y otra que acepta sus servicios y se une a ella, atrapada en una frontera que es como un purgatorio (el inverso de los millones de venezolanos que siguieron caminando hasta que cambiaron su primer país por el segundo).

Desde Madrid y por email, Karina contestó mis preguntas en torno a un desafío del que muchos tendremos que seguir hablando por años: cómo procesar lo que nos pasó, desde afuera, para que nos entiendan los demás o al menos nos entendamos nosotros mismos.

Un dilema con el que se enfrenta quien quiere narrar una gran conmoción social es si hacerlo de frente, llamando a los actores y los lugares por su nombre, o tangencialmente, como lo has hecho tú en El Tercer País, que nunca nombras a Colombia o a Venezuela. ¿Cómo ha sido para ti narrar un proceso histórico que uno tiene tan cerca, tanto temporal como geográfica y emocionalmente?

Me gustan las alegorías. Tienen un poder evocador y simbólico tremendo. Me formé como periodista y tiendo a razonar y resolver como tal: aportar una fecha, un marco geográfico, un tiempo: certezas, certezas y más certezas. Pero las novelas no explican ni reconstruyen la realidad, como sí debe procurarlo un reportaje. Las novelas tienen su propia lógica. Son en sí mismas un mundo y un artefacto autónomo. En Esperando a los bárbaros, de J.M. Coetzee, no necesitamos conocer dónde queda el pueblo fronterizo del imperio, ni saber a cuál imperio se refiere, porque la trama es más importante y lo que realmente deseamos saber es si atacarán las tribus y cuándo. Sin que Coetzee la mencione, el lector es capaz de saber, si conoce mínimamente la trayectoria del escritor, que se trata de Sudáfrica.

Mencionas Esperando a los bárbaros y recuerdo que en esa novela el punto de vista lo es todo: cómo el funcionario blanco ve a la muchacha nativa, cómo evoluciona su percepción, es el eje de la historia. En El Tercer País (y en La hija de la española), el punto de vista es siempre el de una mujer intentando entender su circunstancia y tomando decisiones a partir de lo que va comprendiendo. ¿Cómo fue tu proceso para meterte dentro de esos personajes y ver su mundo a través de sus ojos? 

La primera persona es uno de los registros que más me gusta: tiene fuerza, convence, conmueve y refuerza la idea de que el lector y el protagonista saben lo mismo. Era el tipo de voz que pedía La hija de la española, porque es una historia tensa, en la que todo puede pasar. En El Tercer País no podía jugarme toda la novela a un narrador en primera, porque necesitaba más puntos de vista, ya que hay varias tramas, así que al narrador en primera persona le añadí el registro de una tercera persona que está focalizada en uno de los personajes: Aurelio Ortiz, el alcalde. Él actúa como una cámara: emite desde el presente y es capaz de viajar al pasado. Creo que ese tipo de decisiones las llevé a cabo siguiendo mi intuición y, por supuesto, atendiendo a mis referentes literarios y lecturas, desde Ovidio hasta Rulfo, a quien (con todo el sentido común y mucho respeto) procuro rendir un homenaje. 

La frontera colombo-venezolana es un mundo por sí solo, pero tú además construiste un mundo ficcional, y me hizo preguntarme si tus novelas, así como otras cosas que se están escribiendo, no forman un tercer país que no es físico sino literario: no la Venezuela que dejamos, ni el país que nos acogió, sino un país hecho de memoria y emoción, un lugar intangible donde procesamos el duelo del país perdido.

Desde Joseph Roth hasta Chaves Nogales existe una experiencia literaria a partir del exilio o el insilio que sobrepasan lo testimonial. Aunque se escribe con las vivencias y memorias propias, los autoritarismos y los conflictos tienden a arrollar a los individuos y las sociedades. Hay autores como Nabokov que vivieron en un exilio encadenado y consiguen mecanismos muy elaborados para hablar de los entresijos de su tiempo sin notariarlos. Siempre he encontrado algo de eso en novelas como Risa en la oscuridad o Ada y el ardor.

En Ada o el ardor, de hecho, Nabokov construyó un paisaje que parece una fusión de Rusia y Estados Unidos. Es como un largo sueño, y hay algo también onírico en tus novelas, que podrían estar describiendo un sueño muy difícil. ¿Te ha pasado que Venezuela y España se te mezclan en los sueños? ¿O que se te confunden el pasado que ocurrió con el que pudo haber ocurrido?

