El blog de Las Hormigas

¡Saludos formíceos! Desde Caracas, Venezuela, le damos la más cordial de las bienvenidas a este registro de actividades del club de lectura Las Hormigas.

Tomás Nevinson

Tomado de BABELIA

PREPUBLICACIÓN

Javier Marías, en el despacho de su casa. GORKA LEJARCEGI ZUBIZARRETA

 

Lea las primeras páginas de ‘Tomás Nevinson’, de Javier Marías

Adelanto del primer capítulo de lo nuevo del autor de ‘Corazón tan blanco’, que llega a las librerías el 11 de marzo

JAVIER MARÍAS

06 MAR 2021 – 03:26 VET

Javier Marías regresa a la novela con ‘Tomás Nevinson’. Y lo hace con una historia sobre los límites del bien y el mal que nace de su novela anterior, Berta Isla. La nueva obra del escritor madrileño ve la luz, de la mano de Alfaguara, el 11 de marzo, de manera simultánea en España, Latinoamérica y Estados Unidos. A continuación publicamos las primeras páginas del libro.

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Yo fui educado a la antigua, y nunca creí que me fue­ran a ordenar un día que matara a una mujer. A las muje­res no se las toca, no se les pega, no se les hace daño físico y el verbal se les evita al máximo, a esto último ellas no corresponden. Es más, se las protege y respeta y se les cede el paso, se las escuda y ayuda si llevan un niño en su vientre o en brazos o en un cochecito, les ofrece uno su asiento en el autobús y en el metro, incluso se las resguar­da al andar por la calle alejándolas del tráfico o de lo que se arrojaba desde los balcones en otros tiempos, y si un barco zozobra y amenaza con irse a pique, los botes son para ellas y para sus vástagos pequeños (que les pertene­cen más que a los hombres), al menos las primeras plazas. Cuando se va a fusilar en masa, a veces se les perdona la vida y se las aparta; se las deja sin maridos, sin padres, sin hermanos y aun sin hijos adolescentes ni por supuesto adultos, pero a ellas se les permite seguir viviendo enlo­quecidas de dolor como a espectros sufrientes, que sin embargo cumplen años y envejecen, encadenados al re­cuerdo de la pérdida de su mundo. Se convierten en de­positarias de la memoria por fuerza, son las únicas que quedan cuando parece que no queda nadie, y las úni­cas que cuentan lo habido.

Bueno, todo esto me enseñaron de niño y todo esto era antes, y no siempre ni a rajatabla. Era antes y en la teoría, no en la práctica. Al fin y al cabo, en 1793 se gui­llotinó a una Reina de Francia, y con anterioridad se quemó a incontables acusadas de brujería y a la soldado Juana de Arco, por no poner más que un par de ejem­plos que todos conocen.

Sí, claro que siempre se ha matado a mujeres, pero era algo a contracorriente y que en muchas ocasiones daba re­paro, no es seguro si a Ana Bolena se le concedió el privile­gio de sucumbir a una espada y no a una tosca y chapucera hacha, ni tampoco en la hoguera, por ser mujer o por ser Reina, por ser joven o por ser hermosa, hermosa para la época y según los relatos, y los relatos jamás son fiables, ni siquiera los de testigos directos, que ven u oyen turbiamen­te y se equivocan o mienten. En los grabados de su ejecu­ción aparece de rodillas como si estuviera rezando, con el tronco erguido y la cabeza alta; de habérsele aplicado el hacha tendría que haber apoyado el mentón o la mejilla en el tajo y haber adoptado una postura más vejatoria y más incómoda, haberse tirado por los suelos, como quien dice, y haber ofrecido una visión más prominente de sus po­saderas a quienes desde su ángulo se las encontraran de frente. Curioso que se tuviera en cuenta la comodidad o compostura de su último instante en el mundo, y aun el garbo y el decoro, qué más daría todo eso para quien ya era inminente cadáver y estaba a punto de desaparecer de la tierra bajo la tierra, en dos pedazos. También se ve, en esas representaciones, al ‘espada’ de Calais, así llamado en los textos para diferenciarlo de un vulgar verdugo —traído ex profeso por su gran destreza y quizá a petición de la propia Reina—, siempre a su espalda y oculto a su vista, nunca delante, como si se hubiese acordado o decidido que la mujer se ahorrara ver venir el golpe, la trayectoria del arma pesa­da que sin embargo avanza veloz e imparable, como un silbido una vez que se emite o como una ráfaga de viento fuerte (en un par de imágenes ella lleva los ojos vendados, pero no en la mayoría); que ignorara el momento preciso en que su cabeza quedaría cortada de un solo mandoble limpio, y caída en la tarima boca arriba o boca abajo o de lado, de pie o de coronilla, quién sabía, desde luego ella no lo sabría jamás; que el movimiento la pillara por sorpresa, si es que puede haber sorpresa cuando uno sabe a lo que ha venido y por qué está de rodillas y sin manto a las ocho de la mañana de un día inglés de aún frío mayo. Está de rodi­llas, justamente, para facilitarle la tarea al verdugo y no poner su habilidad en entredicho: había hecho el favor de cruzar el Canal y de prestarse, y a lo mejor no era muy alto. Al parecer, Ana Bolena había insistido en que con una es­pada bastaba, ya que su cuello era fino. Debió de rodeárse­lo con las manos más de una vez, a modo de prueba.

Se le tuvo mayor miramiento, en todo caso, que a María Antonieta dos siglos y medio más tarde, a la que cuentan que se le dio peor trato en su octubre que a su marido Luis XVI en su enero, él la había precedido en la guillotina unos nueve meses. Que fuera mujer no contó para los revolucionarios, o quizá es que la consideración del sexo les pareció antirrevolucionaria en sí misma. Un teniente llamado De Busne, que le mostró cierto respeto durante la custodia previa, fue arrestado y relevado en seguida por otro guardián más desabrido. Al Rey sólo le ataron las manos a la espalda cuando llegó al pie del pa­tíbulo; el recorrido hasta allí lo hizo en un coche cubier­to, cerrado, el del alcalde de París según creo; y pudo elegir al sacerdote que lo asistió (uno no jurado, es decir, que no había jurado lealtad a la Constitución y al nuevo orden que cambiaba a diario y lo condenaba). A su viuda austriaca, por el contrario, le ataron las manos ya antes del paseíllo, que hubo de efectuar en carreta, más vulne­rable y expuesta al odio desatado en las caras y a los im­properios del gentío; y sólo le ofrecieron los servicios de un sacerdote jurado, que ella declinó educadamente. Dicen las crónicas que la educación que le faltó durante su reinado la dispensó en los últimos instantes: subió los peldaños con tanta agilidad que tropezó y le pisó un pie al verdugo, con el que se disculpó de inmediato como si tuviera esa costumbre (‘Excusez-moi, Monsieur’, le dijo).

Tiene la guillotina sus preámbulos de oprobio obliga­do: los condenados no sólo llevaban las manos atadas atrás, sino que una vez arriba se les ceñían los brazos al torso con una cuerda tirante, premonición del amortaja­miento; al quedar rígidos y torpes, casi inmovilizados y sin poderse valer por sí mismos, dos auxiliares debían al­zarlos como a un paquete (o como se hacía más tarde con los enanos a los que se disparaba desde un cañón en los circos) y deslizarlos o empujarlos boca abajo, completa­mente horizontales, tumbados, hasta que su cuello enca­jaba en el hueco asignado. En eso María Antonieta sí se igualó a su marido: los dos se vieron así cosificados en el momento postrero, manejados como bultos o balas de lana o como torpedos de un submarino arcaico, como fardos cuya cabeza asomaba antes de salir rodando de ma­nera imprevisible, sin dirección ni sentido hasta que la detuviera alguien agarrándola del pelo, a la vista de la mu­chedumbre. A ninguno le pasó, en todo caso, lo que a San Dionisio según un cardenal francés maravillado de que, tras su martirio y decapitación durante las persecuciones del Emperador Valeriano, hubiera caminado con su cabe­za cortada bajo el brazo desde Montmartre hasta el lugar de su enterramiento (aligerando consideradamente la labor de los porteadores), donde se erigió luego la abadía o igle­sia de su nombre: una distancia de nueve kilómetros. El portento dejaba al cardenal sin habla, aseguraba, pero en realidad enardecía su verbo, de modo que una ingeniosa dama que lo escuchaba lo interrumpió, rebajando con una sola frase la hazaña: ‘¡Ah, señor! —le dijo—. En esa situación, sólo el primer paso cuesta.’

Sólo el primer paso cuesta. Quizá se podría decir eso de todo, o de la mayoría de los esfuerzos y de lo que se hace con desagrado o repugnancia o reservas, es muy poco lo que se acomete sin ninguna reserva, casi siempre hay algo que nos induce a no actuar y a no dar ese paso, a no salir de casa y no movernos, a no dirigir­nos a nadie y a evitar que otros nos hablen, nos miren, nos digan. A veces pienso que nuestras enteras vidas —in­cluso las de las almas ambiciosas e inquietas y las impa­cientes y voraces, deseosas de intervenir en el mundo y aun de gobernarlo— no son sino el largo y aplazado anhe­lo de volver a ser indetectables como cuando no había­mos nacido, invisibles, sin desprender calor, inaudibles; de callar y estarnos quietos, de desandar lo recorrido y deshacer lo ya hecho que nunca puede deshacerse, a lo sumo olvidarse si hay suerte y si nadie lo cuenta; de borrar todas las huellas que atestigüen nuestra existen­cia pasada y por desgracia aún presente y futura durante un tiempo. Y sin embargo no somos capaces de inten­tar dar cumplimiento a ese anhelo que ni siquiera nos reconocemos, o lo son tan sólo los espíritus muy va­lientes y fuertes, casi inhumanos: los que se suicidan, los que se retiran y aguardan, los que desaparecen sin despedirse, los que se ocultan de veras, es decir, los que de veras procuran que jamás se los encuentre; los anacoretas y ermitaños remotos, los suplantadores que se sacuden su identidad (‘Ya no soy mi antiguo yo’) y adquieren otra a la que sin vacilaciones se atienen (‘Idiota, no creas que me conoces’). Los desertores, los desterrados, los usur­padores y los desmemoriados, los que en verdad no re­cuerdan quiénes fueron y se convencen de ser quienes no eran cuando eran niños o incluso jóvenes, ni aún menos en su nacimiento. Los que no regresan.¶

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Hace 58 años se publicaba Rayuela, el inolvidable libro de Julio Cortázar

Tomado de La Capital, Argentina

Genio de la narrativa latinoamericana

 

No hay nada que yo haya escrito que no hubiera escrito antes Jorge Luis Borges

Julio Cortázar – citado en Para leer a Borges (16 de enero de 2013)

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Entre 1950 y 1956, el argentino transitaba sus primeros años de París. A través de diferentes cartas, describió el proceso de escritura del texto que sería pieza clave del boom latinoamericano

Jueves 18 de Febrero de 2021

 

Hace casi sesenta años, una novela anti-novela revolucionaba el mundo editorial al cuestionar todo, desde el lenguaje hasta las leyes de género y la manera de producir literatura. Rayuela, de Julio Cortázar, fue pieza fundamental del “boom latinoamericano”, ese fenómeno literario relacionado con autores como Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes.