Los únicos sueños que recuerdo al levantarme suelen ocurrir en Venezuela. Incluso cuando parecen no desarrollarse allí, siento que es Venezuela. Hay imágenes que se repiten: una casa en ruinas y laberíntica, paredes con la pintura blanca abombada por la humedad, un salón repleto de escombros, también jardines llenos de maleza y alimañas. Hubo un sueño que tuve no hace mucho que no he podido quitarme de la cabeza: intento entrar en mi antigua casa y un delincuente sale de la nada, apunta con una pistola y me dispara en la frente. Caigo, tendida, pero en lugar de sangre, de la herida sale jugo de guayaba. Así que puedo decir que en mis sueños me desangro en un charco de jugo de guayaba.  

Con todo lo que ha pasado con La hija de la española, me pregunto cómo una experiencia tan poco común como esa para quien publica puede impactar tu relación con ese texto. Porque es fácil que al cabo de un tiempo un autor piense “pude haber escrito ese libro distinto, pude haberlo hecho mejor de esta otra manera…”

Excepto de manera puntual para alguna presentación o un taller, no he vuelto a leer La hija de la española. A día de hoy desconozco cuántos factores influyeron para que generara tanto interés. Hay algo en Adelaida Falcón que emociona a los lectores más disímiles.

Vista en perspectiva, La hija de la española es una historia de la pérdida: de la madre, del país, de las certezas, de los proyectos propios, la pérdida de la identidad individual tras ser arrasada por un rodillo autoritario y una situación que sobrepasa a quien la vive.

Eso propició, o así lo pienso a veces, que la historia pudiese conmover incluso a quienes se acercaron a ella con escepticismo. No todos han tenido una infancia en Ocumare de la Costa, pero todos, como Adelaida, hemos perdido esa infancia y eso de alguna manera nos deja a la intemperie. Y cuando digo infancia me refiero más bien a la idea de Arcadia. Aquello que fue y ya no será más.

Tanto La hija de la española como El tercer país son novelas protagonizadas por mujeres, pero no es solo eso, sino que los conflictos que enfrentan y la vulnerabilidad que las rodea suelen estar asociadas a la condición de mujer. Sabemos que la crisis venezolana afecta particularmente a las mujeres y las niñas. ¿Tus novelas también exploran esa vulnerabilidad particular?

Mi relación con lo femenino viene dada por la educación que recibí. Me crié rodeada de mujeres que valoraban el trabajo, la inteligencia y detestaban la queja. Incluso aquellas que tenían menos posibilidades económicas buscaban la forma de que sus hijos fuesen mejores que ellas. Me formé en la discreción, la compostura, la contención y la capacidad de resistencia. Eso permeó en mi forma de ver y entender el mundo. Fue algo que me condujo naturalmente a Elisa Lerner (sus libros me resultaron cosmopolitas, desgarradores a la vez que elegantes), a Susan Sontag o Doris Lessing. Más que explorar una vulnerabilidad, procuro describir la naturaleza de quienes resisten porque no tienen otra opción. 

Las etiquetas son problemáticas y las nacionalidades también; tú has dicho que además de venezolana te sientes muy española. Pero cuando se trata de tus dos novelas: ¿las ves como novelas españolas, como novelas venezolanas, o ninguna de las dos? ¿Te sientes parte de la “literatura española” o de la “literatura venezolana”?

No creo en las literaturas nacionales, creo en la literatura a secas. Existe una tradición de la que me siento parte, que viene dada por el idioma español, y a ella respondo de manera instintiva. He leído literatura norteamericana, británica, el XIX francés, literatura italiana o alemana, pero pocas cosas sujetan más que la propia lengua. Eso lo comprendí hace apenas diez años. Llegué a España con 23 años y desde entonces casi todas mis lecturas han estado marcadas por una relación distinta con el lenguaje: en el castellano descubrí palabras que parecían recubiertas de pan de oro y al mezclarlas con mi español encontré una caja de herramientas con el doble de tamaño. Creo que nunca se vuelve igual del Siglo de Oro español, ni de los clásicos. Tamizada por la lengua, esa lectura incide en la propia escritura. 