Hay teóricos que señalan que el llamado “boom” se inició justamente en 1963, con esta obra de Cortázar que fue traducida, entre otros idiomas, al inglés, italiano, sueco, polaco, portugués, francés, alemán, holandés, rumano y noruego.

Cierto es que Rayuela marcó un hito por la originalidad de su formato y por la riqueza de estilo que en algunos pasajes se vuelve surrealista, algo que en el momento de su escritura era vanguardia en obras literarias

Julio Cortázar era flaco y alto, medía cerca de dos metros. Y tenía cara de niño. Carlos Fuentes contó alguna vez en Madrid en un ciclo de la cátedra Cortázar, de la Universidad mexicana de Guadalajara que cuando ambos eran muy jóvenes fue a visitar por primera vez a Julio, y le preguntó al muchacho que salió a abrirle: “Muchacho, ¿está tu padre?”.

Cuando escribió Rayuela, entre 1950 y 1956, transitaba sus primeros años de París, donde él mismo ha contado que fue pobre pero feliz. Era el autor asombrado de cartas que explican cómo se gestó esa novela.

“Terminé una larga novela que se llama Los Premios, y que espero leerán ustedes un día – le escribió Julio Cortázar en una carta a su amigo, el escritor y lingüista Jean Bernabé, a mediados de diciembre de 1958-, quiero escribir otra, más ambiciosa, que será, me temo, bastante ilegible; quiero decir que no será lo que suele entenderse por una novela, sino una especie de resumen de muchos deseos, de muchas nociones, de muchas esperanzas y también, por qué no, de muchos fracasos”.

“La verdad, la triste o hermosa verdad es que cada vez me gustan menos las novelas, el arte novelesco, tal como se lo practica en estos tiempos. Lo que estoy escribiendo ahora será (si lo termino alguna vez) algo así como una antinovela, la tentativa de romper los moldes en que se petrifica ese género”; explicaba al mismo Bernabé, en otra carta, seis meses después.

Eduardo Jonquières, pintor, era gran amigo de Cortázar y se quedó en Buenos Aires cuando Julio se fue a vivir a París. Esas cartas son “la crónica casi semanal de la instalación de Cortázar en Europa”; ahí están “el humor, esa felicidad de la prosa, esa capacidad de observación y esa cultura que define al mejor Cortázar”. Escribe a los Jonquières “sobre su penuria económica”, pero esa no era una obsesión, ni una interrupción de la búsqueda de una belleza (música, pintura) que lo emborrachó.

Carles Álvarez Garriga, amigo del escritor, dice que a Cortázar “sólo le hacía falta lo imprescindible para vivir: una mesa, una silla donde leer, y sobre todo tiempo para pasear, ir a museos, escuchar música…”. Y así sería siempre. Aurora Bernárdez, primera mujer de Cortázar, le contó en la Casa de América a Julio Ortega (y al público) que era un solitario que se quedaba en casa mientras ella callejeaba por París; e incluso cuando él mismo hacía esas excursiones, al volver Julio le decía: “Contame algunas cositas…”. De esas “cositas” se fue haciendo Rayuela.

A sus amigos de Buenos Aires, los Jonquières, les decía lo que iba pasando, pero Aurora tuvo que leer la novela (y fue la primera en leerla) para saber qué había pasado en esos cinco años por la cabeza de muchacho Cortázar.

Ya en agosto de 1960, en una nota dirigida al editor Paco Porrúa, Cortázar le aclaraba: “Ignoro cómo y cuándo lo terminaré, hay cerca de cuatrocientas páginas que abarcan pedazos del fin, del principio y del medio del libro, pero quizás desaparezcan frente a la presión de otras cuatrocientas o seiscientas que tendré que escribir entre este año y el que viene. El resultado será una especie de almanaque, no encuentro mejor palabra (a menos que “baúl de turco”). Una narración hecha desde múltiples ángulos, con un lenguaje a veces tan brutal que a mí mismo me rechaza la relectura y dudo que me atreva a mostrarlo a alguien; y otras veces tan puro, tan poco literario.. Qué sé yo lo que va a salir”.

Pero poco más de un año después, con “Rayuela” finalizada, el tono de Cortázar era otro: “Casi he terminado. Como una especie de libro infinito (en el sentido de que uno puede seguir y seguir añadiendo partes nuevas hasta morir) pienso que es mejor separarme brutalmente de él. Lo leeré una vez y enviaré el condenado artefacto al editor. Si te interesa saber qué pienso de este libro, te diré con mi habitual modestia que será una bomba atómica en el escenario de la literatura latinoamericana”; aseguró en una carta al poeta norteamericano Paul Blackburn; fechada el 15 de mayo de 1962.

“¿Querés una anécdota?” –le preguntó Cortázar a Manuel Antin, en una nota que le escribió en agosto del 64, cuando ya el “Boom” era una realidad en todo el continente– “Rayuela no se iba a llamar así. Se iba a llamar “Mandala”. Hasta casi terminado el libro, para mí se seguía llamando así. De golpe comprendí que no hay derecho a exigirle a los lectores que conozcan el esoterismo búdico o tibetano. Y a la vez me di cuenta de que “Rayuela”, título modesto y que cualquiera entiende en Argentina, era lo mismo; porque una rayuela es un mandala desacralizado. No me arrepiento del cambio”.¶

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El Premio Alfaguara 2020

Cuánto rencor acumulado entre los muros del reclusorio, Una central eléctrica del rencor.

 

Salvar el fuego es un libro diferente a lo que hasta ahora hemos leído en el Hormiguero. Llegó a mí como el elegido para el mes de febrero de nuestro club de lectura y, tal como había imaginado al leer las difíciles primeras páginas de la historia, en el grupo lo dejaron, lo cambiaron por algo más light.

 

Matar a alguien no deja indiferente a nadie. A nadie. No se mata a sangre fría, como piensan los que no han matado. Se mata a sangre caliente. Un avispero recorre las venas de quien asesina.

Yo no pude dejarlo. Ya había luchado y avanzado, por el lenguaje soez y las escenas más sórdidas que pueden ocurrir en una cárcel latinoamericana en nuestro complicado siglo XXI, y estaba atrapada.

…Los presos resisten. Luchas cuerpo a cuerpo. Sólo se ven sombras… Pasillos atascados de cuerpos. Olor a sangre. Olor a vidas que se fueron. Pasos. Ráfagas de metralleta. Aullidos de dolor. Pedidos de clemencia… Son cientos marchando en el corazón de las tinieblas.

Recuerdo que en un curso de escritura de cuentos, la profesora insistía en apelar al morbo del lector. Guillermo Arriaga Jordán (Ciudad de México, 13 de marzo de 1958) los llama y utiliza a todos los tipos de morbo. Rebusca y encuentra cómo mostrar la peor cara de la realidad carcelaria, de la familia disfuncional, del sexo, de las adicciones, de un país en guerra entre los narcos y los corruptos, del racismo y el odio al indígena, del hambre y la pobreza extrema, de los matrimonios congelados, de los negocios turbios y el dinero mal habido; en fin, muestra lo peor de esa vida.

… ¿Por qué él y no yo? Imagino tu respuesta <<él era rubio y tú prieto>>. Considerabas que en nuestro país se desplegaba un racismo por <<goteo>>. Las telenovelas solo elegían protagonistas <<güeritos>>. Los comerciales… sólo presentaban blancos. Nosotros, los morenos de pelos lacios y de facciones toscas, no cuadrábamos en los cánones de belleza, del estatus y del poder. La blancura como única vía de acceso a las esferas políticas y sociales más altas.

Complica más aún el avance en la lectura de la novela el lenguaje, los idiomas. Aquí agradezco la exposición intensiva al cine mexicano de mi infancia, que me dio una buena base para avanzar en la lectura del calé mexicano—lunfardo ixatapaleño, lo llama el autor—que él intercala con frecuencia en el texto. Con el resto de extrañas palabras utilicé el diccionario y no siempre las encontré. Ese lenguaje con groserías, que choca como patada en el estómago, puede estar en un mismo párrafo con palabras en inglés o en perfecto castellano, o con palabras inglesas escritas como suenan en castellano: beibi. No es fácil.

La única voz femenina es clara y convincente. Sus sentimientos y certezas se trastocan cuando se enamora y se interna en un mundo desconocido y aterrador. Es un personaje casi real, como los otros, aunque yo, como mujer, eché en falta eso que todas, todas las mujeres tenemos: una amiga, una hermana, una madre, una mujer que interprete al mundo como nosotras y sea nuestra confidente. Al menos una; en la mayoría de los casos son varias.