Otra etiqueta complicada es la “literatura de la diáspora”. ¿Tú sientes que los autores que están publicando en un sitio pero mirando en parte al sitio del que vienen tienen un aire común que viene de esa doble mirada, de estar parados en ambos mundos?

Lo creo. Me pasa cuando leo al Chaves Nogales de A sangre y fuego, también con Jorge Semprun, Bergamín, María Zambrano, Luis Cernuda, pero también con Cabrera Infante, Zweig, Joseph Roth, con Thomas Mann y su hijo. Klauss Mann, Doris Lessing, Natalia Ginzburg, J.M. Coetzee… e incluso con personajes como Thomas Bernhard. Todos tienen en común esa relación dolorosa con lo propio. Leyéndolos comprendí que la perplejidad y el dolor de personas nacidas en su país y que escriben y publican fuera, es un proceso complejo que me antecede y que he tardado mucho en comprender. El siglo XX fue el gran siglo del exilio, y a su manera también el XIX. Es tan universal y antiguo como el viaje. 

A mí me pasó, y le pasa a muchos (no sé si a todos) de los que emigramos y de los que escribimos y migramos, que el emigrar me alteró mucho la mirada sobre el mundo que dejé atrás, sobre Venezuela. Lo que uno escribe ahora no lo podría escribir igual si estuviera allá, y por muchísimas razones. ¿Cómo has vivido tú ese proceso?

Cuando llegué a España escribía compulsivamente todo lo que me ocurría: a medida que lo volcaba era capaz de entender qué sentía. Con el paso del tiempo avancé en varios intentos de novela, textos técnicamente pobres, pero repletos de angustias. No ha sido un proceso del todo consciente, aunque a juzgar por los resultados parece evidente que estoy escarbando en esa dirección. Es algo que no puedo controlar. Hace poco leí una carta de Thomas Mann (el III Reich recién le había quitado la nacionalidad alemana) en la que él daba por sentado que Alemania existiría donde él estuviese. Escribió una frase que me impactó y que tiene que ver con el regreso: “Confieso que me aterran las ruinas alemanas”. Pues algo de esa electricidad recorre las cosas que escribo. ¶

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Aquitania

Leonor fue una hormiga hasta la tumba

 

Eleanor o Leonor de Aquitania (1122-1204) es un personaje sorprendente del siglo XII. En plena Edad Media, esta muchacha de inteligencia superior fue educada por su padre para reinar. Él le insistía: “Actúa como un león, arremete como un águila y ejecuta como escorpión”. Aprendió a gobernar a su lado y administrar un gran reino, una corte de trovadores y artistas de pensamiento libre: Aquitania, un país entre aguas que Leonor heredó a los ocho años, después de la muerte de su único hermano y de su padre.

El agua hacía fértiles nuestros campos, el Loira y el Garona que fecundaban nuestras cosechas como dioses promiscuos esparciendo su semen aquí y allá.

El extenso y floreciente ducado producía alimentos suficientes, vinos de Borgoña, sal, el oro en polvo de sus extensas salinas y la apreciada grasa de ballenas que desembarcaba en las costas vasco-francesas. Ella era no solamente un buen partido para cualquier rey, sino que fue preparada por su padre para ser dueña de su destino, una sobreviviente. Las tres eses que eran lema de su familia—Sólo sé subir—la impulsaron en su vida de logros y aventuras y, más tarde, en su afán de conocer quién y porqué habían matado a su padre. Aprendió a amar a su pueblo y a defender su territorio desde que era una niña. Llegó a ser una gran política; siempre defendió los intereses de sus súbditos, aumentando y conservando bajo su puño sus territorios y riquezas.

Con la niñez de Leonor, y mostrando datos duros de una profunda investigación sobre la época y el personaje, comienza el texto de Eva García Sáenz de Urturi (Vitoria, Álava, 20 de agosto de 1972). Es ganadora del Premio Planeta 2020 con esta novela histórica, que utiliza trucos de novela policial y técnicas literarias innovadoras, mientras relata la primera parte de la vida de esta asombrosa feminista del siglo XII que era instruida, leía y escribía, hablaba cuatro idiomas y amaba la cultura y los buenos modales. Ella fue mecenas de trovadores y artistas y promovió el embellecimiento de París. Una mujer siempre hermosa, muy alta, con una larga cabellera de la que estaba orgullosa y que se preocupaba por estar siempre aseada y bien trajeada como parte de su propia fortaleza. Vivió en una época en la que proliferaban las traiciones, las torturas, los venenos y brebajes mágicos.