Sonaba todo tan irreal. En cada escuela para burguesitas debían impartir las materias de Calle I, Calle II, Calle III y así desde la primaria hasta la universidad

Uno da por sentada la vida y de pronto llega un relámpago que detona una a una nuestras certezas… aprecié el presente. Lleno de agitación y sobresaltos, al menos vital, furioso. Mi educación desde niña estuvo enfocada al futuro, siempre al futuro. La energía derrochada en persecución de un intangible. Porque, al fin y al cabo, creer en el futuro es un acto de fe, una apuesta. Y si de apuestas se trataba prefería apostar al presente con el hombre que amaba… Había ido contra la naturaleza materna y encima contra el sentido moral y ético que con tanto afán me habían procurado monjas, familia, padres y amistades.

Todos los amigos de Marina son hombres y, aunque algunos son gays, no es lo mismo.

En estos tiempos ser homosexual carecía de cualquier rasgo transgresor. Es más, el capitalismo se había apoderado del discurso gay y lo había comercializado. Resorts gay friendli, ciudades gay friendli, antros gay, wedding planners para bodas gay…

Guillermo Arriaga narra la misma historia desde distintos puntos de vista, técnica que en lo personal me gusta; retrata con claridad la psicología de cada personaje y son muchos. La puntuación, en especial en los diálogos, no es la normal pero se entiende perfectamente quién habla. Es moderno en su técnica literaria de introducir diferentes tipos de texto; lo innovador en esta novela, es que todos son escritos en primera persona. Hay múltiples narradores, son muchas las voces que narran y todas son fácilmente distinguibles. Es un libro en el que hasta los muertos tienen derecho de palabra.

Deberían fusilar en retroactivo al hombre que inventó la cárcel. Eso de expulsarlo a uno de la vida es lo más cruel del mundo… Y uno puede salir de la cárcel, pero la cárcel no sale nunca de dentro de uno… y aunque estés ahí sólo un par de semanas, ahí va la cárcel contigo para todos lados… La cárcel no sale de uno jamás. La condena es para siempre… No hay nada, créeme, que supere la libertad, Nada, lo que se dice nada.

Como en muchas de las historias mexicanas el primer protagonista es el amor, uno impensable pero no imposible. Rodeado y presionado por todas las fuerzas modernas del bien y del mal, y que, contra todo pronóstico, se mantiene. Es un amor creativo entre la literatura de él y la danza de ella. El arte es su escape al dolor del amor y mejora, engrandece y prospera mientras más sufren.

Escribir para rebelarse. Escribir para reafirmarse. Escribir para no enloquecer. Escribir para apuñar. Para apuntalar. Para apurar. Escribir para no morir tanto. Escribir para aullar. Para ladrar, para tirar tarascadas, para gruñir. Escribir para provocar heridas. Escribir para sanar. Escribir para expulsar, para depurar. Escribir como antiséptico, como antibiótico, como antígeno. Escribir como veneno, como ponzoña, como toxina. Escribir para acercarse. Escribir para alejarse. Escribir para descubrir. Escribir para perderse. Escribir para encontrarse. Escribir para luchar. Escribir para rendirse. Escribir para vencer. Escribir para sumergirse. Escribir para salir a flote. Escribir para no naufragar. Escribir para el naufragio. Escribir para el náufrago. Escribir, escribir, escribir…<<Una frase, una sola que te cambie la vida>>… de esas cuyo punch le saque el aire al lector y lo obligue a detenerse a mitad de página para inhalar hondo… Frases que nadie cita pero que todos recuerdan…

Hay una belleza escondida en ese amor desesperado que ni la sordidez del ambiente, ni la infidelidad traicionera, pueden tapar.

Son toneladas lo que pierde un hombre cuando pierde a una mujer… En una morra un bato haya la calma, el arrebato, la pasión, el sosiego, la aventura, la estabilidad, la locura, la cordura, la vida y a veces haya el amor y con el amor el sentido y con el sentido el propósito y con el propósito el bato se topa de nuevo con la mujer… y ellas no tienen ni la foking idea de cuánto pesan en la vida de ellos, ni cuán cabrón es el deseo de sumergirse en el mundo cálido y suave y dulce que es el cuerpo y corazón de una morra… son como peceras, como albercas, como mares, como ríos, como océanos y hasta como charcos.

Bato: hombre tonto, torpe o de modales poco refinados. Morra (México): Chica, chavala, joven, niña.

Siempre encuentro en mis lecturas de ficción algo que me trae a la grave situación política de mi país. Siempre duele, siempre da miedo.

La turba sedienta calla. Han deseado por años este momento y ahora temen perder a su enemigo. Se extraviarán sin la fuerza oscura proveniente de ese otro. Descubrirán entre sí a nuevos adversarios. Algo hay de repugnante en ellos, un hálito monstruoso ocultado por años bajo el manto del enemigo común. No tardará en aparecer de entre sus filas el heredero de la destrucción.

El texto se dirige directamente al lector; parece que le hablara de frente, nos hace partícipe de la traición y el delito al desear que los amantes puedan verse y volverse a encontrar. Nos hace pensar en la novela cuando no estamos leyendo, y deseamos continuar—a través de las ochocientas ochenta y ocho páginas en mi iPad—, para saber qué va a pasar. Y la verdad es que sorprende el desenlace; tiene un buen cierre. Creo que es la experiencia del autor como guionista de cine la que le imprime ese ritmo frenético a la historia.

A pesar de lo duro del tema, y el profundo desagrado que me causó el transitar por este submundo sórdido, le daría ocho puntos de diez a la novela. Por moderna, por buenas técnicas literarias, por mantener la atención en una historia cruda y desagradable, por mostrarme un mundo desconocido.

Deseaba contarle que entre custodios y convictos había chanza de convertirse en carnales y que reos habían hecho compadres a sus torturadores. Pasados los encontronazos, quedaba el sedimento de lo humano, como quedan pepitas de oro en las arenas de los ríos revueltos. Ahí en el cieno, también habitaban la lealtad y el perdón.

Ocho, reitero. NS

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La primera novelista venezolana

PRODAVINCI – 13/02/2021

 

Diego Rojas Ajmad

 

La novela venezolana tuvo en el siglo XIX una fascinante y profusa historia. De ella se suele recordar con insistencia los títulos Los mártires (Fermín Toro —1842), Zárate (Eduardo Blanco —1882), Débora (Tomás Michelena —1884), Peonía (Manuel Vicente Romero García —1890), Todo un pueblo (Miguel Eduardo Pardo —1899), El sargento Felipe (Gonzalo Picón Febres —1899), quizás dos o tres más. Sin embargo, cuánta obra desperdigada y sin estudiar, cuántas novelas venezolanas del XIX de las cuales nada oímos y que no han tenido la suerte de la reedición y, por ende, el interés de los lectores.

En realidad, la novela venezolana en el ochocientos tuvo una vida mayor, mucho más fecunda y plena. Prueba de ello la encontramos en la Bibliografía integral de la novela venezolana (1842-1994), publicada por el Instituto de Investigaciones Literarias de la Universidad Central de Venezuela en 1994, donde se registran alrededor de setenta y siete novelas hechas en nuestro país durante el siglo XIX; eso sin contar el enorme conjunto de obras que fueron difundidas por entregas a través de las publicaciones periódicas de la época y que se mantienen allí, aguardando por investigadores que se decidan a rescatarlas del olvido.

Así, la novela venezolana del XIX es un territorio aún por descubrir. Un amorfo conjunto de autores y títulos a medio construir que, hasta tanto no se continúe sistematizando y se difunda, seguirá generando más dudas y olvidos que certezas.

Esta incertidumbre explica, en parte, la variedad de respuestas dadas a la pregunta por saber quién fue la primera novelista venezolana:

Entre las que serán las primeras novelistas venezolanas Osvaldo Larrazábal (1980) registra a Trinidad Benítez López, autora de La promesa (1900); Rosina Pérez escribe Historia de una familia (1885) y Guaicaipuro (1886); María Navarrete publica en Maracaibo ¿Castigo o redención? (1894). La caraqueña Lina López de Aramburu escribe con el seudónimo Zulima tres novelas: El medallón (1885), Un crimen misterioso (1889) y Blanca; o consecuencias de la vanidad (1896). (Ana Teresa Torres, «La genealogía femenina de la literatura venezolana. Una historia incompleta», en Boletín de la Academia Venezolana de la Lengua, N° 201, Caracas, enero-diciembre, 2008, pp. 165-178)

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Una voz más fuerte salió entre ellas y recorrió el camino de la poesía a la narrativa: Virginia Gil de Hermoso, nuestra primera novelista en estricto sentido cronológico. (Carmen Mannarino, «Confesión y creación en la novela escrita por mujeres», en Varios, Conceptos para una interpretación formativa del proceso literario de Venezuela, Caracas, Pequiven 1988)

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El primer libro literario publicado entre nosotros por una mujer es el de Zulima, Lina López de Aramburu, su pieza María o el despotismo (1885, 62 p.). Ese mismo año apareció también la primera novela concebida por una mujer, El medallón (1885, 164 p.), obra de la misma Zulima, madre pues de nuestra novela femenina. (Roberto Lovera De-Sola, «Escritoras venezolanas del siglo XIX: preámbulo para una lectura», en Anales, Caracas, Universidad Metropolitana, N° 13 (1), 2013, pp. 91-113)

¿Quién fue en realidad la primera novelista venezolana? ¿Será posible saberlo en el marasmo de datos y de documentos? La Bibliografía integral… nos dice que de las setenta y siete novelas registradas solo nueve tienen autoría de mujer:

–Lina López de Aramburu (seudónimo: Zulima): El medallón (1885), Un crimen misterioso (1889), Blanca o consecuencia de la vanidad (1896).

–Rosina Pérez: Historia de una familia (1885), Guaicaipuro (1886).

–Ignacia Pachano de Fombona (seudónimo: Blanca) y Margarita Agostini de Pimentel (seudónimo: Margot): Para el cielo (1893). [En Tríptico venezolano (Caracas, Fundación de Promoción Cultural de Venezuela, 1985, p. 50), Domingo Miliani menciona otra novela creada por esta pareja de escritoras: En la playa, de 1894].