Todo puede matar: agua, trigo, tierra… en la cantidad adecuada cualquier elemento es arma.

Tuvo grandes amores, pero otros muchos la odiaron y temieron. Su vida corrió peligro muchas veces, pero disponía de un poder de resiliencia que la mantuvo con vida y fuerte en sus convicciones por muchos años.

Sola llegué y sola me iré, sola recorrí el sendero y sola espero mirar a los ojos del barquero.

La novela está estructurada en cuatro partes y combina cuatro voces narrativas: la de la propia Leonor, que es la que más se repite, la de Luis VII de Francia, su esposo, la de un narrador omnisciente en los capítulos protagonizados por el Niño, y ocasionalmente la de su tío y amante, Raimundo, el hermano de su padre. El cambio de puntos de vista le imprime buen ritmo. Está muy bien documentada, ofrece detalles de costumbres, comidas y hasta vocablos de esa época lejana. No parece que la autora se haya tomado demasiadas licencias, sino que más bien sostiene su relato en sólidos hallazgos de los historiadores. Otras veces, ha rellenado huecos que se desconoce o puede que haya retocado fechas y acontecimientos. De algún modo da igual, pues el relato funciona y la trama avanza; aunque a veces sintamos que queda inconcluso, tal vez por demasiada información, se trata de una historia llena de pasión, venganzas, asesinatos, supersticiones, intrigas y conquistas del poder que obtuvo siete (7) puntos sobre diez en la evaluación del Hormiguero.

Eva García Sáenz de Urturi

La autora compone un más que digno ganador del Premio Planeta, sobre todo evocador, rico en imágenes y metáforas llenas de fuerza. Por si fuera poco, logra intrigar al lector hasta el final y sorprende con los constantes giros de la historia. Como falta mucha vida que contar de esta extraordinaria y longeva mujer, quien llegó a vivir ochenta y dos años en una época en la que el promedio de vida era de cuarenta, sus lectores estamos esperando la segunda parte de la historia: ésa que narra su matrimonio con el Rey de Inglaterra, su prisión de quince años y su vuelta al mundo para seguir haciendo historia.

¿Quién fue la esposa de dos reyes, uno de Francia y el otro de Inglaterra?

¿Madre de dos monarcas de esta última nación, de una reina de Castilla y otra de Sicilia?

¿Abuela de gran número de monarcas que gobernaron en Europa, de un emperador y bisabuela de dos santos?

¿Quién fue bella y escandalosa, ambiciosa e intrigante?

¿Quién rebeló a sus propios hijos contra su padre?

¿Quién fue mecenas de poetas y músicos?

           ¿Quién sostuvo una corte que era imán de trovadores?

¿Quién enseñó a los nobles el comportamiento cortesano?

¿Quién participó cuando joven en la Segunda Cruzada y a los ochenta años cruzó los Pirineos a lomos de caballo?

Sólo hay un nombre por respuesta: Leonor de Aquitania, quien fuera reina de Francia e Inglaterra.

Viendo las fotos del matrimonio de Carmen Tahío

La reunión de Las Hormigas fue en la hermosa terraza de Silvia, cerquita del cerro que está crespo y verde oscuro por las lluvias de mayo. El reunirnos físicamente, y no por la red, se ha convertido en un gran acontecimiento; tratamos de mantener las normas, aunque hay ya bastantes hormigas vacunadas, pero la emoción de vernos encoge la distancia social y más cuando se trataba de ver las fotos del matrimonio de Carmen Tahío y de brindar por nuestra salud y la de todas las Hormigas regadas por el mundo. Seguimos más cercanas que nunca; nos une nuestro amor por la literatura y la amistad que se ha ido fortaleciendo con el tiempo. (Para el próximo mes vamos a leer Volver la vista atrás, del colombiano Juan Gabriel Vázquez). NS

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Premio Julio Garmendia

La Policlínica Metropolitana anuncia los ganadores de la XV edición del Premio de Cuento “Julio Garmendia”

 

POR Prodavinci

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ActualidadLiteratura

19/05/2021

 