–María Chiquinquirá Navarrete: ¿Castigo o redención? (1894).

–Concepción Acevedo de Tailhardat: María (1897).

–Trinidad Benítez López: La promesa (1900).

Ordenadas aquí cronológicamente, estas nueve novelas venezolanas del siglo XIX que recoge la Bibliografía integral… fueron escritas por siete mujeres. Sin embargo, la lista de autoras y títulos no es definitiva, ya que hay quienes afirman que en el caso de Rosina Pérez se esconde un misterio no resuelto aún del todo. Algunos investigadores señalan que “Rosina Pérez” es en realidad un seudónimo empleado por el médico, político y escritor Antonio Parejo. Dilucidar este asunto, desde el análisis estilístico y la crítica textual, además de reeditar las obras de Pérez-Parejo, sería un buen tema de estudio.

Insisto en que no es una lista definitiva. Muchas otras novelas escritas por mujeres fueron publicadas por entregas en diversas publicaciones periódicas, o tuvieron bajos tirajes, lo que hizo que esas ediciones no lograran llegar hasta nuestros días debido a guerras, desastres naturales, a falta de archivos, a desidia. Quizás ese haya sido el fatal destino de las obras.

De ese grupo de autoras invisibles y obras perdidas debo destacar el nombre de Elisa González de Alegría, pues a ella podríamos considerarla como nuestra primera novelista.

Son escasísimos los datos biográficos que existen sobre Elisa González de Alegría y apenas encontramos una referencia que la sitúa como habitante de Ciudad Bolívar, en la Guayana de la segunda mitad del siglo XIX. En el Primer libro venezolano de literatura, ciencias y bellas artes, de 1895, que sirve como antología o vitrina de la cultura venezolana de ese entonces, se hace mención de nuestra autora con la siguiente frase: «Elisa González de Alegría, novelista». Nada más.

No será sino en el trabajo del guayanés José Manuel Agosto Méndez, publicado en 1936 y titulado Letras vernáculas, una de las pocas historias de la literatura del estado Bolívar, donde logramos encontrar más información de la autora. Se le dedican dos cortos párrafos que bien vale la pena transcribir en su totalidad:

Elisa González de Alegría, honorable culta dama que firmaba sus trabajos con el pseudónimo de Isael, manejó poco la lira, siendo su principal orientación hacia la prosa, dedicándose a la novela, género este en el cual escribió dos ensayos, bien recibidos por el público, uno con el título de Alicia o la amiga de los pobres, y el otro El ángel del hogar o la Condesa de Souring. La continuación de esta obra cuyo título era El amor y el deber, no sabemos si la publicó la autora.

Estos dos trabajos inspirados en las novelas de Pérez Escrich y en las de capa y espada de Fernández y González, que para la época en que vivió nuestra coterránea, eran los escritores españoles más en moda, fueron publicados en esta ciudad en el año de 1883. (José Manuel Agosto Méndez, «Letras vernáculas», en Obras completas, Tomo II, Ciudad Bolívar, Colegio de Médicos del Estado Bolívar, 2002, pp. 123-124)

Estos datos que nos ofrece Agosto Méndez, mientras no aparezca nueva información que nos haga pensar lo contrario, nos resuelve el enigma y nos descubre a una autora residenciada en el estado Bolívar, en la segunda mitad del siglo XIX, como la primera novelista de Venezuela. Ya Mirla Alcibíades, conocedora de los archivos venezolanos como ninguna, había dado con el nombre de Elisa González y en el 2011 había anunciado el hallazgo:

En la actualidad estoy por concluir una investigación a la que creo titularé finalmente “Las periodistas venezolanas de la modernización (1872-1910)”. Allí establezco relaciones entre la serie hemerográfica, la novelística, poética, ensayística, etc. y ofrezco como novedad para la lectoría venezolana el hallazgo referido a Elisa González de Alegría, autora de Alicia o La amiga de los pobres que tampoco se encuentra en nuestros archivos y bibliotecas. Esa pieza apareció en 1883. [Mirla Alcibíades, «La Baronesa de Wilson en Venezuela: 1881-1882», en Sara Beatriz Guardia (editora y compiladora),  Viajeras entre dos mundos, Perú, Centro de Estudios: La mujer en América Latina, 2011, p. 254.]

De ser cierta la fecha de publicación que menciona Agosto Méndez, y que ratifica Mirla Alcibíades, sería entonces Elisa González de Alegría la primera novelista venezolana, con dos novelas que anteceden a El medallón, primera novela de Zulima que, aunque escrita en 1883, en realidad fue publicada en 1885 por la Imprenta Nacional.

Sin embargo, nada de esto podremos afirmar con certeza hasta no encontrar esas obras, perdidas en alguna biblioteca personal o pública del país o del extranjero, aguardando la hora en que algún afortunado se tope con esos valiosos libros y puedan así recobrar vida en las manos de los maravillados lectores.¶

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El último encuentro

El último encuentro literario del Hormiguero fue en casa de María Teresa con Sándor Márai (Hungría 1900-Estados Unidos 1989). Salir de la rutina de la pandemia, y reencontrarnos en persona, emociona y enriquece. Reunirnos a merendar delicias en ese ambiente idílico de la terraza con pared vegetal, a hablar de literatura con las amigas, es un privilegio. El húngaro, como siempre, deslumbró con su prosa maravillosa a las Hormigas; es increíble cómo el maestro hace de una conversación entre dos viejos una obra de arte.

Los personajes están llenos de rencores por antiguas traiciones y amores frustrados. Los sentimientos más profundos, y el resentimiento rumiado por años, surgen en el intenso monólogo que impulsa la trama y con el que quiere hacer catarsis del dolor con el que ha vivido Henrik, el militar, el traicionado, la voz que narra y que juzga. Intenta buscar respuesta a la traición de la amistad que lo tortura más que la propia infidelidad; la busca en las diferencias de clase o en las diferencias del alma.

…las personas del mismo grupo sanguíneo pueden ayudarse en los momentos de peligro, al donar su sangre a alguien que pertenece al mismo grupo, el alma humana sólo puede ayudar a otra alma humana, si no es distinta, si sus puntos de vista, sus convicciones y su realidad secreta son parecidos… Porque siempre amamos y buscamos a la persona diferente, en todas las situaciones y en todas las variantes de la vida… El secreto y el regalo mayores de la vida es cuando se encuentran dos personas semejantes.

Él sabía que el diferente era él; su padre se lo había hecho ver: Kónrad, Cristina y su misma madre pertenecían a otra clase de almas, pero contra eso no podía más que conformarse.

Es la mayor tragedia con que el destino puede castigar a una persona. El deseo de ser diferentes de quienes somos: no puede latir otro deseo más doloroso en el corazón humano, porque la vida no se puede soportar de otra manera que sabiendo que nos conformamos con lo que significamos para nosotros mismos y para el mundo. Tenemos que conformarnos con lo que somos, y ser conscientes de que a cambio de esta sabiduría no recibiremos ningún galardón…

Nos es difícil, a las Hormigas, identificarnos con estos hombres, viejos llenos de rencor, golpeados por la historia personal y por la de su entorno pero, como siempre, la lectura nos trae un déjà vu de nuestra propia historia.

Mi patria dejó de existir. Se descompuso… Lo que lo mantenía todo unido, esa argamasa secreta, ya no existe. Todo se ha deshecho, se cayó a pedazos. Mi patria era un sentimiento. Ese sentimiento resultó herido.

Márai es uno de los escritores más sensibles a la voz femenina. Las mujeres, en sus otras novelas, tienen sentimientos y los expresan con una voz clara, pero en el Último encuentro la figura femenina está desdibujada; escondieron el cuadro y ni siquiera el diario de Cristina fue abierto antes de quemarlo. Ellas son también las culpables de todo, fracasan como madres y traicionan como esposas. Son el motivo de la discordia, pero son descartadas en la búsqueda de la verdad.

Lo que sí trata en profundidad es el tema de la amistad. Se deleita en una disertación que enfoca todas sus aristas.

Estaría bien saber… si de verdad existe la amistad…A veces pienso que la amistad es la relación más intensa de la vida… y que por eso se presenta en tan pocas ocasiones… ¿Habrá tal vez cierto erotismo en el fondo de cada relación humana?… Al erotismo de la amistad no le hace falta el cuerpo… no le es atractivo, resulta incluso inútil. Sin embargo, no deja de ser erotismo. En el fondo de todo amor, de todo cariño, de toda relación humana late el erotismo.

Al igual que el enamorado, el amigo no espera ninguna recompensa por sus sentimientos… No idealiza a la persona que ha escogido como amiga, ya que conoce sus defectos y la acepta así… ¿qué valor tiene una amistad si sólo amamos en la otra persona sus virtudes, su fidelidad, su firmeza? ¿Qué valor tiene cualquier amor que sólo busca una recompensa?… ¿No sería justamente la abnegación la verdadera esencia de cada relación humana, una abnegación que no pretende nada, que no espera nada del otro? ¿Una abnegación que cuanto más da, menos espera a cambio? …la amistad no es un estado de ánimo ideal. La amistad es una ley humana muy severa. En la antigüedad, era la ley más importante, y en ella se basaba todo el sistema jurídico de las grandes civilizaciones… se puede matar a un amigo, pero la amistad nacida entre dos personas en la infancia no la puede matar ni siquiera la muerte…

Algunas Hormigas sienten que entre esos dos personajes hubo una atracción homosexual, que nunca importaron las diferencias sociales ante la fuerza del amor que se tuvieron y que, en el fondo, nunca había terminado.

El nuevo orden del mundo puede acabar con la forma de vida bajo la que yo nací y bajo la que yo viví; las fuerzas nuevas, fogosas y agresoras me pueden aniquilar, pueden acabar con mi vida y con mi libertad… Sin embargo no me ha hecho falta ninguno de estos aparatos modernos para saber que estabas vivo y que algún día volverías.

Están al final de la vida y la vejez es poco común en esa época. Muchos murieron en la guerra, otros de enfermedades, pero ellos dos siguen vivos.

Es posible que la forma de vida que nosotros hemos conocido, en la cual hemos nacido… es posible que todo esto sea ya cosa del pasado… Nosotros dos, sabios y viejos, ya al final de nuestra vida, también deseamos la venganza… sí, la venganza contra todo y contra todos. Eso es lo que me ha mantenido con vida, en la paz y en la guerra, durante los últimos cuarenta y un años, y por eso no me he matado, y por eso no me han matado, y por eso no he matado a nadie, gracias a la vida.

Uno envejece poco a poco, primero envejece su gusto por la vida, por los demás, ya sabes, todo se vuelve tan real, tan conocido, tan terrible y aburridamente repetido… Luego envejece tu cuerpo, no todo a la vez… así, por partes. Más tarde, de repente, empieza a envejecer el alma: porque por muy viejo y decrépito que sea ya tu cuerpo, tu alma sigue rebosante de deseos y de recuerdos, busca y se exalta, desea el placer. Cuando se acaba el deseo de placer, ya sólo quedan los recuerdos, las vanidades, y entonces sí que envejece uno, fatal y definitivamente.

En busca de explicación a su desventura rebusca en el pasado de sus familias, en sus diferencias económicas, sociales, culturales y de personalidad, y termina culpando a los propios dioses.

Ya sabes, uno siempre quisiera devolver algo a los dioses, una parte de su felicidad. Porque los dioses son, como se sabe, envidiosos, y cuando dan un año de felicidad a un simple mortal, lo apuntan como una deuda, y al final de su vida se la reclaman, con intereses de usurero.

El capítulo de la cacería es el nudo crucial de la novela: el bosque cercano, oscuro, húmedo y misterioso, esconde secretos de muerte y asesinato. Es magistral el suspenso que se mantiene y que va aumentando poco a poco con una violencia que perdurará en el tiempo.

Uno no peca por lo que hace, sino por la intención con que lo hace… Una persona puede cometer una infidelidad, una infamia, sí y hasta puede matar, y al mismo tiempo mantenerse puro y limpio por dentro… No conocías esa extraña pasión, la más secreta de todas… Es la pasión por matar. Somos humanos, para nosotros es ley de vida matar. No podemos evitarlo… Matamos para defender, matamos para conseguir, matamos para vengarnos.

Se termina desnudando el militar, el cazador frente al artista, quien no niega ni afirma, pero escucha. Algunas hormigas creen que Henrik perdona la traición, pero el texto sólo afirma que está tranquilo.

¿Crees tú también que el sentido de la vida no es otro que la pasión, que un día colma nuestro corazón, nuestra alma y nuestro cuerpo?… ¿y que si hemos vivido esa pasión quizás no hayamos vivido en vano?… ¿Y que quizás no se concentre en una persona en concreto, sino en el deseo mismo?… O puede ser que se concentre en una persona en concreto, la misma siempre, desde siempre y para siempre.

Para algunas fue segunda lectura, y aunque no es un texto fácil, ni divertido, ni agradable, tuvo una puntuación de ocho (8) puntos. Hablar de sentimientos tan oscuros, descubrir el dolor profundo, reclamar y mostrar las heridas con palabras precisas y hermosas, nos mantiene embelesadas con la historia. La traducción—de alguien cuyo nombre no aparece en la copia del iPad—, es magnífica. Sándor Márai es siempre una buena elección.

Nos toca ahora un escritor nuevo para nosotras, mejicano: Guillermo Arriaga Jordán con su novela Salvar el fuego.

NS

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Lecturas para el año

 

Comienza el año con un aluvión de novedades editoriales que hace que la oferta de lecturas resulte abrumadora. GQ selecciona diez de los principales lanzamientos, relatos que son una apuesta segura por su calidad y originalidad.

 

Los 10 mejores libros a los que te engancharás este 2021

 

por Enrique Bueres 1 de febrero de 2021

 

(Este artículo sobre los mejores libros de 2021 ha sido originalmente publicado en el número 271 de GQ España).

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Hijos de febrero, de Alan Parks

El Glasgow que sirve de escenario a los casos del atormentado agente Harry McCoy recuerda mucho al Bilbao de los años 70: un río que separa dos mundos, fábricas de extrarradio abandonadas, yonquis, crimen organizado, garitos chungos… Tras el éxito de Enero sangriento, Parks ofrece en Hijos de febrero (Tusquets) una nueva muestra de su talento en la novela negra.

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Tomás Nevinson, de Javier Marías

El escritor madrileño recupera en Tomás Nevinson (Alfaguara) a uno de los protagonistas de su anterior libro, Berta Isla, para encomendarle una misión en la España de 1997 que le llevará a indagar en una persona relacionada diez años atrás con el terrorismo de ETA y del IRA. Novela de personajes, con trama apasionante e inteligentes reflexiones sobre el terrorismo.

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El día del ajuste, de Chuck Palahniuk

Regresa el gran Palahniuk de El club de la lucha con El Día del Ajuste (Literatura Random House), una caricatura macabra y grotesca de Estados Unidos, una distopía que hace realidad los deseos más radicales de una sociedad que vive un momento de agitación social y sueña con eliminar a las élites políticas, mediáticas y académicas; a quien esté en la lista de “los más odiados de América”.

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Llévame a casa, de Jesús Carrasco

Llévame a casa (Seix Barral) es la tercera novela de Jesús Carrasco, escritor extremeño que en 2013 logró el reconocimiento internacional con Intemperie, llevada al cine por Benito Zambrano. Llévame a casa aborda las consecuencias de asumir la responsabilidad de cuidar a los padres cuando nos necesitan, aunque nos joda.

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El tercer país, de Karina Sainz Borgo

La segunda novela de la autora de La hija de la española confirmará el excepcional talento y ambición de la escritora y periodista venezolana como abanderada de una nueva literatura latinoamericana capaz de combinar elementos del thriller, el wéstern y la tragedia clásica. El tercer país (Lumen) está estructurada a partir de la peste, la travesía y la frontera.

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Niadela, de Beatriz Montañez

Tras abandonar su trabajo como presentadora, la autora se trasladó a una cabaña aislada en plena naturaleza sin luz ni agua caliente. Niadela (Errata Naturae) cuenta cómo un retiro radical puede hacer que una persona devastada renazca al aceptar su insignificancia ante la belleza de la vida salvaje.

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Revancha, de Kiko Amat

Revancha (Anagrama) es una novela de ritmo vertiginoso, cargada de violencia, en la que Kiko Amat analiza las heridas morales de unos personajes, miembros de un grupo ultra del FC Barcelona, que buscan venganza contra el mundo por las veces que les hicieron sentir como chusma y que les dijeron que nunca llegarían a nada en la vida.

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Salvatierra, de Pedro Mairal

Seguro que el entusiasmo por la obra del argentino Pedro Mairal seguirá creciendo con la edición de Salvatierra, novela que, tras su publicación original en 2008, despertó el elogio unánime de la crítica. Mairal nos deslumbró en 2017 con La uruguaya al descubrirnos a un escritor sutil, contenido y maduro, algo que confirma ahora con su novela más admirada y traducida.

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El jardín de los frailes, de Manuel Azaña

Nocturna Ediciones recupera una novela del escritor y presidente de la II República Española cuyo tema central mantiene plena actualidad: la educación en los colegios religiosos. Azaña narra en El jardín de los frailes las vivencias de un adolescente en un colegio de El Escorial y defiende la premisa de limitar el poder de la Iglesia para regenerar España.

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Jill, de Philip Larkin

El autor de Una chica en invierno debutó en la novela en 1946 con Jill (Impedimenta), una historia ambientada en el Oxford de los primeros años de la II Guerra Mundial y en la que brilla el estilo mordaz y conversacional de Larkin, uno de los poetas imprescindibles del siglo XX, un escritor que supo detectar y plasmar como pocos las miserias de la sociedad contemporánea.¶

 

 

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Nos ha alcanzado

Cuando el destino nos alcance (título original en inglés: Soylent Green) es una película estadounidense de 1973, dirigida por Richard Fleischer, protagonizada por Charlton Heston, Edward G. Robinson y Leigh Taylor-Young en los papeles principales y basada en la novela ¡Hagan sitio!, ¡hagan sitio! (1966), de Harry Harrison.

Wikipedia en Español

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En materia de libros, ya ha llegado el futuro; hace un año que tal cosa se anunciara en noticieros españoles. (Acá por Al Día, de Sevilla):

 

 

Hace un año y diez días reseñaba Amalia Bulnes para EL PAÍS de España (‘Dragona’, la máquina que imprime libros a la carta en menos de diez minutos):

“Como una dragona que escupe libros”. Así presentan sus responsables, instalada en la parte trasera de la librería sevillana Isla de Papel, la primera máquina en España capaz de imprimir un libro—con tapa blanda y encuadernación, tal como se encuentra en los estantes—en un tiempo estimado de entre cinco y ocho minutos. Un sistema con el que los gestores de este establecimiento, perteneciente al grupo editorial Lantia, pretenden combatir el concepto del libro agotado y el back list—libros de los que se venden menos de 100 unidades al año—, al tiempo que amplían su oferta.

De momento, Lantia ofrece un catálogo de 30.000 referencias de 142 editoriales, tanto de sus propios sellos como de grandes grupos como Planeta (Universo de Letras), Penguin Random House (Caligrama) y Zenda Aventuras, el proyecto editorial puesto en marcha por el escritor Arturo Pérez-Reverte. Las editoriales ceden los archivos y Lantia les factura un porcentaje por cada libro impreso. “Nuestro catálogo irá subiendo en función de los acuerdos a los que lleguemos con las editoriales”, asegura Chema García, director y cofundador del Grupo Lantia. Por comparar, García comenta que hay 80.000 títulos en la Casa del Libro de Callao en Madrid, considerada la más grande de todo el territorio nacional y 10.000 en su propia librería.