La Policlínica Metropolitana anunció los ganadores de la decimoquinta edición de su premio de cuentos, rebautizado este año 2021 como Premio de Cuento para Jóvenes Autores “Julio Garmendia”. El jurado leyó 111 relatos, y el jueves 13 de mayo dio su veredicto:

 

De manera unánime, otorgó el primer lugar a Estudio radiográfico de una mujer hecha huesos, de Ysaías Lucas Núñez (desde Barcelona, estado Anzoátegui). El jurado subrayó que el mismo “muestra la metamorfosis de una clase media acorralada por la debacle de un país, y en el que el lenguaje utilizado no se rinde al lugar común, aunque narra lo grotesco cotidiano”. Predominan en el relato la ironía y el humor negro “con unas connotaciones afectivas que equilibran el discurso”.

El segundo lugar fue para El abejorro ruso, escrito por Carlos Crespo (Caracas), “por desarrollar una historia que maneja de forma muy atinada una acertada progresión narrativa en conjunción con el recurso del relato fantástico”.

El jurado dio el tercer lugar a Los eufóricos insalvables, de Ángelo Marcano (Caracas), “relato que habla de la madurez narrativa y el cuidadoso estilo de un joven autor que escribe desde una perspectiva intelectual en la construcción de los personajes, para entrar en la relación de los escritores marginados que, si bien están enmarcados en la historia venezolana, plantean problemas literarios universales, para finalizar en el enigma de la poesía”.

Seis relatos recibieron menciones especiales:

    1. Babel, de Leonardo Mendoza.
    2. CDEFGAB, de Erick Moreno Superlano.
    3. El rey de la quebrada, de Alejandro Coita Sánchez.
    4. Pepe, de Ander De Tejada.
    5. PTC Paid to click, de Paola Nicoll Alzuru Castillo.
    6. Soy una araña, con patines de rueda, sobre una pista de hielo; de Freddy Yance.

El jurado reconoció que estos cuentos “serían el complemento perfecto para un libro de relatos que reflejaría con buen brillo la narrativa venezolana de este tiempo”. Temas como la muerte y la violencia permanecen (Pepe), “al tiempo que surgen otros como la compasión (El rey de la quebrada); las heridas de la política (Babel); la adicción a los juegos electrónicos (Paid to click); las atmósferas cercanas al cómic (Soy una araña); y la metaficción y el intertexto (CDEFGAB)”.

Los escritores Ana Teresa Torres, José Pulido y Oscar Marcano conformaron el jurado de esta edición. La coordinación estuvo a cargo del escritor Héctor Torres y el médico internista Samir Kabbabe.

Luego de quince ediciones, la Policlínica Metropolitana insiste en apoyar el arte narrativo entre los jóvenes autores venezolanos, conscientes de la importancia de mantener estos espacios. ¶

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Gloria Steinem, Premio Princesa de Asturias

Tomado de Agence France-Presse*

Gloria Steinem, en noviembre de 2013

 

El Princesa de Asturias premia a Gloria Steinem, “motor” de la causa feminista

 

El jurado comisionado por la Fundación Princesa de Asturias, con sede en Oviedo (norte de España), se decantó este año por la periodista estadounidense de 87 años entre 36 candidaturas de 16 países

AFP 19/05/2021 08:30 am

 

Madrid, España.- Símbolo de la lucha por los derechos de las mujeres desde hace más de medio siglo, la periodista y escritora estadounidense Gloria Steinem ganó hoy en España el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades.

“Referencia icónica esencial del movimiento por los derechos de la mujer, a partir de los años sesenta el activismo de Gloria Steinem, marcado por la independencia y el rigor, ha sido motor de una de las grandes revoluciones de la sociedad contemporánea”, escribió en su fallo el jurado, que debió reunirse de forma telemática por la pandemia.

El jurado comisionado por la Fundación Princesa de Asturias, con sede en Oviedo (norte de España), se decantó este año por la periodista estadounidense de 87 años entre 36 candidaturas de 16 países.

Lo hizo reconociendo su trayectoria desde finales de los sesenta, en la que ha retratado de forma crítica las desigualdades que sufren las mujeres y las minorías en general.

Para las generaciones más recientes, su vida fue mostrada en la pantalla en la película biográfica “The Glorias”, y en la serie de HBO “Mrs. America”, donde su personaje lo interpreta la actriz Rose Byrne.

Nacida en Toledo, Ohio, en 1934 y graduada en el Smith College (Massachusetts), Steinem ganó notoriedad con su artículo publicado en 1969 en la New York Magazine “After Black Power, Women’s Liberation” (“Después del poder negro, la liberación de las mujeres”), que la propulsó a la cabeza del movimiento feminista.

Luego de colaborar con varias publicaciones, cofundó en 1972 “Ms.”, la primera revista de corte feminista y totalmente dirigida por mujeres, de la que fue editora por quince años.

En su faceta de activista, Steinem se convirtió en una presencia cotidiana en foros o protestas por la causa feminista, en defensa del derecho al aborto o la paridad salarial, pero también de otras reivindicaciones como la abolición de la pena de muerte o contra el maltrato infantil.

Figura multipremiada, como escritora publicó varios libros superventas, como “The Beach Book” (1963), “Revolution from Within: A Book of Self-Esteem” (1992) o “My Life on the Road” (2015).

En 2019, el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, proclamó el 31 de marzo como el Día de Gloria Steinem.

 

En compañía de Les Luthiers y Google –

El año pasado, el trofeo de Comunicación recayó en la Feria del Libro de Guadalajara (México) y el Hay Festival de literatura (Gales), en reconocimiento a su fomento de la lectura y apoyo a la industria editorial.

En años anteriores, el premio fue otorgado al grupo argentino Les Luthiers, a la Universidad Nacional Autónoma de México, a Google y al dibujante argentino Quino, creador de Mafalda.

El de Humanidades es el segundo de ocho galardones Princesa de Asturias, los de más prestigio en el mundo iberoamericano, que distinguen anualmente a personas o instituciones relevantes en ámbitos que van desde la investigación científica hasta los deportes, pasando por las letras y las ciencias sociales.

La semana pasada se anunció el de las Artes, otorgado a la serbia Marina Abramovic, considerada todo un icono de la ‘performance’.

Instituidos en 1981, los premios están dotados con 50.000 euros (unos 60.000 dólares) y una escultura creada por el fallecido artista catalán Joan Miró.

Los galardones, que toman su nombre del título de la heredera al trono de la Corona española, la princesa Leonor, son entregados por los reyes en octubre en una ceremonia en Oviedo, capital de Asturias.¶

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    • La Agence France-Presse (AFP) es la agencia de noticias más antigua en el mundo y una de las mayores junto con Reuters, Associated Press y EFE. AFP tiene sede en París, con centros regionales en Washington D. C., Hong Kong, Nicosia y Montevideo, y oficinas en 110 países. Transmite noticias en francés, inglés, español, árabe, alemán, portugués y ruso. (Wikipedia en Español).

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La lengua como destino

Tomado de El Nacional (con pequeños ajustes de escritura)

 

Karl Krispin – 9 de mayo de 2021

 

Antonio de Nebrija

Fue Antonio de Nebrija el que publicó la primera gramática del idioma castellano en 1492, con la cual erigía sus fundamentos. Vale la pena recordar que el filósofo italiano Lorenzo Valla pregonaba las virtudes de las tareas gramaticales en su empeñó de vencer la barbarie. La fecha es extraordinaria, el año más que glorioso. Se produce la Toma de Granada y el Descubrimiento de América por nuestro muy magnífico almirante, Cristóbal Colón. Sus majestades católicas, don Fernando y doña Isabel, inician la aventura más admirable de la humanidad. A la par que Europa zarpa hacia el Nuevo Mundo para refundarse, se acompaña del verbo venturoso de Castilla que también se hace a la mar. Ya anteriormente, Fernando de Aragón había tomado la difícil decisión de que el castellano fuese el idioma del reino. Nebrija había dicho que la lengua era la compañera del imperio. Se produce la continuidad cultural de la civilización occidental, gústele a quien le guste. Hispania fue probablemente la región más importante del Imperio Romano después de la propia península itálica. Cuando Roma se afincó en Iberia trajo su idioma, el latín, la lingua franca. De alguna forma seguimos hablando latín, solo que evolucionado. Durante el siglo VIII de la cristiandad se produce lo que el lingüista alemán, Walter von Wartburg, denominó la fragmentación lingüística de la Romanía, lo que vale decir el surgimiento de las lenguas romances. Se trató de un siglo oscuro con peligro de que se impusiera la bestialidad. Apenas tres siglos después del saqueo de Roma por Alarico, su lengua comenzaba a desdibujarse a pesar de que se siguiera hablando y cultivando entre las gentes cultas. España nunca repudió a Roma, contrariamente a lo que hicimos nosotros al promover la separación más absurda con nuestro origen a propósito del cisma traumático de la Independencia.