Un pajarito ha denunciado al Blog de Las Hormigas que Adrián y Chicha Hardy planean adquirir una de esas máquinas fabulosas, para que las formíceas colegas puedan optar por leer de forma tradicional, no electrónica, más cálida. En vez de Dragona, la máquina sería bautizada como Bachacaraqueña. ¶

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Los debuts más esperados de la literatura española en 2021

Daniel Remón, Bibiana Candia, Óscar Martínez, Marta Jiménez Serrano, Socorro Giménez, Eudald Espluga y Borja Ortiz de Gondra destacan entre los autores noveles que llegarán a las librerías este año

 

De arriba abajo y de izquierda a derecha, Marta Jiménez Serrano, Borja Ortiz de Gondra, Bibiana Candia, Óscar Martínez, Socorro Giménez y Daniel Remón.

 

PEIO E. RIAÑO 4 de febrero de 2021

 

Nunca es un buen momento para debutar, pero menos en plena era pandémica. A pesar de todo, 2020 dejó sobresalientes éxitos de debutantes (Andrea Abreu, Camila Sosa, Elizabeth Duval o Margaryta Yakovenko) y para este año hay varios títulos que tratarán de hacerse oír entre el ruido incesante de las imprentas escupiendo novedades. En 2021 se da la curiosa circunstancia de que entre sus debutantes hay trasiego de la creación audiovisual a la literaria. Quizá sea una respuesta del mercado a esos lazos que refuerzan los nuevos hábitos lectores, entre las pantallas y los libros. Esta selección de primeras novelas y primeros ensayos es una mezcla en la que hay reflexiones sobre la identidad desde el presente y a partir del pasado, divulgación del arte y perspectivas tanto millennials como otras más veteranas.

 

DANIEL REMÓNLiteratura (Seix Barral, febrero)

Madrid, 1983. Guionista y dramaturgo, adaptó al cine Intemperie, de Jesús Carrasco, por la que fue premiado con el Goya al mejor guion adaptado en 2020.

“Me considero debutante porque le tengo mucho respeto a la novela. Me parece el género más difícil. Pero también he sido más libre que escribiendo cine. Esto pasa cuando hay menos dinero y repercusión. Es un terreno más rico y fértil. En el cine te pasas la vida vendiendo la película antes de escribirla; en la literatura escribes sin saber a dónde vas. Además, no la escribí pensando en publicarla. Por eso me expongo mucho y también a mi familia. Es una autobiografía, pero también es una novela de carretera. Hablo de mis padres, que ya no están, y lo hago desde el agradecimiento y el amor. ¿Contra qué he escrito? Contra el silencio. Mi madre murió cuando yo tenía siete años y pasamos muchos años sin hablar de eso. También contra el olvido y el silencio, pero esta batalla está perdida. Como lector lo que más me gusta de una primera novela es que haya un escritor, que intuyas por dónde va a continuar”.

 

BORJA ORTIZ DE GONDRANunca serás un verdadero Gondra (Literatura Random House, febrero)

Bilbao, 1965. Abogado, traductor y dramaturgo.

“Libérrimo. Me dedicaba a escribir y estrenar teatro y a estas experiencias no podía darles una forma teatral. Empecé hace 14 años y quería contar la historia de un escritor y de cómo se escribe una novela. Claudio López Lamadrid leyó las 80 primeras páginas y dijo que había una novela. Y me hizo una recomendación: “No trates de parecerte a nadie. Y no se la enseñes a nadie, que te la contrato yo”. El debutante tiene la libertad de la ingenuidad, no piensa en nada más que la historia. Después ya llega el mundo editorial. La primera novela es virgen y necesita sacarse una historia. Necesitaba contar los años ochenta en el País Vasco, años de mucha violencia. Un tierra como la mía te empuja a posicionarte y en la novela me pregunto cómo encuentro una vía para ser yo mismo. La literatura me ha permitido ser quien yo quería ser y no quien querían que fuese”.

 

MARTA JIMÉNEZ SERRANOLos nombres propios (Sexto Piso, marzo)

Madrid, 1990. Filóloga, máster en Estudios literarios y letras modernas y editora en Turner.

“A la hora de escribir la autora y la editora son personas distintas. Cuando escribo no tengo para nada en mente a la figura de editora. Lo peor es ser consciente de todos los manuscritos que llegan y lo difícil que es. Yo misma he escrito muchos correos de rechazo este año. La principal cualidad de una primera novela es encontrar una voz y una mirada sobre el mundo. La primera novela la escribes sin saber si vas a publicarla y, en mi caso, esto ha supuesto una total libertad. No piensas en lectores porque no los tienes, ni en editores, ni agentes. Mucha inconsciencia. Mi interés en Los nombres propios es la búsqueda de la identidad, desde la infancia, adolescencia y juventud de la protagonista. El reto está en entender nuestra identidad según nuestros valores y en función de los demás. El equilibrio entre la individualidad y la comunidad”.

 

ÓSCAR MARTÍNEZUmbrales (Siruela, abril)

Almansa, Albacete, 1977. Historiador del arte y profesor.

“Quería hacer divulgación, crear una voz propia para divulgar sobre la Antigüedad y la Edad Media, desde un punto de vista lejano a la Academia. Es una no ficción narrativa, en la que el propio autor explica y divulga sus ideas. Es un libro que no presupone la necesidad de ningún conocimiento previo, porque al intentar comunicar sin la pretensión de superioridad, sino desde el entusiasmo, he notado mejor comunicación y reacción. Cuando más disfruto no es cuando explico, sino cuando cuento. Cuando soy un narrador. Quise hacer eso en un libro. La arquitectura te permite abarcar el viaje, la historia, el patrimonio y encontré en las puertas la excusa perfecta. Las puertas son un elemento común que ignoramos y es un elemento invisible en la historia del arte. Aparece Egipto, el mundo clásico, el religioso, pero también la arquitectura civil (una tienda modernista en París, por ejemplo). El último bloque son las entradas a otros mundos (como la puerta de la Bauhaus como acceso a la modernidad). El epílogo es la puerta de la casa en la que pasé el confinamiento”.

 

SOCORRO GIMÉNEZCasa se busca (Caballo de Troya, abril)

Mendoza (Argentina), 1973. Filósofa, traductora y editora.

“Es una narradora de primera persona. Es una escritura que ha cuajado a lo largo de varios años y nunca la armé como novela. Eran textos escritos en los últimos años, que al editarlos parecían formar una obra íntegra. Hay un tema central que tiene que ver con la vida nómada y el yo que se va construyendo. Me interesa la narración de las percepciones en una gran ciudad y fuera de ella. No creo que sea un relato feminista porque no ha sido una voluntad al escribir, pero sí creo que se puede entender una forma feminista. Es un trabajo intimista y de mirada extrañada”.

 

EUDALD ESPLUGARebeldes (Lumen, enero) y No seas tú mismo (Paidós, octubre)

Girona, 1990. Filósofo y periodista.

“La virtud tiene que ver con las ganas y la ambición con las que abordas los proyectos. Quieres que la primera obra sea la obra perfecta. Vivimos en un ecosistema de medios digitales en el que estás constantemente publicando y expuesto a la opinión de los demás, en cierto modo tus ideas y escritos ya han tenido un recorrido crítico. No creo en el estado virgen del debutante. Aunque el capitalismo de plataformas sí busca la provocación y hay autores que trabajan sobre ello. Rebeldes es una obra de divulgación histórica e interpretativa del movimiento de las luchas sociales. No seas tú mismo es distinta, es una obra que quiere cuestionar la etiqueta generacional. Quiero presentar unos temas e ideas que damos por sentadas desde una perspectiva alejada de los métodos académicos. Reflexiono sobre la fatiga de uno mismo”.

 

BIBIANA CANDIAAzucre (Pepitas de Calabaza, octubre)

A Coruña, 1977. Filóloga y periodista.

“Esta es una historia de ficción que rodea una historia real. Arranca en la Galicia de 1853, cuando las cosechas se habían echado a perder y era una zona de miseria. Desde Cuba, el empresario Urbano Feijoo de Sotomayor llevó a sus compatriotas a trabajar en el azúcar a más de 1.700 jóvenes y cuando llegaron se encontraron con infraestructuras preparadas para la esclavitud. Y se enriqueció. Es una historia que no la conocemos porque no hay testimonios de aquellas personas. Esta es la recreación de aquellos protagonistas que ni firmaron sus contratos porque no sabían escribir. Solo querían ganarse la vida. Soy una defensora de la ficción para contar una verdad. No me imaginaba que mi primera novela fuera a ser una novela histórica del XIX. He hecho lo que ni siquiera me esperaba: he sido libre para ser salvaje. Como narradora era un desafío contar una historia de hombres. Conviene mirarnos en el pasado para saber quiénes somos”.¶

Tomado de BABELIA – Libros – EL PAÍS

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Victoria y Silvina Ocampo en la órbita de Jorge Luis Borges

A la publicación de la entrada anterior a ésta, la atenta hormiga Graciela Sucre de Behrens recordó y remitió a la redacción de este blog el texto que sigue, más importante que el precedente, puesto que refiere a la revista y editorial que respondieron al nombre de Sur, ambas espacios de grande influencia en las letras hispanoamericanas del siglo XX.

El equipo de Sur. Victoria Ocampo posa sus manos sobre los hombros de Bioy Casares y Borges.

 

Apostadas en trincheras diferentes, Victoria y Silvina, la mayor y la menor de las hermanas Ocampo, son dos escritoras que hicieron época en la Argentina del siglo pasado; dos mujeres además indisolublemente ligadas a quien es considerado el máximo exponente de las letras de su país: el escritor, poeta y traductor Jorge Luis Borges (1899-1986). Pero lo suyo no es un triángulo amoroso, sino algo más complejo, una amistad en la que privó la inteligencia y quizá también la abnegación.

Nacidas en el seno de una familia conservadora y adinerada de Argentina, las hermanas siguieron caminos parecidos, pero con resultados diferentes; mientras Victoria tuvo una gran influencia en los movimientos culturales de su país; Silvina se probó en la pintura para luego hacer de las letras su patria, incursionando en diversos géneros, siendo sus relatos los que mayor popularidad le ganaron. Y fue esa postura de menos reflectores la que quizá propagó por años la idea de que realmente Silvina era menor que Victoria, aunque el tiempo parece hacerle justicia.