Ludwig Wittgenstein sostenía que nuestra visión del mundo viene condicionada por el lenguaje y que nuestro lenguaje determina, a su vez, nuestra interpretación de este. No se trata de un juego tautológico sino del hecho de que el lenguaje es la arcilla modeladora de lo que interpretamos. Si somos personas de un escaso vocabulario, mas allá de algún posible modo taciturno o dienterrotismo que nos puedan achacar, tendremos una visión precaria de las cosas. El lenguaje, como epicentro de la batalla entre la civilización y la barbarie—concepto que no ha dejado de perder vigencia durante uno solo de nuestros días históricos—es el responsable de ese ensanchamiento visionario de la realidad y legitima el ascenso, cúspide y decadencia de los pueblos. Idiomas ricos y pródigos en la lengua cotidiana de sus ciudadanos, consiguen naciones prósperas, cultas y con una expresión panorámica del porvenir. Ninguna comarca exitosa se ha construido con analfabetos e iletrados, y el primer orgullo de cualquier pueblo es el caudal de su lenguaje que garantiza la fijación de su acontecer, su tradición, su literatura, y su posible grandeza. Más allá de las diferencias que tengo con Simón Bolívar, el examen de su correspondencia revela a un hombre superior, culto e instruido en el habla y la escritura. Las cartas del Libertador, que para mí son lo mejor del personaje, son una fuente de felicidad cultural por lo bien escritas que están. Sí, la corrección en el lenguaje produce una inmensa dicha y su propiedad discursiva cimenta las ideas. Otro venezolano del siglo XIX que redactaba impecablemente era Pedro Gual. En cambio, he tenido en mis manos cartas manuscritas de Ezequiel Zamora plagadas de errores ortográficos. Ni se diga del palurdo Gómez, cuya redacción era la de unos garabatos tiránicos y acumulados. Ángel Biaggini, el frustrado candidato del medinismo luego de la locura de Escalante, fue crucificado por la opinión pública por un error de redacción que cometió felicitando a un diario capitalino. Un excelente sustituto de la prueba del polígrafo para nuestros políticos de hoy, cada vez más básicos e incultos, sería la redacción de un párrafo. Una escueta cuartilla de mil quinientos caracteres sería suficiente. ¿Qué les parece la idea, señores del CNE?

Portada de la primera edición de Conversación en la catedral

Mario Vargas Llosa se pregunta en las primeras líneas de Conversación en la Catedral lo siguiente: “Desde la puerta de La Crónica Santiago mira la avenida Tacna, sin amor: automóviles, edificios desiguales y descoloridos, esqueletos de avisos luminosos flotando en la neblina, el mediodía gris. ¿En qué momento se había jodido el Perú?”. La interrogante vale para nosotros, y cabe en medio de una mirada desleída de lo que nos rodea, preguntarnos en qué momento el país se nos fue de las manos. Tengo una respuesta personal: cuando descuidamos nuestra lengua. El habla del venezolano se envileció, se llenó de groserías, se volvió vulgar, poco ambiciosa, descuidada, se precarizó, se refugió en el chiste y la viveza, perdió inteligencia, buscó la inmediatez del presente. Este período de decadencia expresiva puede ubicarse a partir de la Venezuela saudita y continúa rampante hasta nuestros días con promesa de no enmendarse. Quizá la pujanza rentista de aquellos años de aparente esplendor nos restó la fuerza de la lucha. No se piense que la destrucción ocurrida en Venezuela es solo un problema de naturaleza económica. Comenzó sigilosamente con el lenguaje, dinamitando nuestra comprensión de la política y la concepción que teníamos del ejercicio de la ciudadanía. El modo de elegir fue la expresión causal e inequívoca de ese abandono. Hoy en día, la vulgaridad en el lenguaje parece irreversible y es transversal entre todas las clases sociales. La comunicación se ha vuelto irrespetuosa porque el modo que tenemos de dirigirnos a nuestro interlocutor perfecciona o no el respeto que le tengamos. Si una frase se comienza con una palabrota, pongamos marico o marica, el vocablo preferido de las juventudes venezolanas, denominación de origen exportada ya a las diversas edades, nuestra comunicación asume el insulto y el desprecio desde el propio origen de la conversación. Una vez, entrando a clase, escuché a un par de alumnos que llevaban como diecisiete maricos en su forma de nombrarse. Esperé a que todos tomaran asiento y me dirigí a ellos diciéndoles: “Fulano, Mengano: no sabía que ustedes eran homosexuales”. “¿Qué le pasa, profesor?”, me dijo uno de ellos muy molesto. Continué: “Esto se los digo para que reflexionen sobre las palabras que utilizan entre ustedes, y que no entender la carga semántica de los términos es un modo de perder tanto la identidad lingüística como la cultural”. Seguidamente, tomé el cesto de la basura y deambulé con él por el aula, diciéndoles que midieran bien su forma de calificarse porque con esas frases no solo cercenaban su comprensión del mundo, sino que ofrecían la basura del idioma como recurso y posibilidad para relacionarse con la sociedad.