Lo que es un hecho es que Victoria (1890-1979), que pudo ser tímida con algunos personajes a los que admiraba, acabó siendo una mujer vanguardista, que supo aprovechar esos reflectores que la ubican hoy como escritora, traductora, mecenas, viajera incansable, amante liberal, de belleza imponente y hasta como feminista de primera ola. Una actriz frustrada que volcó en la escritura su necesidad de ser y que rompió con varios cánones de la época.

Su mayor empresa fue la fundación de la revista Sur, cuyo primer número vio la luz el 1 de enero de 1931, con un tiraje de cuatro mil ejemplares que se vendieron por completo en Buenos Aires, París y Madrid. Colaboraron entonces plumas como la de Waldo Frank, quien le había sembrado la idea de la revista; Drieu La Rochelle, Eugenio d’Ors, Walter Gropius, Ernest Ansermet, Alberto Prebisch y Jorge Luis Borges.

Cuentan que las enemistades no se hicieron esperar y la revista tuvo intermitencias, al grado de que entre julio de 1934 y el mismo mes de 1935 ésta no salió; del 35 al 53 fue mensual, del 53 al 72 bimestral y desde 1972 ya sólo aparecieron ediciones especiales. No obstante, la publicación hizo historia por contar entre sus colaboradores con Alfonso Reyes, Thomas Mann, TS Elliot, André Malraux, Henry Miller, Octavio Paz, Gabriela Mistral, José Bianco y su cuñado, Adolfo Bioy Casares. Mientras que por su redacción pasaron plumas como Raimundo Lida, Ernesto Sabato, María Luisa Bastos, Nicolás Barrios Lynch y Enrique Pezzoni.

Ayudar a solventar la publicación y continuar divulgando lo mejor de la literatura extranjera de la época, le hizo crear editorial Sur que en 1933 publicaba por primera vez en español la obra de D.H. Lawrence, El romancero gitano de Federico García Lorca o el Contrapunto de Aldous Huxley. Incluso hizo varias importantes traducciones de autores como Albert Camus, Graham Greene y Dylan Thomas.

A la luz de los hechos, Sur permitió la consolidación de autores de la talla de Julio Cortázar, de Rafael Alberti, el propio Borges, que publicó varios trabajos en ella. El mexicano Octavio Paz decía, por ejemplo, que ésta no era una revista, sino una tradición del espíritu y que Victoria había sabido hacer lo que nadie antes había concretado en América.

Por lo que hace a Silvina (1909-1993), se identifica con la generación de 1940 por el período en el que realiza el conjunto de su obra, que incluye poesía, ensayo, teatro y relatos, y serán estos últimos los que le valgan el mayor reconocimiento tanto de público como de crítica.

Quienes gustan de sus textos, destacan los abundantes elementos de la literatura fantástica que se encuentran en sus libros y la visión irónica y mordaz con que se refiere a las convenciones sociales de su época. Cuentan que su primer libro publicado fue Viaje olvidado, de 1973, y que la primera reseña fue de su hermana mayor, publicada en Sur.

En ella, se destacaban como sellos de identidad “su fino oído para el habla y su habilidad para capturarlo en sus relatos; el gusto por las imágenes no evidentes y la deformación a la que somete sus recuerdos”, aunque al parecer no se les consideró entonces como virtudes. Se sabe que sus relatos han sido reunidos en libros como Autobiografía de Irene, de 1948; Las Invitadas, de 1961; El pecado mortal, de 1966, y Los días de la noche, de 1970.

Adolfo, Victoria y un rozagante Jorge Luis

En su tiempo, Silvina fue criticada por haberse casado con un guapo escritor más joven que ella, Adolfo Bioy Casares, responsable de su posterior vínculo con Jorge Luis Borges, con quien ambas hermanas convivirían de manera cercana.

 

UNA AMISTAD IMPENSABLE

El diario argentino La Nación, en su artículo La pasión de una amistad difícil, da cuenta de la fructífera pero no muy fluida relación que sostuvieron Victoria Ocampo y Jorge Luis Borges, ésa de la que daría cuenta el libro Diálogo con Borges, publicado por Sur/El Ateneo, que rescata el intercambio epistolar entre estos personajes y cuenta cómo se conocieron por ahí de 1920, a iniciativa de un amigo común, Ricardo Güiraldes, y el orgullo que sentía de haber percibido el talento de Borges, como lo hizo con muchos otros que pasaron por las páginas de su popular revista.

Cita cómo Victoria se refería a Borges como alguien que la irritaba, “como un limón a una ostra abierta”, y como Borges utilizó Sur como su base de operaciones, para publicar textos que después se convertirían en libros. Borges llegó a hablar de lo mucho que le debía a Victoria Ocampo, como argentino, un poco para disimular la deuda personal, pero es sabido que nadie hizo tanto por Borges como Ocampo, quien le ha de presentar a Roger Caillois, joven escritor francés que será quien favorezca la buena recepción de Borges en París. Y, en contra parte, cita a Victoria Ocampo quien presume de conocer a Borges, de admirarlo, sin reciprocidad probable.

Luego de varios sufrimientos derivados de un cáncer bucal, Victoria Ocampo muere el 27 de enero de 1979, momento en el que Borges reconoce que: “En un país y en una época en que las mujeres eran genéricas, ella tuvo el valor de ser un individuo. Estoy agradecido personalmente por todo lo que hizo por mí, pero, sobre todo, estoy agradecido como argentino por todo lo que hizo por la Argentina”.

 

El TRIO INFERNAL

Por lo que toca a Silvina, vale decir que su relación con Borges es de amistad, desde que se conocen a principios de los años 30, y ya casada con Bioy Casares, de ello da cuenta un artículo de Corinne Ferrero, quien rescata una colaboración inédita y anecdótica, entre estos tres personajes, cuando allá por 1939, los tres amigos planean la trama de un cuento que redactan parcialmente y cuyo manuscrito queda en el olvido.

Se trata, dice Ferrero, del único experimento de escritura conjunta del famoso trío infernal (fuera de su posterior y exitosa labor común de antologistas). Este cuento plural inconcluso es mencionado y reproducido por primera vez por Bioy Casares en Lettres et amitié (Letras y amistad), un artículo autobiográfico en francés que el autor publica en el número de la revista Cahiers de L’Herne dedicado a Borges en 1964.

El insólito fragmento de casi tres páginas que, según Bioy, debía narrar la investigación de la obra inédita de un escritor desconocido y difunto, será, a pesar de su carácter excepcional, totalmente ignorado por la crítica, con la ayuda benevolente de sus desdeñosos autores, pero coincide con el nacimiento de algunos de los personajes más originales e ilustres de la historia de la literatura argentina y mundial como Honorio Bustos Domecq, criatura nacida de la larga colaboración literaria de Bioy y de Borges, o Pierre Ménard, texto que cuestiona la ausencia o la relegación de la escritura en colaboración en el campo literario y permite dar un paso más en la consideración y la trascendencia de la misma en la modernidad literaria del siglo XX.

En 1964 también Silvina Ocampo escribe sobre Borges en la misma revista, con el artículo La íntima dicha de la inteligencia, en el cual deja ver la profundidad de esa relación nacida de la convivencia personal, profesional y generacional. Una mezcla de admiración, respeto y aprecio, que ilumina por pinceladas de humor, pero también de amor a Borges, el perpetuo convidado a su mesa, el conversador selectivo, el hombre cuya creación, sostiene, nació de la inteligencia.¶

Tomado de 20 MINUTOS EDITORA, S.L.

(Fotos de dominio público obtenidas en Wikipedia en Español).

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Virginia Woolf, la audacia de una autora adelantada a su tiempo

Virginia Woolf (1882-1941)

 

Traductores y editores reflexionan sobre la vigencia de la obra de la escritora británica, tras nuevas ediciones de ensayos, novelas y cuentos. Su mirada de la sociedad, el feminismo y la literatura, entre otros temas

 

Por Emilia Racciatti

3 de Febrero de 2021

 

La audacia de Virginia Woolf (1882-1941) para hablar de su tiempo histórico y generar una voz disruptiva en el campo cultural, a través de ensayos, novelas o cuentos es reactualizada en el último tiempo con nuevas ediciones de su obra y algunos de los responsables de esas traducciones y publicaciones reflexionaron sobre las huellas del universo de la autora en las formas de producir cultura vigentes.

Una nueva edición de Tres guineas, el ensayo que escribió como respuesta a la pregunta de un abogado acerca cómo evitar la guerra, y por otro lado, sus cuentos y relatos reunidos en un único libro, bajo el título Cuentos completos, son el aporte de Ediciones Godot a esta cadena de nuevos trabajos sobre la autora inglesa de la que en marzo se cumplen 80 años de su muerte.

Laura García, la responsable de traducir Tres guineas, aseguró que “más allá de la labor de investigación -es un libro cargado de datos, estadísticas y referencias muy específicas de la sociedad británica de esos años-, lo más desafiante fue hacer sentir el tono de Virginia Woolf, su voz, que en este trabajo es muy particular”.

“A diferencia de Un cuarto propio (un libro hermano en muchos sentidos), donde hay tiempo de pensar, imaginar y explorar posibilidades, Tres guineas está escrito con mucha urgencia, mucha rabia y con una gran amargura ante la visión del porvenir. Es un libro lleno de emoción y rigurosidad a la vez, donde la verdad no pasa por la impostura de una voz objetiva y serena, sino que atraviesa el cuerpo y estremece todos los cimientos”, advirtió.

La investigadora y traductora argentina radicada en Edimburgo Carolina Orloff, fundadora del sello Charco Press que busca difundir la literatura latinoamericana, indicó que el trabajo de traducción de los Cuentos Completos fue “un viaje enriquecedor al máximo y también un reencuentro con el castellano”.