Solo un ambicioso programa de lectura en nuestras escuelas podría dar al traste con esta anomalía expresiva de nuestros tiempos, tan terrible como una pandemia. Ahora, ¿quién quiere ser maestro de escuela o profesor de bachillerato, a pesar de que son oficios nobilísimos que redundan nada más y nada menos que en la formación de los ciudadanos? Un maestro debería ganar tanto como un neurólogo: ambos preservan la salud cerebral. El día que entendamos eso volveremos a ser un país. El problema de la educación mediocre es de características catastróficas. Y me refiero simplemente a la corrección en el lenguaje escrito y hablado. Por cierto, uno aprendía a escribir en la escuela primaria. Actualmente, en las universidades hay talleres de nivelación escritural. Nunca he creído en el mito de que la universidad sea un derecho universalmente consagrado para todos. A la universidad deberían poder asistir estrictamente quienes tengan las destrezas para hacerlo. El populismo venezolano masificó la educación con todo lo que eso implicó para clausurar el futuro. Eduardo Blanco se refería al proletariado estudiantil y lo primero que hizo como Ministro de Instrucción Pública del presidente Cipriano Castro fue cerrar las universidades de Carabobo y el Zulia para evitarlo. Siempre recuerdo a mi insigne profesor de Literatura del Colegio Humboldt, Luis Gonzaga Álvarez León. Debo relatar dos anécdotas sobre él. Una vez realizó un examen en tercer año y la mitad de la clase resultó aplazada por faltas ortográficas. Para el próximo examen, los aplazados no cometieron errores y era sobre la lectura de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Teníamos que leerlo completamente y no había escapatoria, afortunadamente. Cuando llegamos a la prueba, había un enorme recipiente transparente de vidrio lleno de pequeños papelitos. Los alumnos entrábamos y cada alumno sacaba uno de ellos en los que había una pregunta que correspondía a los diferentes capítulos de la novela. Y se trataba de escribir todo lo que se pudiese sobre estos.

Hannah Arendt: «Despues de todo lo único que queda es la lengua»

Nuestra lengua es nuestra identidad. Gracias a esos valerosos capitanes castellanos que cruzaron el océano con la Biblia y Las Siete Partidas de Alfonso el Sabio a fundar lo que somos y a dejar descendencia, hablamos esta portentosa lengua que es el castellano. Nuestra salvación cultural es la consciencia de esa pertenencia y el uso que le demos a nuestro idioma. El resultado será la creación o la destrucción con sus opacos grises. Hay una memorable entrevista a Hannah Arendt realizada por Günter Gaus para la televisión alemana. Esta filósofa excepcional e iluminadora tuvo que huir de su país gracias a la barbarie nazi que. por cierto, lo primero que hizo fue promover una neolengua trituradora y simple que pudiese fungir de aparato de dominación lingüística. Los totalitarios conocen muy bien que la primera forma de esclavitud se origina en la manipulación del habla. En esa entrevista, Arendt dijo que lo que más la había emocionado después de años de ausencia era haber vuelto a escuchar a la gente hablando alemán en las calles. Porque, después de todo, lo único que quedaba era la lengua.¶

@kkrispin

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