Para la editora, en estos cuentos “se destaca no solo la audacia sino también la inteligencia que tenía desde muy joven”, ya que en esta colección hay escritos de ella a los 20 años.

“Es alguien que se lanzó a la escritura con convicción desde una edad muy temprana. Desde los 18, 19 estaba escribiendo para su círculo, que era en sí acomodado en términos socioeconómicos, con un acceso al arte y a la cultura muy cercano, muy cotidiano. A esa edad ya era miembro de un movimiento por el derecho de las mujeres. Todo eso se mete en la Virginia que se pone a escribir entre dos guerras mundiales”, repasó Orloff.

La tarea de traducción de Cuentos Completos también estuvo a cargo de Micaela Ortelli, quien dice haber impreso los papeles y los llevó “durante mucho tiempo de un lado a otro”.

“Se me hizo largo porque todo era largo: las oraciones, las ideas, los razonamientos, las descripciones. Hasta los cuentos cortos eran largos”, afirmó.

Otra de las publicaciones recientes que permite acercarse al mundo de Virginia Woolf es Leer y reseñar, un libro que llega a las librerías por trabajo de edición y traducción de Eric Schierloh, responsable del sello Barba de Abejas, que la define como “una escritora de vanguardia que además fue editora artesanal en la Hogarth Press. Este trabajo (concretamente, la edición, la composición tipográfica y la impresión en una minerva a palanca y luego en otra a pedal) le permitió formarse una conciencia especial respecto de las condiciones materiales de la escritura, la lectura y la publicación de libros”.

Schierloh adelantó que acaba de traducir y publicará este año Sobre la artesanía, mientras que el año que viene hará lo mismo “con los fragmentos de sus diarios que giran en torno a la edición y la impresión artesanales”.

¿Dónde reside la vigencia de la autora de La señora Dalloway? Para el escritor y editor, “tiene que ver con la consciencia respecto de las condiciones materiales (de ahí el cuarto propio), además claro de su evidente interés en lo emancipatorio (el feminismo, la edición respecto del sistema industrial de publicación, la escritura respecto de la literatura o la novelería clásica, etc). La modernidad de su prosa se condice con ciertas búsquedas también ‘modernas’ y recurrentes a lo largo de sus ensayos”.

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Correspondencia Ocampo-Woolf

 

A través de la editorial Rara Avis, se difunde Victoria Ocampo – Virginia Woolf. Correspondencia, un trabajo editado y prologado por Manuela Barral, traducido por Virginia Higa Juan Javier Negri, en el que se puede leer el intercambio entre las dos escritoras luego de conocerse en 1934 en Londres en una muestra del fotógrafo Man Ray.

Barral llegó a esta correspondencia porque su investigación doctoral es sobre Victoria Ocampo y señaló que un aspecto que le llamó la atención, “aunque va más allá de su carácter de escritoras, es ver a Victoria y Virginia como agentes culturales, su punto de vista editorial”.

Por ejemplo, “en este intercambio es posible rastrear la decisión de publicar ‘Un cuarto propio’ en español: Virginia le sugiere a Victoria que empiece la traducción de sus obras por ahí”, resaltó.

Encontrarse con estas cartas revisadas y traducidas por Victoria “mucho tiempo después de que Woolf las hubiera recibido” modificó en Barral su forma de leer a la gestora de Sur.

En el prólogo se explaya sobre ese aspecto y consigna que esas tachaduras y correcciones posteriores la hicieron pensar que “Victoria usa las cartas como un espacio híbrido para desplegar desde la intimidad una figura pública” y al organizar la compilación decidió incorporar los manuscritos, precisamente, “para mostrar la rareza de las cartas duplicadas. También fue por el fetiche del original, claro; pero sobre todo porque permitía cotejar diferencias en los facsímiles y exhibir cómo Victoria se lee a sí misma, se traduce y se edita. Está constantemente construyendo su imagen autoral”.

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Virginia y Victoria

 

La investigadora sostuvo que Virginia Woolf se transformó en un punto de referencia para Victoria Ocampo y apuntó que “Correspondencia muestra el desarrollo de esa relación” y cómo la autora de Orlando: una biografía le habló “en estas cartas sobre la escasez de autobiografías escritas por mujeres. En algún sentido ese es el puntapié para que Ocampo escriba la suya. Y -subraya- hay más: Victoria también es una apasionada lectora y crítica literaria de Woolf, por eso me parecía importante reeditar su ensayo Virginia Woolf en su diario y mostrar también este punto de vista”.

“La propia Ocampo se ocupa de establecer esa idea vincular en sus Testimonios, en su Autobiografía y en Virginia Woolf en su diario, donde busca asociarse a Virginia como amiga y admiradora. La trayectoria intelectual de Victoria está atravesada por Virginia: el primer volumen de sus Testimonios de 1935 empieza con la Carta a Virginia Woolf y en 1977, en su discurso de aceptación a la Academia Argentina de Letras, una Victoria octogenaria también vuelve a ella. Es un vínculo apasionante que ha recibido -y seguirá recibiendo- lecturas y opiniones”, repasó Barral.

Al momento de resaltar la vigencia de Woolf, no dudó en destacar “la originalidad de ciertas tramas, por ejemplo en ‘Orlando’; en su modernidad narrativa, cuando despliega la técnica del fluir de la conciencia a la par que Joyce; en su afilada capacidad de denuncia y de sutil ironía”.

“A la luz de las reediciones actuales es posible dimensionar cuán pionera fue Victoria Ocampo. Es ella la primera que decide traducir al español a Virginia Woolf hacia 1935 a través de su editorial Sur. Para exhibir esto la Correspondencia incluye un listado con las traducciones de Woolf, para contextualizar la importancia del aporte de Ocampo al difundirla”, enfatizó.

Su vigencia para pensar los desafíos de los feminismos

Releída por los movimientos feministas, por obras disruptivas como el emblemático libro Un cuarto propio, los escritos de Woolf ofrecen una vigencia lúcida para pensar el rol de las mujeres y plantear nuevas preguntas sobre los desafíos de los movimientos, como coinciden sus tres traductoras, Laura GarcíaCarolina Orloff y Micaela Ortelli, que trabajaron en las compilaciones y reediciones publicadas recientemente de la autora británica.

García, traductora de Tres guineas, resalta en este ensayo de Woolf “no solo la audacia”, sino también su “clarividencia”, ya que lo publica “un año antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, en un momento que ella advierte como bisagra. Recordemos que la Primera Guerra implicó para la mayoría de las mujeres el ingreso al mundo del trabajo, porque tuvieron que reemplazar a los hombres que marcharon a las trincheras”, sostiene.

La también impulsora de la librería y club cultural Hidalgo explica que “Woolf advierte las implicancias de este ingreso de las mujeres en el trabajo y luego en las universidades de los hombres, y no celebra para nada. Les dice a las mujeres que es el momento de hacer un mundo distinto al que habían construido los hombres: ¿vamos a ir a las universidades y vamos a hacer los trabajos que construyeron el saber y sentaron las bases materiales de un mundo que usa a las personas como carne de cañón? ¿Vamos a contribuir a la desigualdad y a la violencia?”.

“La propuesta de Virginia Woolf es urgente, audaz y totalmente radical. Les dice a las mujeres que produzcan su propio conocimiento, su propio mundo, porque esa es la única manera de que podamos salvarnos a todos y todas. Ella se dio cuenta de que era un momento muy especial, en el que las mujeres podían desempeñar ese papel porque todavía estaban afuera, pero con las puertas abiertas para ingresar: para Woolf esa exclusión, en ese precioso momento de apertura, puede tomarse como ventaja para no repetir los mismos errores. Es decir, no se trata de una propuesta esencialista (las mujeres por ser mujeres pueden ser un sujeto revolucionario), sino completamente situada y contextualizada”, explica la traductora.

Orloff considera que en la obra de la escritora, crítica y editora “se destaca una inteligencia formidable, extraordinaria, de una joven mujer con mucha visión no solo en términos de creación de universos sino de tono, de romper con la norma. En ese sentido hay libertad y una perspectiva crítica suprema, absolutamente propia y sin temor de expresarlo”.

En ese sentido considera que su vigencia radica en que “es alguien que sigue tendiendo un impacto muy fuerte, un caudal de resignificaciones desde muchos ángulos, no solo desde el feminismo, también desde el humanismo, en términos psicoanalíticos, lo que logra antes de que se publicara el Ulises de Joyce”.

“Hay varias facetas que muestran la figura singular de ella como escritora pero también como intelectual y como mujer en un circulo de artistas y de gente involucrada en el mundo artístico y en la industria editorial”, subraya y enfatiza: “Fue clave para que se reformularan visiones sobre las mujeres escritoras en términos de los derechos de una mujer de ser madre o no. Hay muchos aspectos ahí que son el germen de un feminismo que la tomó como foco en el Reino Unido en los 70 y hoy sigue siendo un modelo”.

Una de las traductoras de la edición de Godot de Cuentos completos la define como “alguien que corrió los límites, los dio vuelta y los puso sobre la mesa desde otro lado” por eso resalta que “es importante que se la entienda desde un corpus, que se lea su crítica, lo que ella leía. Es una mente extraordinaria que cambió la historia del rol de las escritoras mujeres en el modernismo pero a partir del modernismo”.

Para Ortelli, “mientras el mundo sea mundo y cada vez más feminista, siempre va a seguir siendo releída y reeditada” y señala que “hace quince años era más una lectura de facultad; ahora es un súper regalo un libro de Virginia. Nunca va a dejar de ser educativa, a distintos niveles: leyéndola aprendés sobre historia, psicología, vínculos, escritura”.

Fuente: Télam

Tomado de Cultura infobae

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Nota de este blog: a la muerte de Victoria Ocampo en enero de 1979 de una dolorosa enfermedad, Jorge Luis Borges asentó: “En un país y en una época en que las mujeres eran genéricas, ella tuvo el valor de ser un individuo. Estoy agradecido personalmente por todo lo que hizo por mí, pero sobre todo, estoy agradecido como argentino por todo lo que hizo por la Argentina”.

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